Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 126

  1. Home
  2. All novels
  3. Una Segunda Vida para Amarte
  4. Capítulo 126 - Historia Extra 1
Prev
Next
Novel Info

Park Kyung-soo llegó a la cafetería y se secó el sudor de la frente.

La primavera apenas estaba llegando, pero el clima ya era bastante cálido. Abrió todas las puertas del local para ventilar el ambiente y, justo entonces, uno de los empleados llegó a trabajar.

—Jefe. ¿Llegó tan temprano?

—Sí. Fui a entrenar.

—¿Es divertido practicar hapkido?

Kyung-soo sonrió con timidez y asintió.

Había comenzado a aprender hapkido desde el invierno gracias a la recomendación de un conocido y, contrario a lo que esperaba, su cuerpo se había adaptado con rapidez.

Era algo que jamás habría imaginado cuando todavía era Lee Hee-soo.

En aquella época, tanto su cuerpo como su mente eran débiles, y todo lo que hacía era esperar que alguien acudiera a salvarlo.

Pensando en eso, no podía evitar sentir pena por su hermanastro, Park Dong-sik, quien ahora vivía como Lee Hee-soo.

Dong-sik siempre le decía que no se preocupara, que estaba viviendo bien, pero la culpa permanecía en un rincón de su corazón.

Mientras pensaba en él, como si hubieran quedado de acuerdo, recibió un mensaje suyo.

Una sonrisa amable apareció en el rostro de Kyung-soo al revisar el teléfono.

Era una fotografía de sus sobrinos, a quienes hacía tiempo que no veía.

Kim Hyun y Kim Yul, quienes habían sido diagnosticados como alfas superiores, comenzaron este año el jardín de niños.

Con sus uniformes se veían increíblemente adorables.

Kim Yul mantenía la misma expresión inexpresiva de siempre, mientras que el rostro de Kim Hyun estaba lleno de travesuras.

El empleado, que observaba de reojo, se acercó discretamente.

—¿Qué está viendo con tanta sonrisa?

Kyung-soo le mostró la fotografía.

—Han crecido muchísimo, ¿verdad?

—¿Son esos sus sobrinos de Seúl? Vaya, ya empezaron el jardín de niños.

—Sí. Me dijeron que comenzaron este año.

—¿Su hermano es rico?

—¿Eh?

—El abrigo y los zapatos que llevan son todos de marcas de diseñador.

Ah.

Kyung-soo había estado tan concentrado en las caras de los niños que ni siquiera había prestado atención a su ropa.

—Sea sincero conmigo, jefe. ¿Usted también es muy rico? ¿Sus padres son magnates o algo así?

Kyung-soo sonrió con amargura y cambió de tema, diciéndole que se pusiera a trabajar.

Mamá y papá…

Su padre había sido miembro de la Asamblea Nacional, pero no era un hombre íntegro.

Cuando salieron a la luz todos sus actos de corrupción, terminó quitándose la vida.

Y su madre…

Ni siquiera quería pensar en ella.

Desde pequeño, ella solo había pensado en utilizarlo.

Según Dong-sik, ambos habían desaparecido sin dejar rastro.

Su casa había sido subastada y nadie sabía dónde estaban.

En broma había dicho que algún día él mismo los castigaría.

¿Acaso aquello había terminado haciéndose realidad?

¿Ya no tendría que seguir temblando de miedo?

¿Sería capaz, aunque fuera un poco, de olvidar aquellos días de pesadilla?

Estaba perdido en sus recuerdos cuando sonó la campanilla de la puerta.

La puerta se abrió.

Kyung-soo, que estaba secando una taza, se giró por reflejo.

—Bienvenidos…

Su corazón estuvo a punto de detenerse.

—¿Ya están abiertos?

—…

Kyung-soo se quedó completamente inmóvil.

Al verlo paralizado, el empleado se apresuró a intervenir.

—Sí, ya abrimos. Por favor, tomen asiento. Enseguida voy a tomarles la orden.

Condujo a las dos personas hasta una mesa.

Kyung-soo seguía sin poder moverse.

Después de unos instantes, el empleado regresó a su lado.

—¿Jefe? ¿Se encuentra bien?

—¿Eh…? Sí…

Solo entonces recuperó la compostura.

Miró hacia la mesa junto a la ventana.

