Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 6
Kang Yebon habló sin mirar a Jung Woochan.
—¿Por qué viniste hoy? ¿Viniste porque pensaste que podría decir algo extraño?
Su tono y toda su actitud estaban cubiertos de espinas. Aun así, era incapaz de mirar a Jung Woochan a los ojos, y su figura encogida resultaba lastimera.
Jung Woochan soltó un largo suspiro y se acercó a él.
—Claro que no. Sé mejor que nadie que tú jamás harías algo así.
—No mientas. Entonces no tenías necesidad de hacer tiempo para venir. ¿Qué clase de miserable soy ahora para ti?
Kang Yebon apartó bruscamente la mano que se había alzado con naturalidad para sostenerle la mejilla.
Con el rostro enrojecido de tanto contener las lágrimas, levantó la vista hacia Jung Woochan con los ojos llenos de un resentimiento profundo y amargo.
Al ver que el rostro normalmente sereno de Yebon lucía tan desdichado, Jung Woochan se mordió el labio inferior con incomodidad.
—Yebon, no soy la gran persona que tú crees. Sabes cuánto esfuerzo me costó llegar hasta aquí. Me has visto todo este tiempo. Tengo miedo. Me aterra perder todo lo que he conseguido.
Y como en el futuro tampoco tendría tiempo para ti, como mi capacidad solo llega hasta aquí, pensé que sería mejor dejar las cosas claras antes de hacerte más daño.
Por eso me tomé el tiempo de venir hoy…
—De verdad lamento lo que pasó aquel día. No vine porque creyera que podrías decirle algo extraño a tu madre. De verdad.
Me conoces, ¿no?
Jung Woochan bajó las cejas con una expresión sinceramente agraviada, dejando a Kang Yebon sin palabras.
¿Había sacado conclusiones demasiado rápido?
La tensión cortante se había disipado, pero la tristeza seguía allí.
—…Pero ¿la verdadera razón por la que terminamos es que nuestra relación podría manchar tu reputación? ¿Eso es todo?
—¿Manchar mi reputación? ¿Por qué dices algo así? Cuando salgas a la sociedad, comprenderás cómo me siento. ¿Por qué intentas hacerme quedar como una mala persona?
Al final, no lo negó.
Kang Yebon sintió que una emoción gélida se asentaba en su interior, algo que iba más allá de la tristeza.
—Si eso era lo que te preocupaba, ¿no podríamos haber sido más cuidadosos que antes? ¿Por qué nunca piensas en mí? ¿Por qué solo piensas en ti mismo? Podrías haber hablado conmigo primero.
El rostro de Jung Woochan se volvió frío al instante, haciendo que el corazón de Yebon se hundiera.
—Kang Yebon.
—…
—¿De verdad has escuchado algo de lo que llevo diciendo? Estoy haciendo esto por ti. ¿Por qué eres tú quien solo piensa en sí mismo? He reflexionado mucho sobre esta decisión. Terminar aquí parece lo mejor para los dos. ¿Sabes lo difícil que ha sido para mí?
Y, además, ¿por qué todavía no te has disculpado por lo ocurrido aquel día?
Hacer algo así afuera, delante de otras personas… ¿te parece una conducta sensata?
—¿Sabes cuánto me preocupé después pensando en quién podría habernos visto?
Sabías lo mucho que me importaban esas cosas y aun así lo hiciste.
—Si no hubieras hecho eso, yo no habría tenido que recurrir a la violencia. ¿Hasta cuándo tengo que seguir consolándote y cediendo ante ti?
A medida que Jung Woochan hablaba, Kang Yebon fue encogiéndose cada vez más, como un criminal.
Cada una de aquellas palabras frías y precisas parecía correcta y, sin embargo, cuanto más las escuchaba, más ganas tenía de golpearlo.
Kang Yebon mantuvo la cabeza baja, con todo el cuerpo temblando.
Jung Woochan suspiró y se presionó la frente.
—Ah… No vine para enojarme contigo. Yebon, ¿por qué últimamente sigues empeorando las cosas? Deja de convertirme en el villano. Ya no tenemos una edad en la que seamos incapaces de entendernos. Quiero terminar esto en buenos términos. ¿Por qué no lo entiendes?
Kang Yebon apretó los dientes hasta sentir dolor en las encías.
¿De verdad todo aquello era culpa suya?
