Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 54
Las palabras de Pei Sheng pusieron nervioso a Gu Lin.
Abrió los labios y trató de explicarse:
—Me puse triste porque no tenía llave para entrar.
—Gu Lin, sabes perfectamente que, si te pregunto, no es eso lo que quiero escuchar.
A Pei Sheng no le gustaba que Gu Lin se quedara callado cada vez que le pasaba algo. Desde su punto de vista, aquello era ocultarle cosas de una manera que no estaba bien.
Gu Lin apretó los labios.
Innumerables pensamientos cruzaron por su cabeza.
¿Pei Sheng ya sabía algo?
¿O Li Chunhua ya le había enviado alguna cosa desagradable?
Su cuerpo temblaba ligeramente.
—Pei… Pei Sheng, ¿qué quieres que diga?
—¿Por qué lloraste esta noche?
Pei Sheng esperó con una paciencia extraordinaria a que fuera sincero con él.
Sin embargo, Gu Lin murmuró durante un rato, se mordió los labios y no consiguió decir nada útil.
—Tres.
Pei Sheng comenzó una cuenta regresiva para anunciar que su paciencia se había agotado.
—Dos.
—Uno.
—Pei Sheng…
Gu Lin lo llamó con nerviosismo.
Al instante siguiente, Pei Sheng le sujetó firmemente la parte baja de la espalda, impidiéndole forcejear siquiera un poco.
Gu Lin quiso volver la cabeza para ver su expresión.
Pero sus labios fueron atrapados con fuerza.
La lengua de Pei Sheng se enredó con la suya con la ferocidad de una bestia invadiendo territorio ajeno.
Parecía querer tragarse su lengua.
Recorrió incluso la raíz de esta, y el único sonido que quedó entre ambos fue el de sus besos.
Gu Lin no conseguía respirar.
El beso llevaba una intención de castigo demasiado evidente: profundo, invasivo, removiéndolo todo, como si quisiera llegar hasta el fondo de su garganta.
Había una diferencia considerable entre sus alturas y complexiones.
Al tener que levantar tanto la cabeza para besarlo, Gu Lin sintió desaparecer hasta la última bocanada de aire de su garganta.
Extendió una mano para intentar empujar al hombre que lo tenía atrapado, pero su palma terminó apoyada contra la puerta. Sus dedos se tensaron y los tendones del dorso de su mano destacaron con claridad bajo su piel blanca.
Gu Lin realmente sintió que iba a morir.
Pei Sheng finalmente interrumpió el beso justo cuando estaba a punto de perder el conocimiento.
Su expresión era sombría.
—Última oportunidad.
La mente de Gu Lin estaba completamente en blanco.
Solo podía esforzarse por recuperar el aire y suplicar impotente:
—Pei Sheng, no… no…
Pero antes de que pudiera terminar, Pei Sheng volvió a sujetarle la barbilla con fuerza y besó otra vez sus labios húmedos e hinchados.
La raíz de su lengua quedó entumecida por la succión.
En la silenciosa entrada resonaron los sonidos húmedos y pegajosos de sus bocas entrelazándose.
Lado escuchó el ruido y se acercó.
Por el rabillo del ojo, Gu Lin vio al perro mirándolos y todo su cuerpo comenzó a temblar.
Pei Sheng, sin embargo, mantenía la expresión completamente tranquila.
La mano que sujetaba su cintura descendió y enganchó tanto el pantalón como los calzoncillos de Gu Lin, bajándolos de un tirón.
La piel tibia entró en contacto con el aire frío.
Gu Lin intentó apartarse por puro instinto, pero el alto cuerpo de Pei Sheng lo mantenía atrapado contra la puerta.
No sabía qué pretendía hacer.
Aun así, cada músculo de su cuerpo se tensó con fuerza, igual que sus nervios, llevados al extremo de la sensibilidad.
Pei Sheng soltó sus labios.
Pero la punta de sus dientes quedó apoyada sobre la arteria de su cuello.
El pecho de Gu Lin subía y bajaba violentamente mientras intentaba recuperar el aire.
Pensó que había terminado.
Sin embargo, al instante siguiente sintió los cálidos dedos de Pei Sheng descender desde su coxis hasta tocar un lugar que nunca había sido explorado.
Gu Lin soltó un grito por el dolor.
Sus hombros temblaron y trató de apartar el cuerpo.
—Pei Sheng… no tenemos condón.
En ese momento estaba un poco asustado.
Pei Sheng estaba enojado.
Y Gu Lin sabía perfectamente que el tamaño de Pei Sheng era aterrador.
Podía lastimarlo.
Pero Pei Sheng no se detuvo.
