Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29
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—¿De verdad te parece apropiado? —preguntó Pei Sheng mientras jugueteaba con los dados en la palma de su mano.

Zheng Wei sonrió maliciosamente.

—¿Por qué no? Si ya dijiste que es tu pareja.

Pei Sheng recordó la excusa que acababa de usar para rechazar a aquella mujer y, por un momento, se quedó sin palabras.

—¿Y qué pasa si no cumplo el reto?

—Pei-ge, ¿cómo es que ahora no sabes aceptar una derrota? —intervino Zhou Shaoran.

Pei Sheng permaneció sentado con absoluta tranquilidad.

—Entonces, ¿por qué no bailas tú un striptease delante de Zheng Wei?

Zhou Shaoran se apartó inmediatamente.

—Ni lo sueñes.

—Yo también tengo miedo de que ensucies mis ojos, hmph.

Zheng Wei le lanzó una mirada desdeñosa antes de volverse hacia Pei Sheng.

—Pei-ge, no puedes hacer trampa.

Pei Sheng no se movió. Simplemente hizo girar los dados entre sus dedos mientras contemplaba a Zheng Wei con sus ojos fríos y serenos.

A Zheng Wei le dio un escalofrío bajo aquella mirada.

—Está bien, está bien. Hagamos esto: te tomas tres copas como castigo y después haces que Gu Lin venga a recogerte para llevarte a casa.

Sabía perfectamente que Pei Sheng no aguantaba bien el alcohol.

Esta vez, Pei Sheng no dijo nada.

Tomó la copa, bebió tres vasos de licor fuerte y se levantó directamente para marcharse.

—¡Eh! ¡Todavía no has llamado a Gu Lin para que venga a buscarte! ¿Qué harás si te emborrachas?

Pei Sheng simplemente agitó una mano.

—Me voy.

Salió solo del ruidoso bar, detuvo un taxi en la entrada y regresó directamente a casa.

Pei Sheng realmente no era bueno bebiendo.

Después de tres vasos de whisky, sentía el estómago ardiendo y la conciencia un poco flotante.

Sin embargo, todavía conservaba cierta claridad mental.

Cerró los ojos y se apoyó tranquilamente contra el asiento trasero mientras pensaba en que Gu Lin había suspendido sus estudios debido a una depresión.

Entonces…

¿Su depresión había sido real o falsa?

Al llegar a casa, escribió en el grupo de los cuatro que ya había llegado y solo entonces abrió la puerta.

El salón estaba a oscuras.

Encendió la luz de la entrada y una cálida iluminación cayó sobre él.

Mientras bajaba la cabeza para cambiarse los zapatos, perdió el equilibrio y chocó contra el zapatero.

El fuerte golpe despertó a Gu Lin, que estaba acurrucado en el sofá.

Todavía no había reaccionado cuando se encendieron las luces del salón.

La iluminación repentina lo obligó a cerrar nuevamente los ojos.

Antes incluso de abrirlos, percibió un intenso aroma a alcohol.

Intentó mirar.

Pei Sheng ya estaba de pie junto al sofá.

Su expresión seguía siendo fría y severa, por lo que era imposible saber qué pretendía hacer.

Simplemente bajó la cremallera de la chaqueta negra que llevaba puesta.

Gu Lin se incorporó abrazando un cojín y lo miró desconcertado.

—¿Tienes mucho calor?

Pei Sheng tenía la mirada ligeramente desenfocada.

Se quitó la chaqueta y la dejó caer sobre el sofá. Después bajó un poco la cabeza para mirarlo.

Hasta su voz sonaba más grave.

—No.

—Entonces, ¿por qué te quitas la ropa?

Gu Lin levantó el rostro.

Al ver que los ojos de Pei Sheng no parecían del todo lúcidos, se incorporó ligeramente y se acercó para olerlo.

—¿Bebiste?

—Mm.

Pei Sheng asintió.

Al ver que sus movimientos parecían ir medio segundo por detrás de todo, Gu Lin sospechó que estaba borracho.

Sin embargo, su rostro no mostraba el menor rubor producido por el alcohol.

Aquello le pareció divertido.

—¿Estás borracho?

