Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 119

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  4. Capítulo 119 - Llámame por mi nombre IF Extra 3
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Tras entrar por la puerta trasera, Jiwoon se dirigió directamente al mostrador de admisiones. Una empleada lo atendió.

—¿En qué podemos ayudarlo?

—Hay una persona ingresada aquí. Mi esposo… tuvo un accidente.

En ese momento, una voz lo llamó desde atrás, una voz que reconoció de la llamada de hacía apenas unos minutos.

—Secretario Park.

—Ya llegó. Por favor, venga conmigo primero.

No había tiempo para cortesías. Jiwoon lo siguió a toda prisa.

Dentro del ascensor, Park le dio una breve explicación.

—El director no está en urgencias. Lo trasladaron a una habitación privada.

—…¿Qué?

¿Debía sentirse aliviado porque no estaba en urgencias? Si tampoco estaba en quirófano, ¿significaba que se encontraba a salvo? Su mente no lograba serenarse y las preguntas se acumulaban una tras otra. Antes de que pudiera formularlas, llegaron a la habitación.

—¿Está ahí dentro?

—Sí, pero espere un momento. Será mejor que escuche primero una explicación.

—¿Qué explicación?

—Solo un momento, por favor.

Con una expresión afligida, Park se volvió. Otro rostro conocido avanzaba por el pasillo: el conductor Kim, a quien Jiwoon veía cada vez que despedía a Taecheon antes de ir al trabajo.

—Ya llegó.

—Sí, señor. Lo siento, pero ¿qué ocurrió? ¿Está gravemente herido?

Ante el aluvión de preguntas, el conductor Kim bajó la mirada. Aquello no era propio de él, un hombre que siempre respondía con claridad y sin rodeos. Un mal presentimiento atravesó a Jiwoon.

—…

—Por favor… explíqueme…

—…

Aun así, siguió guardando silencio. Solo un instante después Jiwoon comprendió lo que aquello significaba. El problema no era que se negara a hablar, sino que no encontraba las palabras. Frente al esposo del herido, no sabía cómo explicárselo.

—¿Qué demonios ocurrió? Díganme la verdad.

Ante la súplica de Jiwoon, Park finalmente habló con cautela.

—Físicamente, no sufrió heridas graves. El conductor Kim, que estaba con él, solo tiene un esguince en la muñeca. El director también presenta únicamente algunas abrasiones y contusiones leves. Sin embargo, está mostrando un síntoma inusual.

—¿Un síntoma inusual…? ¿Qué significa eso?

Jiwoon no lograba entenderlo y la irritación comenzó a crecer en su interior. Nadie le daba una respuesta clara. Nadie le decía en qué estado se encontraba ni si realmente estaba bien. ¿Qué había ocurrido para que ninguno pudiera mirarlo a los ojos ni hablarle con franqueza?

—¿Qué sucede? ¿Por qué no quieren decírmelo?

Su voz se elevó sin que se diera cuenta. Las enfermeras y los pacientes que pasaban por allí volvieron la cabeza, sobresaltados.

—Si no me lo explican, lo comprobaré por mí mismo.

Había perdido toda la paciencia y ya no tenía motivos para contenerse. Pasó junto a Park y abrió la puerta.

Al otro lado, sentado en la cama, estaba Seo Taecheon. Tal como Park había dicho, no llevaba yeso ni vendajes en la cabeza.

La única herida visible era un moretón sobre el pómulo.

No está gravemente herido…

El alivio aflojó la opresión de su pecho y estuvo a punto de correr hacia la cama, pero se detuvo. Algo no estaba bien.

—…¿Taecheon?

Pronunció su nombre con calma. Al oírlo, Taecheon volvió la cabeza hacia él. En aquellos ojos que se giraban para buscarlo, Jiwoon percibió algo extraño.

¿Alguna vez me había mirado así?

