Vida de recién casados para un divorcio exitoso - Capítulo 107

  1. Home
  2. All novels
  3. Vida de recién casados para un divorcio exitoso
  4. Capítulo 107 - Episodio extra 7
Prev
Next
Novel Info

El primero en levantarse de la cama fue Jiwoon. En apenas dos días completos, se recuperó por completo y pudo retomar su vida cotidiana. Fue directamente al hospital, contó todo lo ocurrido y se sometió a un examen; el médico le dijo que el bebé no tenía ningún problema. De hecho, al haber recibido abundantes feromonas de Alfa, parecía estar aún más saludable.

En cambio, la fiebre alta de Seo Taecheon se prolongó, obligándolo a tomarse un total de cinco días de baja por enfermedad.

La repentina ausencia del Director, un hombre robusto que jamás se resfriaba, puso a la secretaría en alerta máxima. Solo el conductor Kim y el secretario Park sabían que se había vinculado, pero la mayoría suponía que debía de ser algo relacionado con su cónyuge.

Cuando regresó, se vio sepultado bajo una montaña de trabajo acumulado. Sin embargo, con una concentración sobrehumana, terminó todo antes de las seis, se levantó como una ráfaga de viento y se marchó. Incluso sermoneó a sus empleados diciéndoles que no trabajaran horas extras y disfrutaran de su vida privada, dejándolos desconcertados.

Había cambiado hasta ese punto después de casarse.

Un Adonis de tercera generación de una familia chaebol que antes disfrutaba de la soledad y jamás salía con nadie. Las empleadas suspiraban a diario ante la broma cósmica que suponía su soltería. Aquel Alfa que antes solo contemplaba las pilas de trabajo con una postura contenida y un rostro inexpresivo ahora había caído en las redes de un empleado recién contratado y se había acostumbrado a salir puntualmente a su hora.

A las cinco de la tarde ya comenzaba a mirar el reloj, ansioso por volver a casa. A veces incluso pedía permiso para acompañar a Jiwoon a sus controles prenatales. Llamaba a los empleados cuyas parejas estaban embarazadas para pedirles consejos y recomendaciones sobre los artículos necesarios.

Por encima de todo, se preocupaba por cómo manejar la alimentación de Jiwoon. A medida que su vientre se redondeaba, ¿debía darle más comida o mantener las mismas porciones? ¿Podía comer fruta sin restricciones? Consultó a médicos que conocía personalmente, habló con el nutricionista de la cafetería e incluso llamó a la señora Choi Yeong-hee para preguntarle cómo debía gestionar las comidas durante la mitad del embarazo.

La postura de la señora Choi era sencilla: si Jiwoon quería comer algo, que lo comiera.

—Cuando comienzan las náuseas del embarazo, algunos no pueden comer absolutamente nada. Deja que se atiborre de lo que le gusta mientras todavía pueda hacerlo.

—¿Las náuseas del embarazo son realmente tan graves?

—Si no sabes nada, quédate callado. ¿Acaso eres un Omega?

—No, señora. Lo siento.

—Varía de una persona a otra, pero en los Omegas pueden aparecer tarde. Algunos vomitan todo lo que comen y no pueden digerir nada; otros sienten antojos descontrolados y comen hasta casi reventar, pero nunca quedan satisfechos.

Había dos patrones generales, explicó con claridad. En cualquiera de los dos casos, podían hacer sufrir terriblemente a una persona, así que debía alimentarlo bien sin importar qué sucediera. Si quería alguna fruta rara de África, debía conseguirla. Si se le antojaba una pizza de Chicago, debía subir a un avión y traérsela.

Todo tiene su momento y, si no colmas de amor a alguien cuando corresponde, acabarás arrepintiéndote.

Aquellas palabras tenían peso. Taecheon hizo una promesa.

Lo alimentaré bien, sin dejar lugar a arrepentimientos.

Últimamente, Jiwoon dormía más. A medida que su vientre crecía, sus horas de sueño aumentaban en la misma proporción. Se quedaba dormido a cualquier hora; no era un sueño al que pudiera resistirse, sino que simplemente se desplomaba, sin fuerzas para luchar contra él. Le gustaba especialmente el sofá de la sala, donde entraba abundante luz solar; tumbarse allí con el estómago lleno de fruta le parecía el paraíso.

