Creo que le gusto a ese hombre mayor - Capítulo 15

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Jung Woochan se quedó momentáneamente sin palabras mientras levantaba la vista hacia la imponente figura que había aparecido de repente.

Desde su ropa hasta su estatura, estaba claro que no era alguien con quien convenía meterse.

—…¿Quién eres?

—No es asunto tuyo.

Cha Hyuk respondió con indiferencia mientras examinaba cuidadosamente la muñeca de Yebon, enrojecida e hinchada por la fuerza con la que Woochan la había sujetado.

Chasqueó la lengua en voz baja.

—Debería enterrarte de verdad…

La amenaza en su voz hizo que Yebon levantara la cabeza por instinto.

Sus miradas se encontraron y la dureza de los ojos de Cha Hyuk se suavizó.

—No a ti. A él.

Su largo dedo señaló a Woochan, que seguía allí de pie, desconcertado, alternando la mirada entre Cha Hyuk y Yebon, ahora protegido entre sus brazos.

Woochan soltó una carcajada, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

—Kang Yebon, ¿de verdad te relacionas ahora con gente de esta clase? ¿Qué diría tu madre si lo supiera? En serio, me preocupas.

—¿Qué? Oye, aquí el peor eres tú…

Cuando Yebon comenzó a alterarse, Cha Hyuk volvió a atraerlo hacia sus brazos.

Tomado por sorpresa, Yebon levantó la vista y Cha Hyuk negó ligeramente con la cabeza.

Al darse cuenta de que estaba volviendo a exaltarse demasiado, Yebon se calmó un poco.

Si continuaba así, terminaría perdiendo el control y hundiéndose todavía más en aquel desastre con Woochan.

Relajó el cuerpo tenso y se limitó a fulminarlo en silencio.

Hacía tiempo que había olvidado su intención de mantener una conversación racional o recibir una disculpa.

Todo se había convertido en un caos, pero aun así era mejor que haberse marchado a casa sin hacer nada.

—Ya basta. Vámonos, ahjusshi.

Yebon sujetó el borde de la camisa de Cha Hyuk y se volvió para irse, pero Woochan lo provocó.

—Tú no estás en posición de decirme nada. También has estado haciendo cosas a escondidas. Esto es jodidamente increíble.

Al parecer, incluso a Cha Hyuk le resultó difícil ignorar aquello. Su rostro se volvió frío mientras miraba a Woochan desde arriba.

Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, Yebon ya se había abalanzado y había lanzado un puñetazo.

Tomado por sorpresa, Woochan retrocedió tambaleándose.

Yebon lo fulminó con los ojos muy abiertos.

—¿Te das cuenta siquiera de la basura que eres? ¿Qué clase de moral retorcida tienes? Imbécil sin cerebro.

—¡¿Qué mierda?! ¡Estás loco…!

Woochan abrió los ojos con furia y extendió una mano para agarrarlo, pero Yebon se apresuró a colocarse junto a Cha Hyuk.

Woochan vaciló mientras evaluaba la reacción de Cha Hyuk.

Aunque él era alto, Cha Hyuk lo superaba, y aquella mirada indiferente bajo la ceja marcada por la cicatriz bastó para detenerlo.

Al final, Woochan se quedó quieto y se frotó la mejilla mientras miraba con odio a Yebon, que ahora se ocultaba detrás de Cha Hyuk.

—Kang Yebon, cuídate las espaldas. Esto no ha terminado. Desde traer a un matón hasta mi apartamento hasta golpearme, no voy a dejarlo pasar. Intentaba terminar las cosas de buena manera, pero tú lo arruinaste.

—El único arruinado eres tú, pedazo de mierda. Adelante, denúnciame. Veamos quién tiene más que perder. ¿Crees que voy a seguir callado?

Cha Hyuk bajó la mirada hacia Yebon, que se aferraba a él y temblaba de rabia.

A pesar del miedo, hablaba con más firmeza de la esperada.

Incluso asustado, siempre decía lo que necesitaba decir.

Incapaz de responder, Woochan se quedó allí, con el rostro cada vez más rojo, mientras Yebon tiraba del brazo de Cha Hyuk y se sorbía la nariz.

—¡Si no te callas, de verdad te va a ir mal!

Woochan gritó algo más, pero Yebon no miró atrás.

Se limitó a alejarse, derramando lágrimas con cada paso.

Cha Hyuk volvió la cabeza.

Sus ojos se encontraron con los de Woochan, cuyo rostro estaba lleno de hostilidad.

Después, Cha Hyuk desplazó lentamente la mirada hacia el edificio.

Al final de ella se encontraba el apartamento de Woochan.

Cuando volvió a mirarlo, el rostro de Woochan había palidecido.

Cha Hyuk asintió con una sonrisa ladeada.

Ya te tengo.

Eso parecían decir sus ojos oscuros.

En el asiento del copiloto, Yebon lloraba todavía más que antes.

Jadeaba mientras se secaba repetidamente los ojos con el dorso de la mano, pero las lágrimas no dejaban de caer y su rostro estaba aún más hinchado.

