Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 65
Yebon no pudo evitar preguntarse…
¿Acaso Kim Hyunwoo realmente pensaba que él también era uno de los subordinados de Cha Hyuk?
Era la única explicación posible.
Si no, ¿por qué seguía intentando mandarlo a hacer recados?
La vez anterior había pasado exactamente lo mismo.
—Hay un montón de gente por ahí. ¿Por qué siempre me pides ayuda a mí?
—[…]
—Si es solo para eso, voy a colgar. Deja de llamarme por cosas así.
Justo cuando Yebon estaba a punto de cortar la llamada, una voz desesperada lo detuvo.
—[¡Ah, espera! Mira, de verdad siento lo de la otra vez. Te juro que tampoco quiero hacer esto, pero todos los demás están ocupados. Solo será un momento. Si quieres, hasta te pago. En serio, si no termino esto, hyung me va a dar una paliza después.]
A diferencia de la vez anterior, Kim Hyunwoo prácticamente le estaba suplicando.
Incluso se percibía un ligero temblor en su voz.
—[Hasta el hyung Dongpal desapareció de repente por una emergencia. De verdad no puedo hacer esto solo.]
Yebon permaneció en silencio.
Pero Hyunwoo siguió hablando sin parar, como si temiera perder la oportunidad.
Y, sinceramente…
Sí parecía estar en un verdadero aprieto.
Además…
Si Cha Hyuk realmente iba a pasar por allí más tarde…
¿No sería una buena oportunidad para verlo?
Ese pequeño pensamiento apareció en la mente de Yebon antes de que pudiera apartarlo.
—…¿Qué necesitas que haga exactamente? —preguntó con cautela.
—[Tengo que volver a meter la máquina de boxeo en el almacén.]
—…¿Qué?
Yebon se dejó caer sobre el suelo del Bluemoon.
La chamarra acolchada había terminado tirada en un rincón hacía rato, y la ropa que llevaba debajo estaba completamente empapada de sudor.
—Haah… En serio… Si te queda un poco de conciencia, más vale que me pagues por esto.
Kim Hyunwoo, que también estaba tirado cerca del almacén, respiraba con tanta dificultad que ni siquiera pudo responder.
Ese maldito de Cha Hyuk debía haber planeado aquello a propósito.
Había elegido precisamente un día en el que no había nadie más para obligarlos a mover aquella cosa.
Y ese imbécil de Lee Wonpil…
Le había hecho creer que, si seguía a Cha Hyuk, recibiría un trato especial.
Le daba tareas como si estuviera preparándolo para algo importante.
Pero, en algún momento, simplemente desapareció sin siquiera llamarlo.
Más exactamente…
Desde que Lee Wonpil fue hospitalizado por alguna razón desconocida.
Incluso cuando Hyunwoo fue a visitarlo, Wonpil se negó a recibirlo.
Y toda aquella historia de que trabajar con Cha Hyuk sería fácil porque no lo trataría como basura…
Era una mentira absoluta.
Las costillas que Cha Hyuk le había golpeado el otro día seguían doliéndole.
Después de aquello, Cha Hyuk nunca volvió a enviarlo con Wonpil.
Y Wonpil tampoco volvió a buscarlo jamás.
Como si se hubiera olvidado por completo de que existía.
‘Cuando quería reclutarme, era todo sonrisas… ¿Y ahora ni siquiera existo para él?’
Atrapado entre ambos bandos, sin pertenecer realmente a ninguno, Hyunwoo se había convertido en el chico de los recados de Cha Hyuk.
Y, encima, recibía golpes por el más mínimo error.
Hasta Ma Dongpal había dejado de prestarle atención.
Su estrés estaba por las nubes.
La mitad de la razón por la que había llamado hoy a Yebon era porque realmente no podía mover aquella maldita máquina él solo.
La otra mitad…
Simplemente detestaba ver a alguien a quien Cha Hyuk trataba con tanto favoritismo.
Hyunwoo observó a Yebon desde la barra.
La capucha de su sudadera se balanceaba ligeramente.
El cabello, empapado de sudor, se le pegaba a la frente.
Sus pestañas eran ridículamente largas, casi como si llevara extensiones.
Tenía facciones delicadas y un aire naturalmente suave.
Verlo tan cercano a Cha Hyuk mientras él sufría de esa manera…
Le revolvía el estómago.
‘¿Y a Ma Dongpal tampoco parece importarle?’
—…Qué par de asquerosos.
—¿Eh? ¿Qué acabas de decir?