¿Por qué me siento tan cómodo? Dicen que los Omegas recesivos sufren durante el embarazo, especialmente cuando llevan en el vientre al hijo de un Alfa dominante: pierden energía y enferman con frecuencia. Pero yo me siento perfectamente bien.

…¿Será porque recibo tantas feromonas de Taecheon?

Era una verdad que le provocaba vergüenza, pero desde que se vincularon unían sus cuerpos con frecuencia, sin importar la hora del día. Apenas pasaba un día sin que tuvieran relaciones sexuales.

Aunque el médico había recomendado hacerlo una vez cada tres días y limitarse a una sola eyaculación, cuando las condiciones lo permitían, ambos podían hacerlo fácilmente tres o cuatro veces en una sola noche.

Sin embargo, en cada revisión el feto seguía sin presentar ningún problema. De hecho, les habían dicho que su bebé era más alto y pesado que otros de la misma edad gestacional. Jiwoon se limitaba a ser feliz, dormitando durante las tardes mientras esperaba el día en que el bebé Mango llegara al mundo.

Fue precisamente por aquella época cuando el aspecto de Taecheon comenzó a deteriorarse. Parecía un oficinista que hubiera pasado una semana entera sin dormir: tenía la piel apagada y las facciones demacradas. Incluso sentado impecablemente vestido tras el escritorio del Director, su secretario le preguntaba si estaba trabajando demasiado, y los ejecutivos que se cruzaban con él no dejaban de preguntarle si estaba cansado.

Jiwoon también notó el cambio.

—Taecheon, parece que últimamente has perdido peso.

—¿Eso crees?

—Sí. Tienes el rostro mucho más demacrado… ¿Te pasa algo?

—No. Solo estoy un poco cansado; han ocurrido muchas cosas.

—Mmm… No estarás enfermo, ¿verdad?

Le preguntó con ansiedad.

—Se me pasará. No te preocupes demasiado por mí.

Quitándole importancia, insistió en que estaba bien. Dijo que unos días de descanso bastarían para que su condición volviera a la normalidad. Se negaba a permitir que Jiwoon moviera siquiera un dedo; él mismo lavaba los platos y le llevaba fruta.

Pero ni siquiera después de descansar durante todo un fin de semana hubo mejoría alguna. Entre semana seguía saliendo temprano del trabajo, pero su rostro se afinaba cada vez más. Normalmente era un hombre de constitución robusta y musculosa, no del tipo delgado, pero ahora se veía notablemente más esbelto. Las líneas de su rostro se habían vuelto más marcadas y tenía profundas ojeras bajo los ojos, ofreciendo la imagen perfecta de un hombre enfermo.

Jiwoon insistió en que fuera al hospital, pero Taecheon desviaba el tema cada vez. Para un hombre de convicciones firmes que siempre expresaba lo que pensaba, aquel comportamiento era impropio de él.

…Mi cariño me está ocultando algo.

Jiwoon, propenso a dejar volar demasiado su imaginación, comenzó a inventar toda clase de escenarios, buenos y malos, sin detenerse jamás ante un simple «¿y si…?».

Mmm. ¿Qué le estará pasando? ¿Qué secreto me oculta?

Un pensamiento aterrador cruzó su mente.

¿Y si tiene una enfermedad terrible y me la está ocultando?

Recordó un drama que había visto no hacía mucho, un enorme éxito que seguía un trágico cliché. El protagonista padecía una enfermedad incurable, pero la ocultaba para evitarle sufrimiento a su amado y, al final, moría solo y en silencio. Jiwoon recordaba vívidamente la escena en la que su amante esparcía sus cenizas desde un acantilado mientras lloraba desconsoladamente.

No. No pienses en eso. ¡Me niego a convertirme en el Omega de una tragedia…!

Se dio una palmada en la mejilla y se obligó a pensar positivamente.

O quizá… ¿está haciendo una dieta brutal? Tal vez alguien le dijo que debía adelgazar. ¿O estará saltándose el almuerzo para verse más atractivo para mí? ¿O entrenando demasiado? Sí, podría ser eso.

Pero, al examinar la situación más detenidamente, la teoría de la dieta tenía demasiados agujeros.

Todos los días, a la hora del almuerzo, Taecheon le enviaba fotografías de su comida; nunca se saltaba ninguna. En cuanto al desayuno y la cena, él mismo cocinaba, incluyendo las porciones de Jiwoon, así que era prácticamente imposible que dejara de comer.

