Una Segunda Vida para Amarte - Capítulo 100

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Park Dong-sik despertó después de las diez de la mañana con el rostro aún adormilado. Conforme pasaban los días, sentía el cuerpo cada vez más pesado y las articulaciones le dolían como si lo hubieran golpeado. Todavía aturdido por el sueño, miró a su lado y solo encontró una almohada donde debería estar Kim Jun-han.

—Hasta dormí durante todo el tiempo en que se fue a trabajar…

A petición de Park Dong-sik, Kim Jun-han había enviado gente a la isla de Jeju. Le prometió avisarle en cuanto encontraran alguna pista, pero ya habían pasado varios días sin noticias.

Antes, jamás habría creído tanto en las palabras de una chamana como para enviar gente a buscar por toda una isla.

[«Si existe una forma, te pregunto si quieres volver a vivir como Park Dong-sik.»]

Todavía no encontraba una respuesta para esa pregunta.

Si encontraban a Lee Hee-soo y él quería recuperar su cuerpo, ¿debía devolvérselo?

Pero, por otra parte, quizá había huido precisamente porque ya no quería seguir viviendo como Lee Hee-soo.

Deja de pensar en eso.

Sea como sea, será más rápido encontrarlo y preguntárselo directamente.

Park Dong-sik sacudió la cabeza para despejarse y estiró los brazos antes de salir del dormitorio.

Kim Yoon-ah lo esperaba en la sala.

—¡Buenos días!

—Señor Hee-soo, la señora…

Park Dong-sik la interrumpió antes de que terminara.

—¿Qué pasa con la señora Song? ¿Sigue en cama porque su esposo ya no está?

—N-No es eso…

—¿Debería presentarle un novio? ¿Qué te parece? Alguien unos diez años más joven que ese viejo estaría bien, ¿no? Si nuestra madre recibe un poco del amor de un amante joven, ese carácter tan espinoso que tiene… ¡Ay!

Park Dong-sik retrocedió inmediatamente al ver a la señora Song salir de la cocina con una expresión severa.

Miró a Kim Yoon-ah, que parecía estar a punto de llorar.

Con razón no dejaba de hacerle señas con los ojos hacia la cocina…

—Perdón. No sabía que mi suegra de carácter espinoso había venido tan temprano.

—Ja, ja… Debiste decirme que estabas aquí. Casi lloro de la emoción al verte tan temprano.

Sonrió con naturalidad mientras observaba su rostro.

La señora Song había adelgazado muchísimo, ya fuera por su esposo o por Kim Tae-han.

—Deberíamos llevar a nuestra madre a comer carne. Yoon-ah, reserva en ese restaurante donde fuimos la otra vez. Almorcemos allí. Estaba delicioso.

La señora Song suspiró y se dejó caer en el sofá.

—Déjalo. ¿Crees que tengo ganas de sentarme frente a ti a comer carne?

Park Dong-sik se sentó frente a ella y pidió a Kim Yoon-ah que trajera té.

—Olvídate del té. Señorita Kim, ¿podría dejarnos solos un momento? Tenemos que hablar.

Kim Yoon-ah intercambió una mirada preocupada con Park Dong-sik antes de retirarse de mala gana.

En cuanto quedaron solos, un silencio helado llenó la habitación.

Park Dong-sik forzó una sonrisa y soltó una risa incómoda.

La señora Song sacó unos documentos de su bolso y los dejó caer sobre la mesa.

—¿Qué es esto?

—¿Ya lo olvidaste? Nuestro contrato. Acordaste aceptar el dinero y marcharte después de dar a luz.

—Ah…

—No cambies de opinión solo porque Jun-han haya empezado a acercarse a ti. Una promesa es una promesa.

Es verdad…

Con todo lo que había sucedido últimamente, había olvidado por completo el contrato que tenía con la señora Song.

Mientras contemplaba el documento en silencio, ella tanteó el terreno.

—No estarás… pensando en romper nuestra promesa, ¿verdad?

—Verá, madre… Hoy en día hasta los contratos de alquiler se cancelan…

La señora Song golpeó la mesa con fuerza.

—¡Ni hablar!

—¡Me asustó! ¿Olvidó que estoy embarazado?

—¿Tú asustarte por algo así? ¡Qué descarado eres! Haces una promesa conmigo y luego quieres cambiarla como si nada. ¿Qué eres, un estafador?

—Claro que quiero cumplirla. Pero le tengo demasiado miedo a Kim Jun-han.

—¡Míralo! ¿Ahora usas a Jun-han como excusa?