Maldita sea.
Tenía muy buen oído.
Yebon giró inmediatamente la cabeza y sus miradas se encontraron.
Hyunwoo forzó una sonrisa enseguida.
—Solo decía que debió de haber sido pesado. Lo siento.
—Sí. Desde el principio debiste haber llamado a otra persona.
Aquella máquina de boxeo era absurdamente pesada.
En un momento incluso estuvo a punto de caerse por las escaleras mientras la cargaban.
Los brazos todavía le hormigueaban por el esfuerzo mientras se masajeaba la muñeca.
—Ya casi es hora de cenar. Quédate a comer antes de irte.
—¿Cenar?
—Sí. Hyung va a pasar más tarde. Puedes esperar aquí y verlo un rato.
Yebon dudó un instante.
Miró a Hyunwoo buscando alguna reacción.
Como realmente quería aprovechar la oportunidad para ver a Cha Hyuk, tras debatirse unos segundos consigo mismo terminó asintiendo.
—¿Pero no tienen que abrir pronto?
—Hoy no vamos a abrir.
Hyunwoo sonrió.
—¿Qué? ¿Por qué?
—¿No te lo dije? Todos están ocupados. Abriremos mañana. Así que entra a una de las salas privadas y espera ahí.
Hyunwoo lo sujetó del brazo y lo puso de pie.
El agarre fue algo brusco, haciendo que Yebon frunciera el ceño.
—¿A qué hora viene exactamente hyung? Si no falta mucho, podría esperarlo un momento antes de irme.
—Todavía falta bastante. Pero ya que viniste, no puedo dejar que te vayas ahora, ¿verdad? Deja de ser terco y espera tranquilo en la sala.
Yebon ni siquiera estaba siendo terco.
Pero Hyunwoo lo empujó hacia el pasillo como si fuera una molestia.
La poca mejoría que había tenido su opinión sobre él desapareció al instante.
Yebon se dirigió hacia las salas privadas.
Pero de repente cambió de dirección.
—Primero voy al baño.
Hyunwoo entrecerró un ojo, claramente fastidiado.
—Te dije que entraras a la sala.
—Necesito ir al baño. Estoy empapado de sudor.
—Ah…
Hyunwoo había sonado realmente molesto.
Y eso también hizo enfadar a Yebon.
Respondió con evidente irritación.
Finalmente, Hyunwoo suspiró y murmuró una disculpa.
Después de lavarse rápidamente, Yebon entró en la sala.
La mesa ya estaba parcialmente preparada.
Contrario a lo que esperaba, no era una comida sencilla.
Habían servido una gran variedad de platillos e incluso fruta.
Yebon ocupó el lugar de siempre.
El asiento más alejado.
El mismo en el que se sentaba cada vez que iba allí con Cha Hyuk.
Mientras observaba la fruta frente a él, notó que ninguna estaba pelada.
Siempre que venía con Cha Hyuk, la fruta aparecía perfectamente preparada.
Parecía que esta vez Kim Hyunwoo ni siquiera se había tomado esa molestia.
Como se sentía incómodo simplemente sentado, tomó un cuchillo para fruta y comenzó a pelar una manzana.
Nunca había sido especialmente bueno pelando fruta.
Terminaba llevándose grandes trozos de pulpa junto con la cáscara.
Después de terminar una manzana bastante desastrosa, frunció el ceño de repente.
‘Espera…
¿De verdad voy a cenar solo con Kim Hyunwoo?’
Solo imaginarse encerrado en aquella habitación con él durante toda la comida le provocó escalofríos.
Ni siquiera había considerado esa posibilidad hasta ese momento.
Alarmado, sacó rápidamente el teléfono.
[Hyung, escuché que hoy ibas a pasar por el Bluemoon. ¿A qué hora vienes???] (7:01 p. m.)
No quería molestar a Cha Hyuk.
Pero, como de todos modos iba a ir…
Preguntarle la hora no debía ser un problema.
Esperó unos minutos.
No hubo respuesta.
Así que envió otro mensaje.
[¡Ahora mismo estoy en el Bluemoon…! Sé que estás ocupado, pero quería verte aunque fuera un momento…!] (7:10 p. m.)
Pasaron dos minutos.
Seguía sin haber respuesta.
Y, además…
Por alguna razón, Kim Hyunwoo tampoco había entrado aún.
Una extraña sensación de inquietud comenzó a invadir lentamente a Yebon.
‘¿Habrá estado mintiendo?’
Pero…
¿Por qué Kim Hyunwoo iba a mentir sobre algo así?
