Un frágil personaje de relleno - Capítulo 24

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Había llamado deliberadamente a Liu Qingzhi «Xiao Zhi», usando una forma de dirigirse a él mucho más íntima.

Casi deseaba exhibir ante todos lo buena que era su relación con Liu Qingzhi. Por supuesto, a quienes más quería hacérselo notar era a Huo Zheng y los demás.

Sin embargo, aunque ahora aparentaba estar muy tranquilo, en realidad, cuando pronunció aquel apodo, estaba terriblemente nervioso, temiendo que Liu Qingzhi pudiera sentirse ofendido por su atrevimiento.

Después de todo, ¿qué subordinado se dirigía de una manera tan íntima a su jefe?

Era una completa falta de respeto a la jerarquía.

Precisamente por estar tan nervioso, al instante siguiente, cuando Liu Qingzhi le lanzó una mirada de soslayo, aunque esta fuera bastante indiferente, Zhao Jiayan se estremeció de inmediato.

Se enderezó frente a él al instante, como alguien que hubiera cometido un error y estuviera preparado para recibir una reprimenda en cualquier momento.

Por suerte, el resultado fue ideal.

Había ganado la apuesta.

Liu Qingzhi no dijo nada sobre la forma en que lo había llamado.

Tampoco reaccionó con demasiada intensidad.

Al menos, no tanto como cuando escuchaba las palabras «Carnicero Nocturno».

Parecía que, mientras no se tratara de un apodo tan horrible y ridículamente anticuado como «Carnicero Nocturno», a Liu Qingzhi no le importaba demasiado cómo lo llamaran las personas a su alrededor.

Al comprenderlo, toda la tensión de Zhao Jiayan desapareció de inmediato.

En su lugar surgió la alegría de saber que, a partir de ahora, podría llamarlo de aquella forma tan íntima.

Las comisuras de sus labios se elevaron de manera incontenible. Bajo sus mechones ligeramente rizados, sus facciones rebosaban alegría, y toda su persona transmitía una energía luminosa y juvenil.

Zhao Jiayan estaba encantado.

Pero Huo Zheng y los otros cuatro, al ver a Liu Qingzhi, experimentaron emociones mucho más complejas.

Las pupilas de Xiao Xiangyang se contrajeron.

—¿Liu Qingzhi? —exclamó, atónito.

Se frotó los ojos y preguntó sin pensar:

—¿Cómo es que estás aquí?

Jiang Yu, situado a su derecha, no dijo nada, pero la sorpresa en sus ojos no era menor que la de Xiao Xiangyang.

Los hermanos Wei Ziming y Wei Wen, al otro lado, también mostraron una expresión de absoluto desconcierto.

Incluso Huo Zheng quedó momentáneamente aturdido por la aparición de Liu Qingzhi.

Zhao Jiayan recorrió uno por uno los rostros de los cinco y su estado de ánimo mejoró todavía más.

—¿Y por qué no podría estar aquí?

Miró a Xiao Xiangyang, que había sido el primero en hablar, y lo contradijo sin ninguna cortesía:

—Por cómo lo dices, parece que este lugar estuviera reservado exclusivamente para ustedes.

Sin embargo, Xiao Xiangyang no respondió.

Contrario a su comportamiento habitual, lo ignoró y continuó mirando fijamente a Liu Qingzhi.

Los otros cuatro tampoco apartaron la mirada de él.

Ya antes, debido a que la figura del Carnicero Nocturno se parecía a la de Liu Qingzhi, todos habían pensado involuntariamente en él.

Ahora, al verlo aparecer, volvieron a comparar instintivamente su figura con la de aquel misterioso experto.

Y cuanto más comparaban, mayor era el parecido.

Tanto la estatura como la constitución eran prácticamente idénticas.

Pero…

¿Cómo podía Liu Qingzhi ser el Carnicero Nocturno?

Seguía siendo lo mismo: que sus figuras fueran parecidas no demostraba nada.