Las pupilas oscuras bajo las largas pestañas de Pei Sheng se movieron ligeramente hasta posarse sobre sus ojos.

Pareció pensarlo.

Finalmente, respondió con cierto retraso:

—No. Solo bebí tres copas.

—Entonces, ¿cuántos dedos hay aquí?

Gu Lin levantó dos dedos frente a él.

Pei Sheng le sujetó la mano y respondió con absoluta seriedad:

—Cuatro. No estoy borracho.

Su expresión solemne hizo que Gu Lin no pudiera contener la risa.

—Está bien. Entonces siéntate. Voy a traerte un poco de agua caliente.

Se dispuso a levantarse.

Pero Pei Sheng le puso una mano sobre la cabeza y lo obligó a sentarse de nuevo.

Después de beber, sus pupilas negras parecían incluso más intimidantes.

—Todavía no ha terminado.

—¿Mm? ¿Qué no ha terminado?

Gu Lin lo miró completamente confundido.

Su cabello negro y suave rozaba la palma de Pei Sheng.

El ligero cosquilleo hizo que este retirara instintivamente la mano y volviera a enderezarse.

—El reto todavía no ha terminado…

Habló lentamente mientras llevaba una mano hacia la única prenda que le quedaba en la parte superior del cuerpo: una sudadera blanca.

Gu Lin todavía no entendía de qué reto estaba hablando cuando vio que Pei Sheng sujetaba el borde de su propia ropa y comenzaba a levantarla.

Las marcadas líneas en V de su abdomen quedaron completamente expuestas, descendiendo de manera insinuante hasta perderse bajo la cintura del pantalón.

Gu Lin abrió los ojos de par en par.

Jamás imaginó que Pei Sheng fuera a quitarse la ropa delante de él.

Y Pei Sheng todavía no se detenía.

Lo miraba con unos ojos claramente afectados por el alcohol, como si estuviera enseñándole deliberadamente su cuerpo, mientras volvía a levantar la prenda.

La brillante luz cayó sobre su cintura firme y esbelta.

Sus ocho abdominales, lo más llamativo de su torso, quedaron perfectamente definidos bajo la iluminación.

Cada línea de su musculatura transmitía una intensa sensación de fuerza.

Era sexy y tremendamente agresivo.

Gu Lin sintió inmediatamente la boca seca.

Su corazón comenzó a latir con violencia y hasta la sangre pareció agitarse dentro de su cuerpo.

Él…

¿Qué demonios estaba haciendo?

—¿Quieres seguir mirando?

El aliento de Pei Sheng, impregnado del aroma del alcohol, cayó sobre él.

Por un instante, Gu Lin sintió que quizá el borracho era él.

Asintió tontamente.

Pei Sheng terminó de quitarse la parte superior de la ropa, dejando al descubierto su firme pecho.

Gu Lin contempló aquel torso perfecto de hombros anchos y cintura estrecha y se cubrió instintivamente la nariz.

¿Emborracharse era tan… estimulante?

Se sorbió la nariz y extendió una mano con cautela.

—¿Puedo tocar?

Pei Sheng le detuvo la mano.

Respondió con toda seriedad:

—No. Eso no forma parte del juego.

Gu Lin lo observó.

En ese momento, Pei Sheng se parecía muchísimo a aquellos estudiantes sobresalientes, serios y disciplinados que había conocido cuando estudiaba: si las reglas decían una cosa, se hacía exactamente eso y no podía desviarse de ellas.

—Entonces, ¿qué juego estás jugando ahora? —preguntó.

Pei Sheng se lo explicó meticulosamente:

—Perdí. Tengo que bailar un striptease para ti hasta que me digas que pare.

Gu Lin lo miró con incredulidad.

Al darse cuenta de que a Pei Sheng ya solo le quedaban los pantalones, una idea traviesa surgió inmediatamente en su cabeza.

Probó a decir:

—Pero todavía no te he dicho que pares.

Pei Sheng frunció profundamente el ceño.

Pareció debatirse internamente durante unos segundos.

Finalmente se inclinó hacia él, acercando su atractivo rostro directamente al de Gu Lin.

—Di que pare.

—No quiero.

Gu Lin levantó la barbilla con orgullo.