Lo mejor sería comprobarlo por sí mismo.
Justo cuando estaba a punto de levantarse…
¡BANG!
Un estruendo ensordecedor explotó al otro lado de la puerta.
El sonido de algo haciéndose añicos resonó por todo el lugar.
Yebon, que apenas se había incorporado del asiento, quedó completamente inmóvil.
Con los ojos muy abiertos, fijó la mirada en la puerta.
—¿Q-Qué…?
¿Era seguro salir?
Su mente comenzó a trabajar frenéticamente mientras intentaba decidir qué hacer.
Poco a poco, las voces apagadas del exterior empezaron a hacerse más claras.
—¿No habría sido mucho más fácil si simplemente lo hubieras entregado por las buenas?
Los pasos se acercaban.
Y la voz que siguió…
Era inconfundible.
Cha Hyuk.
Aquel tono tan familiar relajó un poco el cuerpo rígido de Yebon.
Enderezó la postura de manera torpe.
—¡Aaagh! ¡P-Por favor, perdóname! ¡L-Lo tengo! ¡Lo tengo, te lo juro…! ¡Ghk…!
El grito desesperado de un hombre resonó por el pasillo.
La leve tranquilidad que había aparecido en el rostro de Yebon desapareció de inmediato.
Algo malo estaba ocurriendo afuera.
Permaneció inmóvil.
Tragó saliva.
¿Debía salir?
¿O era mejor quedarse donde estaba?
¿Cha Hyuk habría visto sus mensajes?
Mientras dudaba, incapaz de decidirse…
Los sonidos del exterior se volvieron todavía más violentos.
Ahora podía distinguir claramente los golpes y los gritos de dolor justo al otro lado de la puerta.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Los dedos que mantenía apretados junto al cuerpo empezaron a temblar ligeramente.
‘Por favor…
Que no abran la puerta.
Que no la abran…
Que no la abran.’
Pero, por mucho que lo deseara…
El cielo no estaba de parte de Yebon.
¡Bang!
La puerta se abrió de golpe.
Convencido de que era Cha Hyuk, Yebon habló sin siquiera levantar la vista.
—Ahjusshi, de verdad yo no sabía…
Pero estaba completamente equivocado.
Antes siquiera de terminar la frase…
Un hombre desconocido salió despedido hacia el interior de la habitación, estrellándose contra la mesa.
Detrás de él estaba Cha Hyuk.
Con una pierna aún levantada después de la patada y el rostro completamente endurecido por la ira.
Era inevitable.
Las miradas de Yebon y Cha Hyuk se encontraron.
—Tú…
Los ojos entrecerrados de Cha Hyuk se abrieron de golpe al reconocerlo.
Por un instante giró ligeramente la cabeza, incapaz de creer lo que estaba viendo.
Luego volvió a mirar a Yebon.
Pero la escena seguía siendo la misma.
Yebon continuaba allí.
Acurrucado por la tensión.
Mirándolo fijamente.
—…¿Kang Yebon?
La voz de Cha Hyuk apenas fue un susurro.
Más un aliento que una llamada.
Un silencio helado envolvió la habitación.
Con la mirada temblorosa, Yebon alternó la vista entre Cha Hyuk y el hombre desplomado sobre la mesa.
El rostro del hombre de mediana edad estaba tan hinchado como si hubiera recibido decenas de golpes.
La sangre le corría por la nariz.
—…¿H-Hyung…?
Su voz salió débil.
Poco más que un murmullo.
Sin poder ocultar su conmoción, Cha Hyuk dio un paso instintivamente hacia él.
Y fue entonces…
Cuando el hombre levantó la cabeza de golpe y miró directamente a Yebon.
En el instante en que sus miradas se cruzaron…
Aquellos ojos inyectados en sangre, abiertos de par en par y rebosantes de intención asesina…
Hicieron que todo el cuerpo de Yebon se congelara.
Corre.
Su instinto gritaba desesperadamente.
Pero su cuerpo, rígido por el miedo, se negaba a obedecer.
Y el hombre no dejó escapar esa oportunidad.
En un instante saltó sobre la mesa y se abalanzó contra Yebon.
Cha Hyuk reaccionó de inmediato.
Pero ya era demasiado tarde.
—¡N-No se acerquen!
El hombre sujetó a Yebon por el cabello.
Y, en algún momento, había agarrado el cuchillo para fruta.
Ahora la hoja descansaba peligrosamente sobre el pálido cuello de Yebon.