Transmigré como el hermoso hombre embarazado del protagonista obsesivo - Capítulo 36

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—¿Cómo me encontraste aquí? —preguntó Zou Beiqi instintivamente.

—Si quiero saberlo, hay muchas formas de averiguarlo. —Heng Shi le sujetó con fuerza las muñecas desde atrás—. Te pregunté adónde ibas, ¿por qué no me respondes? Déjame adivinar: ¿ibas a buscar a Xie Jingyuan? De verdad te gusta mucho. Ya sea por sus logros o por cualquier otro aspecto, tampoco es que sea mucho mejor que yo.

Al llegar a este punto, hizo una breve pausa.

—¿O es que te gustan más jóvenes?

—No. Xie Jingyuan y yo no tenemos esa clase de relación.

—Claro que no. Ya se lo pregunté. Antes ni siquiera te conocía. —Las yemas de los dedos de Heng Shi acariciaron la mejilla de Zou Beiqi—. ¿Te asustaron unas cuantas bromas? Pero eso tampoco importa. No importa por qué quieras escapar ni adónde pretendas ir. Qiqi lleva a mi hijo en el vientre, así que solo puedes quedarte a mi lado. ¿Lo olvidaste?

—No quiero retenerte por el niño. Si ya estás decepcionado de mí, no pasa nada si después del divorcio estás con otra persona. Como dijimos al principio, podrías venir a ver al niño regularmente…

Zou Beiqi se humedeció los labios, inexplicablemente nervioso.

—¿Qué otra persona?

—La noche de la tormenta de nieve, Xie Jingyuan pasó la noche en tu habitación. Además, regresaste al país con él, y también…

Heng Shi lo interrumpió, como si estuviera reprimiendo a la fuerza el enojo de su voz:

—Tienes demasiada imaginación. No sé por qué dices que pasé la noche con él. El día de la tormenta vino a entregarme unos documentos urgentes y, como no podía marcharse, reservó otra habitación para él. A la mañana siguiente vino a informarme sobre unos datos experimentales. Solo entró dos veces en mi habitación, nada más. Regresamos juntos por el proyecto. Él está relacionado con la base y, después de que cerráramos el acuerdo de cooperación, debía traerlo a la empresa para que viniera a aprender aquí.

Zou Beiqi se quedó atónito.

—Ya basta. Sumando lo de hoy, que intentaste escapar a escondidas del mayordomo, esto ya no es algo que puedas arreglar diciéndome un par de cosas bonitas. —Heng Shi fingió indiferencia mientras jugueteaba con su reloj de pulsera—. Dime, ¿qué se supone que debo hacer contigo? Ni siquiera sirve que el mayordomo te vigile. Si un día vuelves a escaparte tú solo estando embarazado y te ocurre algo, sería terrible. ¿No crees, Qiqi?

Zou Beiqi vaciló un momento antes de sacar el teléfono del bolsillo.

—Entonces… instala un localizador en mi teléfono. Sé que existen aplicaciones para eso.

Heng Shi desbloqueó su propio teléfono y se lo puso en la mano.

—¿Sabes hacerlo? Hazlo.

En comparación con compartir la ubicación mediante WeChat, la aplicación que conocía Zou Beiqi era mucho más práctica. Podía ejecutarse en segundo plano sin interferir con otras aplicaciones y proporcionaba información de ubicación mucho más detallada. Prácticamente no existía la posibilidad de que dejara de funcionar por cerrarla accidentalmente.

Sin embargo, tenía una desventaja: si el teléfono se quedaba sin batería y se apagaba, ya no podía enviar la ubicación.

Evidentemente, Heng Shi también había pensado en ello.

—Por si acaso, será mejor que contrate a un guardaespaldas para que te siga. Así también podrá cuidar de tu seguridad y la del bebé.

Zou Beiqi entendió perfectamente lo que implicaban esas palabras. El guardaespaldas no solo sería responsable de protegerlo a él y al bebé, sino también de vigilar sus actos.