De hecho, en ese momento, más que comparar a Liu Qingzhi con el Carnicero Nocturno, lo que verdaderamente les importaba era que Liu Qingzhi estuviera allí.

Liu Qingzhi no pertenecía a ningún equipo de recolectores.

Había seguido a Huo Zheng y a su grupo, compartía la comida de Huo Zheng y, normalmente, ellos también velaban por su seguridad debido a este último.

Por eso, desde siempre lo habían considerado una carga.

El apocalipsis no necesitaba inútiles.

Y un inútil orgulloso y delicado solo conseguiría provocar el rechazo de los demás.

Sin embargo, desde el día en que decidieron, en la planta de tratamiento de aguas residuales, que un mes después abandonarían a Liu Qingzhi, algo había cambiado en él.

Liu Qingzhi hablaba menos.

O, mejor dicho, se comunicaba menos con ellos.

Su relación había pasado de que ellos lo ignoraran unilateralmente a que ambas partes se ignoraran mutuamente.

Y, curiosamente, aquel Liu Qingzhi había conseguido que le prestaran más atención que antes.

Quizá precisamente por eso, cuando subieron al vehículo para dirigirse a la estación, no se sintieron tan relajados como habían imaginado.

Durante el camino, inevitablemente pensaron varias veces en Liu Qingzhi, a quien habían dejado atrás en la prisión de Wag.

Liu Qingzhi no sabía luchar y era demasiado débil.

Por sí solo, no podía sobrevivir en el apocalipsis.

Incluso con Zhao Jiayan acompañándolo, nadie sabía cuánto tiempo podrían resistir.

Pero, por mucho que pensaran en ello, al final la realidad y la razón dominaron sus pensamientos.

No cambiaron su decisión.

Después de todo, no tenían ninguna relación con Liu Qingzhi y tampoco obligación alguna de seguir responsabilizándose por su seguridad.

Sin embargo, justo cuando creían que nunca volverían a tener ninguna relación con él…

Liu Qingzhi, la persona que menos debería haber aparecido allí, estaba ante sus ojos en aquella estación.

Había llegado únicamente con Zhao Jiayan.

Después de que ellos lo abandonaran, había vuelto a aparecer ante ellos.

Y esta vez…

La sensación era difícil de describir.

Comparados con Huo Zheng y los demás, los otros supervivientes presentes en la estación reaccionaron de una manera mucho más sencilla al ver a Liu Qingzhi.

Si hubiera que resumirlo en dos palabras, probablemente serían:

Deslumbrantemente hermoso.

Aquel día tampoco había sol y el cielo seguía cubierto por pesadas nubes. Quizá debido a la lluvia de la noche anterior, la luz natural parecía especialmente limpia.

Liu Qingzhi estaba de pie junto a Zhao Jiayan.

Detrás de él se encontraba la entrada de la estación, y la luz que descendía del cielo iluminaba su cuerpo, delineando su figura delgada y esbelta.

Sus facciones eran pequeñas y delicadas.

Su barbilla era afilada.

Sus labios, muy pálidos, parecían pétalos cubiertos de rocío matutino.

Bajo la luz del día, su piel pálida y fina parecía jade frágil e impecable.

Incluso sus suaves cabellos caídos parecían teñidos por destellos de luz.

Liu Qingzhi no prestaba atención a las miradas que recaían sobre él.

En el fondo de sus ojos negros, intensos como una pintura al óleo, había una despreocupada languidez.

Sin embargo, como en ese momento tenía los párpados ligeramente entornados y sus largas y densas pestañas ocultaban parcialmente sus iris, ante los ojos de los demás parecía aún más una delicada flor de peral incapaz de soportar su propio peso, impregnada por una enfermiza frialdad semejante al viento y la nieve.

Pálido.

Frágil.

Y asombrosamente hermoso.

De pie allí, parecía pertenecer a una capa distinta de la realidad.

Por un instante, daba la impresión de no formar parte de aquel apocalipsis donde el orden se había derrumbado y solo quedaban el salvajismo y el saqueo.

Era demasiado hermoso.

