Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 7
A un lado había unas palabras garabateadas y un pequeño dibujo que podía ser un triángulo o algo parecido.
Kang Yebon tuvo que entrecerrar los ojos tres veces antes de darse cuenta de que se suponía que aquello era un pastel. Soltó una risa débil. Parecía como si alguien lo hubiera pisoteado cinco veces.
Yebon miró de reojo a Cha Hyuk y guardó discretamente el trozo de papel en su estuche.
Cha Hyuk lo observó como si quisiera preguntarle por qué lo guardaba allí. Yebon murmuró en voz baja:
—Es un cupón.
Cha Hyuk soltó una risa, solo para recibir una reprimenda nada disimulada del profesor. Todos en el aula debieron de notar que su voz temblaba.
Quizá porque Cha Hyuk estaba sentado a su lado, aquel día el tiempo pareció pasar de manera inusualmente rápida.
El profesor bebió un sorbo de su vaso térmico, miró el reloj situado al fondo del aula y pasó a la siguiente diapositiva.
Apareció una página con el texto «Tarea de la semana 4» escrito en letras grandes y, poco después, se escucharon suspiros de frustración cerca de Yebon.
Él tampoco pudo evitar fruncir ligeramente el ceño.
Formen grupos de dos o tres personas e investiguen a un filósofo perteneciente a cada una de las siguientes corrientes: absolutismo, relativismo y nihilismo. Debatan sus ideas, organicen sus propias opiniones y las de los demás integrantes y entréguenlas en el aula virtual.
¡Es imposible realizarla de manera individual! Debe hacerse en grupos de dos o tres personas e incluir los nombres de todos los integrantes.
¡No copien y peguen! ¡Lo revisaremos!
¡No se aceptarán entregas después de la fecha límite!
¡Un formato incorrecto implicará una reducción de puntos! ¡Por favor, cumplan al menos con lo básico!
Habían dicho que no habría proyectos en equipo.
Yebon recorrió el aula con la mirada.
No conocía a una sola persona.
Bueno, había un rostro que le resultaba familiar, pero nunca había hablado con él. Además, parecía que ya tenía compañero, pues estaba sentado conversando con otra persona.
Mientras Yebon vacilaba, el profesor dio por terminada la clase y aquel único rostro conocido se marchó sin mirar atrás, charlando con su nuevo compañero.
Yebon giró rígidamente la cabeza hacia un lado y se encontró con la mirada de Cha Hyuk.
Cha Hyuk estaba sonriendo.
—¿Tienes otra clase después de esta?
Yebon bajó ligeramente la cabeza, invadido por una sensación de desesperación, y luego negó.
—¿Tanto te desagrada hacerlo conmigo?
Yebon alzó la vista hacia Cha Hyuk y vaciló unos instantes.
Sinceramente, Cha Hyuk no le desagradaba.
Lo que lo incomodaba era la situación de estar con él y el secreto que conocía.
Para ser franco, cada vez que veía a Cha Hyuk, Jung Woochan acudía a su mente.
Después de todo, se habían conocido precisamente cuando Jung Woochan terminó con él.
Mientras Yebon se esforzaba por responder, un chico y una chica que habían estado susurrando en la parte delantera del aula se acercaron a ellos.
—¡Hola!
El saludo fue animado, pero estaba dirigido a Cha Hyuk, no a Yebon.
Cha Hyuk les lanzó una breve mirada y asintió ligeramente. El chico, con una sonrisa alegre, dijo:
—Estuvimos en el mismo grupo durante la orientación de primer año, ¿recuerdas? ¡Park Minchan! Aunque supongo que no te acuerdas.
Cha Hyuk recorrió a Park Minchan de arriba abajo, levantó una ceja y dijo con calma:
—Ah, creo que sí lo recuerdo.
El rostro de Park Minchan se iluminó.
—Si todavía no tienes con quién hacer el proyecto, ¿te gustaría unirte a nosotros? Ella es una amiga de otro departamento y tampoco tiene compañero.
La chica que estaba detrás de Park Minchan avanzó con timidez, hizo una reverencia y murmuró su nombre.
Yebon contempló la escena con la mirada temblorosa.
Con Cha Hyuk y aquellos dos, ya serían tres.
El grupo estaba completo.
Para repetirlo, Yebon no conocía a nadie en aquella clase.
Cha Hyuk miró brevemente a los dos y luego dirigió los ojos hacia Yebon.
Su mirada parecía preguntarle: «¿Qué vas a hacer?».
Yebon no tenía alternativa.