—También puede hacerse sin uno. Antes simplemente no quería hacerte daño.
Su voz era extremadamente calmada.
—Pero ahora… creo que necesitas que te dé una lección.
Gu Lin era incapaz de mantener la calma.
Se sentía incómodo, pero al mismo tiempo una extraña sensación placentera comenzó a inundar su mente.
Se mordió fuertemente los labios, apoyó la frente contra la puerta y respiró entrecortadamente.
La sensación de ser ligeramente abierto lo estaba llevando al límite.
Él quería que ocurriera algo entre Pei Sheng y él.
Pero no debería suceder en una situación como esa.
—¿Por qué no quieres decirme qué te ocurrió? —preguntó Pei Sheng con calma mientras continuaba provocándolo—. ¿Tienes miedo de que te odie?
—¿No odiarías las cosas que hice antes?
Gu Lin intentaba respirar.
Las lágrimas escaparon de sus ojos sin que pudiera controlarlas.
—Pei Sheng… tú solo encuentras adorable al yo de ahora.
Llorando, continuó:
—No quiero… no quiero que vuelvas a ver lo sucio que era antes.
Aunque aquello tampoco había sido realmente obra suya.
Pero ese era un hecho que solo él conocía.
Pei Sheng vio cómo sus emociones se derrumbaban.
Observó el rostro mojado de lágrimas y finalmente retiró la mano para volver a subirle el pantalón.
Luego extendió los brazos y lo atrajo contra su pecho.
Sabía que no podía seguir presionándolo.
El miedo que Gu Lin sentía hacia Li Chunhua era demasiado profundo.
O quizá era más correcto decir que tenía demasiado miedo de que Pei Sheng lo abandonara.
Necesitaba darle algo más de tiempo para enfrentarse a todo aquello.
Pero ese tiempo no sería infinito.
—Gu Lin, solo voy a permitirte ocultarme cosas estas dos veces. Si hay una tercera, aunque llores y me supliques, no servirá de nada.
Pei Sheng lo sostuvo tranquilamente contra la entrada.
Besó sus ojos.
Lamió sus largas pestañas húmedas.
Besó la punta de su nariz, enrojecida por el llanto.
Y finalmente atrapó entre sus labios la boca que él mismo había dejado hinchada y roja.
Aun así, terminó consolándolo:
—No llores, bebé.
Gu Lin sollozaba.
Todo su cuerpo estaba agotado y tenía la frente cubierta de sudor.
Instintivamente respondió al beso.
Cuando Pei Sheng finalmente lo soltó por completo, Gu Lin se pegó a su hombro como un pequeño pingüino buscando refugio.
Respiraba débilmente.
Tenía una pequeña herida en la lengua por habérsela mordido y le dolía un poco.
Pei Sheng lo sostuvo entre sus brazos.
En realidad, en lo más profundo de sus huesos era una persona fría y despiadada.
Odiaba que la persona que le importaba le ocultara algo tan serio.
En ese momento llamaron a la puerta.
La voz de Zheng Wei llegó desde afuera.
—¡Abran! ¡Abran!
Pei Sheng soltó a Gu Lin.
Gu Lin asintió.
Sabía que Pei Sheng estaba enojado.
Con el cuerpo todavía débil, regresó lentamente a su habitación.
Más o menos podía adivinar que Pei Sheng ya sabía que Li Chunhua había vuelto a buscarlo.
De lo contrario, no habría sido tan duro con él aquella noche.
Estaba enojado porque Gu Lin no le contaba nada.
Gu Lin se hizo un ovillo.
Él también quería decírselo.
Pero realmente no sabía cómo empezar.
¿Debía decirle que Li Chunhua tenía muchas fotografías suyas desnudo?
¿Que además tenía pruebas de que él lo había traicionado?
¿Y luego pedirle que encontrara una forma de destruirlas?
Solo decirlo ya sonaba absurdo y repugnante.
Se escondió completamente bajo las cobijas.
Incluso ocultó la cabeza.
¿Iba a perder a Pei Sheng?
Cuando Pei Sheng abrió la puerta de la habitación vio un pequeño bulto sobre la cama, apenas visible en la oscuridad.
Gu Lin parecía una tortuguita que intentaba esconderse dentro de su caparazón.
Pei Sheng se acercó, levantó la manta y lo sacó de aquel espacio cerrado y oscuro, envolviéndolo con el calor de su cuerpo.
Lo abrazó con fuerza.
—Cámbiate. Voy a llevarte a ver la nieve.
*
Zheng Wei había visto en internet que esa noche caería la primera nevada del año en la montaña Wenshan.