Y también demasiado frágil.

En los ojos de algunas personas apareció cierta compasión.

Si una belleza tan débil realmente subía al tren NR, probablemente acabarían devorándolo hasta no dejar ni los huesos.

Si aquello hubiera ocurrido antes del apocalipsis, al encontrarse con alguien tan hermoso, seguramente muchos no habrían podido evitar acercarse y ofrecerle ayuda.

Pero estaban en el fin del mundo.

Cuando ellos mismos apenas podían evitar morir de hambre, contenerse y no hacerle nada ya era la última muestra de bondad que podían ofrecer.

Sin embargo, además de quienes miraban a Liu Qingzhi con compasión y lástima, había un pequeño grupo cuyas miradas eran mucho más directas.

Esas personas desprendían claramente el aura de criminales.

Sus ojos eran especialmente feroces y, después de la sorpresa inicial ante su belleza, en sus rostros aparecieron casi de inmediato la codicia y la brutalidad.

El fuerte devoraba al débil.

Los poderosos delimitaban sus territorios.

Los débiles no eran más que hormigas.

En aquel apocalipsis, donde lo normal era que los recolectores formaran equipos numerosos, Liu Qingzhi y Zhao Jiayan eran solo dos personas.

Era completamente natural que alguien pusiera los ojos sobre ellos.

Aquellos hombres ignoraron directamente a Zhao Jiayan.

Para ellos, Liu Qingzhi, enfermizo, delicado y aparentemente fácil de someter, no era más que un cordero apetitoso.

Sus miradas parecían pegadas a él, siguiéndolo sin descanso.

Zhao Jiayan frunció el ceño.

Sin hacer ruido, se interpuso para bloquear aquellas miradas maliciosas.

Sin embargo, él era una sola persona.

Y aquellas miradas omnipresentes eran como gusanos repugnantes arrastrándose por una alcantarilla, intentando colarse por cualquier espacio que Zhao Jiayan no pudiera cubrir.

Su expresión se enfrió por completo.

Justo cuando estaba a punto de advertirles, Huo Zheng, Jiang Yu y los demás se acercaron de repente.

Los cinco no intercambiaron una sola palabra.

Pero, como si se hubieran puesto de acuerdo, se colocaron de tal manera que bloquearon por completo aquellas miradas.

Con Huo Zheng y los otros cuatro cerca, las personas que ya no podían ver a Liu Qingzhi fueron retirando gradualmente la vista.

Zhao Jiayan resopló suavemente.

Después encontró rápidamente un rincón relativamente tranquilo y se volvió hacia Liu Qingzhi.

—Xiao Zhi, siéntate aquí.

Al escuchar nuevamente aquel apodo en boca de Zhao Jiayan, el rostro de Xiao Xiangyang se contrajo ligeramente.

En realidad, no habría sido tan extraño si lo hubiera dicho con normalidad.

Pero aquel tipo había cambiado deliberadamente el tono.

Sonaba demasiado afectado.

Zhao Jiayan ignoró a Xiao Xiangyang.

Una vez que Liu Qingzhi se sentó, sacó con total naturalidad una botella de agua de la mochila, desenroscó la tapa y se la entregó.

—Xiao Zhi, bebe agua.

Al verlo actuar de una manera tan servicial, esta vez no solo Xiao Xiangyang, sino incluso Jiang Yu no pudo evitar decir:

—Sigues siendo igual de adulador.

Aunque se dirigía a Zhao Jiayan, sus ojos se desviaron hacia Liu Qingzhi, aparentemente queriendo observar su reacción.

Pero Liu Qingzhi ni siquiera le prestó atención.

Ni siquiera miró en su dirección.

Jiang Yu apretó ligeramente los labios y enseguida apartó la vista.

Zhao Jiayan, naturalmente, no pasó por alto aquellos pequeños detalles.

Arqueó una ceja con cierta satisfacción.

—Otros querrían adularlo, pero Xiao Zhi ni siquiera les daría la oportunidad.

Su tono rebosaba orgullo.

