Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 124
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- Capítulo 124 - Llámame por mi nombre IF Extra 8
A la mañana siguiente, los dos salieron hacia el hospital a la hora acordada. Durante todo el trayecto, con Seo Taecheon al volante, Jiwoon permaneció casi en silencio en el asiento del copiloto. Con los ojos enrojecidos, apenas dio algunas explicaciones.
Le contó que aquella era la clínica a la que había acudido regularmente desde que confirmaron el embarazo por primera vez. Resultó ser el mismo hospital al que habían trasladado a Taecheon después de perder el conocimiento en el accidente. Si era así, debería haberle resultado familiar y, sin embargo, curiosamente, no le vino ningún recuerdo a la mente.
Una vez más, comprendió que todos los recuerdos relacionados con Jiwoon habían desaparecido.
Al llegar al hospital, se dirigieron a recepción. Después de registrarse, Jiwoon se acercó a Taecheon y se sentó a su lado sin decir una palabra.
Entre ambos se instaló un silencio incómodo.
Poco después, el número de Jiwoon apareció en la pantalla. Guiados por una enfermera, entraron al consultorio. Jiwoon pasó primero y abrió la puerta. Dentro los esperaba una doctora de rostro amable.
—Bienvenidos. Por favor, tomen asiento.
—Hola, doctora —saludó Jiwoon con educada formalidad.
—Nuestro Alfa está aún más guapo que la última vez —comentó alegremente la doctora.
Taecheon se limitó a inclinar la cabeza, sin saber cómo responderle a una desconocida.
—Mmm… Pero, Jiwoon, parece que has perdido peso. Tampoco tienes buen semblante. ¿Ha sucedido algo?
Ante el tono preocupado de la doctora, Jiwoon negó con la cabeza.
—No. Nada en particular.
No quería mencionar el accidente. Mucho menos contarle que ahora vivían como dos desconocidos.
—Solo… sigo con mi vida como siempre.
La preocupación no desapareció del rostro de la doctora. Dejó de escribir por un momento y se ajustó los lentes.
—Mmm. A mí sí me parece que algo ha cambiado. En cualquier caso, hoy tenemos una revisión rutinaria, así que empecemos por lo básico. Alfa, ¿podría esperar afuera un momento?
Se dirigía a Taecheon.
—Sí, por supuesto.
Agradeció que le pidiera salir. Objetivamente, el hecho de que Jiwoon estuviera pálido y hubiera adelgazado se debía a los acontecimientos recientes. Antes incluso de plantearse cualquier sentimiento de culpa, era simplemente un hecho, y aquella imagen se había quedado grabada en su mente.
Esperó unos veinte minutos afuera. Entonces, una enfermera abrió la puerta y lo llamó.
—Acompañante, puede pasar.
Cuando regresó al consultorio, el ambiente era frío. Jiwoon estaba sentado sin fuerzas y la doctora tenía una expresión grave cuando se dirigió a Taecheon, casi como si lo estuviera acusando.
—¿Qué está pasando, Alfa?
—…
—Analizamos los resultados de Jiwoon. El nivel de feromonas de Alfa es muy bajo. ¿Han estado separados últimamente?
—No. Vivimos en la misma casa.
Aquello era cierto, así que respondió sin vacilar.
—Entonces, ¿cómo se explica un nivel tan bajo?
Frunciendo el ceño mientras observaba la hoja de resultados, murmuró:
—Es casi como si no hubiera ningún tipo de contacto entre ustedes… Qué extraño.
Ni Jiwoon ni Taecheon respondieron.
No solo no había ningún contacto físico entre ellos. Vivían como completos desconocidos, y decirlo en voz alta parecía imposible.
—A este ritmo, el feto podría verse afectado. Durante el embarazo deben mantener equilibrados los niveles de feromonas.
La doctora levantó la mirada del informe y los observó a ambos.
—Como ya les expliqué, mantienen relaciones con regularidad, ¿verdad?
Taecheon miró a Jiwoon. Nunca le había hablado de aquello.
Evitando su mirada, Jiwoon apenas logró responder:
—Lo estamos intentando… pero no está saliendo bien.
La doctora chasqueó la lengua.
—Como mínimo, debe recibir feromonas cada dos o tres días. Los abrazos y los besos no son suficientes. Esto no es como el embarazo de una pareja Beta.
Fijó la mirada en Taecheon.
—Recuerde que ustedes son una pareja con rasgos secundarios. Sin un suministro continuo de feromonas al Omega, el bebé tendrá dificultades para desarrollarse con normalidad. ¿Lo entiende?
Su tono era de reprimenda. Jiwoon asintió dócilmente.
Solo entonces Taecheon comprendió por completo la situación. Jiwoon no se lo había dicho, pero un Omega embarazado necesitaba mantener relaciones regularmente con su Alfa, al menos dos o tres veces por semana.
—Los veré en la próxima consulta. Para entonces, espero encontrar niveles normales.
Con un suspiro, la doctora los despidió.