—…Lo siento. De verdad hice un desastre. Será mejor que me vaya a casa.

Al oír aquel murmullo abatido, Cha Hyuk le tendió un pañuelo.

—¿Estás seguro de que puedes irte así?

—…Sí. Tengo que irme ya.

En realidad, no quería regresar a casa.

Con el rostro en ese estado, su madre sin duda armaría un escándalo, así que pensaba calmarse primero en algún lugar cercano.

Cuando por fin consiguió contener el llanto, se secó alrededor de los ojos con el pañuelo.

La piel le ardió allí donde lo tocó.

Extendió la mano hacia la mochila que estaba en el suelo del auto y asintió hacia Cha Hyuk.

—Gracias por lo de hoy. Me iré ya. Tú también deberías volver a casa. Perdón por causarte problemas.

Cuando Yebon se volvió para salir, Cha Hyuk lo sujetó del brazo.

Lo observó fijamente antes de hablar con suavidad.

—Me inquietaría dejarte ir así. Come algo primero.

—Con esta cara, no creo que pueda entrar a un restaurante…

No se había mirado al espejo, pero sabía que su rostro debía ser un desastre.

Siempre se hinchaba con facilidad y estaba seguro de que sus ojos estaban muy inflamados.

Cha Hyuk recorrió su cara con la mirada y luego soltó su brazo, como si sus palabras lo hubieran convencido.

Yebon extendió la mano hacia la manija de la puerta.

—¿Qué tal un lugar con salones privados y poca gente?

Yebon se detuvo.

Después escondió un poco el rostro tras la mochila y asintió.

Cha Hyuk soltó una risa baja, le revolvió el cabello y lo empujó suavemente contra el respaldo.

Cuando Yebon quedó completamente recostado, Cha Hyuk se inclinó para abrocharle el cinturón y reclinó el asiento.

Yebon soltó una exclamación al sentir que el respaldo bajaba de repente.

Cha Hyuk volvió a reír y le cubrió los ojos con la palma.

—Descansa un poco. Tardaremos.

—…Está bien.

Yebon cerró los ojos y el auto comenzó a moverse.

Poco después, su conciencia se desvaneció.

Yebon sintió que el vehículo se balanceaba y abrió con esfuerzo los párpados pesados.

Cha Hyuk ocupó toda su visión borrosa.

Está muy cerca.

Aún adormilado, lo pensó sin demasiado interés.

Cha Hyuk estaba tan próximo que cada respiración le hacía cosquillas en la mejilla.

Afuera ya había oscurecido, haciendo que sus ojos parecieran aún más negros de lo habitual.

Perdido en aquella mirada profunda, Yebon parpadeó.

Con cada parpadeo fue recuperando la lucidez.

—Si sigues mirándome así, ahjusshi podría hacerse una idea equivocada.

El rostro de Cha Hyuk se acercó todavía más.

Yebon, ya completamente despierto, se incorporó de golpe.

—¡¿Qué, qué?!

Cha Hyuk retrocedió con rapidez y sonrió con naturalidad, como si no hubiera ocurrido nada.

Yebon seguía con los ojos muy abiertos y una mano apoyada sobre el pecho, donde el corazón latía con fuerza.

Se rascó los dedos distraídamente.

Cha Hyuk le dio un golpecito con el dedo en la mejilla hinchada.

—Ya despertaste, ¿eh?

—…Sí. Por completo.

Yebon lo miró con un leve reproche, pero Cha Hyuk solo asintió.

—Baja. Ya llegamos.

Yebon se dio cuenta de que su mochila había desaparecido.

Miró debajo del asiento, pero no estaba allí.

—¿Dónde está mi mochila?

—En el asiento trasero. Yo te llevaré a casa, así que déjala ahí y baja.

Yebon miró atrás y vio la mochila colocada cuidadosamente.

Asintió y salió del auto, aunque su expresión se volvió algo ambigua.

—…¿Blue Moon?

Un letrero de neón parpadeaba sobre la entrada de un bar de aspecto peculiar.

Al mirar alrededor, notó que la calle estaba llena de bares en un callejón tenuemente iluminado.

A pesar de que ya era de noche, no había mucha gente y algunos locales parecían ni siquiera haber abierto.

Confundido, Yebon se volvió.

Cha Hyuk pasó un brazo alrededor de sus hombros y comenzó a guiarlo hacia delante.

La idea de entrar en un lugar que jamás había imaginado visitar en toda su vida llenó el rostro de Yebon de miedo y cautela.

Sin embargo, como era Cha Hyuk quien lo llevaba, lo siguió, aunque aturdido.

Una vez dentro, el lugar resultó todavía más apartado y oscuro.

Ni siquiera se quedaron en la planta baja.

Comenzaron a descender por unas escaleras.

Algo no estaba bien.

Finalmente, incapaz de contenerse, Yebon se detuvo.

—Ahjusshi, ¿qué clase de lugar es este…?

A mitad de las escaleras, Cha Hyuk lo empujó contra la pared y se agachó frente a él, alzando la mirada con una sonrisa torcida.

—Yebon-i, ¿tus padres no te enseñaron que no debes seguir a desconocidos?

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