Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 23
Pei Sheng entrecerró los ojos al ver la expresión satisfecha de Gu Lin. La reacción de su propio cuerpo le hizo comprender que realmente había conseguido provocarlo.
Era la primera vez que sentía deseo por otra persona.
Su nuez se movió ligeramente mientras sus fríos ojos se posaban sobre el rostro de Gu Lin.
Un auto pasó junto a ellos.
Gu Lin quiso alejarse de Pei Sheng y poner fin a aquella peligrosa cercanía.
Pero en ese momento Pei Sheng tenía el control. Era más alto y bloqueaba completamente su camino desde arriba, sin dejarle ninguna posibilidad de escapar.
—A… apártate.
Gu Lin solo se había atrevido a hacer algo tan audaz porque la ira se le había subido a la cabeza.
Ahora, toda aquella ira había sido sustituida por miedo.
Pei Sheng no se movió.
El sonido de un claxon resonó por el espacioso estacionamiento.
Justo cuando Gu Lin comenzaba a pensar que Pei Sheng iba a matarlo para silenciarlo, sonó el teléfono que este llevaba en el bolsillo.
Pei Sheng lo sacó y miró la pantalla.
Era Zhou Shaoran.
Al comprobar la hora, más o menos sabía para qué lo llamaba.
Extendió una mano, abrió la puerta del auto y le dijo a Gu Lin:
—Entra.
El asiento trasero era amplio.
Pero precisamente aquella amplitud hacía que el espacio resultara inexplicablemente peligroso.
Gu Lin miró a Pei Sheng. Incapaz de distinguir qué estaba sintiendo en ese momento, solo pudo entrar dócilmente.
Pei Sheng permaneció junto a la puerta, con una mano apoyada sobre ella mientras contestaba.
Respondió varias veces con un «mm», dijo que llegarían enseguida y colgó.
Entonces volvió a mirar a Gu Lin.
Este se había sentado lo más lejos posible y lo observaba furtivamente, con cierto temor.
Pei Sheng soltó una risita.
—Hace un momento no sabías lo que era tener miedo y ahora sí.
Gu Lin permaneció pegado a la puerta.
—Tú fuiste el que se rio de mí. Me enojé y no pude contenerme.
Al verlo seguir respondiendo con tanta obstinación, Pei Sheng se inclinó ligeramente hacia él.
Las manos de Gu Lin, apoyadas sobre el asiento de cuero, se cerraron por reflejo.
—Gu Lin, ¿de verdad crees que nunca te haría nada?
Pei Sheng sentía que Gu Lin no comprendía en absoluto el peligro en el que se estaba metiendo.
Gu Lin murmuró:
—Antes ya teníamos ese tipo de relación. ¿Qué cosa no habremos hecho? Hablas como si ni siquiera nos hubiéramos tomado de la mano.
Pei Sheng no esperaba que mencionara aquello.
En el pasado, el tiempo que había pasado a solas con Gu Lin nunca había superado siquiera los diez minutos.
Apenas cruzaban miradas.
Pero ahora que Gu Lin había hecho aquella pregunta, Pei Sheng distinguió vagamente algo inquisitivo en sus ojos.
¿Estaba intentando comprobar algo?
Pei Sheng se inclinó directamente y volvió a acercarse.
Gu Lin no tuvo más remedio que moverse hacia un lado.
Pei Sheng aprovechó para subir al auto.
La puerta se cerró de golpe.
El espacio que antes parecía amplio se volvió estrecho con Pei Sheng dentro.
O quizá era simplemente la intensa presencia que emanaba de él, capaz de generar una sensación instintiva de opresión.
Justo cuando Gu Lin intentaba alejarse un poco más, Pei Sheng lo sujetó del brazo.
En un instante, Gu Lin se convirtió en un pez atrapado sobre una tabla de cortar.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó nervioso.
La iluminación dentro del auto era más tenue que en el exterior, haciendo que los rasgos fríos y definidos de Pei Sheng parecieran todavía más marcados.
La palma que sujetaba el brazo de Gu Lin descendió y desapareció entre las sombras.
Todo el cuerpo de Gu Lin se tensó de inmediato.
Hasta su respiración se aceleró.
—¡Pei Sheng, tú…!
Intentó detenerlo, pero entonces se escuchó dentro del auto el sonido de una hebilla al abrirse.
