Transmigré como el hermoso hombre embarazado del protagonista obsesivo - Capítulo 24

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Los transeúntes les desearon entre risas que su matrimonio durara cien años y no tardaron en doblar la siguiente esquina, desapareciendo de su vista.

—¿De verdad te importa tanto eso?

—No. Solo lo dije por decir.

Zou Beiqi sonrió ampliamente.

—No sabía que también tenías momentos tan infantiles.

Heng Shi no respondió, como si se negara a admitir que aquella palabra pudiera aplicarse a él. Zou Beiqi tampoco le dio demasiada importancia. Levantó la cámara que llevaba colgada al cuello y apuntó hacia aquel par de rudimentarios muñecos de nieve antes de presionar el obturador.

El objetivo se desplazó lentamente hasta enfocar a Heng Shi.

A diferencia de aquella vez frente al complejo de la empresa, ese día llevaba un abrigo largo y una bufanda negra muy parecida a la de Zou Beiqi, quizá incluso del mismo modelo. Su atuendo armonizaba perfectamente con el paisaje nevado que lo rodeaba.

—Allá están los faroles de nieve. ¿Quieres ir a verlos? —preguntó Heng Shi, volviendo el rostro hacia él.

La nieve caía suavemente sobre Heng Shi y pequeños copos se habían posado incluso en sus pestañas. Zou Beiqi levantó la mano por reflejo y los retiró con la yema del índice.

Al igual que cuando dormía en el hotel, las largas pestañas ligeramente curvadas de Heng Shi temblaron suavemente.

—Vamos.

Heng Shi se quitó el guante y volvió a colocárselo en la mano a Zou Beiqi.

Zou Beiqi caminó detrás de él. A lo lejos podía distinguirse un tenue resplandor y, al acercarse, descubrió que se trataba de faroles de nieve que se extendían a ambos lados del camino hasta perderse en la distancia.

Las paredes exteriores estaban hechas de nieve apilada y en el hueco central había una pequeña lámpara encendida. Parecía una diminuta casa blanca que ocultaba en su interior la cálida luz de un hogar.

Zou Beiqi no pudo evitar agacharse para observar uno con atención.

Solo entonces descubrió que en la pared de nieve habían grabado con letras pequeñas el deseo de su creador para el futuro:

Que mi familia goce de buena salud y viva feliz y en paz.

—¿Por qué lo miras con tanta atención?

Heng Shi se agachó a su lado y siguió su mirada. Evidentemente, también vio el deseo grabado en el farol.

—Heng Shi…

Zou Beiqi vaciló un momento, pero finalmente no pudo contener la curiosidad.

—Si fueras tú, ¿qué deseo pedirías?

—Que el nuevo medicamento salga al mercado sin problemas.

Como era de esperar de un adicto al trabajo.

—¿Y aparte de eso?

—Que estés a salvo.

Heng Shi pareció querer añadir algo, pero sus labios terminaron cerrándose justo ahí.

Zou Beiqi se quedó inmóvil un instante.

Claro.

Llevaba al hijo de Heng Shi en el vientre. Mientras él estuviera sano y salvo, el niño podría nacer sin problemas.

—¿Y tú qué pedirías? —preguntó Heng Shi.

—Que papá se recupere pronto, que mi familia deje de sufrir y que el niño nazca sano.

—Mm.

Heng Shi hizo una pausa.

—¿Ya lo pensaste bien? Me refiero a lo que harás después de que nazca el niño.

La pregunta hizo que el ánimo de Zou Beiqi se ensombreciera ligeramente.

La primera vez que Heng Shi había mencionado ese asunto en el jardín trasero, Zou Beiqi había pensado que todavía era demasiado pronto y que tendría mucho tiempo para considerarlo.

Sin embargo, más de tres meses habían pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Y él seguía aferrado a la misma idea: si Heng Shi y Xie Jingyuan terminaban enamorándose, recogería silenciosamente sus cosas y se marcharía.

—¿Zou Beiqi?

—Ah… Mm.

Zou Beiqi sabía que, cuando Heng Shi lo llamaba por su nombre completo, hablaba en serio. No podía seguir evadiendo la pregunta.

—Mientras no haya ninguna razón necesaria para hacerlo, no me iré. Esa es mi decisión por ahora.

—¿Ah, sí?

La voz de Heng Shi pareció mezclarse con la nieve.

Fría.

—Tu actitud parece un poco extraña.

—No. Son imaginaciones tuyas.

Heng Shi se incorporó y contempló a Zou Beiqi, que seguía agachado en el suelo como un pequeño hongo. Su suave cabello estaba cubierto de copos de nieve.

Extendió una mano y se los sacudió.

Zou Beiqi levantó el rostro para mirarlo.

—Debería comprarte un gorro tejido.

—No me gustan. Con unas orejeras basta.

Cuando era pequeño, Zou Beiqi tenía poco cabello. Cada vez que se ponía un gorro de invierno parecía completamente calvo y sus compañeros de clase se habían burlado de él durante varios días.

—Tienes el cabello lleno de nieve.

—Tú también.

—Yo no tengo frío.

—Entonces podemos encanecer juntos. No está mal.

Apenas terminó de hablar, Zou Beiqi sintió que la frase sonaba un poco extraña y enseguida la corrigió.

—Quiero decir… podemos cubrirnos juntos de nieve.