Así que, de improviso, decidió reunir a todos para una salida de grupo.
En plena noche pasó en auto a recoger a Pei Sheng, Gu Lin y Lado.
Cinco personas y un perro partieron directamente hacia Wenshan.
El interior del vehículo era muy espacioso.
Zhou Shaoran conducía.
Gu Lin estaba sentado junto a Zheng Wei.
Zheng Wei miró a Gu Lin, que llevaba gorro y mascarilla, y tuvo la sensación de que se sentía bastante mal.
—¿Qué pasa, hermanito Gu? —preguntó preocupado.
—Nada. Estoy resfriado.
La voz de Gu Lin estaba cargada de congestión nasal.
—Estos días hace mucho frío. ¿Tomaste medicina?
Zheng Wei quiso mirar su rostro, pero Gu Lin se limitó a mantener la cabeza baja y decir que sí.
Ni siquiera dejaba que vieran su expresión.
Zheng Wei era muy perceptivo y notó de inmediato que algo no estaba bien.
Sobre todo cuando vio las marcas de mordidas en el cuello de Gu Lin y después volvió la mirada hacia Pei Sheng.
Comprendió que posiblemente los dos habían discutido.
Así que no volvió a molestarlo.
Simplemente le dijo a Zhou Shaoran:
—Seguro que esta noche habrá mucha gente en Wenshan. ¿Reservaste hotel?
—No pasa nada. Hay un hotel allá arriba que pertenece a mi familia. Hay habitaciones de sobra —respondió Zhou Shaoran alegremente—. Además, esta es la primera vez que traemos a Gu Lin con nosotros de viaje.
Aquellas palabras pisaron claramente una mina.
El interior del auto quedó en silencio.
Pei Sheng miró a Gu Lin.
Luego dijo:
—Sube la calefacción.
Zhou Shaoran respondió con un «oh» y la aumentó.
Gu Lin había estado sintiendo frío.
Ahora finalmente se sintió un poco más cálido.
Durante el resto del camino, Pei Sheng no volvió a hablar.
Estaba sentado en la última fila, mirando tranquilamente la computadora.
A mitad del trayecto alzó la vista y observó a Gu Lin, que se había quedado dormido apoyado contra la ventana.
No participó en ninguna conversación con los otros tres.
Incluso el lento de Zhou Shaoran notó que la atmósfera entre ambos había cambiado.
Miró a Wang Yang.
Wang Yang volvió la cabeza, echó un vistazo a Gu Lin y negó con la cabeza para indicar que tampoco sabía qué había pasado.
Zheng Wei estaba igualmente intrigado.
¿Gu Lin realmente podía enojarse con Pei Sheng?
Con lo enamorado que estaba, todos los días parecía que le salían corazones de los ojos cada vez que veía a Pei Sheng.
Sin embargo, Gu Lin sí parecía bastante agotado.
Nadie sabía qué había ocurrido.
Tardaron aproximadamente una hora en llegar a Wenshan.
Cuando llegaron al hotel ya era la una de la madrugada.
A Gu Lin le dolía un poco el trasero.
Caminaba lentamente detrás de los demás con la cabeza baja.
Pei Sheng llevaba a Lado de la correa y avanzaba al final del grupo.
—Escalón —le recordó.
Gu Lin estuvo a punto de pisar mal.
Se apresuró a afirmarse.
—Gracias —dijo en voz baja.
Y volvió a adelantarse.
En realidad, durante todo el trayecto ninguno de los dos había vuelto a hablar.
—Aquí están las tarjetas de las habitaciones.
Zhou Shaoran sacó cinco.
—Una para cada uno. Claro, si quieren compartir habitación tampoco pasa nada. Si sobra alguna, simplemente no la usan.
—Tsk. Para ser un perro soltero sabes demasiado. ¿Hay novedades que no nos hayas contado? —preguntó Zheng Wei con una mirada significativa.
Zhou Shaoran sonrió misteriosamente.
—Seguí el consejo de Wang Yang y últimamente he visto muchos dramas cortos. Ya tengo en mis manos todos los secretos para convertirme en el confidente de confianza de un CEO dominante.
Zheng Wei soltó un sonido de disgusto.
—Con razón últimamente estás tan empalagoso.
—Zheng Wei, ¿quieres pelear? De verdad eres insoportable.
Zhou Shaoran ya estaba remangándose.
Wang Yang los separó a tiempo y se llevó a Zheng Wei.
—Hermano, cuando terminen de acomodarse revisen el grupo para reunirnos.
Pei Sheng asintió y tomó la tarjeta que Zhou Shaoran le entregó.