Jiang Yu dejó de hablar.

En realidad, desde el instante en que vio aparecer a Liu Qingzhi, sus pensamientos habían quedado completamente alterados.

Aunque exteriormente no mostraba demasiadas emociones, por dentro estaba lejos de sentirse tranquilo.

Durante aquellos tres días había pensado en Liu Qingzhi más de una vez.

Especialmente después de ver al Carnicero Nocturno aquella noche, había pensado repetidamente en Liu Qingzhi, a quien habían abandonado en la prisión de Wag.

No sabía si, en algún momento, aquella opresión que sentía en el pecho había sido arrepentimiento.

Pero en el instante en que volvió a ver a Liu Qingzhi, pudo estar seguro de una cosa.

Después de la sorpresa inicial, lo que había surgido desde el fondo de su corazón era alivio.

Un alivio acompañado de alegría.

Se alegraba de haber encontrado a Liu Qingzhi allí.

Y, al mismo tiempo que aparecía aquel alivio, la irritación que llevaba tres días oprimiéndole el pecho desapareció por completo.

Jiang Yu sabía perfectamente lo que significaba.

Evidentemente, Liu Qingzhi le importaba mucho más de lo que él mismo había creído.

Además, quizá porque el Carnicero Nocturno le había causado una impresión demasiado profunda aquella noche y la figura de Liu Qingzhi se parecía tanto a la de aquel misterioso hombre, cuando volvió a verlo sintió incluso una fugaz sensación de calor recorriendo su sangre.

Solo duró un instante.

Pero fue demasiado real para ignorarla.

Y Jiang Yu no era el único que había experimentado algo semejante.

También Wei Wen, quien había sido rescatada personalmente por el Carnicero Nocturno.

Ahora Liu Qingzhi estaba sentado aproximadamente a un metro de ella.

Wei Wen observó a aquella persona a quien antes siempre había ignorado y descubrió que, por más que lo intentara, ya no podía tratarlo como si fuera invisible.

No solo eso.

Incluso quería acercarse y hablar con él.

No importaba de qué.

Simplemente quería conversar con Liu Qingzhi.

Era una sensación realmente extraña.

Wei Wen no quiso pensar demasiado en la razón y decidió atribuirlo al parecido entre Liu Qingzhi y el Carnicero Nocturno que la había salvado.

Como se parecían, su percepción de Liu Qingzhi también había cambiado.

Y precisamente por ese cambio, al descubrir que Liu Qingzhi también había llegado hasta allí, sintió alegría y un profundo alivio.

Wei Ziming, de pie junto a ella, pareció percibir lo que pensaba su hermana.

Le puso una mano sobre el hombro y le dio un par de suaves palmadas.

Aquel gesto parecía destinado a tranquilizar a Wei Wen.

Pero también daba la impresión de que él mismo intentaba ordenar alguna emoción en su interior.

—Anfitrión, sus emociones son cada vez más intensas —comentó el Slime, aprovechando que nadie podía verlo en su estado transparente para observar tranquilamente el espectáculo desde el hombro de Liu Qingzhi.

Después añadió con emoción:

—Comparándolos, Huo Zheng realmente hace honor a su papel como protagonista masculino del libro. Sigue siendo difícil descifrar las emociones de sus ojos.

Liu Qingzhi siempre decidía según su estado de ánimo si responder o no a las tonterías irrelevantes del Slime.

Esta vez tampoco se molestó en mirar al Huo Zheng que había mencionado.

Después de beber agua, devolvió la botella a Zhao Jiayan.

—Hola. Así que tú eres Liu Qingzhi.

En ese momento, una voz masculina grave, amable y educada llegó desde un punto diagonalmente frente a él.

Al escucharla, las cejas de Xiao Xiangyang y Jiang Yu se movieron al mismo tiempo.

Incluso Huo Zheng frunció el ceño casi imperceptiblemente.

La mirada de Liu Qingzhi pasó junto a Huo Zheng y se posó sobre el hombre que acababa de aparecer detrás de él.