Siempre había hecho mucho ejercicio —sesiones en el gimnasio y natación los fines de semana—, pero la frecuencia no había aumentado.

Conclusión: sin importar cómo lo analizara, aquello parecía una enfermedad.

Mi amor… No me digas que vas a morir joven.

Los ojos de Jiwoon se llenaron de lágrimas.

Tengo que averiguar qué sucede. Lo arrastraré al hospital si es necesario.

Mientras Jiwoon se ahogaba solo en sus fantasías, Taecheon, a su lado, lidiaba con su propio problema.

Mi estómago no está bien. ¿Por qué sigo teniendo arcadas?

Francamente, sospechaba que tenía algún problema gástrico. Cada vez que comía, las náuseas lo invadían. A veces, incluso beber agua hacía que se le revolviera el estómago. Hasta los alimentos que normalmente le gustaban desprendían olores demasiado intensos; durante una reunión importante, en cuanto llegó la comida, se había tapado inmediatamente la nariz y la boca con una mano.

Había acudido en secreto a una clínica de medicina interna sin decírselo a Jiwoon, pero le aseguraron que su estómago estaba perfectamente normal y el médico le recetó unos digestivos suaves. Los tomó diligentemente, pero su estómago se negó a mejorar.

Junto con aquello apareció un síntoma aún más extraño: un antojo repentino e intenso de cosas ácidas, tan fuerte que sentía que algo malo sucedería si no las conseguía de inmediato.

En más de treinta años de vida, jamás le habían interesado los sabores ácidos. De hecho, prefería los sabores amargos o ligeros.

Pero últimamente, en las cafeterías solo pedía jugo de toronja. Cuando su secretario iba a buscar bebidas, le pedía limonada; cuando estaba con clientes, jugo de naranja. Ni siquiera dos vasos al día eran suficientes. Mientras las constantes náuseas y la mala digestión le dificultaban retener la comida, las bebidas ácidas bajaban sin problemas; en algún momento, su almuerzo había terminado convirtiéndose únicamente en jugo. Había una razón por la que había perdido tanto peso.

El episodio más peculiar ocurrió una tarde, mientras regresaba del trabajo. Como su automóvil estaba en el taller, tomó el transporte público. Al salir de una concurrida estación del metro, se quedó paralizado: un pequeño camión estacionado junto a la calle vendía soondae, morcilla coreana. El simple aroma hizo que se le hiciera agua la boca.

Como hechizado, se acercó y compró cuatro porciones. Se las llevó a casa, le dio de comer a Jiwoon y también comió él. La comida bajó con facilidad y le pareció absurdamente deliciosa.

…No soy de los que comen aperitivos callejeros. Qué extraño.

Jiwoon había traído sal espolvoreada con gochugaru, chojang —salsa picante con vinagre— y doenjang —pasta de soja fermentada—, y fue mojando los trozos para que Taecheon los probara uno tras otro. La sal tradicional estaba buena, pero la combinación con el chojang era asombrosamente deliciosa.

—El soondae… ¿de verdad siempre ha sido tan bueno?

—¿No lo comes a menudo?

—No. Sinceramente, creo que es la primera vez que lo pruebo desde que soy adulto.

—¿Es la primera vez que comes algo tan delicioso? Pero lo estás comiendo como si te encantara. Debe de ser muy de tu gusto.

Era cierto que nunca antes había probado aquel soondae servido en bandeja; una vez había comido soondae-guk, una sopa de soondae, pero jamás la versión de un puesto callejero comprada por iniciativa propia.

Entonces recordó algo que la señora Choi le había contado durante una llamada en la que hablaron sobre la alimentación de Jiwoon.

Cuando estaba embarazada de él, había sufrido náuseas tan intensas que apenas podía retener nada en el estómago. Un día, una amiga le llevó soondae… y descubrió que eso sí podía comerlo. Desde entonces, desarrolló un antojo irresistible y comenzó a comerlo tres veces al día.

Quizá en aquel entonces había agotado toda la cantidad de soondae que le correspondía para el resto de su vida; tal vez por eso a él nunca le había interesado.

Había vivido durante treinta años convencido de aquella conclusión… hasta que, de repente, se enamoró del soondae.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first