Gu Lin arqueó la cintura por reflejo, pero inmediatamente volvió a quedar presionado contra el asiento.
Pei Sheng observó cómo un intenso rubor invadía de golpe su rostro.
Se inclinó hasta su oído.
—¿No recuerdas si alguna vez nos acostamos?
El corazón de Gu Lin dio un vuelco al escuchar la pregunta.
¿Cómo iba a saber él si el propietario original de ese cuerpo se había acostado con Pei Sheng?
—Parece que de verdad lo olvidaste.
La mirada de Pei Sheng descendió desde sus labios rojizos.
Luego, con una sola mano, arrancó todos los sujetadores de camisa que él mismo le había colocado.
Gu Lin se mordió el labio, queriendo resistirse.
Pero su cuerpo, sinceramente, no se movió.
Así, en aquel pequeño espacio en penumbra, ambos terminaron forcejeando con la ropa desordenada.
La intención original de Pei Sheng solo había sido asustarlo.
Sin embargo, en cuanto lo tocó a través de la tela, la nuez de Gu Lin se movió.
Intentó apartarse, pero ya no tuvo oportunidad.
Un intenso hormigueo le recorrió el coxis.
Y, completamente fuera de su control, llegó al clímax.
Gu Lin miró a Pei Sheng con los ojos muy abiertos.
Esta vez Pei Sheng no se atrevió a reírse de él.
Pero Gu Lin fue el primero en romper a llorar.
—¿Por qué fue tan rápido? ¿Será que no sirvo?
Su expresión parecía completamente devastada.
Pei Sheng tampoco lo entendía.
—Tal vez.
Después de todo, prácticamente no había hecho nada.
Solo lo había tocado y ya había terminado.
Gu Lin:
«…¡¡AAAAAH!! ¡Así que el que no sirve soy yo!».
Al verlo tan golpeado emocionalmente, completamente distinto de la persona que hacía unos minutos se había frotado provocativamente contra él, Pei Sheng sacó varios pañuelos de papel y los presionó contra su rostro húmedo.
—Eso te pasa por provocarme.
Después tomó la ropa que Gu Lin se había quitado y que estaba en el asiento del copiloto.
—Cámbiate.
Dicho eso, salió del auto, abrió la cajuela y sacó ropa interior nueva para él.
Luego tomó una botella de agua y esperó afuera.
Gu Lin permaneció solo en el interior.
Había un olor extraño en el aire.
Al levantar la cabeza y ver a Pei Sheng lavándose las manos con agua mineral afuera, se sintió todavía peor.
Pei Sheng incluso lo encontraba desagradable.
Gu Lin estaba sufriendo profundamente.
Sentía un cansancio que le atravesaba tanto el corazón como el cuerpo.
Se quitó los pantalones sucios y volvió a ponerse la ropa que había llevado antes.
Afuera, Pei Sheng vertió agua fría sobre su propia mano, todavía caliente.
Al recordar la expresión excitada de Gu Lin hacía un momento, sintió que quizá ambos habían ido demasiado lejos.
Eso no era algo que debiera ocurrir entre ellos.
Respiró profundamente.
No podía permitir que Gu Lin siguiera afectándolo.
Entonces escuchó unos ligeros golpecitos contra el cristal.
Pei Sheng giró la cabeza y vio los ojos completamente enrojecidos de Gu Lin.
Bajó un poco la ventanilla.
—¿De verdad eso no es normal? —preguntó Gu Lin.
Era virgen y jamás había experimentado algo así.
En ese momento tenía una mezcla indescriptible de emociones.
Al ver que estaba realmente preocupado, Pei Sheng respondió:
—La próxima vez podemos ir al hospital para que te revisen.
Sus ojos seguían rojos y las puntas de sus largas pestañas permanecían húmedas.
Pei Sheng lo encontró divertido y extendió una mano para limpiarle el rabillo del ojo.
—¿Ya terminaste de cambiarte, pequeño pervertido?
—Mm.
Solo entonces Pei Sheng fue hasta el asiento del conductor y arrancó rumbo al restaurante.
Dejó una pequeña abertura en la ventanilla para que el aire disipara el olor del interior.
Gu Lin ya tenía la nariz congestionada por el resfriado y ahora sentía que apenas podía respirar por ella.
Miró la nuca de Pei Sheng.
