Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 16
Cha Hyuk no parecía amenazante; si acaso, se veía divertido.
¿Acaso esperaba que Yebon gritara algo como: «¡No, no quiero! ¡Ayúdame!» o alguna escena dramática por el estilo?
Yebon levantó la vista hacia él. Incluso dentro de aquel edificio sospechoso, a solas con un hombre que irradiaba peligro, en sus ojos castaños claros no había el menor rastro de miedo.
—Eres alguien que conozco. Además, siempre dices que eres mi hyung, ahjusshi.
—…
Cha Hyuk chasqueó la lengua suavemente y retiró la mano que había apoyado contra la pared. Parecía un poco desanimado. En otras circunstancias, Yebon ya estaría temblando mientras trataba de adivinar el ambiente.
—Entonces, ahjusshi, ¿cuántos años tienes en realidad? Eres menor de treinta y cinco, ¿verdad?
Yebon caminó muy cerca de Cha Hyuk mientras ambos comenzaban a bajar las escaleras. Ya no parecía preocuparle en absoluto el lugar al que se dirigían.
—¿Y si te digo que sí? ¿Entonces empezarás a llamarme hyung?
—Tal vez. ¿Cuántos años tienes?
—Treinta y tres.
—¿¡Qué!? ¡Eso es solo dos años menos que treinta y cinco! ¡Es prácticamente lo mismo!
Cha Hyuk se detuvo de golpe a mitad del escalón.
¿Solo dos años?
Con una expresión amarga, miró de reojo a Yebon, pero fue incapaz de responder.
No tenía sentido intentar razonar con un chico de veintiún años, de mejillas suaves y ojos brillantes, incapaz de comprender el peso que tenían unos cuantos años de diferencia.
—…Mejor sigue llamándome ahjusshi.
—Está bien, ahjusshi.
—…Ya te sientes mejor, ¿eh?
Mientras apartaba la larga cortina verde oscura que colgaba junto a la puerta, Cha Hyuk volvió la cabeza para mirar a Yebon. Hacía apenas unos minutos había estado llorando como un recién nacido, pero ahora se veía sorprendentemente sereno.
Aunque seguía teniendo el rostro algo hinchado, era evidente que había mejorado.
—¡Bienvenido! ¡O-oh! ¡H-hyungnim!
Al otro lado de la cortina había un espacio tenuemente iluminado. Botellas de licor de aspecto costoso ocupaban los estantes de madera, había unas cuantas sillas dispersas y, al fondo, un estrecho pasillo continuaba hacia el interior.
Mientras observaba el lugar, Yebon confirmó lo que ya había deducido por el exterior y el nombre del establecimiento: era un bar.
Pero ¿por qué Cha Hyuk lo había llevado allí?
Antes de que pudiera seguir pensándolo, un hombre salió apresuradamente de detrás de la barra y corrió hacia ellos. Bajo la tenue iluminación, su cabeza brillaba tanto que Yebon era incapaz de distinguir dónde terminaba su frente.
—¡Ha llegado, hyungnim!
Tras inclinarse profundamente, el hombre se enderezó y reparó en Yebon. Sus pupilas pequeñas y su intensa mirada hicieron que Yebon, por instinto, se escondiera detrás de Cha Hyuk.
El hombre siguió observándolo fijamente. Era una mirada tan inquietante que a Yebon se le erizó la piel.
—¿Y este quién es? ¿Un nuevo empleado de medio tiempo?
—No. Es mi invitado. Preparaste la sala, ¿verdad?
—¡Por supuesto, hyungnim!
Por la forma en que interactuaban, parecía que aquel hombre era uno de los subordinados de Cha Hyuk y que el local estaba bajo su mando.
Al darse cuenta de eso, los ojos de Yebon brillaron ligeramente. Era el tipo de lugar que solo había visto en películas o dramas.
De no ser por Cha Hyuk, jamás habría puesto un pie allí, así que la experiencia le resultaba tan irreal como visitar el set de una película.
El interior hacía honor al nombre Blue Moon: común y un poco anticuado. Esa falta de armonía le daba un aire artificial, casi escenográfico.
—Vamos.
Cha Hyuk le dio unas suaves palmadas en la espalda y Yebon se dio cuenta de que había permanecido pegado a su lado todo ese tiempo. Relajó un poco la postura y siguió al hombre calvo hacia el interior.
El pasillo era estrecho, pero sorprendentemente largo, y los condujo hasta la habitación más al fondo.
—Santo cielo…
Cuando la puerta se abrió, Yebon se quedó boquiabierto.
Sobre una enorme mesa había un despliegue extravagante de comida, bebidas y alcohol. Era demasiado para solo dos personas.
—¿Esperamos a alguien más…?
—Claro que no.
Ya sentado, Cha Hyuk le hizo un gesto para que entrara. Movía la mano con naturalidad, como si estuviera apurando a un niño.
Todavía incrédulo, Yebon entró en la habitación. A su espalda, el hombre calvo gritó:
—¡Llámeme si necesita cualquier cosa!
Sobresaltado por aquella voz atronadora, Yebon dio un pequeño respingo y miró hacia atrás. El hombre seguía observándolo fijamente.
Esta vez, Yebon apartó enseguida la vista y se apresuró a sentarse junto a Cha Hyuk. La puerta se cerró con un sólido golpe.
—Ese tipo… No parece muy contento de que esté aquí.
Cha Hyuk sirvió un vaso de agua y lo dejó frente a Yebon, que asintió agradecido. Luego, como si hubiera cambiado de idea, dejó a un lado el whisky y se sirvió té de cebada.
