Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 112

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  4. Capítulo 112 - Episodio extra 12
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¿Me está provocando…?

Seo Taecheon soltó una suave risita y se recostó contra el cabecero de la cama. Al mirar entre sus piernas, vio que su miembro ya estaba completamente erecto, abriendo la bata.

—Solo con lo que dijiste ya estoy duro. ¿Qué se supone que debo hacer?

Antes de darse cuenta, su mano ya había descendido hasta su entrepierna. Hacía muchísimo tiempo que no hacía aquello solo. Desde que estaba con Jiwoon, casi nunca había tenido que ocuparse por sí mismo, salvo en unas pocas ocasiones en las que el roce de sus cuerpos o un aroma glorioso percibido al pasar lo habían obligado a encerrarse en el baño para darse unas rápidas caricias. Y de eso ya hacía más de un año.

—¿De verdad? ¿Estás duro?

La voz de Jiwoon había bajado un tono. Aquel susurro era insoportable.

—Sí. Ojalá pudiera mostrártelo… pero no puedo, ¿verdad?

Mientras la respiración de Taecheon se volvía más pesada, Jiwoon respondió lentamente:

—En cuanto a mí… estoy mojado.

Lo confesó como si fuera un secreto. Taecheon sintió un tirón en la base del cráneo. Para alguien que parecía tan inocente, Jiwoon no tenía reparos en decir cosas descaradas.

—¿Dónde estás mojado?

—La verdad es que, en cuanto escuché tu voz, comencé a humedecerme… atrás.

—Ya veo. ¿Qué más? ¿Solo estás mojado?

—Mmm… La entrada se ha ablandado. Está más flexible de lo normal.

—No puedo estar allí para llenarte. ¿Qué vamos a hacer?

—A mí también me entristece. No estás aquí para metérmelo… De hecho, ahora mismo me pica.

Qué descarado… Me está torturando.

Taecheon apretó los dientes y aferró con fuerza su miembro, deslizando la mano hacia abajo y luego hacia arriba en movimientos ondulantes. Si Jiwoon estuviera frente a él, lo voltearía de inmediato y bebería de aquella entrada húmeda hasta hacerlo suplicar. Hundiría profundamente la lengua hasta lamer por completo aquella dulzura y después, hasta que Jiwoon temblara y se derramara ligeramente, se enterraría en él hasta la raíz.

Cuanto más vívida se volvía aquella imagen, más áspera se hacía su respiración. Rodeó el glande con el pulgar y extendió las gotas transparentes que habían comenzado a brotar.

—Taecheon… ¿qué estás haciendo ahora mismo?

—Estoy pensando en ti y tocándome.

—Ah… Te refieres a lo tuyo.

—Sí. Con solo escuchar tu voz… ah… ya estoy duro… ngh.

Una mano callosa trabajaba sobre aquel miembro grueso. Debido a la fuerza de su agarre, la presión era intensa. La excitación aumentó rápidamente; sus abdominales se tensaron y sus muslos se endurecieron como piedra.

—Escuchar eso… me alegra. Entonces no soy solo yo.

—Ah… Jiwoon. Dijiste que te picaba la entrada.

—Sí… incluso ahora.

—Entonces imagina que es mi mano y tócate.

—¿Cómo?

—Ya sabes lo que hago. Junta los dedos, frota todo el borde y después muévelos de arriba abajo, extendiendo la humedad por las partes más carnosas.

—Mmm… Está bien. Ya estoy completamente empapado.

—Bien. Sigue así.

Últimamente, Taecheon había sido implacable con el perineo de Jiwoon, así que este comprendió de inmediato. A través de la llamada llegaron débiles sonidos húmedos y respiraciones breves y superficiales.

Me obedece cuando se lo digo. Dios… Quiero traerlo frente a mí ahora mismo.

Maldiciendo para sus adentros, Taecheon se concentró en la imagen que llenaba su mente: el adorable Jiwoon, rodeado por una montaña de ropa suya, con las piernas abiertas y tocándose. Sus torpes dedos provocándose porque su esposo no estaba allí para llenarlo.

—Jiwoon, prueba con un dedo. Métete uno.

—Mmm… Está bien, ya está dentro.

—¿Hasta dónde?

—Me dio miedo, así que solo hasta el primer nudillo.

—Está bien. Empújalo más profundo, hasta el fondo. Se sentirá bien.

Lo tranquilizó con un murmullo grave y esperó.

—Mm… Ya está completamente dentro.

—Bien. Ahora mételo y sácalo. Busca ese punto que sientes en el interior.

Un gemido llegó de inmediato. Fuera porque Jiwoon era naturalmente más sensible en aquella zona o por alguna otra razón, siempre reaccionaba en cuanto lo tocaban por dentro.

—Pero… mi dedo es demasiado delgado. No se siente tan bien. Quiero los tuyos.

—Ah… Entonces prueba con tres dedos.

—¿T-tres?

—Mmm. Puedes hacerlo.

—¡Ah…!

Un grito breve y agudo. Debieron de entrar sin encontrar resistencia, porque de repente solo se escucharon sus jadeos entrecortados.

—Ah… ngh… ah… Taecheon… mm…

Como si estuviera penetrándose a sí mismo, Jiwoon sollozaba de placer.