Comprendía a Heng Shi. Incluso sin el malentendido relacionado con Xie Jingyuan, los problemas entre ellos no podían resolverse de la noche a la mañana. Aunque Heng Shi ya no temiera que se marchara con Xie Jingyuan, seguiría preocupado de que Zou Beiqi volviera a dejarlo de lado por alguna otra persona, aunque nunca hubiera sido su intención.

Sin embargo, aquello no era una solución razonable.

A veces Zou Beiqi pensaba que quizá podría proponer otras condiciones aparte del rastreo. Pero, en realidad, Heng Shi no le estaba dando a elegir. Solo estaba insinuándole que no había otra forma de complacerlo.

No podía ignorar los sentimientos de Heng Shi, del mismo modo que tampoco podía evitar caer en la trampa que este le tendía.

—Lo entiendo.

Zou Beiqi manipuló ambos teléfonos al mismo tiempo. Desactivó el permiso para ver la ubicación de Heng Shi, dejando únicamente activa la transmisión unilateral de su propia ubicación.

Heng Shi recuperó el teléfono y entró en la aplicación para echarle un vistazo.

—¿No quieres saber dónde estoy yo?

—Con que tú sepas dónde estoy yo es suficiente.

—Somos amantes en igualdad de condiciones. No eres mi esclavo.

—…Puedo serlo.

Zou Beiqi lo dijo para complacerlo. Sabía que aquellas palabras de Heng Shi no eran más que una prueba.

—Muy bien. Ahora estoy un poco de mejor humor. —Heng Shi soltó una risita—. Admito que tenerte bajo control me produce bastante satisfacción.

Entonces cambió de tema.

—Quítate el cinturón y pasa al asiento del copiloto. Primero volvamos a la villa. Hablaremos de lo demás cuando despiertes.

……

Cuando regresaron a la villa ya era demasiado tarde.

Heng Shi no dijo mucho y llevó directamente a Zou Beiqi al dormitorio principal, observándolo acostarse en el otro lado de la cama.

—¿Ya me perdonaste?

—No. —El tono de Heng Shi permaneció tranquilo—. Ya te dije que hablaremos cuando despiertes. Es demasiado tarde. No quiero que afecte tu salud.

Al oírlo, Zou Beiqi cerró los ojos obedientemente.

Al principio había creído que Heng Shi ya estaba fingiendo dormir cuando él se escapó, pero más tarde descubriría que, en realidad, el sonido involuntario de sus pasos al marcharse lo había despertado.

Además, Heng Shi había hecho que vaciaran de antemano el tanque de combustible del auto.

Pasara lo que pasara, Zou Beiqi jamás habría podido marcharse.

……

Zou Beiqi despertó muy tarde.

Cuando abrió los ojos, descubrió que Heng Shi no estaba acostado al otro lado de la cama, sino sentado frente a él. Llevaba camisa y pantalones blancos de traje, mientras que la chaqueta a juego estaba colocada a un lado.

Era exactamente el atuendo que había llevado el día del cumpleaños de Zou Beiqi.

—¿Heng Shi?

—Ve a asearte primero.

Todavía vestido con su camisón, Zou Beiqi entró obedientemente al baño. Después de arreglarse, regresó y volvió a sentarse al borde de la cama, frente a Heng Shi.

—¿Sabes qué regalo de cumpleaños había preparado para ti?

Mientras hablaba, señaló un perchero de pie situado a un lado. Colgaba de él toda una hilera de vestidos de novia y trajes blancos, cada uno de un estilo diferente.

—Es…

No pudo decirlo en voz alta, aunque en realidad ya lo había comprendido.

—Reservé el lugar e incluso envié las invitaciones, pero tú no apareciste.

Era evidente que Heng Shi todavía no había podido dejar atrás aquel asunto. Su voz se volvió un grado más fría.

—Qiqi, lo que me debes tendrás que devolvérmelo.

—Lo sé…

—Bien. Ahora ven aquí.

Heng Shi se acercó al perchero y pasó los dedos por cada una de las prendas. Finalmente se detuvo frente a un traje blanco.

—Este no. No lo usarás.

Retiró la mano y, tras vacilar un momento, escogió otro atuendo.

—Este. Así no tendré que preocuparme de que pises el dobladillo y te caigas. ¿Qué opinas, Qiqi?

—Yo… haré lo que tú digas.

