Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 27

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—¿Qué estás viendo?

Kim Yoon-ah se acercó y Park Dong-sik le mostró la pantalla del teléfono.

Era un video que hablaba sobre Kim Jun-han, el valor total del Grupo Daesan en el mercado, las acciones que había adquirido al convertirse en director ejecutivo y la herencia que recibiría en el futuro, entre otras cosas.

—¿Tú también lo sabías?

Levantó la vista.

—¿Que Hee-soo no recibirá ni un solo centavo?

—…

—¿Sabías que lo vendieron por dinero?

Kim Yoon-ah bajó la cabeza.

Mantuvo los labios firmemente cerrados.

El viejo tenía razón.

Aunque ya sabía que aquel matrimonio nunca había nacido del amor…

Al final era poco más que un matrimonio por contrato.

¿Sería por eso que Kim Jun-han era tan frío con él?

¿O simplemente porque Lee Hee-soo se acostaba no solo con su cuñado, sino también con otras personas?

—Hay algo que me da curiosidad.

Park Dong-sik rompió el silencio.

—Mi familia.

—¿Por qué nadie me ha contactado?

—Escuché que incluso enviaron a mis hermanos a estudiar al extranjero.

Kim Yoon-ah respondió con cautela.

—Son… sus medio hermanos…

—¿Y mi madre?

—¿Tampoco extraña a su hijo?

Ella guardó silencio unos segundos antes de responder.

—Desde un principio… su relación con ella no era buena.

Bajó aún más la voz.

—Últimamente casi ni se hablaban.

—Ja…

Park Dong-sik soltó una risa vacía.

Hee-soo realmente tuvo una vida miserable.

No sabía si aquello era algo habitual para los omegas…

O si simplemente su extraordinaria belleza atraía los problemas igual que la miel atrae a las moscas.

Mientras seguía pensando en ello…

Escuchó unos pasos acercándose.

No necesitó levantar la vista para saber quién era.

Kim Jun-han jamás caminaba con tanta impaciencia.

Tal como esperaba…

Era Kim Tae-han.

Su expresión estaba extrañamente sombría.

Mucho más seria que de costumbre.

—Señorita Yoon-ah.

La miró brevemente.

—Puede irse ya.

—Es tarde.

Después de despedir a Kim Yoon-ah…

Park Dong-sik miró la hora.

Podía imaginar perfectamente por qué Kim Tae-han, que normalmente solo aparecía durante el día, había ido hasta allí a esas horas.

—¿Por qué no cumpliste tu promesa?

—¿Qué?

Kim Tae-han se dejó caer en el sofá de enfrente.

—Hoy hablaste con el abogado Seo.

—Ah…

Respondió con desgana.

—Eso.

—¿»Eso»?

—Las cosas simplemente terminaron así.

Kim Tae-han frunció el ceño ante aquella respuesta tan superficial.

Pero Park Dong-sik ya no tenía energía ni para molestarse.

Solo estaba cansado.

Lo único que quería era acostarse.

—¿Cuál es la razón?

Su voz se endureció.

—Dijiste claramente que te divorciarías.

—Hoy no tengo ganas de hablar.

Respondió cansado.

—¿Puedes irte?

—Quiero descansar.

—No.

Kim Tae-han negó con la cabeza.

—Necesito saber el motivo.

Park Dong-sik soltó un largo suspiro.

Se incorporó un poco.

¿Acaso este tipo no sabe nada del contrato?

Bueno…

En el contrato se especificaba claramente que su contenido no podía divulgarse a terceros.

Pensando que hablar de más solo complicaría las cosas…

Decidió guardar silencio.

Entonces Kim Tae-han se levantó y caminó hacia él.

Park Dong-sik lanzó una patada al aire.

—No te acerques.

—Me fastidias.

Kim Tae-han atrapó su tobillo.

Tiró de él.

Y sus cuerpos quedaron prácticamente pegados.

Un dulce aroma lo envolvió.

Su bajo vientre volvió a estremecerse.

¿Cómo podían las mismas feromonas sentirse tan diferentes?

Con los dos tan cerca…

Kim Tae-han acarició su mejilla.

Lo observó fijamente.

—Dímelo, Hee-soo.

Su voz era suave.

—¿Por qué?

Al darse cuenta de que no pensaba rendirse…

Park Dong-sik respondió con resignación.

—Por dinero.

Kim Tae-han abrió ligeramente los ojos.

—¿Qué?

De pronto…

A Park Dong-sik le dieron ganas de volver a jugar con él.

—Estoy empezando a codiciar la fortuna de esta familia.

Sonrió.

—¿Qué te parecería si los dos nos deshiciéramos de todos?

Le acarició el pecho con la punta del dedo.

—Nos quedaríamos con todo el dinero.

Continuó.

—Podríamos casarnos…

—Tener hijos…

—Y vivir felices para siempre.

Lo miró directamente.

—¿Qué opinas?

Esperaba una reacción seria.

Sin embargo…

Kim Tae-han simplemente sonrió.