Después de pagar la consulta y los suplementos para Omega en la caja, Taecheon seguía sin comprender por qué Jiwoon, conociendo el riesgo para el bebé, no le había dicho nada.
No intercambiaron una sola palabra hasta llegar al automóvil. Mientras se abrochaba el cinturón, Taecheon rompió el silencio.
—Según la doctora, necesitamos mantener relaciones.
Jiwoon, que estaba ajustándose el cinturón, se estremeció.
—¿Es correcto?
Taecheon buscó su mirada. Jiwoon respondió en voz baja:
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Después de una pausa, Jiwoon contestó:
—Porque… pensé que, aunque te lo pidiera, no aceptarías.
Su voz estaba cargada de lágrimas.
—Haa…
Un dolor de cabeza comenzó a palpitar en las sienes de Taecheon.
¿Qué se supone que significa esto? Si el objetivo es proteger al bebé, ¿por qué ignorar las feromonas?
Al regresar a casa, ambos se retiraron en silencio a habitaciones separadas. Taecheon pasó un tiempo a solas en el estudio.
No llevaría a un desconocido a la cama.
Aquello iba en contra de todo lo que creía.
Sin embargo, en apenas unos días, el cuerpo de Jiwoon había adelgazado, su semblante se había vuelto pálido y, durante el trayecto de regreso, gotas de sudor frío habían cubierto su frente blanca mientras respiraba débilmente.
Se obligó a analizar la situación desde una perspectiva objetiva.
Lo primero y más importante era que en el vientre de Jiwoon crecía el hijo de ambos. Si continuaban manteniendo las distancias y se negaban a tener relaciones, el bebé podría sufrir las consecuencias.
…Aunque no tenga recuerdos, biológicamente es mi hijo.
No podía permitir que una vida inocente resultara perjudicada.
Llegó a una conclusión.
No por el Omega, sino por el niño, tendría relaciones con él.
Aquella noche, se detuvo frente a la puerta de Jiwoon. No se oía ningún ruido desde el interior. Antes de llamar, vaciló. Luego apartó de su mente todos los pensamientos innecesarios y golpeó suavemente la puerta.
—¿Estás ahí?
Se oyó un leve movimiento y después una voz tensa y apagada.
—Sí, Taecheon.
—Voy a entrar.
Abrió lentamente la puerta.
Jiwoon estaba acostado de lado con ropa ligera y rodeaba con los brazos la leve curva de su vientre, como si quisiera proteger al bebé. Tenía un aspecto terrible. Incluso comparado con aquella mañana, su rostro se veía más demacrado y las sombras bajo sus ojos eran profundas.
Parecía a punto de desplomarse.
Taecheon pronunció las palabras que había estado sopesando durante toda la tarde.
—Empezaré por la conclusión. Reconozco que soy el padre de este niño.
Jiwoon ni siquiera tenía fuerzas para incorporarse. Lo escuchó sin levantarse.
—Y es un hecho objetivo que tú… que el niño que llevas dentro necesita mis feromonas. Pero yo no puedo seguir casado.
Los ojos de Jiwoon se abrieron de par en par. No logró procesar lo que acababa de escuchar.
Con expresión rígida, Taecheon continuó:
—Si se trata de mantener relaciones para estabilizar los niveles de feromonas, cooperaré.
Hizo una pausa y luego terminó de hablar, mirando directamente los ojos temblorosos de Jiwoon y pronunciando cada palabra con absoluta claridad.
—Hasta que nazca el niño, te proporcionaré feromonas. Después de eso, procederemos con el divorcio.
La boca de Jiwoon quedó entreabierta y sus ojos se agrandaron por la conmoción. No podía asimilar aquella declaración unilateral.
Divorcio.
La palabra le atravesó el pecho, la cabeza, todo el cuerpo.
Si las palabras fueran armas, entonces Jiwoon yacía mortalmente herido, desangrándose.
¿Había escuchado bien?
¿O estaba delirando porque se sentía medio muerto?
Miró directamente a Taecheon. No hubo ni un solo cambio en su expresión.
Entonces sí había oído bien.
Jiwoon dejó caer la cabeza que había levantado. Extrañamente, en lugar de lágrimas, de sus labios escapó una risa vacía.
Después de dar tantas vueltas, habían regresado al punto de partida.
Era absurdo.
Cuando un error administrativo había registrado su matrimonio, ambos habían hecho un pacto para divorciarse y se habían lanzado a cumplirlo con entusiasmo. Después, como arrastrados por un accidente imposible de evitar, habían terminado enamorándose.
Toda aquella antigua insistencia en divorciarse pareció desaparecer como si jamás hubiera existido. Vivieron felices, como en el final de un cuento de hadas:
Y vivieron felices para siempre.
Pero aquel no había sido el final.
Incluso ahora, la historia continuaba.
Y en esta página había un nuevo giro:
Divorciarse de Seo Taecheon.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Jiwoon. Sin embargo, la risa continuaba escapando de sus labios.
—Ja… jaja.