Una relación sin importancia - Capítulo 50
—Bueno… ¿y si después de salir durante un tiempo terminamos? ¿No sería más difícil seguir siendo amigos…? Pensé que quizá se opondrían. Aunque nosotros digamos que no vamos a terminar, ustedes podrían verlo de otra manera…
Ahora que se sentía incómodo, se frotó inconscientemente la nuca. Después de mirar a su padre con determinación durante unos instantes, se sentó en el sofá frente a ellos, y su madre abrió mucho los ojos, sorprendida.
—¿Y qué problema hay con eso? Terminar es algo que simplemente puede pasar.
La respuesta fue tan tajante que Kim Donghwa sintió como si le hubieran dado un golpe en la nuca. No esperaba una respuesta tan clara.
Cuando volvió a parpadear sorprendido, su padre atrajo suavemente la cabeza de su madre para que descansara sobre su hombro y la instó con dulzura:
—Explícale un poco más.
Parecía que estaban presumiendo delante de él de la tranquilidad propia de una pareja con años de experiencia. Nunca los había visto pelear, y sabía que su padre adoraba incluso las ocurrencias de su madre, que de vez en cuando podían dejar a cualquiera desconcertado, pero a veces verlos así le hacía fruncir el ceño.
Al ver que volvía a ponerse serio, su madre soltó una sonora carcajada y le dio juguetonamente una palmada en el muslo a su padre.
—Yo terminé con tu papá y volví con él varias veces, ¿sabes?
—¿De verdad?
—Claro. Cuando sales con alguien, a veces terminas. Además, terminar después de haber sido pareja es diferente a hacer ese tipo de cosas siendo solo amigos. ¿Pensaste que, aunque ustedes terminaran, eso afectaría nuestra amistad? Hijo, por muy estupendo que seas y por mucho que hayas salido a tu padre, eres demasiado consciente de ti mismo.
Vaya.
Jamás imaginó que algún día escucharía a su madre decirle que era demasiado consciente de sí mismo.
—Tengo que llamar a Jiwoo.
—Sí, adelante.
Mientras Kim Donghwa seguía aturdido, sin terminar de comprender la situación, su madre se levantó y entró diciendo que iba a llamar a la madre de Wi Woori.
Kim Donghwa continuó moviendo sus grandes ojos de un lado a otro. Su padre, que lo observaba inexpresivamente desde el otro lado, chasqueó la lengua para llamar su atención.
—Donghwa.
—Sí.
—¿Desde cuándo te gusta Woori? Tengo curiosidad.
—Desde hace mucho. Desde que era pequeño.
—Con razón nunca saliste con una chica.
Su padre se recostó cómodamente, como si su curiosidad hubiera quedado satisfecha. Kim Donghwa siempre había supuesto que a su padre no le interesaba el tema porque jamás le hacía las típicas preguntas como «¿No tienes novia?», incluso cuando los padres de Wi Woori sí lo hacían. Pero parecía que simplemente se había contenido por respeto a la privacidad de su hijo.
Una vez más, Kim Donghwa agradeció la consideración de su padre.
Cuando sonrió tímidamente, su padre esbozó una sonrisa y lo reprendió en broma:
—Mocoso.
—Si hubieras dicho desde el principio que estaban saliendo, no habrías tenido que pasar por todo esto.
—Bueno, es que los dos somos hombres…
Aunque la sociedad se estaba volviendo cada vez más tolerante, seguía siendo habitual que, cuando alguien cambiaba, los demás preguntaran: «¿Te manifestaste?». Y aunque sus padres habían aceptado su manifestación y eran personas de mente abierta, pertenecían a una generación que no estaba acostumbrada a las relaciones homosexuales.
A pesar de que su padre había pasado décadas en la industria del entretenimiento y conocido a toda clase de personas, Kim Donghwa no había estado seguro de que aceptaría con tanta naturalidad la homosexualidad.
Sin embargo, su padre se encogió de hombros como si no fuera gran cosa.
—Bueno, es como tener un segundo género, ¿no? Lo de la manifestación.
—Sí, así es.
—Entonces fue bueno que te manifestaras, ¿no?
—En cierto modo, sí.