Sujetó la mano de Cha Hyuk, que descansaba sobre su rodilla, fijó los ojos en él y dijo:
—No me molesta en absoluto.
Los dos parecieron no haberse percatado de la presencia de Yebon hasta ese momento y se pusieron tensos cuando finalmente lo notaron.
Cha Hyuk, todavía con una amplia sonrisa dirigida a Yebon, dijo:
—Él quiere hacerlo conmigo. Lo siento.
Su expresión satisfecha no parecía arrepentida en lo más mínimo. Más bien parecía entusiasmado.
Los dos respondieron rápidamente que no había problema y se marcharon a toda prisa. Al darse la vuelta para irse, miraron de reojo a Yebon.
—Vamos.
—…Sí.
Cha Hyuk tarareó una melodía mientras cruzaba la puerta del aula, y Yebon lo siguió con los hombros caídos.
Cha Hyuk, que caminaba delante, atraía las miradas con naturalidad. Yebon avanzaba unos pasos detrás, observando su espalda.
Probablemente él también miraría si alguien como Cha Hyuk pasara a su lado.
Llevar camisa de manga larga y pantalones largos con este calor ya es extraño, pero ¿por qué…?
¿Por qué siempre se peinaba hacia atrás con cera? Aunque, por lo rígido que se veía, quizá fuera laca.
Bajo aquella camisa oscura, parecía que en su ancha espalda podría haber un dragón o un tigre devolviendo la mirada.
A pesar de haberse prometido no juzgar por las apariencias, Yebon volvía a imaginar lo que Cha Hyuk ocultaba bajo la ropa con una perspectiva bastante sesgada.
—Hoy sí tenemos pastel de chocolate con avellanas.
La empleada de la cafetería se lo susurró mientras Yebon escogía su pastel.
Que lo recordara, y pensar en la expresión que debió de haber puesto aquel día, lo hizo contener la vergüenza y darle las gracias en voz baja.
Se sentaron en la mesa más apartada de la cafetería.
Yebon abrió su computadora portátil y miró a Cha Hyuk, sentado frente a él.
Sobre la mesa de Cha Hyuk solo había un teléfono.
La ceja de Yebon se crispó.
—¿No tienes computadora portátil?
—No. ¿Necesito una?
Al responder con tanta seguridad, Yebon se quedó sin palabras. Después de todo, la tarea se la habían asignado de forma inesperada.
—No tenemos que entregarla de inmediato, así que no pasa nada. Escojamos un filósofo cada uno, investiguemos por separado y después compartimos la información.
—Está bien.
El avisador vibró.
Cha Hyuk se levantó con naturalidad, regresó con dos porciones de pastel y un americano helado sobre una bandeja y los dejó sobre la mesa.
Tomó el americano y empujó el resto hacia Yebon.
Yebon observó en silencio el pastel artesanal cubierto de crema que tenía delante.
Ya habían elegido a los filósofos, pero para debatir primero necesitaban investigar.
Cuando Yebon estaba a punto de moverse al lado de Cha Hyuk con la computadora, este lo detuvo con un ligero gesto.
Después, Cha Hyuk se desplazó hasta sentarse junto a él.
Yebon movió las caderas con torpeza para hacerle espacio.
Debido al tamaño de Cha Hyuk, apenas quedaba una distancia equivalente a dos falanges entre sus antebrazos.
La espalda de Yebon se enderezó sin que pudiera evitarlo y las palmas comenzaron a sudarle.
El dulce aroma de la cafetería se mezcló con una fragancia intensa y fresca que le rozó la nariz.
Cha Hyuk cruzó los brazos mientras observaba la pantalla de la computadora. Después, dirigió sus ojos oscuros hacia Yebon.
Sus miradas se encontraron y Yebon apartó rápidamente la suya.
—…¿Con quién empezamos?
—En el orden en que los elegimos.
Entonces comenzarían por Nietzsche.
Y, sorprendentemente, había sido Cha Hyuk quien lo propuso primero.
Debatir ya era difícil, pero incluso iniciar la conversación parecía abrumador.
¿Qué opinas de Nietzsche?
Sonaba extraño, como si estuvieran participando en algún programa de análisis político.
Y encima debía expresar su propia opinión.
Yebon ni siquiera sabía demasiado sobre Nietzsche.
Sin embargo, para él, Nietzsche era sin duda un personaje complicado. Incluso quienes no sabían mucho sobre el filósofo conocían aquella frase:
«Dios ha muerto».
