Una relación sin importancia - Capítulo 45
Ni siquiera podía bromear con Woori. Al ver que tenía una pierna medio levantada, lista para darle una patada, Donghwa se apresuró a darle la respuesta que quería escuchar.
Woori sonrió ampliamente y le pasó un brazo por los hombros. Cuando le preguntó si hablaba en serio, respondió que sí; y cuando le dijo que podía retractarse si solo lo había dicho porque lo estaba presionando, Donghwa le respondió con un beso silencioso.
—¿Por qué dices cosas que no sientes si armarías un escándalo si de verdad te mordiera?
—Eh, quería ver si realmente lo harías. Te rompería la espinilla, Kim Donghwa.
Woori sonrió con picardía y se acomodó con naturalidad entre sus brazos. Aunque el clima se volvía cada vez más caluroso y llevaban ropa más ligera, el contacto de la piel desnuda no resultaba incómodo en absoluto.
Si hubiera sido cualquier otra persona, incluso Kim Chanyoung, probablemente lo habría apartado diciendo: «Hace calor, quítate» o «¿Qué haces? Qué asco». Pero Woori era diferente.
Simplemente era demasiado bonito.
En lugar de incomodidad, Donghwa se sentía más ligero, como si las refrescantes feromonas de Woori relajaran todo su cuerpo.
Entonces, de repente, recordó que todavía no había experimentado su primer rut. Mientras mantenía a Woori entre sus brazos, Donghwa desvió la mirada pensativamente. También recordó que Woori no había tenido un celo desde su manifestación.
En cuanto cayó en cuenta de ello, se volvió muy consciente de las feromonas de Woori, que últimamente estaban particularmente intensas.
Mmm.
Donghwa frunció el ceño y gruñó inconscientemente.
¿Está bien que estemos tan cerca?
Pero, pensándolo bien, ¿por qué no? Ambos tomaban sus supresores puntualmente y tenían anticonceptivos en casa por si acaso. Además, incluso tenían píldoras anticonceptivas recetadas directamente por el hospital.
Quizá pueda relajarme un poco.
Mientras ladeaba la cabeza, sumido en sus pensamientos, el dedo de Woori le picó de repente la mejilla.
Con la mejilla hundida por la presión, Donghwa desvió los ojos hacia Woori. Cuando alzó las cejas como preguntándole «¿Qué haces?», Woori respondió levantando las suyas de manera todavía más exagerada.
—Puedo oírte pensar demasiado, Kim Donghwa.
—¿Qué eres, un fantasma?
Esta vez, Donghwa le picó la frente a Woori. Este negó con la cabeza mientras emitía un sonido de desaprobación y movía el dedo al mismo ritmo.
—No pienses demasiado. Sé que eres inteligente, pero se te dan fatal estas cosas.
—¿Y qué estoy pensando?
—No lo sé, pero seguro que es algo innecesario. No saques ninguna conclusión; todo lo que estás pensando está mal.
Eso no puede ser.
Donghwa estaba seguro de que a Woori le agradaría la conclusión tan impropia de él a la que había llegado: por una vez, dejarse llevar por sus instintos.
⛧⛧⛧
Cuando llegaron a casa, los dos se sentaron uno al lado del otro, entrechocando sus vasos y bebiendo sin contenerse. En apenas tres horas habían discutido cuatro veces, se habían reconciliado otras cuatro y habían intercambiado la misma cantidad de besos y piquitos.
Después de ducharse, Kim Donghwa encontró a Wi Woori tumbado sobre su cama como si aquello fuera lo más natural del mundo, y soltó una risita.
No hacía falta preguntarle qué estaba haciendo.
Woori, vestido únicamente con ropa interior y cubriéndose perezosamente la parte inferior del cuerpo con una manta, estaba recostado de lado mientras daba unas palmaditas despreocupadas al espacio junto a él.
—¿Qué haces?
Cuando Donghwa lo miró con incredulidad, Woori sonrió con picardía y balanceó las piernas. Sus ojos, nublados por el alcohol, brillaban traviesamente, e incluso le lanzó un guiño que lo hacía parecer todavía más descaradamente provocador.
Y eso no era todo. Sus piernas desnudas y pálidas, expuestas porque no llevaba pantalones, y aquellos labios rojos y carnosos que sobresalían ligeramente mientras guiñaba un ojo eran una provocación en toda regla.
Donghwa suspiró, apoyó las manos en la cintura y ladeó la cabeza. Intentó fingir indiferencia, pero, a pesar de sus esfuerzos, podía sentir un calor pesado acumulándose en su bajo vientre debido a las incesantes provocaciones de Woori.
—¿Esa es tu cama? ¿Por qué estás acostado ahí?
—Te estoy diciendo que quiero dormir junto a mi novio. ¿Qué te importa?
