Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 5
Que no venga, que no venga.
Kang Yebon había rezado cada noche para que eso ocurriera, pero en cuanto entró al aula, su mirada se encontró con la de Cha Hyuk.
Además, parecía haber más estudiantes que la vez anterior. Sin embargo, al igual que el primer día, todos se habían sentado a cierta distancia de Cha Hyuk.
Lee Seunggu le había contado que poco a poco se había corrido la voz de que Cha Hyuk asistía a aquella materia optativa, y ahora esa clase, conocida por ser un callejón sin salida, estaba completamente llena.
Kang Yebon puso una expresión que demostraba que no lo comprendía en absoluto, mientras que Seunggu parecía decepcionado por no poder tomarla.
¿Qué tiene de decepcionante?
Yebon vaciló antes de sentarse, no justo al lado de Cha Hyuk, sino dejando uno o dos asientos de distancia.
Entonces sintió una mirada intensa clavada en su perfil.
Al volverse, vio que Cha Hyuk lo saludaba agitando ligeramente la mano.
Sorprendido por aquella reacción inesperada, Yebon inclinó la cabeza con torpeza. Cha Hyuk pareció satisfecho y apartó la mirada.
Yebon se quedó completamente desconcertado.
Ese tipo…
¿Lo había impedido abandonar la clase porque no quería que se sentara lejos de él o porque no soportaba tomar solo aquella horrible materia?
¿O acaso era una venganza porque Yebon había buscado pelea con él en el callejón, luego había rechazado la comida que le compró y, aun así, se había devorado tres porciones de pastel?
Mientras observaba confundido el perfil de Cha Hyuk, este giró los ojos hacia él.
En cuanto sus miradas se cruzaron, esbozó una sonrisa ladeada que cualquiera habría reconocido como traviesa.
Yebon sintió que algo le tiraba de la nuca.
—¿Qué te parece si esta noche comemos dakgalbi y bebemos soju?
—¿No dijiste que ayer te quedaste despierto toda la noche con los chicos de Ingeniería?
Mientras bajaban las escaleras del edificio, Yebon miró de reojo el rostro de Lee Seunggu.
Por la mañana ya se veía demacrado, pero ahora parecía completamente agotado. Incluso las comisuras de sus labios, que normalmente estaban levantadas, caían más de lo habitual, dándole un aspecto más lastimero que sonriente.
Yebon sintió que con solo mirarlo se le agotaban sus propias fuerzas, así que apartó rápidamente la vista.
—Esta noche cenaré con mi mamá y mi tía. Hagámoslo otro día.
—¿Tu tía es la mamá de Jung Woochan hyung?
Al escuchar aquel nombre, que todavía lo incomodaba, los pasos de Yebon vacilaron ligeramente.
Apretó los libros con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Jung Woochan no lo había contactado ni una sola vez desde aquel día y, afortunadamente, Yebon tampoco había causado problemas intentando comunicarse con él.
En parte se debía a que había estado concentrado en Cha Hyuk…
Aun así, la imagen de Jung Woochan golpeándolo seguía nítida en su mente.
—¿Jung Woochan hyung también cenará con ustedes?
—No. Dijo que estaba demasiado ocupado para venir.
Eso era un alivio.
Si Jung Woochan hubiera ido, el día de Yebon se habría vuelto bastante miserable.
—Hace muchísimo que no veo a ese tipo. Gu Seungbin dijo que consiguió trabajo en una empresa increíble.
—…Sí, eso dicen.
—El mundo es muy injusto… Ugh, se me está revolviendo el estómago. Siento que voy a morir…
Los párpados de Yebon se tensaron.
Por alguna razón, tragó la saliva que se acumulaba bajo su lengua.
«Joder. Solo dije que eras lindo, lindo… ¡y resulta que eras un maldito maricón…!»
El rostro feroz y la voz furiosa de aquel día volvieron a materializarse en su mente.
Su visión se volvió borrosa y después recuperó la claridad repetidas veces. Sus pasos se aceleraron.
—¡Kang Yebon! ¿Por qué vas tan rápido?
Seunggu, que caminaba a su lado sujetándose el estómago, gritó confundido. Sin embargo, Yebon no se detuvo, como si no pudiera escucharlo.
Sentía el pecho pesado y le costaba respirar.
Mientras avanzaba casi corriendo, algo negro llamó su atención en un extremo de su visión borrosa.
En medio del paisaje luminoso y ordenado del campus, aquella solitaria figura negra captó su mirada.
Sin darse cuenta, volvió la cabeza.
Cha Hyuk estaba solo en la zona para fumadores, con un cigarrillo entre los labios.
El humo fino se dispersaba hacia el cielo. Tenía el ceño fruncido, como si algo lo irritara, y la mirada fija en el teléfono que sostenía.
Aunque entre ellos había una distancia considerable y, a diferencia de aquel día, el clima era tan claro que el aire parecía seco, en el instante en que lo vio, el olor húmedo y amargo de aquel callejón llenó de nuevo su respiración.