Para Kang Yebon, que había crecido en un mundo donde su madre creía en un Dios vivo, Nietzsche resultaba bastante difícil de aceptar.
¿Dios ha muerto? Eso es una blasfemia.
Aunque no era algo que Yebon pudiera decir en voz alta.
Cha Hyuk observaba a Yebon, que miraba fijamente la pantalla de la computadora. En sus ojos oscuros había un brillo suave.
—¿Por qué propusiste a Nietzsche?
Yebon desechó todas las frases sofisticadas que había pensado para iniciar la conversación y simplemente dijo lo primero que se le ocurrió.
Extrañamente, se sintió liberador.
—Antes iba a la biblioteca todos los fines de semana. Solo leí un libro, y era sobre Nietzsche. Era un ejemplar prestado, pero contenía algunas frases sorprendentemente buenas que no pude olvidar.
—¿Qué frase?
En lugar de responder de inmediato, Cha Hyuk acercó hacia sí la computadora que estaba frente a Yebon.
Colocó las manos sobre el teclado.
Bajo ellas, la computadora parecía extrañamente pequeña.
Gracias al recubrimiento de las teclas, apenas se escuchaba ruido, y sus dedos se movieron con rapidez.
Quien lucha contra monstruos debe cuidarse de no convertirse también en uno. Y cuando miras durante mucho tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
—Friedrich Nietzsche
Era una frase que Yebon no conocía.
¿Nietzsche también dijo esto?
El cursor parpadeó repetidamente después de la última letra.
Yebon giró lentamente la cabeza para mirar a su lado.
Se encontró con los ojos oscuros de Cha Hyuk, como si hubieran surgido de entre las sombras.
Insondablemente profundos, aquellos ojos negros reflejaban a Yebon.
Sin pensarlo, preguntó:
—¿Quién es el monstruo?
Cha Hyuk respondió:
—Yo.
A aquella corta distancia, Kang Yebon se veía reflejado en sus ojos negros.
Ninguno de los dos sonreía.
Se suponía que el miércoles sería el único día en que Kang Yebon se encontraría con Cha Hyuk, pero el día anterior el trabajo del proyecto había terminado de una manera ambigua, así que Yebon llegó temprano a la cafetería.
Para ser exactos, había huido diciendo que tenía algo que hacer.
Aquel día, en lugar de pastel, había dos pequeñas magdalenas y una galleta de chocolate con un malvavisco derretido en el centro.
La galleta era cortesía del personal.
Con la computadora abierta y mientras bebía un sorbo de café latte frío, Yebon removió el popote de plástico en círculos, haciendo que los cubos de hielo chocaran entre sí.
En la última página del documento HWP que aparecía en la pantalla todavía quedaban rastros de Cha Hyuk.
Después de un tiempo, Yebon sintió curiosidad.
¿Por qué Cha Hyuk no pudo olvidar aquella frase? ¿Qué tenía de impactante?
Al mismo tiempo, recordó que Cha Hyuk se había llamado a sí mismo monstruo.
Si Cha Hyuk era el monstruo, ¿quién luchaba contra él?
Ahora aquella frase también parecía haberse vuelto inolvidable para Yebon.
Ding.
La adorable campanilla sonó, y la persona que entró no tenía nada de adorable.
Aquel día llevaba una camisa azul marino. La única diferencia era un par de gafas de sol negras colgadas del cuello.
¿No tiene otra ropa?
—¿Esperaste mucho?
Después de localizar a Yebon de inmediato, se sentó frente a él.
—No demasiado. Ya pedí el tuyo. Un americano helado, ¿está bien?
—Oh, Yebon sí que tiene consideración. Me estaba muriendo de sed.
Cha Hyuk sacó el popote y bebió el café de varios tragos.
Los pequeños cubos de hielo no parecieron molestarlo en absoluto.
Yebon lo observó atentamente, preocupado de que pudiera atragantarse con alguno.
Su cabello, peinado hacia atrás como siempre, estaba ligeramente desordenado aquel día, y tenía gotas de sudor sobre la frente.
—¿Vienes del trabajo?
Cha Hyuk notó que Yebon miraba las gafas de sol colgadas de su cuello mientras masticaba un gran trozo de hielo.
—Solo fui un momento a un lugar brillante.
¿Un lugar brillante?
Yebon pensó automáticamente en las estrellas, pero era plena tarde.
A menos que hubiera ido al otro lado del planeta, no habría podido verlas.
Entonces, ¿qué clase de lugar brillante podía frecuentar Cha Hyuk?
Yebon frunció el ceño.
—…¿Un club nocturno?