—¿Estás bromeando o qué? ¿Se te trabó la lengua por beber?
—¡Vaya! ¿Así que podemos salir juntos, pero no podemos dormir uno al lado del otro después de haber hecho de todo?
El frágil tratado de paz que apenas habían conseguido establecer estaba a punto de venirse abajo. Parecía que las chispas podían volver a saltar en cualquier momento.
Woori frunció profundamente el ceño y golpeó el colchón con frustración. Al verlo, Donghwa solo pudo pensar una cosa.
«No debería dejarlo beber».
Le resultaba increíble que Woori lograra cumplir de algún modo la regla de no hacer llamadas cuando estaba borracho y, aun así, sus borracheras parecieran empeorar cada vez más.
Al ver cómo Woori perdía la cabeza cada vez que bebía, Donghwa suspiró. La próxima vez tendría que vigilarlo mucho mejor.
—Entonces, ¿no vas a acostarte? ¿Vas a hacerte el difícil? ¿Aunque estoy aquí acostado así?
La manta revoloteó violentamente cuando Woori empezó a darle patadas, como si quisiera apremiarlo para que se acercara de una vez. Si seguía resistiéndose, probablemente Woori terminaría rebotando fuera de la cama.
Al final, Donghwa negó con la cabeza y suspiró.
Entonces se lanzó sobre la cama.
En cuanto quedó tumbado boca abajo, Woori le puso una mano en el trasero con total naturalidad y lo atrajo hacia él.
La manera en que Woori se retorció hasta acomodarse entre sus brazos resultaba adorable sin siquiera intentarlo. Ambos tenían una complexión bastante robusta, así que no había una gran diferencia de tamaño entre ellos, pero la forma en que Woori se encogía para caber en el abrazo de Donghwa era infinitamente tierna.
Donghwa deslizó un brazo bajo el cuello de Woori y lo rodeó por los hombros, abrazándolo. En cuanto lo atrajo un poco hacia sí, Woori apoyó instintivamente la cabeza sobre su brazo y se acurrucó contra él.
—Buenas noches, Kim Donghwa.
El suave saludo pareció resonar desde su propia garganta.
Donghwa susurró dulcemente mientras jugueteaba con la suave mejilla de Woori.
—Buenas noches. Me gustas.
Los rojos y carnosos labios de Woori se curvaron ligeramente y, así, sus respiraciones acompasadas se entrelazaron con suavidad.
Algo cálido y pesado rozó entre sus cuerpos, pero ambos fingieron no darse cuenta.
⛧⛧⛧
En cuanto salió del edificio, Kim Donghwa se dirigió directamente a la zona de fumadores y encendió un cigarrillo.
Había sido un rato insoportablemente aburrido.
¿Acaso un verdadero fin de semana no era aquel en el que podías descansar hasta el lunes?
Desde que había entrado a la universidad, de algún modo había conseguido mantener libres los lunes. Pero hoy había tenido que romper esa regla y arrastrarse hasta la universidad.
De todos los días posibles, el único en que los miembros de su equipo podían reunirse era el lunes.
Todos estaban demasiado ocupados: saliendo con alguien, preparándose para obtener certificaciones o atendiendo otros compromisos. Por eso habían programado la reunión para el lunes por la mañana.
¿Esto tiene algún sentido?
Mientras tanto, Wi Woori probablemente seguía enterrado entre las suaves sábanas, disfrutando de un largo y tranquilo sueño.
Pensarlo lo irritaba.
En vez de estar acostado junto a Woori, había tenido que arrastrarse hasta la universidad para lidiar con gente que ni siquiera le agradaba demasiado.
Kim Donghwa dio una profunda calada al cigarrillo y expulsó el humo con un suspiro. Las pálidas volutas se acumularon en el aire antes de desvanecerse, solo para ser cubiertas de nuevo por la siguiente exhalación lenta.
El trabajo grupal tampoco era nada especial. Solo tenían que leer unos cuantos libros, comentar sus impresiones y escribir un informe que reflejara las opiniones de los integrantes del equipo.
Pero, por supuesto, habían escogido libros que consideraban «útiles para conseguir empleo». Libros de autoayuda, ensayos populares, incluso novelas clásicas… Y no era uno ni dos: eran demasiados.
Y eso no le gustaba.
El grupo de Wi Woori había elegido un solo libro para discutirlo entre todos.
Entonces, ¿por qué su grupo tenía que ser así?
No es que quisiera proponer activamente un plan más eficiente. Él no era Wi Woori y no tenía ningún interés en hacer algo que ayudara a otros tipos a mejorar sus calificaciones.
Sumido en esos pensamientos, Kim Donghwa apagó el cigarrillo consumido en el cenicero y se puso otro entre los labios.
Entonces, casi sin pensarlo, bajó la mirada hacia su teléfono.
Ningún mensaje.