—Pei Sheng.
Pei Sheng lo observó a través del espejo retrovisor y vio que tenía el flequillo ligeramente húmedo.
—¿Mm?
Entonces escuchó la voz nasal de la persona sentada atrás:
—Te odio.
Pei Sheng:
—¿?
El odio de Gu Lin había aparecido demasiado rápido.
Ni siquiera sabía por qué lo odiaba.
Aun así, siguió la conversación.
—¿Qué odias de mí?
—Que hicieras que descubriera que no sirvo.
Pei Sheng:
—…De nada.
Gu Lin:
«¿?»
¡¿Quién le estaba dando las gracias?!
*
Zhou Shaoran había reservado el almuerzo de despedida en un restaurante bastante peculiar.
Cuando Pei Sheng llegó con Gu Lin, Chu Yu y Xie Shu todavía no habían aparecido.
Nada más sentarse Pei Sheng, Zhou Shaoran movió la nariz.
Se acercó a él y olfateó.
—¿Comiste manzana? ¿Por qué tienes un ligero aroma a manzana?
Al escucharlo, Gu Lin recordó que su champú tenía un aroma dulce parecido al de la manzana.
Como él y Pei Sheng habían estado demasiado cerca dentro del auto, probablemente el olor se le había quedado impregnado.
—Tienes algún problema en la nariz —respondió Pei Sheng.
Zhou Shaoran quiso acercarse otra vez para comprobarlo.
Pei Sheng se levantó directamente y se sentó lo más lejos posible de él.
Justo al lado de Gu Lin.
El rostro de Gu Lin seguía enrojecido.
Miraba el teléfono en silencio, sin atreverse siquiera a mirar a Pei Sheng.
Incluso contenía deliberadamente la respiración para no percibir su aroma.
Chu Gege acababa de enviarle un mensaje preguntándole cómo le había ido la noche anterior con su transmisión sugerente.
LL: La próxima vez ya no haré eso.
Chu Gege supo inmediatamente por aquella respuesta que algo debía haber ocurrido la noche anterior y preguntó con curiosidad qué había pasado.
Naturalmente, Gu Lin jamás le contaría lo sucedido.
Era demasiado vergonzoso.
Solo respondió brevemente:
LL: Pei Sheng no me deja.
Ha llegado la señorita: ¿Por qué es tan posesivo?
LL: Yo también creo que eso está mal.
Ha llegado la señorita: En realidad tampoco necesitas hacer contenido sugerente. Eres guapo, puedes vivir de tu cara. Pero ¿todavía vas a venir a trabajar?
Gu Lin estaba a punto de responder que al día siguiente iría a trabajar cuando se abrió la puerta.
Chu Yu y Xie Shu entraron juntos.
Ese día llevaban chaquetas del mismo estilo, una negra y otra blanca, y caminaban tomados de la mano con gran intimidad.
Al verlos, Gu Lin pudo percibir de manera muy concreta cómo era una pareja de enamorados.
—No llegamos tarde, ¿verdad?
Chu Yu se sentó y Xie Shu ocupó el lugar a su lado.
Del cuello de Xie Shu colgaba una cámara blanca cubierta con adorables pegatinas.
Era evidente que debía pertenecer a Chu Yu.
Zhou Shaoran se apresuró a decir que no y llamó al mesero para pedir la comida.
Nada más sentarse, Chu Yu giró hacia Gu Lin.
—¿Qué perfume usas? Hueles muy dulce, como a manzana.
Los ojos de Zhou Shaoran comenzaron inmediatamente a alternar entre Gu Lin y Pei Sheng.
¿Qué demonios habían estado haciendo esos dos antes de llegar?
Gu Lin sonrió.
Su voz todavía sonaba nasal.
—Creo que es mi champú. Tiene aroma a manzana verde.
—¿Estás resfriado?
Chu Yu percibió enseguida que su voz sonaba diferente.
—Un poco, pero estoy bien.
Mientras hablaba, Gu Lin sacó el regalo que había comprado y se lo entregó.
—Esto es para ti. Espero que te guste.
Chu Yu se sorprendió gratamente.
—¡Eres demasiado bueno conmigo!
Ni Xie Shu ni Zhou Shaoran esperaban que Gu Lin hubiera preparado específicamente un regalo para Chu Yu.
Después de todo, solo se habían visto una vez.