Kim Tae-han estaba sentado allí, conversando tranquilamente con la persona que lo acompañaba.

Sintió el pecho pesado, como si una enorme roca lo aplastara.

La última vez que lo había visto había sido hacía seis años…

Mientras tanto, el empleado tomó la orden y volvió con ella.

—Dos americanos. Yo los preparo.

—No… Los haré yo.

Mientras comenzaba a preparar el café, el empleado se acercó y habló en voz baja.

—¿Sabe quién es ese hombre tan alto?

Kyung-soo se sobresaltó.

—¿Eh?

—Es un director de cine muy famoso. Se retiró hace unos años. Kim Tae-han. ¿No lo conoce, jefe?

Kyung-soo negó con la cabeza como un robot averiado.

—No… realmente no lo conozco…

—Es el hijo del Grupo Daesan. Parece que está saliendo con esa persona, ¿no cree? Mire. La está consolando porque está llorando.

Kyung-soo dirigió la mirada hacia ellos.

Tal como decía el empleado, Kim Tae-han tenía una expresión preocupada, mientras que la persona sentada frente a él se secaba las lágrimas con la cabeza baja.

Kim Tae-han sacó un pañuelo del bolsillo, se lo entregó y le dio unas suaves palmadas en el hombro.

Intentó no prestar atención.

Pero sentía que algo le dolía por dentro.

En ese momento, la puerta volvió a abrirse de golpe.

Pensó que serían clientes.

Sin embargo, quienes entraron tenían un aspecto completamente distinto.

A primera vista eran tres hombres grandes y amenazadores.

—B-bienvenidos…

Kyung-soo lo comprendió enseguida.

No habían ido a tomar café.

Sus miradas se dirigieron inmediatamente hacia la mesa junto a la ventana y, tal como sospechaba, caminaron directamente hacia ella.

El hombre que iba al frente agarró del cabello al omega sin previo aviso.

—¡Maldita zorra!

El grito lleno de insultos estuvo a punto de hacer que Kyung-soo dejara caer la taza que sostenía.

Su corazón comenzó a latir con violencia.

Desde pequeño había vivido rodeado de la violencia.

Especialmente cuando Lee Hoon-jae lo insultaba con palabras humillantes y lo maltrataba constantemente.

Kim Tae-han se puso de pie de un salto y apartó bruscamente la mano del agresor.

Les gritó preguntando qué demonios creían que estaban haciendo.

Kyung-soo respiró profundamente y apretó con fuerza la taza entre sus manos temblorosas.

Recupérate.

Ya no eres Lee Hee-soo.

Ahora eres Kim Kyung-soo.

Ya no eres débil.

Nadie puede volver a hacerte daño.

Mientras entrelazaba con fuerza los dedos para detener el temblor, Kim Tae-han volvió la vista hacia él.

Al cruzarse sus miradas, soltó un suspiro y trató de convencer a los tres hombres de salir primero.

Cuando pasó junto al mostrador, le dedicó una leve sonrisa.

—Perdón por el alboroto.

Qué idiota…

Este no es momento para disculparse.

Los matones salieron detrás de él.

Uno de ellos dio una fuerte patada a una silla, dejando la cafetería completamente desordenada.

El empleado observaba la escena, inquieto.

—J-jefe. ¿Qué hacemos? ¿Llamamos a la policía?

—…

—¿Jefe?

Kyung-soo respiró hondo.

Se armó de valor.

Luego se quitó el delantal de la cintura.

—Llama a la policía primero.

Salió corriendo.

Pero cuando llegó afuera ya no había nadie.

—¿A dónde fueron…?

Miró a su alrededor.

Del callejón contiguo llegaban ruidos de pelea.

Doblando la esquina, se quedó inmóvil.

Kim Tae-han estaba peleando contra los tres hombres.

Por muy bien que supiera defenderse, seguían siendo tres, y además eran corpulentos.

Superado en número, terminó cayendo al suelo.

En ese mismo instante uno de los matones le propinó una fuerte patada en el estómago.

—¡Maldito bastardo! ¡Ni siquiera conoces tu lugar y aun así te metes donde no te llaman! ¿Es divertido robarle la esposa a otro hombre? ¿Eh? ¿Te gusta?

El omega lloraba mientras suplicaba que aquello no era cierto.