—Se siente tan bien… Cada vez que entran profundo, mi mente se queda en blanco.

Taecheon se acarició con más fuerza, como si estuviera exprimiendo toda su longitud. Imaginando que estaba enterrado dentro de Jiwoon, gruñó su siguiente orden.

—Jiwoon, termina. Hasta el final.

El ritmo húmedo se aceleró y Jiwoon soltó un grito agudo.

—¡Ah!

Después llegaron sus jadeos.

—Ah… Ya terminé.

—Bien. Ahora prueba otra cosa. Tócate los pezones con la mano.

—¿Mis pezones?

—Últimamente están especialmente sensibles, ¿verdad?

—¿Cómo lo supiste…?

—Porque todas las noches los muerdo y los chupo, y ahora no puedo hacerlo.

—Es verdad… Se supone que debes morderlos y chuparlos… Me siento frustrado.

Gimoteó. Si estuviera allí, Taecheon lo estrujaría entre sus brazos.

—Entonces imagina que tus dedos son los míos y tira de ellos.

—Ah… ngh… ¡ugh!

Sus gemidos se elevaron, ardientes y densos, mientras su sensibilidad se disparaba.

—Puedes pellizcarlos. Un poco fuerte. Te gusta más así.

Su pecho se había vuelto tan sensible que ya no había forma de regresar al cuerpo de antes. Antaño indiferente, ahora, después de haber entregado su parte trasera, su pecho, su nuca y sus labios a su Alfa, Jiwoon se sentía vacío sin él.

—Bien. Sigue así. Ráscalos con las uñas; estás tan suave que no te dejarás moretones.

Siguiendo las palabras persuasivas de Taecheon, Jiwoon obedeció fielmente. El cosquilleo se convirtió en un incendio: presionaba con las yemas de los dedos, pellizcaba con fuerza y tiraba. Su miembro, que estaba medio erguido, alcanzó una erección completa; hilos nacarados escaparon de la punta teñida de rosa.

El escaso y fino vello se adhería debido a la humedad, ofreciendo una visión obscena. Ya antes tenía poco vello, pero desde el embarazo apenas le quedaba. Cada vez que Taecheon lo veía allí, se maravillaba.

Incluso por delante es hermoso.

Como era Omega, no era grande y su forma era esbelta, pero Taecheon lo amaba de todos modos. Le encantaba succionar el pequeño miembro de Jiwoon casi tanto como adoraba su entrada.

—¿Y por delante? ¿Está duro?

—Sí. Muy duro.

—Bien. Acarícialo y termina. Yo también estoy tocando el mío ahora.

Ambos imaginaron la misma escena: sus cuerpos ardientes presionándose el uno contra el otro, sus lenguas entrelazadas. Suaves y húmedos, acariciándose mutuamente, intercambiando descargas eléctricas. Y después, el estallido final, la mente volviéndose completamente blanca, sus aromas envolviéndolos hasta borrar toda razón. En aquel espacio donde desaparecía la conciencia del yo, solo permanecían las feromonas del otro, azotando el cuerpo como una tormenta.

Jiwoon se derramó sobre la camisa de Taecheon. Mientras frotaba su cuerpo contra la gabardina, sintió como si estuviera entre los brazos de su esposo.

Su mente se volvió brumosa. El alivio del orgasmo, la somnolencia que lo invadía y el agotamiento de su cuerpo se superpusieron hasta dejarlo completamente fuera de combate. Sin darse cuenta, cerró los ojos.

Cuando despertó, había transcurrido una hora. Estaba pegajoso de la cintura para abajo y la ropa de su esposo había quedado manchada de lubricación y semen. La luz del sol entraba por la ventana, iluminando su cuerpo desnudo.

—¡Ah!

¡Me quedé dormido durante el sexo telefónico! ¡Qué vergüenza! ¡Qué humillante!

Se cubrió la cabeza con la gabardina como si fuera una manta y comenzó a patalear.

—Ugh…

Se dio unos golpes, atormentado por la vergüenza, y luego estalló en carcajadas al mirar el teléfono.

Jiwoon, yo todavía seguía… y tú me colgaste. Me siento solo.

Había una fotografía adjunta. Un selfie de Taecheon con expresión malhumorada: la bata abierta dejaba al descubierto su sólido pecho y la imagen se cortaba provocativamente justo por encima de los abdominales.

Lo que está más abajo… ¿seguirá duro?

La sugerente fotografía hizo que el rostro de Jiwoon volviera a teñirse de rojo. Aquel Alfa no solo era guapo, también era adorable. Era mayor que él, tenía un rostro maduro y un cuerpo esculpido, y siempre sostenía a Jiwoon con una generosidad infinita; sin embargo, era capaz de hacer pucheros por algo tan pequeño.

Era devastadoramente adorable.

Sí. Este Alfa tiene que ser mío.

Nunca lo decía en voz alta, pero, en su interior, la posesividad de Jiwoon hacia Seo Taecheon era inmensa; simplemente la mantenía oculta.

Con una ligereza imposible de reconciliar con el hombre que había estado languideciendo de tristeza después de despedir a su esposo, Jiwoon saltó de la cama.

El comienzo del día se sentía maravillosamente fresco.

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