Vestía como un sacerdote.

Parecía tener unos treinta años, era bastante alto y llevaba el cabello largo, algo poco práctico en el apocalipsis, recogido en una trenza que caía sobre uno de sus hombros.

Ah…

Era aquel charlatán que lo había llamado Carnicero Nocturno aquella noche.

Detrás del hombre caminaba un niño delgado.

Los ojos del pequeño brillaban intensamente y miraban a Liu Qingzhi con una curiosidad enorme.

Sin embargo, en cuanto abrió la boca, sus palabras cayeron como un trueno en un cielo despejado:

—¿Tú eres el Carnicero Nocturno?

En ese instante, todo el mundo guardó silencio.

La voz de Tong Ning todavía conservaba la inocencia propia de un niño y, como no había intentado bajar el volumen, sus palabras llegaron naturalmente a los oídos de los supervivientes que ya estaban pendientes de aquel grupo.

Antes de que Liu Qingzhi, Huo Zheng y los demás llegaran, aquellas personas ya habían estado hablando del Carnicero Nocturno.

No había nadie que no sintiera curiosidad por aquel misterioso y poderoso individuo.

Más aún porque, durante los últimos dos días, varios equipos de recolectores que habían quedado atrapados en situaciones peligrosas durante la noche habían terminado siendo salvados por aquel misterioso experto armado con una guadaña.

Sentían hacia el Carnicero Nocturno un respeto instintivo, además de sincera admiración y gratitud.

Precisamente por eso, aunque ninguno de ellos tomó en serio las palabras de Tong Ning, el simple hecho de escuchar «Carnicero Nocturno» hizo que todas las miradas volvieran a concentrarse sobre Liu Qingzhi.

Zhao Jiayan era el único presente que conocía la verdadera identidad de Liu Qingzhi.

La pregunta del niño lo sobresaltó.

Pero reaccionó rápidamente.

No dejó escapar ninguna señal sospechosa.

Por el contrario, mostró exactamente la cantidad adecuada de sorpresa y desconcierto.

—Niño, ¿qué tonterías estás diciendo?

Tong Ning ni siquiera miró a Zhao Jiayan.

Sus grandes ojos negros siguieron fijos en Liu Qingzhi.

—Hermano, ¿tú eres el Carnicero Nocturno?

Lo preguntó otra vez, lleno de expectación.

—Es imposible que él sea el Carnicero Nocturno.

Liu Qingzhi todavía no había respondido cuando Xiao Xiangyang se adelantó a negarlo.

Liu Qingzhi asintió.

—Sí. Es imposible que yo sea el Carnicero Nocturno.

¿Reconocer un apodo tan espantoso?

Tendría que haberse vuelto loco.

Zhao Jiayan miró primero a Liu Qingzhi y después al niño.

Por lo que había llegado a conocer a Liu Qingzhi durante aquellos días, si el pequeño hubiera formulado la pregunta de otra manera, siempre que no hubiera incluido las cuatro palabras «Carnicero Nocturno», era muy posible que Liu Qingzhi hubiera admitido directamente su identidad.

Pero a veces la verdad se perdía precisamente debido a coincidencias tan absurdas.

Al escuchar a Liu Qingzhi negarlo personalmente, Xiao Xiangyang sintió un alivio inexplicable.

Lo sabía.

Era imposible que Liu Qingzhi y el Carnicero Nocturno fueran la misma persona.

Al no recibir la respuesta que esperaba, Tong Ning permaneció en silencio durante varios segundos.

Finalmente asintió.

—Entiendo.

Aunque lo dijo, no parecía dispuesto a rendirse por la respuesta de Liu Qingzhi.

En cambio, volvió la mirada hacia Wu Ziyao.

—Wu Ziyao, calcula si él es el Carnicero Nocturno.

Wu Ziyao miró a Liu Qingzhi.

En sus ojos de tono claro se reflejó el rostro delicado y pálido de Liu Qingzhi.

Liu Qingzhi también permitió tranquilamente que lo observara.

