Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 94
¿Ven a ese hombre que resplandece sobre el escenario? Es mi esposo. Sí, mío. Ese Alpha me ama. Si alguien aquí tiene algún problema con eso, puede procesar sus emociones como mejor le parezca, pero que ni se atreva a descargarlas sobre mí.
Eso era lo único que Jiwoon podía pensar mientras devolvía la mirada desafiante a quienes lo observaban con hostilidad. Ninguno de ellos había invertido ni diez wones en su matrimonio con Seo Taecheon, ni había vivido con ellos su período de «reflexión sobre el divorcio» y su posterior reconciliación. ¿Qué derecho tenían a burlarse?
Olvídate de sus miradas. No importa. El bufé del Hotel Sehwa sigue siendo lo mejor del mundo.
Jiwoon se entregó felizmente a la comida, con el apetito desatado, acabando un plato tras otro.
—Han trabajado duro este año, Equipo 1 de Marketing. Gracias a todos.
—Usted también trabajó mucho, asistente Lee.
Los miembros del equipo intercambiaban palabras afectuosas cuando el maestro de ceremonias subió al escenario y tomó el micrófono.
—El director Seo Taecheon nos dirigirá unas palabras.
Estalló un aplauso atronador. Seo Taecheon subió al estrado. Jiwoon aplaudió con más entusiasmo que nadie.
Qué guapo. Mira cómo le queda ese traje. Resplandece…
Incluso dejó el plato a un lado y contempló a su Alpha con los ojos brillantes. Cuando escuchó a los empleados susurrar: «El director es increíblemente guapo», el pecho de Jiwoon se hinchó de orgullo.
—Buenas noches. Soy Seo Taecheon, director de Marketing. Antes que nada, quiero agradecerles a todos por sus esfuerzos durante este año. El extraordinario crecimiento del Grupo Hotelero Sehwa ha sido posible gracias a su dedicación. Les expreso mi gratitud y mis felicitaciones a todos.
Los aplausos volvieron a estallar.
—Y, queridos colegas, hoy me gustaría hacer un anuncio personal.
Se alzaron murmullos y miradas de sorpresa. El director nunca hablaba de asuntos privados. ¿De qué se trataba?
Incluso Jiwoon parpadeó, preocupado. No tenía la menor idea de lo que Taecheon pretendía decir. Aguzó el oído y esperó.
—Me han informado de que circulan rumores sobre mi vida privada.
El salón entero se quedó paralizado. Quienes habían difundido los rumores enrojecieron de culpabilidad y desviaron nerviosamente la mirada.
—No puede ser… —Jiwoon se puso rígido.
La tensión le recorrió la nuca como un escalofrío. Taecheon jamás había hablado con él sobre aquellos rumores.
—Sé que se han dicho muchas cosas. Algunas de ellas poco amables. Así que permítanme aclararlo aquí y ahora. El asistente Lee Jiwoon es, efectivamente, la persona con quien voy a casarme.
Silencio.
Y después, oleadas de conmoción.
Para muchos, el rumor ya era de conocimiento común y había circulado por canales extraoficiales y mensajes internos de la empresa. Sin embargo, una declaración oficial tenía un peso mucho mayor.
Clang.
El tenedor de Jiwoon cayó al suelo.
¿Lo está anunciando? ¿Así? ¿Ahora mismo?
Permaneció inmóvil en su asiento, con la mente en blanco. Entonces, la mirada de Taecheon encontró la suya.
—Asistente Lee.
—…¿Sí?
—¿Podría acompañarme aquí arriba?
—¿Y-yo?
La subdirectora Min le dio un pequeño empujón en el hombro.
—¡Vamos! ¡Rápido!
Tambaleándose, Jiwoon obligó a sus piernas a obedecer y avanzó hasta el frente. Taecheon le extendió la mano.
—…Ah.
Instintivamente, Jiwoon la tomó y subió al escenario. El público dejó escapar exclamaciones de sorpresa.
Taecheon volvió a tomar el micrófono.
—Planeamos celebrar nuestra boda la próxima primavera y, por supuesto, todos los presentes estarán invitados. No hago este anuncio para llamar la atención, sino porque no puedo tolerar que mi amada pareja sea objeto de especulaciones absurdas. Me disculpo si este anuncio los ha sorprendido, pero confío en que todos nos darán su bendición.
Sus últimas palabras resonaron con tanta firmeza que era imposible ignorar la advertencia implícita: no sigan difundiendo chismes o habrá consecuencias.
Silencio.
Entonces comenzaron los aplausos.
Jiwoon se volvió, asombrado. La subdirectora Min y la secretaria Kim Minji se habían puesto de pie de un salto y aplaudían con todas sus fuerzas.
—¡Felicidades!
—¡Felicidades!