—Somos amigos.
Gu Lin le entregó la bolsa.
—No es algo demasiado valioso.
Por un momento, Chu Yu no supo si debía aceptarlo.
Pei Sheng habló desde un lado:
—Lo compró especialmente para ti.
Solo entonces Chu Yu lo recibió.
—Gracias, Xiao Lin.
—No es nada. Con que te guste, yo estaré feliz.
Los ojos de Gu Lin se curvaron ligeramente con su sonrisa.
Era evidente que estaba sinceramente contento.
Chu Yu no pudo resistirse y le pellizcó las mejillas.
—¿Cómo puedes ser tan adorable?
Antes de que pudiera seguir pellizcándolo, Xie Shu le retiró la mano.
—Estoy celoso.
Chu Yu lo miró de reojo.
—¿Por qué eres tan posesivo?
Xie Shu ni siquiera intentó negarlo.
—Porque estoy celoso.
Gu Lin recordó que Chu Gege acababa de decir que Pei Sheng también era muy posesivo.
Instintivamente giró la cabeza para mirar al hombre sentado a su lado.
Cierto.
¿Con qué derecho le prohibía hacer contenido sugerente?
¿Acaso él también estaba celoso?
Al pensar en aquella posibilidad, Gu Lin sintió una satisfacción secreta.
Hasta enderezó un poco la espalda.
Desde un lado, Pei Sheng observó cómo aquella cabeza que hacía un momento parecía marchita recuperaba repentinamente la vitalidad.
Por alguna razón, le recordó a un pequeño hongo que luchaba por revivir.
La comida llegó rápidamente.
A diferencia de Zhichun, los platos de aquel restaurante tenían presentaciones muy elaboradas, pero porciones bastante pequeñas.
Gu Lin jamás se contenía cuando tenía la oportunidad de comer gratis, así que comió con más entusiasmo que nadie.
Cuando terminaron, llegó la hora de que Chu Yu se marchara.
Bajaron para despedirlos y, mientras esperaban que llegara el auto, Chu Yu preguntó discretamente a Gu Lin:
—¿Por qué siento que tú y Pei Sheng discutieron? Durante toda la comida casi no hablaron.
Gu Lin asintió.
—Ahora mismo lo odio.
—Jajaja, ¿por qué lo odias?
Chu Yu encontraba demasiado divertida la relación entre aquellos dos.
Desde un lado, Pei Sheng respondió con indiferencia:
—Está en plena etapa rebelde. Aparte de sí mismo, odia al mundo entero.
Gu Lin:
«…»
¡Ahora lo odiaba el doble!
Después de despedirlos, ellos también debían regresar.
Gu Lin se sentó en el asiento trasero y no habló durante todo el trayecto.
Le dolía un poco la cabeza.
Su espalda alternaba entre escalofríos y oleadas de calor.
Pei Sheng tampoco se dio cuenta.
Cuando Zhou Shaoran giró la cabeza para preguntar dónde debían dejar a Gu Lin, descubrió que ya se había quedado dormido en el asiento trasero.
—Se durmió —dijo en voz baja.
Pei Sheng levantó la mirada del teléfono y se volvió.
Gu Lin dormía profundamente con la cabeza inclinada contra la ventanilla.
El rubor de su rostro todavía no había desaparecido.
Pei Sheng preguntó, desconcertado:
—Cuando terminas de masturbarte, ¿se te queda roja la cara durante tanto tiempo?
Zhou Shaoran lo miró con absoluto estupor.
—Ge, ¿qué estás intentando hacer? ¿Por qué me preguntas eso? ¿Tú nunca lo has hecho?
Pei Sheng simplemente sentía que quizá Gu Lin era diferente a él en ciertos aspectos.
—Responde.
No tenía ganas de explicárselo.
—Cof… Soy un hombre adulto, ¿por qué se me iba a poner roja la cara?
Mientras lo decía, el propio rostro de Zhou Shaoran comenzó a enrojecerse.
Pei Sheng chasqueó la lengua.
—Detente a un lado.
Sintió que algo no estaba bien con Gu Lin.
En cuanto el auto se detuvo, Pei Sheng pasó al asiento trasero y tocó el rostro de Gu Lin.
Estaba bastante caliente.
Después apoyó una mano sobre su frente.
—Tiene fiebre. Vamos al hospital.