Wi Woori no se había comunicado con él en absoluto. Probablemente seguía durmiendo.
Aunque le había repetido una y otra vez que le escribiera en cuanto despertara, el teléfono silencioso se sentía injustamente frío.
Sería perfecto vernos a la hora del almuerzo y comer juntos…
Pero, si todavía estaba dormido, quizá sería mejor volver directamente a casa en lugar de quedarse esperando. Después de todo, siempre podían pedir comida a domicilio.
Tsk.
Kim Donghwa chasqueó la lengua y encendió otro cigarrillo. Después de guardar el teléfono en el bolsillo trasero, su mirada se posó sobre la bicicleta que había comprado junto con Wi Woori.
En cuanto la vio, una sonrisa apareció naturalmente en su rostro.
—Deberíamos salir a andar antes de que haga todavía más calor…
El clima ya empezaba a ser insoportable. La luz del sol no era simplemente cálida: picaba sobre la piel, y bastaba con permanecer unos minutos afuera para comenzar a sudar.
Y Wi Woori era especialmente sensible al calor.
Pensar en convencerlo de salir a andar en bicicleta antes de que el verano golpeara con toda su fuerza hizo desaparecer toda la irritación que había sentido hasta entonces, como si nunca hubiera existido.
⛧⛧⛧
¿Todavía no te levantas?
Kim Donghwa le envió un mensaje al aún silencioso Wi Woori antes de subirse a la bicicleta.
Una oleada de calor le atravesó el trasero. La había estacionado a la sombra precisamente para evitar aquello, pero parecía que el sol se había desplazado mientras él estaba ocupado con aquella breve reunión.
Pensando en comprar un poco de helado de camino a casa, se puso los audífonos. Después de conectarlos al teléfono, reprodujo una de sus canciones melódicas favoritas.
Una brisa fresca agitó su flequillo. El ondear de su ropa y la sensación de cómo su piel acalorada iba refrescándose poco a poco resultaban agradables.
Quizá no estaba irritado únicamente porque hubiera tenido que ir a la universidad en su día libre.
Solo pensar que volvía a casa para ver a Wi Woori lo ponía de buen humor.
Entonces, quizá… no era la universidad en sí lo que le desagradaba.
Simplemente no le gustaba estar allí sin Wi Woori.
Aunque a estas alturas ya debería estar acostumbrado a esos sentimientos, no pudo evitar soltar una risita al pensar en lo abrumadores que podían llegar a ser cuando surgían de aquella manera.
Era vergonzoso y, al mismo tiempo, incómodo.
Kim Donghwa se aclaró la garganta sin motivo y pedaleó con más fuerza. Las ruedas cobraron impulso y avanzaron rápidamente.
Mientras aumentaba la velocidad contra el viento, este chocaba contra su cuerpo y se arremolinaba a su alrededor con una frescura reconfortante.
Una amplia sonrisa se extendió por su rostro y sus mejillas se sonrojaron de una manera adorable.
Todo por culpa de Wi Woori.
La distancia entre la universidad y su casa no era mucha, así que incluso en bicicleta el trayecto fue rápido.
En cuanto entró al complejo del officetel, escuchó el teléfono sonar a través de los audífonos.
Kim Donghwa bajó de la bicicleta de un solo movimiento y sacó el teléfono sin dudarlo.
—¿Qué? ¿Apenas te estás despertando?
Contestó fingiendo brusquedad, pero las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba.
Por fin.
La llamada de Wi Woori que tanto había esperado finalmente había llegado.
Aunque ya era casi la hora del almuerzo, no obtuvo ninguna respuesta inmediata del otro lado de la línea.
—¿Wi Woori?
Lo llamó otra vez.
Esta vez, un gemido llegó a través del altavoz.
El pesado suspiro que siguió hizo que un escalofrío inesperado le recorriera la espalda. Una sensación de hormigueo le atravesó el cuero cabelludo, desconocida e inquietante.
Kim Donghwa sacudió vigorosamente la cabeza, como si quisiera expulsar los pensamientos sugerentes que empezaban a colarse en su mente.
—Kim Donghwa.
La voz de Wi Woori, alargada con un ligero tono de aegyo, también sonaba quebrada. Por lo ronca que estaba, era evidente que había dormido profundamente.
—Parece que dormiste muy bien.
—Me siento raro.
—¿Estás enfermo?
Kim Donghwa preguntó mientras volvía a sentarse sobre el asiento de la bicicleta.
Aunque Wi Woori tenía buen apetito, dejaba de comer cuando se sentía mal. Pensó que quizá sería buena idea comprar un poco de sundubu jjigae, que Woori siempre comía incluso cuando estaba enfermo.
Estaba a punto de apoyar el pie sobre el pedal, pensando que también sería conveniente comprar algún medicamento para el resfriado, cuando…
—No sé… quizá entré en celo.