Su indiferencia ante aquel escrutinio era tal que casi parecía estar ignorándolo.

No habían pasado ni dos segundos cuando Tong Ning, incapaz de esperar más, tiró de la manga de Wu Ziyao y levantó la cabeza hacia él.

—¿Ya tienes la respuesta?

Wu Ziyao apartó la mirada.

Negó con la cabeza y luego colocó una mano sobre el cabello del pequeño, acariciándolo suavemente para consolarlo.

—Lo siento, Tong Ning. Esta vez tampoco he logrado escuchar la guía de Dios.

Tong Ning bajó inmediatamente la cabeza, decepcionado.

Sin decir una palabra, se alejó.

Wu Ziyao dedicó a Liu Qingzhi una leve sonrisa de disculpa.

—Lo siento. Por favor, disculpa la indiscreción de Tong Ning.

Liu Qingzhi no respondió.

Sí que había sido un poco indiscreto.

¿Quién empezaba una conversación preguntándole a alguien si era el Carnicero Nocturno?

Zhao Jiayan respondió por él:

—Deberías controlar mejor al mocoso.

Wu Ziyao asintió.

—Gracias por recordármelo.

Luego volvió a mirar a Liu Qingzhi.

—Me llamo Wu Ziyao.

Después de presentarse, le dedicó otra sonrisa cortés y se marchó tras Tong Ning.

Sin embargo, al alcanzar al niño, volvió la cabeza y miró una vez más a Liu Qingzhi.

En aquellas pupilas ligeramente ambarinas pasó fugazmente una emoción tan tenue que desapareció antes de que nadie pudiera identificarla.

Liu Qingzhi arqueó ligeramente una ceja.

Recordaba que en la trama de la novela original no había ninguna descripción relevante sobre aquella peculiar pareja.

Sin embargo, era evidente que ninguno de los dos era una persona corriente.

Al menos, la habilidad del sacerdote, algo parecido a una intuición sobrenatural, si llegaba a desarrollarse lo suficiente, prácticamente podía considerarse una habilidad capaz de romper las reglas.

—Anfitrión, quizá estos dos sean personajes que aparecen mucho más adelante en la historia —sugirió el Slime.

—Tal vez.

Era perfectamente posible.

Mientras Liu Qingzhi conversaba mentalmente con el sistema, Zhao Jiayan también murmuraba para sí:

—Un mocoso que dice cualquier cosa y un adulto que parece un amable santurrón… Qué combinación tan extraña.

Especialmente el adulto.

El instinto de Zhao Jiayan le decía que definitivamente no era tan sencillo como aparentaba.

Tendría que vigilarlo.

Sin dudarlo, añadió a aquella peculiar pareja a su lista mental de personas que debía observar.

Mientras Tong Ning y Wu Ziyao se habían acercado a hablar con Liu Qingzhi, todos los supervivientes presentes habían estado pendientes de ellos.

Ahora que ambos habían regresado a su lugar, las conversaciones comenzaron nuevamente.

Uno de ellos comentó con tono de «era obvio»:

—Vamos, ¿cómo iba ese hombre tan bonito y frágil a ser el Carnicero Nocturno?

—Exacto —coincidieron otros—. ¿Qué va a saber un niño? Claramente estaba diciendo tonterías.

—Ah… Se supone que mañana llegará el tren NR. No sé si después de subir tendremos otra oportunidad de ver al Carnicero Nocturno.

—El Carnicero Nocturno solo aparece por las noches. Yo también quiero volver a verlo, pero no pienso pasar otra vez por la pesadilla de ser rodeado por mutantes.

—Pues yo no pienso igual. Si pudiera hablar con él, incluso aceptaría que un mutante me hiriera.

—¿Qué? ¿Qué estás diciendo? ¡Estás loco!

—Hablo en serio. Desde que comenzó el apocalipsis he resistido durante muchísimo tiempo. Estoy realmente cansado.

—Ya basta. Nadie quiere escuchar la historia de tu vida.