—De todas formas, no peleen y llévense bien. Y está bien que hayan usado condón.
—…
Ah.
No esperaba que se lo dijera directamente a la cara.
Sintiendo que el rostro se le calentaba de golpe, Kim Donghwa se aclaró la garganta, y su padre soltó una risita traviesa. Parecía estar disfrutando bastante de molestar a su único hijo.
—No los separamos porque los consideremos unos niños. Como padres, pensamos que al menos debíamos darles una protección mínima. Si hubiera sido algo puramente físico, sin que existiera una relación entre ustedes, habríamos tenido que tomar otras medidas. Por eso decidimos separarlos y observar qué ocurría.
Kim Donghwa no supo qué responder. Se limitó a mover los ojos de un lado a otro mientras su padre bebía tranquilamente su café frío y continuaba dándole toda clase de consejos, la mayoría relacionados con la educación sexual y las relaciones de pareja.
A diferencia de Kim Donghwa, cuyo rostro se había enrojecido de vergüenza, su padre seguía completamente imperturbable bajo las brillantes luces y ante las personas que pasaban cerca.
Muy propio de él.
Como había recibido educación sexual de esa manera desde pequeño, Kim Donghwa no pudo hacer más que asentir y aceptar sus palabras.
Bueno, tampoco era como si estuvieran haciendo algo malo. Ahora que su relación había salido a la luz, ya no tenían nada que esconder.
—¡Hijo!
Cuando por fin terminó la llamada, su madre regresó con sus pasitos ligeros y, como atraída por un imán, se acurrucó entre los brazos de su padre. A diferencia de su padre o de él, su madre era pequeña y adorable, y una sonrisa traviesa iluminaba su rostro.
Sintiendo cierta inquietud al verla así, Kim Donghwa apretó ligeramente los labios.
De repente…
—¡Tarán!
Una mano apareció frente a él.
—¿Eh?
—Date prisa y ve a recogerlo. Cuando se lo dije a Jiwoo, me respondió: «¿Por qué todavía no has mandado a Donghwa?».
—Pero ¿por qué esto? Puedo ir a recogerlo sin más.
Lo que había caído en la palma de Kim Donghwa no era otra cosa que la llave de un auto.
Y no la de cualquier auto, sino una con el logotipo de una lujosa marca extranjera cuyo precio era exorbitante.
Si hubiera sido Wi Woori, probablemente habría saltado de alegría, pero Kim Donghwa era diferente. Seguía sin tener demasiadas ganas de conducir, así que aquello no lo emocionaba especialmente. Mientras alternaba inexpresivamente la mirada entre la llave y sus padres, su padre suspiró y frotó la mejilla contra la cabeza de su madre.
—¿Ves? Te dije que todavía no tiene interés en conducir.
—¡Vamos! Empieza a conducir de una vez, hijo. ¿Sabes cuánto pensó tu papá para escoger este auto para ti?
Después vino aquel extraño regaño de «¿Quién eres tú para rechazar el regalo que preparó tu marido?».
Kim Donghwa miró de reojo a su padre. Su padre, que tenía un aire mucho más digno que él, se rascó incómodamente una ceja y apartó la mirada.
—Si no lo quiere, no lo obliguemos. Ya lo pedirá cuando lo necesite.
—No, gracias.
Sintiendo un poco de pena por ellos, aceptó rápidamente la llave. Tampoco tenía ningún motivo para rechazar un regalo, y conducir no era algo especialmente difícil.
Cuando les dio las gracias y volvió a mirar despreocupadamente la llave, por fin apareció una sonrisa en el rostro de su padre. Le dijeron que, a su edad, ya debería empezar a interesarse por los autos y que, si ese no le gustaba, siempre podían escoger otro modelo.
Kim Donghwa se limitó a sonreír ampliamente.
Después de todo, era la viva imagen de su padre. Si el auto encajaba con los gustos de su padre, seguramente también encajaría con los suyos.
—Ya me voy.
—Sí, pero deberías limpiar un poco la casa. Esta vez mandamos a alguien a hacerlo, pero de ahora en adelante intenta mantenerla limpia.
—Ah, es que esta vez todo fue muy caótico.
—Sí, supongo.
Era verdad.