—Así está mejor, Qiqi.

Heng Shi se acercó a Zou Beiqi y su respiración rozó suavemente su cuello.

—No pienses que conmigo vas a tener libertad para elegir.

—Lo sé.

—Entonces ven a cambiarte.

Heng Shi le sujetó la nuca con una mano mientras con la otra comenzaba a desabrocharle el camisón.

La piel clara de su pecho quedó inmediatamente expuesta y las orejas de Zou Beiqi comenzaron a arder sin remedio.

No era la primera vez que Heng Shi veía su cuerpo, pero lo que sentía en aquel momento era completamente distinto a las ocasiones anteriores.

Tanto por el roce de sus dedos como por la forma en que Heng Shi lo miraba.

Cuando lo conoció, Zou Beiqi jamás habría podido asociar aquella mirada con algo llamado deseo. Sin embargo, ahora lo percibía claramente en sus ojos.

—Eres muy hermoso, cariño.

Las yemas de los dedos de Heng Shi eran como gotas de agua que lo arrastraban hacia un sueño fresco al tacto y, sin embargo, extrañamente agradable.

El frescor continuó extendiéndose, como si una fina lluvia cayera sobre él. Aunque aquellas gotas carecían de calor, parecían calentarse de golpe en cuanto tocaban su piel.

El camisón terminó abandonado a un lado.

Zou Beiqi frotó incómodamente los dedos contra las sábanas. Tenía el rostro tan caliente que deseaba esconderse directamente bajo las mantas.

—No te muevas.

Heng Shi rodeó sus hombros con un brazo mientras apoyaba la otra mano sobre su vientre ligeramente abultado, recorriendo suavemente su curva.

—¿El bebé sabe qué estamos haciendo?

—…

—Esto solo es otra forma de comunicarnos. No vamos a enseñarle nada malo al bebé. Solo los papás pueden hacer esto entre ellos.

—Solo conmigo —recalcó Heng Shi.

Entonces sus caricias se volvieron más íntimas, y Zou Beiqi no consiguió contener un sonido.

—…Ah.

—Así que te gusta aquí.

Zou Beiqi estuvo a punto de pedirle que se detuviera, pero se tragó las palabras.

Heng Shi le puso un dedo sobre los labios y, al instante siguiente, con absoluta naturalidad, comenzó a vestirlo personalmente con el vestido de novia, como si las provocaciones de hacía un momento no hubieran tenido nada que ver con él.

—Te queda muy bien.

La mirada de Heng Shi recorrió su cuerpo. El vestido era corto y el dobladillo llegaba aproximadamente hasta las rodillas, dejando al descubierto sus esbeltas y claras pantorrillas.

—También tienes unas piernas muy bonitas.

Después de decirlo, se agachó y depositó un beso sobre una de sus pantorrillas.

—Bajemos primero.

Nada más llegar a la sala, Zou Beiqi reparó en un rostro desconocido.

Según la presentación de Heng Shi, era el guardaespaldas que acababa de contratar. Podía llamarlo Xiao Cheng.

Xiao Cheng saludó a Zou Beiqi con una inclinación de cabeza y, después de las presentaciones necesarias, comenzó a cumplir con su trabajo. No viajaría en el mismo auto que sus dos empleadores, sino que conduciría otro vehículo detrás de ellos.

El auto en el que viajaría Zou Beiqi había sido decorado especialmente con cintas rosas, rosas y muñecos de pareja. Parecía casi un auto nupcial.

Zou Beiqi siempre había creído que a Heng Shi no le gustaban esas cosas.

Xiao Li conducía.

Heng Shi abrió la puerta trasera y ayudó cuidadosamente a Zou Beiqi a entrar, arreglándole de paso el dobladillo del vestido.

—Siéntate bien, mi novio.

El lugar de la boda era una iglesia situada a uno o dos kilómetros de la villa.

La ceremonia no seguía exactamente el mismo procedimiento que Zou Beiqi conocía, y entró al lugar de la mano de Heng Shi.

Prácticamente todas las personas cuyos nombres Zou Beiqi podía recordar estaban allí. Todos observaban sonrientes a la pareja que avanzaba hasta situarse frente al sacerdote.

