¡Esto no es un Omegaverso! - Capítulo 72
Ian se subió por completo encima de Jiha, pegando todo su cuerpo al suyo.
Cuando Jiha inclinó ligeramente la cabeza mientras abrazaba a un Ian tan pegajoso, alcanzó a ver, por encima de su hombro, el ramo destrozado y el pan con forma de pez a medio comer.
La situación carecía tanto de cualquier ambiente dulce o romántico que se le escapó una pequeña risa.
El refunfuño de Ian, preguntando: «¿De qué te ríes?», terminó ahogado por otro beso.
Los besos ligeros comenzaron de nuevo y se prolongaron durante bastante tiempo.
Jiha abrazaba a Ian, acariciándole distraídamente las mejillas y el cabello, pero sus ojos seguían desviándose hacia la mesa.
Ian, acomodado tranquilamente entre sus brazos, siguió su mirada y volvió la cabeza.
Cuando habló, había una sonrisa en su voz.
—De alguna manera, eso se parece a nosotros.
—¿A nosotros?
—Sí. Es un desastre de una forma extraña.
—¿Lo es?
—Lo es. Yo: muy vistoso por fuera, pero un desastre por dentro. Tú: alguien que en realidad es una buena persona por dentro.
—Hm…
—Dame tu teléfono. Quiero tomar una foto. De algún modo se ve lindo.
Tomando el teléfono de Jiha, Ian comenzó a buscar ángulos y a sacar fotografías con entusiasmo.
Después de revisar cuidadosamente todas las imágenes, eligió una y se la mostró orgullosamente.
El ramo aplastado y el pan con forma de pez se veían bastante bien en la foto.
—Eres bueno tomando fotos.
—¿Verdad? No la borres. Guárdala. Es la prueba de hoy. Nuestra primera foto de pareja.
—¿Esto?
—¿No es linda?
Jiha no tenía idea de según qué criterio aquello era lindo.
Pero como Ian parecía tan feliz, se limitó a asentir.
La alegría que sentía Ian por algo así le parecía todavía más adorable.
Por supuesto, jamás diría eso en voz alta.
Ian, completamente acomodado entre las piernas de Jiha, lo abrazó mientras revisaba una por una las fotos de la galería.
Pero pronto se aburrió.
—¿Por qué esto es tan aburrido? Solo hay libros y diapositivas de clase.
—¿Y qué esperabas encontrar?
—Esperaba hallar una foto mía que me hubieras tomado en secreto mientras dormía para poder burlarme de ti cuando te descubriera.
—Como si hiciera algo así.
—Podrías hacerlo. Es un cliché, ¿no? Además, yo soy lindo.
—No lo haría.
—Entonces ¿por qué te pusiste tan nervioso? No me digas que al menos lo pensaste una o dos veces.
—No lo hice…
Por mucho que buscara, Ian no encontraría nada.
Jiha no tenía la costumbre de tomar fotografías a escondidas.
Ian pareció decepcionado durante un instante, pero enseguida sujetó la barbilla de Jiha y acercó su rostro mientras levantaba la cámara.
Antes de que Jiha pudiera detenerlo, ya habían tomado cuatro selfies seguidas.
En las cuatro, Jiha aparecía completamente desconcertado.
Solo en una miraba realmente a la cámara.
—¿Qué…? ¿Así de repente?
—Estoy llenando tu galería. ¿No salieron bien?
—Solo tú saliste bien.
—Es tu teléfono, así que mientras yo salga bien, está perfecto. Vamos a tomar muchas más a partir de ahora. Míralas cuando estés solo. Incluso puedes usarlas como… bueno, como acompañamiento cuando lo hagas solo.
—Como si fuera a hacerlo… ¿Qué demonios estás diciendo?
—No tengo ningún prejuicio con esas cosas.
—Deberías tenerlo.
Riéndose a carcajadas, Ian terminó atrapado entre los brazos de Jiha cuando este le quitó el teléfono y lo dejó a un lado.
Si lo dejaba seguir, Ian seguramente continuaría diciendo tonterías.
Aun así, Ian no podía dejar de reír.
Con los ojos curvados por la felicidad, volvió la mirada hacia Jiha.
—Parece que estás de buen humor.
—Por supuesto. No tienes idea de cuánto he sufrido hasta ahora.
—Lo siento.