—¿Por qué piensas eso?
—Bueno, no dejaba de mirarme con esa cara tan seria. Tal vez le parezca raro que yo sea tu invitado.
Hasta el propio Yebon sentía que no encajaba en un sitio como ese. Si él mismo lo pensaba, ¿cuánto más extraño no le parecería a los demás?
Sin responder, Cha Hyuk le sirvió carne y sopa en un plato.
—Ese tipo… tiene debilidad por las cosas lindas.
—…¿Qué?
—Por eso te estaba mirando.
Tomado completamente por sorpresa, Yebon levantó la vista hacia Cha Hyuk con los ojos muy abiertos, pero él se limitó a beber tranquilamente su té.
Por mucho que le diera vueltas, aquella frase sonaba como si él fuera la «cosa linda». ¿Se refería a su apariencia? ¿O a algo más…?
No, imposible.
Yebon descartó enseguida esa idea. Ni siquiera sabía si a Cha Hyuk le gustaban los hombres.
Aun así, no podía negar que Cha Hyuk estaba siendo inusualmente considerado con él.
«Dicen que habla poco, pero si alguien le dirige la palabra, resulta sorprendentemente educado. Incluso hay quienes lo saludan cada vez que lo ven.»
Probablemente Cha Hyuk simplemente era así por naturaleza: tranquilo y atento.
Aunque, bien pensado, su primer encuentro había sido de todo menos tranquilo… y había sido Yebon quien empezó la pelea.
Frunció ligeramente el ceño y negó con la cabeza.
—¿Qué pasa?
—Nada. Ah, por cierto, hoy faltaste a clases. ¿Te molesté cuando estabas ocupado?
—No realmente.
Yebon soltó un suspiro de alivio. Como Cha Hyuk parecía el tipo de persona que rara vez faltaba a la universidad, se habría sentido muy culpable si lo hubiera interrumpido en algo importante.
Más tranquilo, empezó a comer la montaña de carne que Cha Hyuk le había servido. El sabor era un poco fuerte, pero estaba delicioso.
—Oye, ahjusshi.
—¿Mmm?
—¿Tienes algún amigo cercano en la universidad?
Cha Hyuk lo miró, pero no respondió de inmediato.
Ese breve silencio puso nervioso a Yebon. Sin darse cuenta, mordisqueó la punta del tenedor mientras esperaba.
Después de volver a llenarle el plato con carne y sopa, Cha Hyuk habló al fin.
—No. Solo tú.
Yebon bajó la mirada hacia el plato.
No sabía por qué, pero una sonrisa apareció lentamente en sus labios.
Ser el único amigo cercano de Cha Hyuk…
De alguna manera, aquello lo hacía sentir especial. Y le gustaba esa sensación.
—Entonces te llamaré hyung.
La cabeza de Cha Hyuk giró de golpe hacia él.
Yebon, mientras soplaba un trozo de carne humeante, dijo con toda naturalidad:
—…Supongo que, después de todo, sí pareces un hyung.
—¿No es por mi edad?
—No… Es que se siente… más cercano, ¿sabes?
Al encontrarse con la mirada de Cha Hyuk, Yebon le dedicó una sonrisa cálida.
Bajo la mesa, Cha Hyuk apretó el puño. Su mano tembló levemente.
¿Qué demonios pasa hoy?
Después de comer tanto que sintió que iba a reventar, Yebon por fin regresó a casa.
Cha Hyuk le pidió que introdujera la dirección de su apartamento en el navegador, y, curiosamente, eso hizo que Yebon se sintiera aliviado.
Cuando el coche se detuvo cerca del complejo de apartamentos, Yebon se volvió hacia él.
—Gracias por todo lo de hoy. Regresa con cuidado y no faltes al examen de la próxima semana.
—De acuerdo.
—Bueno, nos vemos la próxima semana, hyung.
Yebon hizo una pequeña reverencia antes de bajar del coche. Cha Hyuk levantó una mano a modo de despedida desde la ventanilla y luego arrancó.
Mientras veía el automóvil alejarse, Yebon se dio unas palmaditas en el estómago, completamente satisfecho.
Lo que había empezado como un día horrible, uno que pensó que sería el peor de su vida, había dado un giro por completo gracias a Cha Hyuk.
Si Cha Hyuk no hubiera aparecido, ni siquiera podía imaginar cómo habría terminado todo.
Mientras caminaba, intentó imaginar ese escenario, pero no encontró nada bueno.
Lo más probable era que hubiera vuelto a casa, se hubiera encerrado en su habitación y hubiera llorado solo por culpa de lo ocurrido con Jung Woochan.
Incluso ahora, pensar en Woochan le revolvía el estómago.
Frunciendo el ceño, Yebon negó con la cabeza y se obligó a pensar en Cha Hyuk.
Por desgracia, eso solo hizo que recordara todas las cosas vergonzosas que había hecho delante de él ese día.
Abrumado por la vergüenza, comenzó a caminar cada vez más rápido, hasta terminar corriendo.
Aunque había sido una carga para Cha Hyuk y se había comportado como un completo tonto, Yebon sabía que, si pudiera revivir aquel día, volvería a llamarlo para pedirle ayuda.
Cuando llegó a la entrada de su edificio, se quedó inmóvil, jadeando por la carrera repentina. Su pecho subía y bajaba mientras recuperaba el aliento, pero una pequeña sonrisa, completamente involuntaria, se dibujó en la comisura de sus labios.
De alguna manera, a pesar de todo…
sentía que por fin podía volver a respirar.