¿Era él quien estaba arruinando algo que podría haber terminado de buena manera?
Quería responderle, pero no se le ocurrió ninguna palabra.
—…Hoy tampoco lograremos entendernos. Tu madre está preocupada, así que contrólate y regresa pronto.
Sin mirar atrás, Jung Woochan abandonó el callejón.
Kang Yebon no podía comprender las emociones violentas y afiladas que envolvían todo su cuerpo.
Lo único que podía hacer era respirar lenta y profundamente para calmar el torbellino amenazante de su interior.
Había una sola cosa de la que estaba seguro.
Su relación con Jung Woochan se había roto de manera irreparable.
Cha Hyuk era extraño.
Se comportaba como si fuera a difundir rumores sobre que Kang Yebon era gay si no se sentaba junto a él durante la materia de formación general y, sin embargo, cada miércoles parecía no importarle dónde se sentara Yebon.
Ni siquiera le hablaba. Se limitaba a saludarlo ligeramente cuando entraba al aula.
Incapaz de averiguar qué pensaba Cha Hyuk, Kang Yebon terminó dando vueltas a su alrededor.
Ya era la cuarta semana, y esta vez eligió un asiento desde el que podía ver a Cha Hyuk con solo girar un poco la cabeza.
Cha Hyuk levantó la palma para saludarlo.
Desde la semana anterior ni siquiera agitaba la mano.
Yebon se enfurecía todas las semanas por culpa de aquella clase, porque tenía que escribir informes que en circunstancias normales jamás habría necesitado hacer. Con las secuelas de la ruptura y la traición de alguien en quien había confiado, cada día ya era bastante difícil, y los informes solo conseguían que Cha Hyuk le resultara todavía más irritante.
Cuando Yebon lo fulminó con la mirada sin devolverle el saludo, Cha Hyuk frunció el ceño y luego inclinó la cabeza.
La tenue sonrisa que siempre parecía aparecer cuando miraba a Yebon había desaparecido por completo.
La arruiné.
Solo entonces Kang Yebon comprendió lo grosero que había sido con alguien como Cha Hyuk, pero ya era demasiado tarde.
En el aula silenciosa, el sonido de una silla arrastrándose hacia atrás resonó con total claridad.
Temblando, Yebon miró de reojo y vio que Cha Hyuk se acercaba.
Por favor, no te sientes a mi lado. Que solo parezca que vienes en esta dirección y pases de largo…
Yebon lo deseó una y otra vez, pero Cha Hyuk se sentó justo a su lado sin vacilar.
El corazón de Kang Yebon se hundió.
Mientras temblaba, con la mirada fija en la mesa de color beige claro, una mano áspera apareció de pronto sobre ella, sobresaltándolo.
—¿Estás enfermo?
Si decía que no, ¿significaba que Cha Hyuk haría que empezara a dolerle alguna parte?
Entonces quizá sería mejor responder que sí.
¿Por qué me pregunta de repente si estoy enfermo?
Kang Yebon no pudo contestar con facilidad. Giró la cabeza hacia Cha Hyuk y tartamudeó:
—¿Por qué viniste hasta aquí?
Cha Hyuk sonrió tenuemente y apoyó la barbilla en una mano.
—Tenías cara de querer que me sentara a tu lado.
La respuesta fue tan inesperada que toda la tensión abandonó el cuerpo de Yebon.
No parecía haber venido para amenazarlo.
—…¿Cuándo puse una cara así?
Yebon relajó el puño que había mantenido fuertemente cerrado y terminó de colocar sobre la mesa el cuaderno y el estuche que había empezado a sacar.
Cha Hyuk extendió la mano y tomó un bolígrafo de tres colores del estuche.
¿Qué? ¿Solo vino a pedirme prestado un bolígrafo?
Mientras Yebon lo observaba, Cha Hyuk comenzó a escribir algo en una esquina de su libro de texto.
Kang Yebon no lograba distinguir qué estaba escribiendo, ni siquiera si aquello estaba en coreano.
Lleno de curiosidad, movió discretamente el rostro de un lado a otro, pero la gran mano de Cha Hyuk le bloqueaba la vista.
Poco después, Cha Hyuk terminó y giró hacia Yebon la esquina del libro.
En lugar de palabras, había un dibujo en el espacio en blanco.
Estaba tan mal hecho que incluso un niño de primaria podría haberlo dibujado mejor.