No era el hombre que conocía. La mirada dulce que siempre le dirigía había desaparecido. No sonreía ni fruncía el ceño; simplemente lo observaba con frialdad, indiferente a todo.

En realidad, Taecheon nunca había sido especialmente cálido con los demás. Esa era su expresión habitual. Jiwoon simplemente nunca la había visto, porque con él siempre se había mostrado tierno.

¿Por qué me mira como si fuera un desconocido? Algo está mal.

No podía evitar sentirse perturbado. Mientras permanecía allí, vacilante y sin palabras, Taecheon habló primero.

—¿Quién eres?

—…¿Perdón?

Dudó de lo que acababa de oír. ¿Quién era? Que Taecheon le preguntara su nombre era imposible. Por un instante pensó que tal vez se trataba de una broma. Era más fácil creer eso que enfrentarse a la fría verdad que tenía delante.

—¿Quién eres para entrar en mi habitación sin permiso?

Repitió la pregunta, con una nota de irritación ante aquel intruso maleducado. Solo entonces Jiwoon lo entendió. No era una broma. Taecheon realmente no sabía quién era.

Para él, Jiwoon era un desconocido.

La habitación comenzó a girar. Su espalda chocó contra la puerta y Park lo sostuvo rápidamente para impedir que cayera.

—Cuidado.

—…Sí…

Con el apoyo de Park logró mantenerse en pie, pero apenas podía sostenerse. Lo único que veía era el ceño fruncido de Taecheon y sus labios tensos en una línea recta.

Taecheon terminó de clavar la cuña entre ambos.

—¿Quién eres exactamente?

—…

—Por tu rostro, al menos, no eres nadie que yo conozca. Empecemos por tu nombre.

Jiwoon tragó saliva y respiró hondo.

Mantén la calma. Sea lo que sea, mantén la calma.

Sin darse cuenta, llevó una mano al vientre, como un reflejo, como si quisiera protegerse.

—Me llamo Lee Jiwoon.

Hizo una pausa antes de continuar.

—Y soy tu esposo.

—…¿Esposo?

—Sí. Señor Seo Taecheon, yo soy su Omega.

El silencio cayó sobre la habitación. No se produjo ningún gran cambio en el rostro de Taecheon. Siempre había sido estoico e imposible de leer; quizá por eso resultaba aún peor. Permaneció callado durante unos instantes y luego alzó una ceja.

—¿Hablas en serio?

Su expresión lo decía todo: no le creía.

Así que a esto se referían con «síntoma inusual».

No me recuerda.

Fue un golpe casi imposible de soportar, como si lo hubieran empujado sin previo aviso a un estanque de agua helada. Todo su cuerpo se enfrió.

—Es verdad. Todo lo que estoy diciendo es cierto.

—He sido soltero toda mi vida.

—Sí. Lo era, pero después de conocerme cambió de opinión… cambiaste de opinión.

La voz de Jiwoon se quebró. A su lado, el secretario Park asintió en silencio.

—Todo lo que ha dicho es correcto.

Los ojos de Taecheon se abrieron ligeramente y luego se cerraron con fuerza, un gesto que solía hacer cuando algo lo desconcertaba.

—Como le expliqué antes, él es realmente su esposo. También trabaja en nuestra empresa. Es el asistente Lee Jiwoon y actualmente se encuentra de licencia prenatal.

—¿Licencia… prenatal?

La mirada de Taecheon descendió hasta el vientre de Jiwoon, donde se apreciaba una leve pero visible curvatura. Sobre su cuerpo esbelto, aquella pequeña protuberancia era característica de los Omegas masculinos embarazados.

—Sí. Estoy esperando un hijo.

—¿Es mío?

Jiwoon se tambaleó.

No podía soportar escuchar nada más de aquel Alfa. Que le preguntara si el bebé era «suyo» fue demasiado. Temió que Mango pudiera oírlo.

Sin responder, se dio la vuelta. Nadie intentó detenerlo cuando salió corriendo al pasillo.

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