En el centro de la primera fila estaban los padres de Zou Beiqi.

Después de un tiempo de tratamiento, su padre ya podía salir con dificultad gracias a una silla de ruedas. Sin embargo, todavía necesitaría bastante tiempo para poder vivir de manera independiente.

Y, por supuesto, tampoco era seguro que algún día recuperara por completo su estado anterior.

Cuando el último «acepto» salió de los labios de Zou Beiqi, Heng Shi lo besó al instante.

El beso comenzó suave y prolongado, pero poco a poco se volvió posesivo. Heng Shi profundizó el beso y terminó mordiendo ligeramente su labio inferior.

La mano alrededor de su cintura fue estrechándose cada vez más.

Aunque le dolió un poco, Zou Beiqi no emitió ningún sonido.

Fuera de la iglesia había una amplia extensión de césped donde ya habían dispuesto mesas, bebidas y todo lo necesario.

Los recién casados salieron junto con los invitados. Zou Beiqi conversó brevemente con sus padres y saludó a algunos conocidos, mientras Heng Shi también charlaba con varios amigos.

Finalmente, preocupado por el estado físico de Zou Beiqi, Heng Shi hizo que Xiao Li lo llevara primero de regreso a la villa.

Xiao Cheng continuó siguiéndolo en otro auto y, apenas llegaron, desapareció discretamente de su vista.

Dentro de la villa prácticamente no necesitaban a Xiao Cheng. Había suficientes niñeras y mayordomos, y cualquiera de ellos podía ser quien informara a Heng Shi.

Solo dentro de su habitación podía Zou Beiqi disfrutar de un breve momento de libertad.

Al regresar al dormitorio principal, se quitó el velo, bajó la cremallera del vestido y entró al baño para darse una ducha.

Permanecer afuera entre tantos invitados había sido difícil de soportar y una fina capa de sudor cubría su cuerpo.

Zou Beiqi se tumbó en la cama con una bata y, sin darse cuenta, se quedó dormido.

Cuando despertó, ya estaba cayendo la tarde.

Heng Shi estaba sentado junto a la cama. Se había quitado la chaqueta, llevaba dos botones de la camisa desabrochados y la corbata ligeramente torcida.

—¿Por qué te quitaste el vestido?

La atención de Heng Shi se había centrado precisamente en algo que Zou Beiqi no esperaba.

—Estaba sudando.

Zou Beiqi observó cuidadosamente su expresión.

—Eso cuenta como actuar por tu cuenta. Rompiste las reglas.

Zou Beiqi intentó complacerlo de inmediato, pero lo único que consiguió decir fue una torpe disculpa:

—Lo siento. No volverá a ocurrir.

—Basta con dejar de vigilarte un momento para que surja algún problema.

Heng Shi fingió indiferencia mientras le acomodaba el cabello junto a la sien.

—Los demás no pueden entrar en la habitación. Si yo no estoy, no tengo forma de saber qué haces.

—Puedo informarte de cada cosa que haga.

—¿Y si me mientes? Qiqi, no soy tonto.

Si existía otra manera de satisfacer a Heng Shi, Zou Beiqi no tenía inconveniente en hacerlo.

Pero sabía qué quería Heng Shi.

Aunque no deseaba que su relación siguiera avanzando hacia una dinámica cada vez más retorcida, después de vacilar un momento terminó diciendo:

—Entonces instala una cámara en la habitación. Así podrás saber en cualquier momento qué estoy haciendo.

—Tú lo has dicho.

Heng Shi parecía bastante satisfecho con la propuesta.

—Mañana mismo llamaré a alguien para que la instale.

……

En días laborales, Heng Shi tenía que marcharse temprano a la empresa, por lo que Zou Beiqi era el único que permanecía en la cama.

No llevaba mucho tiempo despierto cuando recibió una llamada. La persona al otro lado afirmó que venía a instalar la cámara y preguntó cuándo sería conveniente hacerlo.

Zou Beiqi calculó el tiempo. No tardaría demasiado en asearse y luego bajaría a desayunar, por lo que la habitación quedaría vacía.

—Puede venir ahora.