—Hermano Pei, esta habitación tiene una zona para mascotas preparada especialmente para Lado y además una cama king size de lujo. Todo está listo para ustedes. Seguro que pasarán una noche nevada perfecta.
Zhou Shaoran lanzó una mirada cargada de significado hacia Gu Lin.
—Deja de ver tantos videos —respondió Pei Sheng sin expresión.
Luego miró a Gu Lin.
—Vamos.
Zhou Shaoran:
—¿???
¿Todavía se atrevía a despreciarlo?
Pei Sheng llevó a Gu Lin hasta el piso donde estaban sus habitaciones.
Los números eran consecutivos.
Pero Gu Lin se detuvo frente a la suya.
No siguió caminando detrás de Pei Sheng.
Solo dijo:
—Quiero dormir solo.
Luego abrió con la tarjeta, entró con la cabeza baja y cerró la puerta.
Pei Sheng miró la puerta cerrada.
Solo entonces comprendió que Gu Lin estaba intentando evitarlo.
Ahora hasta mantenía distancia con él.
Pei Sheng llevó a Lado a su habitación y lo acomodó.
El perro, emocionado por encontrarse en un lugar nuevo, no dejaba de saltar de un lado a otro.
Pei Sheng salió al balcón y miró el cielo oscuro.
Parecía que la nieve todavía tardaría en caer.
Los mensajes del grupo no dejaban de aparecer.
Tomó el teléfono y miró.
Zheng: ¡Invernadero en la azotea! ¡Fiesta de pijamas!
Zheng: Jefe, ¿quieres que vaya a llamar a Gu Lin?
FeiL: No hace falta.
Solo esas dos palabras bastaron para que Zheng Wei entendiera.
Zheng: ¡Entonces vengan rápido!
Pei Sheng reenvió el mensaje de Zheng Wei a Gu Lin.
Después preguntó:
FeiL: ¿Vas?
LL: Mmm, mmm.
Pei Sheng miró la respuesta.
Pensó:
¿Ahora que estaba distante con él todavía le respondía «mmm, mmm»?
No se cambió de ropa.
Normalmente no tenía paciencia para las ocurrencias de Zheng Wei.
En cambio, sí le puso a Lado una prenda adorable.
Hacía demasiado frío y no quería que se enfermara.
Pei Sheng salió de la habitación con Lado y esperó frente a la puerta de Gu Lin.
Cuando Gu Lin salió, lo primero que vio fue a Pei Sheng y a Lado esperándolo.
Algo pareció pincharle suavemente el corazón.
Se sintió blando y entumecido.
Pei Sheng miró su pijama.
Era el adorable conjunto blanco y negro de vaquitas que había llevado aquella vez en el hotel.
Gu Lin se sintió un poco incómodo bajo su mirada.
—¿No era una fiesta de pijamas?
Pei Sheng no tuvo más remedio que regresar a cambiarse.
Le entregó a Lado.
—Llévalo primero.
—Oh.
Aunque Pei Sheng consideraba bastante estúpidas todas las clases de «fiestas», como Gu Lin estaba de mal humor aquel día, no le quedó más remedio que ser estúpido un rato con ellos.
Se cambió y salió.
Había pensado que Gu Lin ya se habría marchado.
Pero seguía fuera.
Estaba agachado junto a Lado, jugando con él.
También lo estaba esperando.
—Vamos —dijo Pei Sheng.
Lado salió alegremente hacia adelante llevando consigo a Gu Lin.
Cuando llegaron al invernadero, Zheng Wei y los otros dos ya estaban sentados sobre la alfombra jugando.
Otra vez estaban jugando al juego del rey.
Zheng Wei miró el pijama de Gu Lin.
Después miró a Pei Sheng.
¿Pei Sheng realmente se había cambiado para ponerse un pijama?
Antes no le hacía caso a ninguna de sus fiestas y siempre hacía lo que quería.
Pero aquella vez no solo había participado.
Además, llevaba uno negro que hacía juego con el de Gu Lin.
Parecían pijamas de pareja.
—Ooooh~
Soltó un grito extraño.
Pei Sheng lo miró.
Zheng Wei inmediatamente sonrió y les ofreció las cartas.
—Vamos, vamos. Saquen una.
Esta vez Gu Lin no tuvo tanta suerte como la vez anterior.
No era el rey.
Había sacado el dos de corazones.
Wang Yang era el rey.
—Dos y tres de corazones.
Pei Sheng tenía el tres de corazones.
Gu Lin lo miró.
¿Qué castigo les pondría Wang Yang?
Entonces escuchó la voz curiosa de este:
—¿Ustedes dos ya son pareja?