Al instante siguiente, Pei Sheng le sujetó el mentón con la palma.

La yema de su dedo presionó sus labios mientras volvía a amenazarlo:

—¡Di que pare!

Al ver que incluso borracho seguía siendo tan dominante, Gu Lin lo miró con enfado.

Abrió la boca y mordió su dedo.

Su lengua rozó accidentalmente la yema.

Pei Sheng pareció quemarse y retiró la mano, frunciendo el ceño mientras lo miraba.

Gu Lin percibió el peligro y quiso escapar.

Pero Pei Sheng lo levantó directamente con una mano.

Gu Lin perdió el equilibrio y chocó contra su pecho.

Su nariz golpeó la clavícula de Pei Sheng con tanta fuerza que sus ojos se enrojecieron de dolor.

—Si no obedeces, habrá que encerrarte —dijo Pei Sheng con frialdad.

—¿Ah?

Pei Sheng le rodeó la cintura con un brazo y prácticamente lo levantó del suelo.

A pesar de sus forcejeos, lo llevó directamente a su habitación.

Dentro estaba completamente oscuro.

Gu Lin ni siquiera había alcanzado a distinguir nada cuando Pei Sheng, igualmente inestable por el alcohol, perdió el equilibrio y cayó con él sobre la cama.

Cuando el cuerpo del borracho cayó, pareció que su conciencia también se desplomaba.

Pei Sheng todavía tenía un brazo atravesado sobre la cintura de Gu Lin, sujetándolo con fuerza como si aquello fuera un castigo.

Después dejó de moverse.

Solo su respiración larga y regular permitió que Gu Lin comprendiera que se había quedado dormido por la borrachera.

Gu Lin no se atrevió a moverse.

Pei Sheng tenía el rostro apoyado contra la cama y el brazo todavía atravesado sobre su abdomen.

Solo podía permanecer rígidamente acostado allí.

La habitación de Pei Sheng tenía un aroma muy dulce a caramelos.

Estaba muy oscura.

Probablemente no había apagado la computadora, porque todavía podía oírse el ventilador de la torre funcionando.

Fuuu, fuuu…

El sonido era casi idéntico al de su propia respiración en aquel momento.

Después de que sus ojos se acostumbraran un poco a la oscuridad, Gu Lin giró la cabeza para mirar a Pei Sheng, que ya dormía.

En medio de la penumbra pudo distinguir que sus orejas estaban completamente rojas.

Incluso su espalda blanca estaba teñida de rubor.

Aunque estaba borracho, su cuerpo no desprendía un desagradable olor a alcohol.

Al contrario, había un ligero aroma profundo a licor fuerte que, combinado con la elevada temperatura de su cuerpo, parecía encender el aire.

El calor se transmitía hasta Gu Lin y le hizo aparecer una fina capa de sudor.

Aprovechando la tenue luz procedente del salón, observó el rostro dormido de Pei Sheng.

Su hermoso rostro, ahora teñido por el alcohol, parecía todavía más atractivo.

—Pei Sheng… si algún día me convierto en una persona terrible, ¿seguirás creyendo en mí? —preguntó Gu Lin en voz baja.

La yema de su dedo rozó suavemente las largas pestañas de Pei Sheng.

Sus párpados se movieron.

Pero finalmente no consiguió abrir los ojos.

Simplemente giró el cuerpo y, de manera inconsciente, acercó el brazo hacia sí mismo.

En lugar de seguir inmovilizando a Gu Lin, terminó abrazándolo.

La postura de ambos se convirtió en un abrazo.

Antes, Gu Lin había deseado muchísimo tocar los abdominales de Pei Sheng.

Pero ahora que los tenía tan cerca, no se atrevía a tocarlos en absoluto.

Pei Sheng buscó una posición cómoda con el mentón y terminó apoyándolo suavemente sobre la cabeza de Gu Lin.

Su respiración era tranquila.

Inconscientemente murmuró:

—Para…

Acurrucado entre sus brazos, Gu Lin finalmente comenzó a contarle al Pei Sheng borracho todo lo que lo había atormentado aquella noche.

—Pei Sheng, en realidad yo no soy ese mantenido al que tú mantenías.