—Olvídalo. Ahora estoy bien.
—La verdad es que… todavía no estoy seguro. De si esto está bien.
Jiha abrazó la espalda de Ian y enterró el rostro en su hombro.
Permitió, sin resistirse, que Ian le acariciara suavemente el cabello.
—Pero sí te gusto, ¿verdad?
—Sí.
—Y te gusta estar así conmigo, ¿verdad?
—Sí.
—Entonces eso basta. Esto está bien.
—…
—Te lo dije, ¿no? Al final no soy tan diferente de ti. Aunque sea el protagonista, soy uno bastante torpe. Y tú, en ese mundo perfecto del que hablabas, solo eres un extra del fondo. Los dos somos torpes, así que hacemos buena pareja.
—¿De verdad?
—Si resulta que no somos compatibles o si encuentro a alguien mejor, ya lo resolveremos más adelante. Pero por ahora, solo sal conmigo. Eso es todo.
—No me gusta eso.
Ni siquiera quería imaginarlo.
De repente, sintiéndose desesperado, Jiha le sujetó la barbilla y lo besó.
Invadió sus labios con brusquedad, entrelazando sus lenguas con fuerza.
Solo cuando la risa de Ian se filtró entre sus labios unidos, Jiha se apartó.
Aun así, sus frentes y sus narices seguían tocándose.
—¿Estás diciendo que te molestaría si te dejara?
—…
—¿Pero tú sí tienes permitido dejarme a mí?
—Lo siento.
—Entonces trátame bien. Con eso basta.
Ian sonrió y volvió a besarlo.
Jiha ya había perdido la cuenta de cuántos besos se habían dado.
Abrió los labios obedientemente y dejó que la lengua de Ian entrara.
Sus lenguas se entrelazaron.
A diferencia de los besos ligeros de antes, que terminaban enseguida, este se fue profundizando poco a poco hasta que el calor se extendió por todo su cuerpo.
Mientras inclinaban la cabeza y se buscaban con mayor profundidad, pequeños gemidos apagados se escaparon entre ellos y resonaron en sus oídos.
—Tócame… mm…
Atraído por aquella súplica entrecortada de Ian, Jiha deslizó la mano bajo su ropa.
Acarició lentamente su estrecha cintura y los marcados omóplatos que sobresalían bajo la piel.
Un aliento caliente escapó de los labios de Ian.
Sus dedos recorrieron su piel despacio, saboreando aquella suavidad.
La excitación se acumuló una y otra vez sobre sus besos desordenados.
La mano de Ian, que acariciaba la oreja de Jiha, terminó quitándole las gafas.
Como si aquello fuera una señal, Jiha introdujo la mano un poco más bajo el suéter tejido de Ian.
Y entonces se detuvo.
—¿No deberíamos cenar?
—¿Eso es lo que te preocupa ahora?
—Lo pregunto porque me preocupas… Y además…
—¿Qué?
—No tenemos… preservativos, ¿verdad…?
Su mente comenzó a acelerarse.
Por supuesto que no tenían.
Recordó vagamente haber tirado la caja vacía.
¿Cuándo había sido la última vez?
Hacía bastante tiempo.
Nunca pensó que volvería a estar así con Ian, por lo que jamás repuso nada.
Ah.
Mierda.
Esto no puede…
Sus pensamientos se desordenaron por completo.
¿Qué debía hacer?
¿Salir corriendo a comprar?
Sí.
Ahora mismo…
Mientras tragaba saliva y comenzaba a levantarse, Ian le sujetó el hombro con fuerza.
Tan fuerte que el corazón de Jiha se aceleró.
—Podemos hacerlo así.
—No podemos…
—Puedes entrar. Haré una excepción contigo, Lee Jiha.
—Estás loco… ngh…
—O usa tus habilidades y hazlo por fuera si tanto te preocupa.
Ian se rio mientras volvía a presionar sus labios contra los de Jiha.
Sus lenguas se entrelazaron al instante, despertando todavía más calor.
Jiha ya no quería pensar en nada.
Ni ahora ni por un momento.
Abrazó el cuerpo delgado de Ian.
Lo dejó acercarse más.
Permitió que su propio cuerpo recorriera libremente el del menor.
Uno a uno, todos los pensamientos que se habían interpuesto entre ellos fueron desapareciendo.
[Vacaciones de invierno]