—¡Kang Yebon! ¿Por qué saliste corriendo así? Huff… ¿Qué pasa?
Lee Seunggu finalmente lo alcanzó y apoyó una mano sobre su hombro mientras jadeaba.
En ese momento, Cha Hyuk apartó el rostro del teléfono y su mirada se encontró con la de Yebon, que ya lo estaba observando.
La expresión antes fruncida de Cha Hyuk se suavizó.
—¿Por qué ese tipo nos mira así? ¿Hiciste algo malo? Estás tomando clases con él, ¿verdad?
—…No, no es eso. Supongo que solo reconoció mi rostro. Vámonos.
Al oír a Seunggu hacer tanto alboroto, Yebon finalmente volvió en sí. Giró rápidamente la cabeza y siguió caminando como si escapara de la mirada de Cha Hyuk.
Por alguna razón desconocida, la opresión que sentía en el corazón disminuyó.
—Kang Yebon se ve cada vez más radiante. ¿Cómo es que se vuelve más guapo al crecer? Podría ser modelo, vaya.
—¿Modelo? Jung Woochan se vería mejor como modelo. Es alto, ¿no?
—¡Entonces Yebon podría ser actor! ¡Actor!
En medio del ambiente alegre, las comisuras de los labios de Yebon temblaron.
Solo pudo relajar la sonrisa tensa cuando bajó la cabeza para comer.
Su madre y la madre de Woochan conversaban animadamente, dirigiéndose a él de vez en cuando. Yebon se limitaba a asentir en silencio con una sonrisa amable.
Antes, quizá se habría sentido triste porque Jung Woochan no había aparecido y habría revisado constantemente el teléfono.
Ahora ya no tenía necesidad de hacerlo.
Era un alivio que no hubiera ido, pero, al mismo tiempo… cuando realmente no se presentó, sintió cierta tristeza.
Jung Woochan siempre había sido tajante en sus relaciones.
Una vez que una relación se deterioraba, no intentaba repararla, ni siquiera aunque la otra persona se humillara.
Antes, esa actitud le había parecido firme y madura. Sin embargo, ahora que él estaba del otro lado, no se sentía nada bien.
Aun así, esto es bastante doloroso.
Aunque los antiguos amantes no pudieran ser amigos, ellos habían sido como hermanos durante cinco años, sin contar los dos en los que salieron.
¿De verdad podía ser tan tajante?
Mientras pensaba aquello, también sabía que cuando una pareja terminaba, se convertía en un par de desconocidos y sería extraño que continuaran siendo cercanos.
Eso solo lo frustraba más.
Aun así, Yebon había pensado que, si alguna vez rompía con Jung Woochan, sería una separación limpia.
Qué pensamiento tan tonto.
¿Dónde existía algo como una ruptura limpia?
Al menos, si no lo hubiera besado impulsivamente, Woochan no lo habría golpeado.
Al final, había sido Yebon quien lo arruinó todo.
Sí. Otra vez fui yo.
Como no podía comer bien, Yebon dejó los palillos y bebió agua en grandes tragos.
Su relación con Jung Woochan se había roto, pero sus vidas seguían entrelazadas de muchas maneras.
Al mirar atrás, sentía resentimiento por haberse enamorado de Jung Woochan. Sin embargo, incluso si pudiera regresar a la preparatoria, no habría tenido otra opción que volver a enamorarse de él.
En aquella época, Jung Woochan había sido su único refugio.
—Ahora que lo mencionas, ¿el diácono Park no ha ido a la iglesia últimamente? Tampoco contesta las llamadas. ¿Ocurre algo en su casa?
Ante la pregunta de la madre de Yebon, la madre de Jung Woochan frunció ligeramente el ceño y bajó la cabeza.
Aunque estaban en un salón privado, miró rápidamente alrededor como si fuera a compartir un secreto. Yebon fingió no prestar atención mientras escuchaba discretamente.
—Su casa es un completo caos. Ya sabes que tienen un hijo que va a la preparatoria.
—Sí. ¿Se llamaba Kwon Seong? Creo que lo he visto algunas veces…
—Sí, ese chico. Parece tan tranquilo, pero lo descubrieron viendo pornografía gay.
—¡¿Qué?!
La madre de Yebon, que había exclamado en voz alta, se dio cuenta rápidamente y encogió los hombros con nerviosismo.
—Al principio dijo que lo había visto por accidente, pero después de que lo presionaron un poco, terminó confesando que le gustaban los chicos. Así que ahora están ocupados llevándolo con un psiquiatra.
—…Dios mío. ¿Qué van a hacer?
A un suspiro silencioso le siguió el silencio.
Ninguna de las dos expresó abiertamente una maldición o una crítica, pero Yebon pudo sentir el rechazo oculto en aquel silencio.
Temiendo que a continuación le preguntaran algo a él, comenzó a comer arroz solo. Sin embargo, eso únicamente consiguió que se sintiera más nervioso y asfixiado.