—¿No lo sabía? Cuando intenté huir, vino a la villa con una pistola. Ese día pensé que me iba a desmayar. Todavía tengo pesadillas por eso.

Los ojos de la señora Song se abrieron de par en par.

—¿Una pistola?

—Si vuelvo a huir esta vez, de verdad me matará. Y cuando eso ocurra, usted no va a responsabilizarse, ¿verdad?

—Jun-han… no es una persona que haga algo tan violento…

Park Dong-sik negó con la cabeza.

—Madre, de verdad no conoce a su hijo mayor.

Al oír aquello, la señora Song permaneció pensativa unos instantes antes de endurecer la expresión.

—Aun así, no.

—¿Por qué?

—Jun-han sabe que te acostaste con Tae-han. Puede que ahora lo tolere, pero más adelante eso traerá problemas. Ese tema saldrá cada vez que discutan y terminará afectando también a los niños. ¿Cómo esperas que simplemente lo permita?

—¿De qué está hablando? Incluso una vez nos divertimos los tres juntos.

La mandíbula de la señora Song cayó hasta el suelo.

Park Dong-sik sonrió ampliamente.

—Solo una vez. Exactamente una. No fueron muchas.

La señora Song se llevó una mano al cuello y cerró los ojos.

—Ay… padre santo…

Park Dong-sik se levantó con expresión preocupada y se acercó a ella.

—¿Está bien? ¿Quiere que le masajee el cuello? No podemos dejar que nuestra madre se desplome.

Cuando comenzó a masajearle los hombros, la señora Song apartó su mano de un manotazo.

—¡No me toques!

Él esquivó rápidamente el golpe.

La señora Song respiró hondo antes de preguntar:

—Déjame hacerte una pregunta. ¿Y si ese bebé fuera de Tae-han? ¿Crees que Jun-han lo aceptaría?

En realidad, ni siquiera ella podía determinar quién era el padre basándose únicamente en los sueños del embarazo.

Tal como decía la señora Song, si ambos niños fueran de Kim Tae-han, ¿Kim Jun-han los aceptaría?

Según el médico, los hermanos tenían feromonas muy similares.

Era completamente posible.

—Eso… tendré que pensarlo cuando llegue el momento.

—No me digas que piensas irte con Tae-han. ¿Tu corazón ya se enfrió?

Los labios de Park Dong-sik temblaron.

Más que decir que sus sentimientos hacia Kim Tae-han se habían enfriado, sería más correcto decir que sus sentimientos hacia Kim Jun-han habían crecido.

Ahora mismo, lo que sentía por Kim Tae-han era complicado.

Lo detestaba, pero también le daba lástima.

Lo resentía, pero al mismo tiempo lo compadecía.

—¿El comportamiento de Tae-han tiene algo que ver contigo?

—¿Sigue sin comer?

Al mencionar a su hijo, los ojos de la señora Song se llenaron de lágrimas, algo completamente impropio de ella.

—Ese niño condenado… Debe de estar decidido a morir. No abre la boca para probar un solo bocado. No podrá sobrevivir mucho tiempo alimentándose solo de vitaminas. Ya perdí a mi esposo… ¿Y ahora también voy a perder a mi hijo…?

Su voz se apagó mientras se llevaba una mano a la frente e inclinaba la cabeza.

En lugar de consolarla, Park Dong-sik permaneció silenciosamente a su lado.

Entonces sintió un movimiento en el vientre y tomó rápidamente la mano de la señora Song.

—Madre, deme la mano.

—¿Qué te pasa ahora?

Cuando ella apoyó la mano sobre el vientre y sintió el movimiento, abrió mucho los ojos.

Una tenue sonrisa apareció en el rostro que momentos antes estaba hundido por la tristeza.

—Qué patadas tan fuertes… Quizá termine siendo futbolista…

Cuando sus miradas se encontraron, la señora Song recuperó la seriedad y retiró la mano.

Era una persona incapaz de ocultar sus verdaderos sentimientos.

Y, sin embargo, por alguna razón, Park Dong-sik no podía odiarla.

Al contrario, cada vez le tomaba más cariño.

—¿Quieres que vaya contigo?

—No. Quédate aquí. Solo entregaré esto y volveré enseguida.

—Llámame si ocurre algo.

Park Dong-sik asintió y cerró la puerta del automóvil.

Al entrar en el hospital, el característico olor a desinfectante impregnó el ambiente.

Cuando llegó frente a la habitación de Kim Tae-han, un guardia vigilaba la puerta.

Al reconocerlo, el hombre lo saludó.