—Sí. Esta vida ya es una mierda de por sí. No vengas a contagiarnos tus emociones negativas. Nosotros solo queremos escuchar historias sobre el Carnicero Nocturno.

Aquellas personas no hablaban especialmente alto.

Pero tampoco lo bastante bajo como para no ser escuchadas.

Sentado en el rincón, Liu Qingzhi los oyó repetir una y otra vez «Carnicero Nocturno».

El buen humor que todavía conservaba fue descendiendo poco a poco hasta llegar nuevamente a cero.

Zhao Jiayan percibió el cambio en su estado de ánimo.

Como ya había previsto antes de llegar que algo así ocurriría, sacó inmediatamente de su mochila un cubo de Rubik.

—Xiao Zhi, juega con esto —dijo sonriendo—. Te ayudará a distraerte.

Después del apocalipsis, la comida se había convertido en uno de los recursos más escasos.

El dinero se había transformado en papel inútil.

Y juguetes como aquel, aún más inútiles que el dinero, se pudrían en supermercados y tiendas sin que nadie se molestara en recogerlos.

Después de todo, cuando sobrevivir ya era extremadamente difícil, ¿quién tendría tiempo para jugar con pasatiempos de lógica?

Pero Zhao Jiayan sí lo había recogido.

Y ahora se lo entregaba a Liu Qingzhi.

En el momento perfecto.

La opinión que Liu Qingzhi tenía de Zhao Jiayan volvió a mejorar.

Realmente estaba cumpliendo con lo que había prometido.

Se había convertido en un subordinado competente.

Liu Qingzhi tomó el cubo de Rubik de sus manos, se recostó contra el respaldo y comenzó a jugar, completamente ajeno a los demás.

Liu Qingzhi podía ignorar por completo a todas las personas que lo rodeaban.

Pero Huo Zheng y los otros cuatro no podían ignorar su presencia.

Permanecía sentado allí, girando las piezas del cubo.

Sus manos eran largas y delicadas, con los huesos claramente definidos, como una exquisita obra de arte.

Las suaves y redondeadas yemas de sus dedos tenían un tenue brillo nacarado y, al mover las piezas del cubo, atraían inexplicablemente las miradas de quienes estaban cerca.

Entre Huo Zheng y sus cuatro compañeros, todos excepto Wei Wen recordaron la escena de la prisión de Wag.

Aquel día, Liu Qingzhi estaba sentado junto a la cama, intentando tranquilamente girar el cierre de combinación de las hojas dobles.

En aquel momento había sido igual que ahora.

Jugaba tranquilamente con el objeto que tenía entre las manos, sin importarle las miradas ajenas ni lo que los demás pensaran.

Solo prestaba atención a aquello que sostenía.

Sin embargo, Zhao Jiayan, que conocía la verdadera fuerza de Liu Qingzhi, tenía una impresión mucho más directa que Huo Zheng y los demás.

¿Quién podría imaginar que aquellas manos pálidas y aparentemente débiles podían empuñar una guadaña de más de tres metros como si sostuvieran una pluma?

¡Esas manos eran una obra de arte y también armas mortales!

Cortaban mutantes como si fueran verduras.

Mientras pensaba aquello, Zhao Jiayan no pudo evitar soltar una exclamación:

—Xiao Zhi es realmente increíble.

Los demás no comprendieron a qué se refería.

Solo pensaron que Zhao Jiayan estaba elogiando a Liu Qingzhi porque, en poco más de diez segundos, ya había completado dos caras del cubo.

Al principio, Xiao Xiangyang y los demás no habían creído que Zhao Jiayan hubiera decidido seguir a Liu Qingzhi porque, como él mismo afirmaba, le agradaba.

Pero ahora, al verlo comportarse de una manera tan servicial, Xiao Xiangyang terminó por creerlo completamente.

Después de todo, aquella mirada cuidadosa, ese deseo de hacer todo lo posible para tratar bien a una persona, no podía fingirse.

Y todas las acciones de Zhao Jiayan demostraban más que suficiente cuánto le importaba Liu Qingzhi.

