Una relación sin importancia - Capítulo 77

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—¿Qué deporte?

—Taekwondo, por supuesto.

Aunque él mismo nunca había practicado taekwondo, los ojos de Wi Woori brillaron. Sorprendido por semejante muestra de amor por Corea, Kim Donghwa estaba a punto de hacer algún comentario cuando el teléfono de Wi Woori vibró sobre la mesa. Al ver <Mamá> en la pantalla, Wi Woori contestó alegremente. A su lado, Kim Donghwa se limitó a observarlo con una sonrisa.

Le arregló el cabello despeinado a Wi Woori, apiló los platos vacíos y pensó en los planes sobre los hijos que Woori acababa de compartir con él.

Todavía eran jóvenes, así que quizá sería mejor pensarlo seriamente cuando fueran mayores. Ambos apenas estaban comenzando sus carreras y, aunque contaban con el apoyo de sus padres, necesitarían tiempo para afianzarse dentro de sus respectivas empresas.

Pensando que podrían empezar a planearlo cuando tuvieran alrededor de treinta y un años, los labios de Kim Donghwa se curvaron suavemente.

Dos hijos, sin importar su género, sonaba bien.

A medida que seguía pensando, sus ideas fueron profundizándose y, poco después, ya estaba planeando mentalmente la distribución de las habitaciones de los niños. Mientras miraba distraídamente al frente, organizando sus pensamientos, Wi Woori le tendió de repente el teléfono.

—¿Eh?

Miró el teléfono desconcertado. La llamada seguía en curso y el contador de tiempo continuaba avanzando en la pantalla. Alzando una ceja, Wi Woori agitó el teléfono para indicarle que lo tomara.

—Mamá quiere hablar contigo.

—¿Ah, conmigo?

—¡Sí!

¿Por qué de repente…?

Aunque sus padres no eran personas difíciles de tratar, la relación que ahora los unía hacía que hablar con ellos a solas lo pusiera un poco nervioso. Kim Donghwa se aclaró la garganta, y Wi Woori se burló de él por ponerse tan formal.

Sonriéndole a Wi Woori, Kim Donghwa finalmente tomó la llamada.

—Sí, suegra, soy Donghwa.

—Oh, Donghwa. Están esperando el vuelo ahora, ¿verdad?

—Sí, estamos en la sala VIP. A Woori no le gusta comer en los aviones, así que aquí se comió como cuatro platos.

—Ay, Dios. ¿Por qué es tan quisquilloso? Yo no lo crié así.

Del otro lado llegó una carcajada franca. Decir que lo habían criado sin tantos miramientos y que ahora se comportaba como alguien de la alta sociedad no era más que una broma. Kim Donghwa sabía perfectamente cuánto amor y atención habían dedicado a Wi Woori.

Hubo un breve silencio. La otra parte parecía esperar que dijera algo, así que Kim Donghwa movió los ojos con inquietud. No ser bueno con las palabras era una desventaja en momentos como aquel. Tras pensar qué podía decir, abrió la boca con cautela.

—Suegra, gracias por permitirme casarme con Woori. Como nos la pasamos peleando, probablemente no me gané muchos puntos con ustedes, pero gracias por ver nuestra relación con buenos ojos.

—¿Qué estás diciendo? ¡Tú eres quien la tiene difícil! Woori puede ser demasiado a veces, pero tú eres quien sabe mantenerlo a raya, Donghwa.

—Oh, no. Woori es quien me soporta a mí.

—Sé que eso no es verdad.

La conversación parecía divertir a Wi Woori, que parpadeaba repetidamente. Sentía tanta curiosidad por saber de qué hablaban que parecía dispuesto a meterse dentro del teléfono.

—En fin, llamé para desearles una buena luna de miel. No se sientan presionados por nada.

—Oh, no sentimos ninguna presión.

—Cuando supe que los chicos a los que crié como si fueran mis hijos iban a casarse, me sentí un poco extraña. Pero al verlos hoy, se veían tan bien juntos… No es que antes no lo supiera, pero hoy finalmente sentí que era real.

—Oh, gracias. Es porque nos ve con buenos ojos.

—Sean felices, Donghwa. Aunque Woori a veces pueda ser demasiado y llegue a desesperarte, por favor compréndelo. ¿Quién más podría hacerlo sino tú?

—Sí, no se preocupe. Viviremos felices y queriéndonos mucho.

—¡Por supuesto! Así tiene que ser. Cuando regresen, vengan a visitarnos. No quería comportarme como una madre anticuada, así que pensé que sería extraño hacer que vinieran formalmente después de casarse. Pero ahora creo que está bien. Vengan a visitarnos, ¿sí?