—Está bien.

Respondió con total naturalidad.

—¿A quién matamos primero?

Hizo una pausa.

—¿A nuestro padre?

Park Dong-sik soltó una carcajada.

—Buena idea.

—¿Cuándo lo hacemos?

Kim Tae-han respondió sin perder la sonrisa.

—¿Cuándo sería mejor?

—La última vez fallamos…

—Pero creo que la próxima saldrá mejor.

Otra vez este bastardo…

Park Dong-sik frunció el ceño.

Kim Tae-han le pellizcó suavemente la mejilla.

—No pongas esa cara.

—Te ves feo.

Park Dong-sik apartó su mano de un manotazo.

—No tiene gracia.

—Ya basta.

Debe de ser un actor increíble.

Claro… siendo director de cine.

Kim Tae-han volvió a sujetarle la mano.

Deposito un beso firme sobre el dorso.

Y levantó la vista para mirarlo.

Aquellos ojos parecían preguntarle:

«¿Crees que estoy mintiendo?»

Un escalofrío recorrió la espalda de Park Dong-sik.

Lo empujó bruscamente por los hombros.

Entre ambos cayó un pesado silencio.

Entonces…

Escucharon movimiento detrás de ellos.

Park Dong-sik giró la cabeza.

Era Kim Jun-han.

Se apartó de inmediato de Kim Tae-han y se puso de pie.

Kim Tae-han seguramente también lo había visto.

Pero permaneció completamente tranquilo.

Qué descarado.

Nos ha encontrado en plena escena.

—Hermano.

Sonrió con naturalidad.

—Acabo de venir a hablar un rato con mi cuñada.

Los labios de Park Dong-sik comenzaron a temblar.

—Y-yo ya me voy.

—Terminamos de hablar.

Kim Tae-han volvió la cabeza hacia él.

Sus ojos rebosaban afecto.

Y una obsesión insatisfecha.

Solo entonces…

Park Dong-sik comprendió algo.

Siempre había pensado que aquel joven amo simplemente estaba divirtiéndose.

Pero quizá…

Era la persona más peligrosa de toda aquella casa.

—Nos vemos mañana, cuñada.

Kim Tae-han sonrió mientras pasaba junto a Kim Jun-han.

En ese mismo instante…

Un escalofrío inexplicable recorrió el cuerpo de Park Dong-sik.

Retrocedió un paso.

Se llevó una mano al plexo solar.

Le costaba respirar.

Aquella sensación solo desapareció cuando Kim Tae-han terminó de alejarse.

Kim Jun-han tomó asiento frente a él.

Lo observó con expresión impasible.

—¿Qué ocurrió?

—No lo malinterpretes.

Respondió enseguida.

—Yo no lo llamé.

—Kim Tae-han vino por su cuenta.

—No hablo de eso.

Kim Jun-han lo interrumpió.

—Hablo del divorcio.

—Me dijeron que hoy pediste tiempo para pensarlo.

Park Dong-sik tragó saliva.

Con razón estaba tan molesto.

¿Qué esperaba…?

Es absurdo esperar afecto de un hombre como él.

Es un tipo completamente frío.

—Dime.

Kim Jun-han no apartó la vista.

—¿Cuál es la razón?

Park Dong-sik desvió la mirada.

Necesitaba tiempo.

Tiempo para preparar una vía de escape.

Y llevarse consigo todo el dinero que pudiera.

—Me da vergüenza decirlo…

Habló lentamente.

—Pero…

Respiró hondo.

—Desde que desperté después de morir…

—Creo que…

Sonrió con torpeza.

—He empezado a sentir… algo por ti.

Ah…

Esa expresión…

La misma cara de asco que pone la gente cuando ve algo que jamás debería haber visto.

Se sintió avergonzado.

Quiso tragarse sus propias palabras.

Pero ya era demasiado tarde.

Así que decidió seguir adelante con el papel.

—Ya te lo dije.

Sonrió descaradamente.

—Mis gustos cambiaron.

Lo miró provocadoramente.

—¿Qué te parece si comprobamos si somos mucho más compatibles de lo que crees?

Continuó acercándose.

—Entiendo que te cueste abrirte porque estoy liado con Kim Tae-han.

—Pero, sinceramente…

Bajó aún más la voz.

—¿No sientes curiosidad?

Sonrió.

—¿Qué tan bueno debo de ser para que tu hermano esté tan obsesionado conmigo?

Cuanto más hablaba…

Más se deformaba el hermoso rostro de Kim Jun-han.

Y, curiosamente…

Eso solo aumentaba las ganas que Park Dong-sik tenía de probarlo.

Se mordió lentamente el labio inferior.

En ese mismo momento…

Kim Jun-han frunció el gesto y se cubrió la nariz con el dorso de la mano.

Cuando intentó levantarse…

Park Dong-sik saltó por encima de la mesa y se abalanzó sobre él.

Quedó sentado encima de su cuerpo.

Kim Jun-han lo fulminó con la mirada.