Pero a esas alturas, ¿qué sentido tenía discutir por cada pequeño detalle?
Kim Donghwa simplemente estuvo de acuerdo y subió al auto mientras sus padres permanecían junto a la entrada para despedirlo. Cuando presionó el botón de encendido, una expresión de orgullo se extendió por el rostro de su padre.
Kim Donghwa introdujo en el navegador la dirección de la casa de campo de Wi Woori y bajó la ventanilla para agradecerles una vez más. Después de decirles que llamaría más tarde, pisó el acelerador.
El auto fue ganando velocidad gradualmente sin producir prácticamente ningún ruido de motor. Se notaba que lo habían escogido con cuidado, y le gustaban tanto el diseño exterior como el interior.
Una tenue sonrisa de alegría comenzó a dibujarse en los labios de Kim Donghwa.
[Wi Wi]
El familiar nombre con el que tenía guardado el contacto apareció en la pantalla del navegador del auto. El tono de llamada resonó por el interior y, poco después, se escuchó la alegre voz de Wi Woori.
—¡Kim Donghwa!
—Sí, voy en camino a recogerte.
—¿A recogerme? ¿Vienes en bicicleta?
Por mucho que le gustaran las bicicletas, tampoco iba a recorrer en una todo el camino hasta allí.
Sin embargo, aquel pensamiento era tan propio de Wi Woori que Kim Donghwa no pudo evitar reírse. Acarició suavemente el volante y respondió:
—No, mi papá me regaló un auto.
—Vaya, tu papá sí que es generoso. ¿Por qué te regaló uno? Ni siquiera le dijiste la verdad desde el principio.
—¿Qué pasa? ¿Te estás quejando? Tú también estabas metido en esto, ¿no?
—Me gusta. ¿Cuándo llegas? Hablemos cuando nos veamos.
—Me falta como una hora.
Por suerte, era un día entre semana y la hora tampoco coincidía con el tráfico, así que no había demasiados autos en la carretera. Aunque hablaban de «el campo», la casa de Wi Woori se encontraba en las afueras de Gyeonggi-do.
A medida que se acostumbraba a conducir, fue aumentando gradualmente la velocidad.
El navegador indicaba que faltaba una hora y media, pero Kim Donghwa estaba seguro de que podía reducir el trayecto a una hora. Después de despedirse brevemente hasta que se vieran, terminó la llamada.
Una canción animada, perfecta para conducir, comenzó a llenar el interior del auto y, mientras avanzaba velozmente por la autopista, Kim Donghwa aceleró rumbo a donde estaba Wi Woori.
⛧⛧⛧
—¡Kim Donghwa!
Wi Woori ya estaba esperando fuera de la entrada, pues había salido con anticipación. Incluso llevaba preparado un pequeño bolso.
Aunque al principio Kim Donghwa tuvo algunas dificultades para estacionar porque todavía no estaba acostumbrado al ancho del auto, enseguida le tomó la medida y consiguió aparcar.
Antes de que siquiera pudiera bajar del asiento del conductor, Wi Woori ya había llegado a la parte trasera del auto. Abrió el maletero con facilidad y arrojó dentro su bolso como si supiera perfectamente lo que hacía.
—¡Oye! ¡Este auto está increíble! ¿Debería pedir que me compren uno a mí también?
—Mejor compartamos este. Es un fastidio tener que mantener varios autos en casa.
—Ah, está bien. ¡Como sea, vámonos!
—¿No vas a despedirte?
—No. Definitivamente no.
Wi Woori negó enérgicamente con la cabeza, como si la sola idea ya lo agotara, y se apresuró a subir al asiento del copiloto.
Entonces se aclaró la garganta, como si estuviera preparándose para hacer algo.
Curioso, Kim Donghwa lo observó atentamente.
Wi Woori cerró suavemente los ojos y comenzó a imitar a alguien.
—«Vete de una vez y hagan lo que quieran ustedes dos. ¡Dile a Donghwa que ni siquiera hace falta que entre a despedirse! Ay, si están saliendo, deberían haberlo dicho. ¿Por qué nos convierten a nosotros en los malos padres que los separan a la fuerza?».
—¿Eh?
—Eso dijo mi mamá. Nos dijo que nos largáramos.