Pero el matón no escuchaba.

Kyung-soo apretó ambos puños con fuerza.

Cuando Dong-sik fue por primera vez a visitarlo, le había dado dinero.

Con ese dinero abrió la cafetería.

Además, le aconsejó aprender algún deporte para poder protegerse.

Por eso también había aprendido boxeo y judo.

No era un profesional.

Pero…

Kyung-soo apretó los dientes y salió corriendo hacia los agresores.

—¡Deténganse! ¡Son personas malas!

Los tres hombres giraron la cabeza.

Kyung-soo lanzó un puñetazo contra el más grande de todos.

¡Paf!

Sintió cómo la mandíbula del hombre giraba violentamente y este cayó de espaldas.

Incluso después de golpearlo, Kyung-soo se quedó completamente sorprendido.

Miró alternativamente su puño y al hombre desplomado.

¿Yo…?

¿Por qué soy tan fuerte?

Mientras permanecía aturdido, otro de los matones corrió hacia él y lo sujetó del cuello de la camisa.

Kyung-soo forcejeó para soltarse.

Durante el forcejeo, la camisa se levantó.

El agresor se quedó inmóvil.

Frunció el ceño al ver la cicatriz que cruzaba el abdomen de Kyung-soo.

Aquellos hombres debían saber lo que significaba.

Era una cicatriz provocada por un cuchillo.

Dong-sik había sido quien recibió aquella herida.

Pero Kyung-soo nunca tuvo el valor de preguntarle cuándo ni cómo había ocurrido.

Ahora ya podía verla con calma.

Sin embargo, al principio, cada vez que contemplaba aquella cicatriz sentía una enorme tristeza al imaginar la dura vida que Dong-sik debía haber llevado.

Mientras el matón seguía distraído, Kim Tae-han le sujetó un tobillo, lo hizo caer y comenzó a golpearlo.

Entonces otro de ellos intentó estrangular a Kim Tae-han.

Kyung-soo corrió y le lanzó una fuerte patada al rostro.

En medio de la pelea, una sirena comenzó a escucharse a lo lejos.

—¡Mierda! ¡Esto no termina aquí! ¡Los voy a hacer pagar!

Como si hubieran ensayado la retirada, los tres hombres se levantaron al mismo tiempo y echaron a correr.

Kyung-soo apoyó la espalda contra la pared y se dejó caer al suelo.

Su corazón latía desbocado.

Dios mío…

Golpeé…

A una persona…

Todavía seguía completamente aturdido cuando Kim Tae-han se acercó hasta él.

—¿Estás bien?

Tenía la nariz sangrando abundantemente.

—Ah… mierda. Qué vergüenza.

Maldijo mientras se limpiaba la sangre.

Al verlo, Kyung-soo sintió un enorme alivio y, sin darse cuenta, soltó una pequeña risa.

Al verlo reír, el rostro de Kim Tae-han se sonrojó.

Kyung-soo simplemente pensó que debía dolerle el golpe.

Poco después llegó la policía y comenzó a preguntar qué había ocurrido.

Mientras Kim Tae-han y el omega daban su declaración, Kyung-soo pensó que quizá debería cerrar la cafetería durante unos días.

Mientras un agente revisaba la identificación de Kim Tae-han, el omega se acercó a Kyung-soo.

—Jefe… de verdad lo siento muchísimo. Le compensaré por todos los muebles que se rompieron. ¡Y muchísimas gracias por ayudarme!

—Ah, no… Usted debió de llevarse un gran susto. Lo importante es que ahora se cuide.

El omega le dio las gracias una y otra vez.

Era joven.

Y muy bonito.

El tipo de persona que le gustaría a Kim Tae-han.

Pensó que hacían buena pareja.

Después de terminar de hablar con la policía, Kim Tae-han también se acercó.

Cuando Kyung-soo mencionó la compensación por los daños, él respondió que no era necesario.

Luego le dijo que fuera a consolar a su pareja, que parecía muy afectada.

Kim Tae-han sonrió de una manera extraña.

—Nos volveremos a ver.

Tras decir eso, se marchó.

Kyung-soo observó cómo el automóvil se alejaba y luego se dio la vuelta, obligándose a sonreír.

Qué alivio…

Me alegra que esté viviendo bien.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first