Kang Yebon frunció el ceño y se inclinó para observarlo.
¿Un payaso… llorando lágrimas de sangre…?
El dibujo resultaba extrañamente siniestro.
—…¿Qué es esto?
—Eres tú.
Kang Yebon sintió que la piel se le erizaba desde la nuca hasta la columna.
¿Esta cosa grotesca soy yo…? ¿Esto, con manchas rojas donde deberían estar los ojos…?
«Tus ojos dicen que quieres ser amigo mío. No soy alguien a quien puedas tomar a la ligera».
La escalofriante voz de aquella vez, cuando había mirado descaradamente a Cha Hyuk, volvió a resonar en sus oídos.
Kang Yebon se tocó debajo de los ojos con una mano y se echó hacia atrás para alejarse de Cha Hyuk.
—…¿Es una amenaza de que vas a arrancarme los ojos?
—¿Qué?
Cha Hyuk inclinó la cabeza, como si no entendiera qué tontería estaba diciendo. Después pareció darse cuenta de algo y señaló la marca roja.
—Son lágrimas. La tinta azul no salía.
Solo entonces Kang Yebon recordó cuál de sus bolígrafos de tres colores había tomado Cha Hyuk.
Era uno al que llevaba tiempo posponiendo cambiarle la carga azul porque casi nunca la utilizaba.
Ahora que había escuchado la explicación, el dibujo se veía claramente como un rostro llorando.
¿Quién pinta las lágrimas de rojo solo porque no sale la tinta azul?
Yebon se preguntó si Cha Hyuk estaría mintiendo para tranquilizarlo, pero luego dudó de que alguien fuera capaz de mentir por algo tan trivial. Al final, asintió con incertidumbre.
—Entonces, ¿por qué viniste aquí de verdad?
—Porque cada vez que vienes a clase no dejas de mirarme con esta cara.
Cha Hyuk volvió a señalar el dibujo.
Kang Yebon lo miró desconcertado, pero no pudo continuar la conversación porque el profesor entró en el aula.
Sin embargo, él no había puesto cara de estar llorando.
Lo había estado fulminando con la mirada…
Durante las partes de la clase que eran tan aburridas como sugería el título de la materia, Kang Yebon lanzó miradas furtivas a Cha Hyuk, sentado junto a él.
Sorprendentemente, parecía prestar mucha atención.
Había garabatos en su libro, probablemente apuntes de la clase.
Y, también de manera sorprendente, no tocó ni habló con Kang Yebon ni una sola vez.
Se ve como un matón sin importar cómo lo mire.
Sin embargo, tampoco parecía haber ido únicamente para estar presente.
Kang Yebon comenzó a preguntarse si no estaría siendo demasiado prejuicioso por su apariencia.
Ahora que lo pensaba, no sabía nada concreto sobre Cha Hyuk.
Ni siquiera estaba seguro de su edad. Lo único que conocía era su nombre y que pertenecía al Departamento de Psicología.
A veces el ambiente a su alrededor era tenso, pero nunca lo había insultado ni se había mostrado violento.
Quizá Cha Hyuk no fuera tan aterrador como parecía.
Tal vez solo era una persona normal que había entrado tarde a la universidad y tenía una apariencia intimidante.
Incluso esa cicatriz en su ceja podría tener una causa insignificante.
Kang Yebon se quedó observando la larga y delgada cicatriz situada en el extremo de la gruesa ceja de Cha Hyuk.
Parecía antigua, por lo que era imposible adivinar qué había provocado que la piel se abriera.
Solo podía imaginar que en aquel momento debió de doler mucho.
Quiero tocarla una vez.
En cuanto aquel pensamiento apareció mientras observaba la piel irregular de la cicatriz, Yebon sintió una extraña atracción y bajó la mirada.
Se encontró con unos ojos profundos y oscuros.
Sintiendo que lo habían descubierto haciendo algo indebido, giró rápidamente el rostro hacia el podio.
El corazón le latía con fuerza.
Solo entonces se dio cuenta de lo descaradamente que había estado mirándolo.
Por el rabillo del ojo, vio que Cha Hyuk se inclinaba y escribía algo.
Sin embargo, en lugar del sonido de alguien tomando apuntes, oyó un tenue rasgar de papel.
Un trozo de hoja con una esquina irregular apareció frente a él.
[¿Quieres ir a comer pastel?]