Por fortuna, no le hicieron ninguna pregunta especial y la conversación pasó a otros temas.
Justo cuando deseaba que aquella interminable cena terminara…
—Ah, por cierto, Kang Yebon, ¿ya lo sabías?
La madre de Jung Woochan lo miró al hacer la pregunta.
Yebon, que observaba su plato de arroz a medio terminar, suavizó rápidamente su expresión tensa.
—¿Eh?
Parecida a Jung Woochan, su madre entrecerró los ojos con seriedad y se inclinó hacia delante.
Sentada junto a ella, la madre de Yebon también se acercó con interés.
—Bueno, Jung Woochan, ese chico loco, sin que yo lo supiera…
Antes de que pudiera terminar, la puerta se abrió de golpe.
Todos en la habitación abrieron los ojos ante la llegada del invitado inesperado.
Solo el rostro de una persona se puso rígido.
—Hola.
Cuánto tiempo sin verte, Kang Yebon.
Jung Woochan le guiñó un ojo de manera juguetona, como si nunca hubieran terminado.
Al ver aquel rostro, Yebon sintió un impulso intenso de salir corriendo del salón. Sin embargo, era como si una fuerza lo aplastara contra el asiento, impidiéndole moverse.
—¡Pero dijiste que no podías venir! ¡Dijiste que estabas demasiado ocupado para hacer tiempo!
—De repente tuve un rato libre. Hace mucho que no nos reuníamos, así que quise venir. No estaría bien que me lo perdiera.
Con una sonrisa irónica, Jung Woochan se sentó con naturalidad junto a su madre, justo enfrente de Kang Yebon.
Yebon sintió como si se hubiera abierto un agujero en alguna parte y toda su energía estuviera escapando por él.
Solo pudo contemplar a Jung Woochan sin decir nada, mientras Woochan lo observaba con la misma expresión amable de antes.
—Si ibas a venir, deberías haber avisado. También habríamos pedido comida para ti.
—No pasa nada, está bien. Solo vine a verlos un rato. Tendré que volver pronto. ¿Cómo has estado, mamá?
—He estado bien, muy bien. Me alegra ver a Woochan después de tanto tiempo. Debes estar muy ocupado con el trabajo estos días, ¿verdad?
—Sí. Probablemente estaré saturado durante los próximos dos años.
Woochan se integró al grupo sin dificultad, mientras Yebon seguía siendo el único que se sentía excluido.
Yebon observaba a Jung Woochan como si hubiera perdido la razón.
¿Por qué vino Jung Woochan? ¿Tiene algún motivo para presentarse aquí?
No habría ido solo para unirse a aquella reunión.
Si quisiera arreglar las cosas con él, lo habría contactado por separado.
Entonces solo quedaba una razón.
¿Por qué había ido a aquella reunión familiar?
La mandíbula de Yebon tembló ligeramente mientras apretaba los labios.
Ahora Kang Yebon se había convertido en una amenaza perfecta para Jung Woochan.
Después de conversar durante un rato, la primera persona que notó que algo no iba bien con Yebon fue su propia madre.
—¿Hijo? ¿Qué sucede?
Una mano cálida tocó su muslo.
Yebon no pudo mirar a su madre a los ojos y murmuró:
—Tengo que ir al baño.
Su madre no alcanzó a entender lo que dijo e intentó preguntarle de nuevo, pero Yebon ya había salido del salón.
—¿Estará enfermo? Por favor, cuida de él.
—No, estaba perfectamente bien hasta hace un momento. De verdad. Yo siempre estoy muy pendiente de él. Es lo único que tengo.
—Pero Kang Yebon es tan callado que nunca dice nada. ¿Recuerdas cuando tuvo apendicitis durante un servicio de la iglesia? Se lo guardó hasta que casi terminó siendo algo grave.
—…Eso es cierto.
Mientras la madre de Yebon observaba con preocupación el lugar donde había estado sentado su hijo, preguntándose si tendría indigestión, Woochan se puso de pie.
—Iré a buscarlo.
—Ah, gracias. Te lo agradezco.
Con una sonrisa amable y una ligera inclinación de cabeza, Woochan salió del salón.
Su rostro se endureció en cuanto cruzó la puerta.
Sacó el teléfono del bolsillo y marcó el número de Kang Yebon.
Mientras el tono de llamada continuaba, la expresión de Jung Woochan se oscureció con impaciencia.
Justo cuando estaba a punto de perder la paciencia, la llamada se conectó.
En lugar de una voz, se escuchó el ruido de los automóviles pasando a toda velocidad.
—¿Dónde estás?
—…En el callejón junto al restaurante.
Jung Woochan colgó de inmediato y comenzó a caminar.
Salió del edificio y entró en el estrecho callejón que había justo al lado.
Allí estaba Kang Yebon, con la cabeza baja, pateando el suelo de cemento.
—Kang Yebon.
Su voz era fría, muy distinta del tono que había utilizado dentro del restaurante.