—Oh, sí. Claro que iremos. Los visitaremos primero a ustedes.

Se había estado preguntando por qué se oponían tanto a que hicieran una visita formal. Como solían reunirse a comer con frecuencia, había pensado que con eso bastaba, pero al parecer ellos también habían reflexionado bastante sobre el asunto.

Había decidido no preocuparse, pero escuchar aquella invitación le quitó un peso de encima. Sintió el corazón más ligero. Cuando Kim Donghwa dejó escapar una risita, Wi Woori ladeó la cabeza a su lado, preguntándole por qué.

Espera un momento, le indicó con un gesto antes de volver a concentrarse en la llamada.

—Señor, es hora de abordar.

Una auxiliar de vuelo se acercó, y Kim Donghwa la miró.

¿Cuándo se había hecho tan tarde?

Los demás pasajeros ya estaban recogiendo sus pertenencias.

Kim Donghwa miró alrededor y comenzó a reunir sus cosas. Wi Woori, que se había levantado primero, se colgó un pequeño bolso al hombro. Como habían documentado casi todo el equipaje, solo llevaban consigo una tableta con videos para ver durante el vuelo.

Kim Donghwa llevaba prácticamente lo mismo. Les proporcionarían pantuflas y artículos básicos de aseo, así que lo único que él llevaba era una tableta para estudiar.

Finalmente, los dos, con bolsos cruzados a juego, se tomaron de la mano. Al ver que Kim Donghwa todavía sostenía el teléfono, Wi Woori alzó una ceja, indicándole que terminara la llamada.

—Suegra, ya tenemos que abordar el avión.

—Oh, está bien.

—Me comunicaré con usted en cuanto lleguemos. Nos divertiremos sin pelear. Le enviaré muchas fotos.

—¡No! No se preocupen por nosotros, limítense a divertirse. Si se ponen a llamarnos, se van a meter en problemas.

Aunque su tono parecía regañarlos, no había ninguna amenaza real en sus palabras. Kim Donghwa respondió brevemente y terminó la llamada antes de devolverle el teléfono a Wi Woori.

Wi Woori caminó en silencio, con una sonrisa todavía más amplia que antes. Fuera lo que fuera que lo hacía tan feliz, sacudió ligeramente la cabeza mientras desprendía unas dulces feromonas que combinaban perfectamente con él. Kim Donghwa pasó un brazo sobre sus hombros y frotó la mejilla contra su cabeza. Wi Woori le devolvió una amplia sonrisa.

—De verdad te llevas muy bien con mi mamá.

—Bueno, soy su única nuera.

Mientras besaba la blanca frente de Wi Woori, este ladeó la cabeza.

—¿Eh?

Parecía cuestionar precisamente la palabra «nuera». Kim Donghwa se encogió de hombros.

—Eres una nuera, ¿no? El cónyuge de un hijo.

Tras decirlo con naturalidad, Kim Donghwa se detuvo frente a la puerta donde ya había comenzado el abordaje. Como pasajeros de primera clase, les habían dicho que podían abordar sin esperar, pero pidió que aguardaran un momento porque Wi Woori se había quedado mirándolo fijamente, inmóvil.

—¿No vienes?

Ante la pregunta, Wi Woori se apresuró a alcanzarlo.

—Yo también quiero ser nuera.

Y de repente sus ojos brillaron de emoción.

Solo había sido una broma, pero Wi Woori parecía genuinamente interesado en el término «nuera» y parpadeaba rápidamente. ¿Acaso importaba cómo lo llamaran? Kim Donghwa se encogió de hombros y le dijo que podía hacer lo que quisiera, aunque añadió:

—Pero quizá a mis padres no les entusiasme demasiado tener una nuera, porque siempre están pensando en conseguir una. ¿Por qué no eres simplemente su yerno?

—Pero tú no eres una hija.

—Si eres el esposo de su hijo, simplemente eres su yerno.

—¡Yerno…!

Una vez más, los ojos de Wi Woori se iluminaron.

—¿Qué pasa con esos ojos?

Al parecer, a él tampoco le importaba demasiado el título, pues tenía la mirada ligeramente perdida. Pero aquello duró apenas un momento. Wi Woori se pegó a su costado y siguió las indicaciones de la auxiliar de vuelo.

⛧⛧⛧

El vuelo comenzó sin contratiempos. Cuando la fuerte presión previa al despegue hizo que le dolieran los oídos, Kim Donghwa se llevó tranquilamente un caramelo a la boca y tragó la dulzura junto con la saliva. Al verlo, Wi Woori también quiso uno, pero terminó comiéndose cinco y cayó profundamente dormido.