Poco a poco, otros comenzaron a imitarlas. Cuatro, diez, decenas de personas… hasta que el salón de banquetes retumbó con aplausos.
—¡Hacen una pareja perfecta!
—¡Felicidades!
—¡Invítennos también!
Las mejillas de Jiwoon ardieron y sintió un cosquilleo en la nariz mientras su corazón se llenaba de emoción.
No todos me condenan. Algunos realmente nos desean felicidad.
—Gracias. De verdad, muchas gracias.
Hizo una profunda reverencia y, cuando volvió a levantar la cabeza, su sonrisa era tan radiante como las flores de primavera.
—No me extraña que el director se enamorara de él.
—Era imposible que no lo amara.
Tomados de la mano, la pareja se volvió para mirarse. No necesitaban palabras. Sus manos permanecían firmemente entrelazadas.
De regreso en su mesa, Min seguía aplaudiendo, con lágrimas brillando en los ojos.
—¿Ves? Ahora es oficial. Ya nadie podrá seguir diciendo tonterías.
—Gracias —susurró Jiwoon.
A su alrededor se alzaron las copas.
—¡Salud!
—¡Felicidades por su boda!
Jiwoon hizo una reverencia tras otra desde la cintura, hasta que…
Seo Taecheon bajó del escenario.
Todos los integrantes del Equipo 1 de Marketing se levantaron apresuradamente.
—Buenas noches, director.
—No es necesario que se levanten. Coman tranquilos.
Entonces, para sorpresa de todos, se sentó justo al lado de Jiwoon.
—Director, ¿por qué se sienta aquí?
Los empleados parecían completamente desconcertados. Jiwoon también.
—Ya lo hemos anunciado públicamente. ¿Por qué seguir fingiendo? Quiero comer con mi esposo.
Con los ojos muy abiertos, los miembros del equipo contemplaron cómo su severo director le sonreía a Jiwoon con tanta dulzura que el ambiente se volvió empalagoso.
¿El director… sabe sonreír? Es la primera vez que lo veo.
Intercambiaron miradas y gritaron en silencio. Mientras tanto, Taecheon mimaba a Jiwoon, sirviéndole comida en el plato.
—La gente está mirando… —susurró Jiwoon.
—Exactamente. Que miren.
Taecheon le metió un tomate cherry en la boca. Sonrojado, Jiwoon se lo comió como un pajarito y luego rio.
—…Qué rico. ¿Otro?
—Siempre es un placer verte comer.
Ya no era el rígido director, sino un Alpha enamorado. Ya no era el inseguro empleado más joven, sino un Omega profundamente amado. Los empleados solo pudieron negar con la cabeza mientras sonreían. Tenían que admitirlo: hacían una pareja irritantemente perfecta.
Más tarde, con Taecheon un poco achispado por el champán, regresaron a casa con un chofer. Jiwoon apoyó la cabeza en su hombro mientras le apretaba la mano.
—De verdad me sorprendiste.
—…Quizá debería haberte avisado.
—No. Me sorprendió, pero… me hizo feliz verte declarar abiertamente lo nuestro.
Taecheon acarició su mano con ternura.
—Entonces valió la pena.
—¡A partir de ahora, se acabó eso de llevar una doble vida!
—Sí. Ahora podemos ir juntos al trabajo abiertamente.
Aquellas maniobras clandestinas en el estacionamiento habían llegado a su fin. Jiwoon se sentía un poco nostálgico, pero también feliz.
Y, efectivamente, a la mañana siguiente, ambos entraron juntos al trabajo, caminando uno al lado del otro desde la entrada. Esta vez nadie susurró. Saludaron con orgullo y después cada uno tomó su propio camino: uno hacia la oficina del director y el otro hacia su escritorio.
Antes de abrir la puerta de su oficina, Taecheon le dedicó una sonrisa. Jiwoon se la devolvió.
—Esto ya se desborda, ¿eh? Es como si el aroma del sésamo tostado estuviera por todas partes —bromeó Min junto a la fotocopiadora.
Aunque se burlaba de él, Jiwoon sabía que ella era la persona que más feliz se sentía por ellos, y una amplia sonrisa se extendió por su rostro.
Notas
Período de reflexión sobre el divorcio (이혼 숙려제): Parodia del sistema real surcoreano que establece un período de reflexión antes de finalizar ciertos divorcios. En la sátira de la novela, se convirtió en una fuente de chismes dentro de la empresa.
«El aroma del sésamo tostado está por todas partes» (깨가 쏟아진다): Expresión coreana utilizada para describir a una pareja de recién casados que se muestra excesivamente cariñosa y feliz, como si el aroma del sésamo tostado llenara el ambiente. Equivale a decir: «Ustedes dos son empalagosamente dulces».