Pei Sheng sentía un zumbido constante junto a sus oídos.

Solo podía percibir vagamente que Gu Lin estaba hablándole.

Quería responder.

Pero su cerebro estaba demasiado entumecido por el alcohol y únicamente alcanzaba a captar frases aisladas.

—Alguien me está amenazando.

—Tengo un poco de miedo.

—¿Tú también vas a odiarme algún día?

—Si me odias, me sentiré muy triste.

Pei Sheng no sabía qué tonterías estaba imaginando.

Extendió una mano, queriendo acariciar aquella cabeza que nunca parecía pensar en nada serio.

Cuanto más hablaba Gu Lin sobre las amenazas de Li Chunhua, peor se sentía.

La nariz comenzó a arderle y notó que la mano de Pei Sheng acariciaba suavemente su nuca, como si intentara consolarlo.

—¿Pei Sheng?

Creyó que había despertado y alzó sus ojos húmedos para mirarlo.

Pero Pei Sheng únicamente fruncía el ceño.

Parecía inclinar la cabeza de manera inconsciente.

Gu Lin sintió unos labios cálidos apoyarse sobre su frente.

Los labios de Pei Sheng parecieron rozar suavemente el espacio entre sus cejas, como si quisieran consolarlo.

Entonces murmuró dos palabras casi incomprensibles:

—No… tengas miedo.

Las pupilas de Gu Lin temblaron.

Su respiración se volvió caótica mientras contemplaba la alta y definida nariz de Pei Sheng.

Con extrema cautela, levantó el rostro y se acercó.

Como una mariposa rozando una flor en plena floración.

Depositó un beso muy suave en la punta de su nariz.

Cuando se apartó, descubrió que Pei Sheng había abierto los ojos y lo estaba mirando fijamente.

El corazón de Gu Lin dio un salto.

Con la culpabilidad de quien había sido atrapado haciendo algo indebido, apartó su brazo y salió disparado de la habitación como un pequeño ratón huyendo por su vida.

Pei Sheng, en cambio, soltó un confuso y tardío:

—¿Mm?

Se tocó la punta de la nariz, que todavía estaba algo caliente.

Después agarró una almohada, frotó la nariz contra ella y volvió a caer profundamente dormido por efecto del alcohol.

Gu Lin pasó un buen rato en el baño lavándose la cara con agua fría.

Solo entonces consiguió enfriar un poco el rostro, que parecía estar ardiendo.

Agotado, regresó a su habitación y se acostó.

Ni siquiera tenía energía para seguir pensando en todo aquel desastre relacionado con Li Chunhua.

En cambio, se le ocurrió otra cosa.

Si Pei Sheng despertaba mañana y descubría que no llevaba nada en la parte superior del cuerpo…

¿Recordaría que esa noche había bailado un striptease para él?

En cuanto pensó en aquello, Gu Lin se incorporó bruscamente.

—Si Pei Sheng lo recuerda, con lo intocable que se comporta siempre… ¿no terminará echándome de casa otra vez?

Gu Lin saltó de la cama, fue al salón a recoger la ropa de Pei Sheng y regresó con ella a su habitación.

Pensaba volver a vestirlo.

Así, al día siguiente todavía podría fingir que Pei Sheng simplemente se había emborrachado demasiado, estaba confundido y lo recordaba mal.

Abrió con extremo cuidado la puerta de su habitación.

Avanzó a tientas en la oscuridad hasta llegar junto a la cama.

Palpó con una mano.

Primero encontró la pierna de Pei Sheng.

Después continuó subiendo y descubrió que Pei Sheng se había cubierto con la manta.

Gu Lin tiró de ella furtivamente.

Por suerte, no estaba demasiado bien cubierta.

Cuando consiguió bajarla, volvió a quedar expuesto el torso desnudo de Pei Sheng.

Gu Lin pretendía ponerle la sudadera blanca.

Se apoyó para incorporarse un poco.

Entonces la palma de su mano cayó sobre algo que estaba entre blando y duro.

Todavía no había comprendido qué era.

En medio de la oscuridad, lo primero que escuchó fue el gemido ahogado e incómodo de Pei Sheng.

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