Como el vuelo había salido a última hora de la tarde, afuera ya estaba completamente oscuro. Kim Donghwa, que había cedido el asiento junto a la ventana a Wi Woori porque este había insistido en sentarse allí, contempló el vasto cielo negro como la tinta.

Por alguna razón, el pecho se le llenó de emoción.

Una luna de miel.

¿De verdad estaba ocurriendo?

No era que todavía no hubiera comprendido que estaban casados, pero en aquel momento la realidad lo golpeó con una emoción abrumadora.

Kim Donghwa acarició suavemente la mejilla de Wi Woori, que dormía junto a la ventana. Con los audífonos puestos y la manta subida hasta el cuello, su expresión se crispaba de vez en cuando. Aun así, sonrió tímidamente sin molestarse por la caricia.

Era hermoso.

Terriblemente hermoso.

Decir que había dedicado casi toda su vida a amar a Wi Woori no era ninguna exageración. Le encantaba que Woori, con una forma de pensar tan distinta a la suya, encontrara respuestas que él jamás habría imaginado y consiguiera sorprenderlo constantemente.

Sus ritmos eran muy diferentes.

A diferencia de él, que solo daba un paso cuando estaba seguro de que todo estaría bien, Wi Woori se lanzaba a actuar con valentía, dejándolo maravillado. Incluso eso le resultaba increíblemente atractivo, así que era inevitable que su corazón se acelerara.

Adoraba la facilidad con la que Wi Woori resolvía cosas que para él eran difíciles, así como la naturalidad con la que pedía ayuda cuando se encontraba con algo que no podía resolver.

Y esa persona lo amaba.

No solo eso.

Ahora estaban casados y llevaban anillos del mismo diseño en sus dedos.

Su imaginación no era lo bastante rica como para encontrar una forma de expresar su felicidad más allá de pensar: «Siento como si hubiera conseguido el mundo entero».

Y, en silencio, se prometió que no cambiaría a Wi Woori ni siquiera por el mundo entero.

Kim Donghwa deslizó una mano bajo la manta. Cuando la colocó sobre el puño suavemente cerrado de Wi Woori, este abrió lentamente los ojos.

—¿Por qué no estás durmiendo?

—No puedo dormir.

—¿Por qué? ¿Estás demasiado emocionado?

—Sí.

Ante aquella respuesta tan sincera, Wi Woori soltó una risita traviesa.

Cuando le preguntó por qué estaba siendo tan sincero por una vez, Kim Donghwa simplemente se encogió de hombros. Wi Woori rebuscó en el bolsillo delantero y sacó su teléfono. Parecía haberlo dejado cargando antes, pues un largo cable salió detrás de él. Lo desconectó despreocupadamente y abrió la cámara.

—Tomémonos una foto. Es nuestra primera luna de miel.

—Normalmente solo se tiene una luna de miel.

—¿Siempre tienes que ponerte a discutir detalles en momentos como este?

—Perdón.

Kim Donghwa acercó el rostro al de Wi Woori.

Las mejillas de Wi Woori, suaves y ligeramente hinchadas por el sueño, parecían todavía más tiernas. Después de escuchar el clic de la cámara, en lugar de morderle la mejilla, Kim Donghwa lo besó.

Otro clic del obturador sonó inmediatamente después.

Se tomaron algunas fotos más porque Wi Woori así lo quiso y luego sonrieron cálidamente.

—Soy feliz.

—Yo también. Vivamos bien juntos durante muchísimo tiempo.

—Sí. Hagámoslo.

Kim Donghwa sonrió encantadoramente y apretó con fuerza la mano de Wi Woori. Sus dedos se entrelazaron, y Wi Woori soltó una risita adorable mientras le apretaba la mano como si no quisiera soltarlo.

Poco después volvió a quedarse dormido.

Evidentemente agotado, Wi Woori se durmió sin siquiera decir «buenas noches», y Kim Donghwa permaneció observándolo durante mucho tiempo.

Era el comienzo de algo especial que compartirían juntos.

Esperaba con ilusión todo el tiempo que construirían entre los dos, lleno de pequeñas conversaciones y momentos cotidianos que poco a poco entrelazarían sus vidas hasta hacerlas inseparables.

Al poco tiempo, Kim Donghwa también cerró los ojos sin soltar la mano de Wi Woori.

Sentía que estaba a punto de tener un sueño lleno de colores vivos y brillantes.

Fin del epílogo de «Una relación sin importancia

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