El técnico llegó enseguida y tardó poco más de media hora en terminar la instalación. Incluso le preguntó si necesitaba instalar la aplicación para consultar las imágenes de vigilancia.

—No hace falta. Con que el señor Heng la tenga instalada es suficiente.

Después de despedir al técnico, Zou Beiqi continuó con el desayuno que había dejado a medias.

Tomó un trozo de pan recién tostado y utilizó una cuchara para untarle mermelada de arándanos. Sin embargo, por un descuido, parte de la mermelada cayó sobre su ropa y dejó una mancha.

No tuvo más remedio que dejar la comida y regresar al dormitorio. Sacó del armario una camiseta holgada y, después de quitarse la prenda manchada, apenas terminó de ponérsela cuando su teléfono vibró.

Lo tomó instintivamente.

Era un mensaje de Heng Shi.

【Qiqi, no uses esa. No te queda bien.】

Zou Beiqi recordó entonces que había una cámara en la habitación.

Probablemente Heng Shi había visto cada uno de sus movimientos mientras se cambiaba.

Instintivamente levantó la mirada hacia la cámara claramente visible en el techo.

¿Heng Shi lo estaría observando justo en ese momento a través de ella?

El teléfono volvió a vibrar.

【No me mires así. Primero termina de vestirte.】

【Ponte uno de los vestidos que te compré.】

Solo entonces Zou Beiqi reparó en que todavía no se había puesto los pantalones. Se quitó la camiseta, volvió a colgarla en el armario y escogió un vestido negro.

【Bien. Así estás mucho más bonito.】

Heng Shi parecía preferir verlo vestido con faldas, aunque Zou Beiqi no entendía por qué.

……

En uno de los días libres de Heng Shi, este se encontraba en la villa.

Zou Beiqi acababa de levantarse y bajar las escaleras cuando vio el suelo cubierto de trozos de papel de regalo. Al parecer habían recibido numerosos obsequios y la niñera estaba abriéndolos uno por uno.

—Primero revisa qué es cada cosa. Lo que sirva, colócalo donde corresponda. Lo demás puede ir al almacén —indicó Heng Shi.

Probablemente al ver a Zou Beiqi en las escaleras, añadió a modo de explicación:

—Son felicitaciones porque llegamos a una intención de cooperación con el país X. En realidad, todos quieren obtener una parte del beneficio.

Zou Beiqi asintió.

Entonces vio cómo la niñera sacaba de una caja de regalo plana un vestido rojo intenso de tirantes.

Evidentemente no parecía un regalo destinado a Heng Shi.

—¿Quién envió eso?

Heng Shi bajó las escaleras en pocos pasos y, furioso, le arrebató la caja a la niñera.

Sobre ella estaba escrito claramente el nombre de Meng Yinsheng.

Heng Shi destrozó el vestido en el acto y los pedazos de tela roja cayeron al suelo.

—Quémalo. Quema también la caja. Quiero que no quede absolutamente nada.

—…Sí.

La niñera parecía intimidada por su furia. Sacó una hoja de papel que también estaba dentro de la caja y se la entregó.

—Señor Heng, parece que había algo más dentro.

Antes de que Zou Beiqi pudiera acercarse, Heng Shi apenas miró el papel y, todavía enfurecido, lo hizo pedazos.

—¿Heng Shi?

Zou Beiqi se acercó entonces. Por el rabillo del ojo ya había visto el nombre de Meng Yinsheng sobre la caja.

—Él…

—Ese desgraciado. Seguramente no consiguió cerrar la cooperación con el país X y ahora viene a provocarme.

—¿No pasa nada?

—Yo me encargaré. Esto no es algo en lo que puedas intervenir. Sé bueno. Tengo que volver a la empresa. Compórtate y no salgas corriendo por ahí.

Heng Shi arregló rápidamente su aspecto, tomó el portafolio y abandonó la villa.

Zou Beiqi pidió a la niñera que recogiera los pedazos de papel.

No estaban demasiado destrozados, así que todavía podía distinguir algunas palabras.

—Yanxin Pharmaceutical… ¿datos clínicos de un medicamento? Esto es…

¿Por qué Meng Yinsheng les habría enviado algo así?

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