Parecía dispuesto a matarlo.

—Bájate.

Su voz era helada.

—Mientras todavía te lo estoy diciendo por las buenas.

—Solo una vez.

Suplicó.

—Lee Hee-soo.

Park Dong-sik deslizó la mano hasta la entrepierna de Kim Jun-han.

Sintió un peso considerable.

¿Así que no me equivoqué la otra vez…?

Se acomodó sobre él.

Frotó deliberadamente las caderas.

Las feromonas de Kim Jun-han lo golpearon con fuerza.

—Ah…

Su cuerpo avanzó un poco más.

Su entrada comenzó a abrirse por sí sola.

El calor volvió a apoderarse de todo su cuerpo.

Era completamente distinto a cuando estaba con Kim Tae-han.

Un gemido doloroso escapó de sus labios.

Kim Jun-han apretó la mandíbula.

Sus ojos…

A pesar de mantener una expresión fría…

Estaban cargados de deseo.

Park Dong-sik movió lentamente las caderas.

La expresión de su rostro parecía una silenciosa súplica.

—Joder…

Jadeó.

—¿Cómo se supone que voy a…?

Antes de terminar…

Kim Jun-han lo empujó bruscamente por el hombro.

Le dio la vuelta.

Y lo inmovilizó boca abajo sobre el sofá.

Cuando intentó incorporarse…

Una mano lo presionó con fuerza contra el respaldo.

En el mismo movimiento…

Le bajó los pantalones y la ropa interior.

Su trasero quedó completamente expuesto.

—Mierda…

Masculló Kim Jun-han con voz grave.

Sin previo aviso…

Algo grueso presionó contra su entrada.

—¿Eh?

Park Dong-sik giró la cabeza como pudo.

No sabía si aquello era un pene…

O una auténtica porra.

—E-espera…

Jadeó.

—Me vas a partir…

Intentó sujetarle el brazo por detrás.

Pero en ese instante…

Kim Jun-han embistió de golpe.

El rostro de Park Dong-sik quedó aplastado contra el apoyabrazos del sofá.

De su garganta escapó una mezcla confusa de gritos y gemidos.

Kim Jun-han lo penetraba con una fuerza brutal.

Como si estuviera clavando un enorme clavo con un martillo.

La parte superior de su cuerpo permanecía inmóvil.

Mientras sus caderas eran tratadas sin la menor delicadeza.

Cada embestida parecía atravesarle el abdomen.

Dolor.

Y placer.

Ambos recorrían su cuerpo al mismo tiempo.

Aquello era un sexo salvaje.

Sin ninguna clase de consideración.

Sin caricias.

Sin palabras dulces.

Solo una violencia que rozaba el abuso.

—Ngh… ah… ugh…

Los gemidos eran incapaces de seguir el ritmo de aquellas embestidas.

Durante un largo rato…

Permanecieron enredados como dos animales.

Solo las caderas de Kim Jun-han seguían moviéndose.

Hasta que, de pronto…

Se retiró de golpe.

La abertura dilatada palpitó.

Y algo comenzó a deslizarse lentamente por su muslo.

Park Dong-sik respiraba con dificultad.

Se dio la vuelta.

Kim Jun-han sujetaba su pene con una mano.

Lo acariciaba rápidamente.

Tenía los labios apretados.

Los ojos completamente cerrados.

Poco después…

Apretó los dientes.

Echó la cabeza hacia atrás.

Su abdomen se contrajo.

Los músculos se marcaron con fuerza.

Park Dong-sik comprendió lo que iba a ocurrir.

Se acercó un poco más.

Abrió la boca.

El semen cayó sobre su rostro.

Los ojos de Kim Jun-han se volvieron tan fríos como el hielo.

Park Dong-sik pasó lentamente la lengua por sus labios.

Recogiendo el semen.

Después sonrió.

—No te preocupes.

Lo miró burlonamente.

—No me voy a embarazar por tragármelo.

Kim Jun-han lo fulminó con la mirada.

Sin responder una sola palabra…

Subió la cremallera de sus pantalones.

Al ver el pene todavía latiendo…

Park Dong-sik tragó saliva con auténtico pesar.

Cuando Kim Jun-han se pasó una mano por el cabello completamente despeinado…

Le recordó a uno de sus actores porno favoritos.

—Joder…

Murmuró embobado.

—Qué increíblemente sexy…

Parecía completamente borracho.

Kim Jun-han recogió su chaqueta.

Y salió de la habitación sin volver la vista atrás.

Todo en él resultaba exageradamente frío.

Pero precisamente…

Eso también era parte de su encanto.

Maldito imbécil…

Podrías haber sido un poco más feo.

O al menos tenerla más pequeña.

Después de permanecer largo rato sentado…

Park Dong-sik consiguió levantarse.

Entró en el baño.

Frente al espejo…

Todavía tenía semen sobre las cejas y las mejillas.

En el reflejo…

Las comisuras de los labios de Lee Hee-soo seguían elevándose lentamente en una sonrisa.

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