Al presenciar la actitud de Zhao Jiayan hacia él, algunos supervivientes de la estación también comenzaron a mirar a Liu Qingzhi de una manera ligeramente distinta.

Al principio habían creído que Liu Qingzhi sobrevivía aferrándose a Zhao Jiayan gracias a su belleza.

Pero, viendo cómo interactuaban…

No parecía ser exactamente así.

¿Acaso aquel hombre aparentemente débil era en realidad un Despierto?

Debido a aquella sospecha, algunas personas que antes habían tenido ciertas intenciones hacia Liu Qingzhi decidieron abandonarlas temporalmente y observar primero.

Sin embargo, así como había personas naturalmente cautelosas, también existían aquellas excesivamente confiadas en su propia fuerza.

Aquella misma tarde, justo después de que Liu Qingzhi y Zhao Jiayan eligieran un lugar donde pasar la noche, varios visitantes indeseados los rodearon.

Quien encabezaba al grupo era un hombre tuerto.

Llevaba un sombrero marrón y su atuendo recordaba vagamente al de un vaquero del oeste.

Sostenía una daga en la mano y llevaba una pistola sujeta a una correa alrededor del muslo.

Tenía el cabello cortado casi al ras y unos rasgos que apenas podían considerarse correctos.

Sin embargo, la crueldad de su mirada lo hacía parecer un chacal que llevara demasiado tiempo hambriento.

Liu Qingzhi seguía jugando con el cubo.

Lo resolvía, volvía a desordenarlo y después lo resolvía otra vez.

No podía evitarlo.

Aparte de aquello, no tenía nada más con qué matar el tiempo.

Incluso cuando aquellos hombres los rodearon, Liu Qingzhi ni siquiera les dedicó una mirada.

Zhao Jiayan, en cambio, observó seriamente al tuerto que encabezaba el grupo.

En sus ojos, habitualmente sonrientes, apareció una aguda intención asesina.

Conocía perfectamente la fuerza de Liu Qingzhi.

No importaba aquel hombre.

Aunque todos los presentes en la estación se unieran, no serían capaces de tocarle ni un solo cabello.

Pero saberlo era una cosa.

Eso no significaba que Zhao Jiayan pudiera permanecer tranquilo mientras unos idiotas que no sabían apreciar sus propias vidas venían a molestar a Liu Qingzhi.

El tuerto percibió su mirada y soltó una risita desdeñosa.

Su actitud despreciativa dejaba claro que no consideraba a Zhao Jiayan una amenaza.

Los supervivientes que habían llegado hasta allí estaban reunidos en equipos.

Incluso los grupos más pequeños tenían al menos tres integrantes.

Y todos parecían Despiertos bastante capaces.

En cambio, Liu Qingzhi y Zhao Jiayan eran solo dos.

Sin mencionar el aspecto enfermizo de Liu Qingzhi, ni siquiera Zhao Jiayan parecía pertenecer al tipo de hombre corpulento y poderoso en una pelea.

Por supuesto, el físico no lo era todo y tampoco podía utilizarse como único criterio para medir la fuerza de alguien.

Una persona fuerte no tenía necesariamente que ser enorme y musculosa.

Sin embargo, alguien con un cuerpo robusto difícilmente tendría poca fuerza.

Y, en el apocalipsis, la fuerza física era una demostración de poder.

En una pelea cuerpo a cuerpo, unos puños pesados podían resolver muchos problemas.

Por eso, a ojos del tuerto, Zhao Jiayan no era digno de consideración.

Y, además, simplemente comparando el número de personas, tampoco tenían nada que temer.

La mirada del tuerto pasó directamente por encima de Zhao Jiayan y se dirigió hacia Liu Qingzhi, sentado sobre una manta.

La crueldad y el desprecio de sus ojos se transformaron en un interés posesivo, como si contemplara algo que ya le pertenecía.

Mientras hacía girar la daga entre los dedos, le dijo:

—Ven conmigo. Conviértete en mi amante y yo garantizaré tu seguridad.

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