Park Dong-sik le entregó una bebida para agradecerle el esfuerzo antes de entrar.

Kim Tae-han yacía en la cama con varias bolsas de suero conectadas al brazo.

Su rostro estaba aún más demacrado que la última vez.

—¿Cómo está la herida de la puñalada?

Estuvo a punto de levantarle la ropa para comprobarlo, pero se detuvo y prefirió llamarlo.

—¿Estás dormido?

Sus párpados temblaron al oír la voz.

Todavía medio dormido, se incorporó bruscamente en la cama.

Park Dong-sik retrocedió rápidamente, evitando que sus rostros chocaran.

Kim Tae-han lo miraba como si acabara de ver un fantasma.

—Tú… ¿cómo… cómo estás aquí…?

—Porque estás comportándote como un niño haciendo una huelga de hambre.

—¿De verdad eres Hee-soo…?

—¿Acaso parezco un fantasma?

Dejó el almuerzo que había traído, ajustó la cama para incorporarlo y desplegó la mesa.

Kim Tae-han seguía completamente desconcertado.

Después de colocar el recipiente de gachas frente a él, le metió una cuchara en la mano casi a la fuerza.

Como seguía negándose a tomarla, Park Dong-sik le dio un golpe en la cabeza con la cuchara.

—¡Ay!

Kim Tae-han se llevó las manos a la cabeza.

—Come mientras te lo estoy diciendo por las buenas.

—Hee-soo… Creo que me abriste la cabeza…

—No. Las cabezas humanas no son tan frágiles. Así que come. Antes de que vuelva a golpearte.

Al fin consiguió que sostuviera la cuchara.

Kim Tae-han levantó la vista.

Tenía los ojos completamente rojos.

Park Dong-sik sabía que no era por el dolor, pero fingió no darse cuenta y acercó el recipiente de gachas hacia él.

Kim Tae-han sujetó la cuchara, pero mantuvo la cabeza baja.

Cuando permaneció largo rato en silencio, Park Dong-sik habló primero.

—Kim Tae-han. ¿De verdad estás arrepentido por lo que le hiciste a Hee-soo?

—Sí…

—Entonces come bien y espera. Yo le preguntaré a Hee-soo si quiere perdonarte o no.

Kim Tae-han levantó la cabeza con expresión confundida.

—¿Qué quieres decir?

—¿Lo recuerdas? Después de que cayeras al mar te dije que yo no era Hee-soo.

—Sí…

—Era la verdad. Por eso tu madre incluso contrató a una chamana para hacer un ritual y Kim Jun-han lo sabe todo. Todo este tiempo has estado suplicándole perdón a la persona equivocada. ¿Entendido?

Era evidente que no le creía en absoluto.

—Oye. ¿Me estás escuchando? ¡Yo no soy Hee-soo!

—Está bien. Eres un viejo fantasma… ¿Contento?

Este mocoso…

Ni que yo fuera tan viejo.

Era de esperarse.

A menos que Kim Tae-han viera con sus propios ojos el alma de Park Dong-sik salir del cuerpo, jamás lo creería.

Park Dong-sik suspiró y le sirvió un vaso lleno de agua.

—Ya seguiremos con esa conversación después. Primero termina todo esto sin dejar ni una sola cucharada. Son las gachas más caras. Tienen muchísimo abalón.

—Está bien…

La mano de Kim Tae-han tembló ligeramente al llevarse la primera cucharada a la boca.

Tenía los labios agrietados y cubiertos de costras.

Las profundas ojeras hacían evidente que estaba realmente enfermo.

Ahora comprendía por qué la señora Song estaba tan preocupada por perder también a su hijo.

Mientras lo observaba comer, Park Dong-sik se dio la vuelta para marcharse.

Entonces Kim Tae-han sujetó desesperadamente su ropa.

La forma en que se aferraba a ella le recordó a un niño aterrorizado de perder a su madre.

Su mirada descendió desde aquella mano hasta el rostro de Kim Tae-han.

—¿No te vas?

—Bueno…

—Tengo que llamar a Kim Jun-han. Vine sin decirle nada.

—¿Por qué tienes que llamarlo a él…?

Era evidente lo que realmente quería decir.

¿Ahora necesitas permiso hasta para hacer una llamada?

Pero quizá por la culpa que sentía, terminó cerrando la boca y soltó lentamente la ropa.

Park Dong-sik fingió no haberlo notado.

Salió de la habitación y, después de llamar a Kim Jun-han, permaneció sentado durante largo rato en la silla del pasillo antes de volver a entrar.

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