Heng Shi soltó una risa.

—¿Seguimos? Vamos a ver los otros faroles.

……

El sendero era muy largo, como si nunca fueran a llegar al final.

Zou Beiqi observaba los faroles de nieve a lo largo del camino cuando el llanto de un niño interrumpió repentinamente su entusiasmo.

Giró la cabeza hacia Heng Shi.

—¿Lo escuchaste?

—Mm.

—Voy a ver.

Heng Shi pareció querer detenerlo, pero finalmente no extendió la mano.

Dejó que Zou Beiqi caminara hasta un niño que estaba tirado sobre la nieve y se agachara frente a él.

Zou Beiqi examinó al pobre muchacho.

Parecía tener unos ocho o nueve años. Estaba sucio de pies a cabeza y, a pesar del frío y la nieve, solo llevaba una camiseta delgada de manga larga que además le quedaba demasiado grande.

A su lado había un cuenco roto con algunos billetes y monedas.

Zou Beiqi se quitó la bufanda por reflejo y se la colocó alrededor del cuello para abrigarlo.

—Pequeño, ¿qué te pasa?

—Tengo mucho frío. No tengo dinero para comprar ropa de invierno.

El niño puso inmediatamente una expresión al borde del llanto.

Ahora que Zou Beiqi estaba más cerca, pudo observarlo con atención.

Y entonces se dio cuenta de que algo no encajaba.

Su rostro no parecía el de alguien que hubiera estado congelándose durante horas.

Además, su reacción había sido demasiado rápida. Zou Beiqi apenas terminó de hacer la pregunta cuando sus ojos ya estaban enrojecidos, como si estuviera fingiendo deliberadamente para despertar su compasión.

Zou Beiqi comprendió de inmediato lo que ocurría.

—Puedo ayudarte una vez, pero no toda la vida. Deberías volver con tus padres o acudir a alguna organización de ayuda.

El niño evidentemente no pensaba escucharlo.

Agarró con fuerza la bufanda y se negó a permitir que Zou Beiqi la recuperara.

Zou Beiqi estaba a punto de decir algo más cuando el niño comenzó a llorar a gritos.

El sonido casi le perforó los oídos.

Los transeúntes comenzaron a reunirse a su alrededor.

Zou Beiqi no necesitaba imaginar lo que pensarían quienes no conocían la situación.

A sus ojos, él era un adulto acosando a un niño.

—Ya está bastante grande y todavía le quita una bufanda a un niño.

—El pequeño lleva tan poca ropa con este frío… ¿de verdad tiene que hacerle eso?

Zou Beiqi sabía que explicarse sería inútil.

Estaba dispuesto a considerarlo mala suerte y simplemente soltar la bufanda cuando la voz de Heng Shi sonó junto a él.

—Pequeño, ¿qué está pasando?

—Esta bufanda es mía…

El niño habló entre sollozos, con una expresión lastimera.

Heng Shi soltó una risa fría.

Con la punta de su zapatilla golpeó el cuenco roto del suelo.

El recipiente volcó inmediatamente y el dinero se esparció por la nieve.

—¿Tienes dinero para comprar una bufanda y aun así estás aquí mendigando?

—¡Me la encontré! —gritó el niño.

—Que te la hayas encontrado no significa que sea tuya.

Heng Shi señaló a Zou Beiqi.

—El dueño vino a recuperarla y te niegas a devolverla. ¿Sabes que apropiarte de algo ajeno sin permiso se considera robo?

La opinión de los transeúntes comenzó a cambiar.

El niño quedó en una situación incómoda y ya no pudo seguir aferrándose descaradamente a la bufanda.

Zou Beiqi la recuperó.

Entonces Heng Shi señaló la nieve junto al niño.

—Se te cayó la bolsa de agua caliente.

El niño giró inmediatamente la cabeza para mirar.

Cuando descubrió que lo habían engañado y se disponía a enfurecerse con Heng Shi, los dos ya se habían alejado.

—¿Estás bien?

Heng Shi se quitó su propia bufanda y la colocó alrededor del cuello de Zou Beiqi.

—¿Cómo no iba a estarlo? Ni siquiera llegamos a pelear.

—Me refiero a si te sientes mal por dentro.

Zou Beiqi se quedó sorprendido.

—Ahora que viniste, ya estoy bien.

Luego tiró suavemente de la bufanda de Heng Shi que llevaba alrededor del cuello.

—Tengo la mía. Ponte esta tú para no tener frío.

—La tuya está sucia. Tírala.

—Puedo lavarla.

—No quiero volver a verla.

Zou Beiqi sabía que Heng Shi no era de esas personas que desperdiciaban cosas solo porque tenían dinero.

Por eso no entendía por qué estaba tan molesto por una simple bufanda.

Permaneció callado y lo pensó un momento.

A diferencia del dinero que Heng Shi solía transferirle para que comprara lo que necesitara, aquella bufanda había sido elegida personalmente por él.

Y Zou Beiqi había intentado regalársela a otra persona delante de sus propios ojos.

No era extraño que estuviera disgustado.

—No lo pensé demasiado.

—No estoy culpándote.

Zou Beiqi podía percibir claramente su enfado, aunque para cualquiera que no lo conociera Heng Shi parecía más tranquilo que de costumbre.

—Había tiendas de ropa al lado. Incluso podías llamar a la policía. Tenías mejores maneras de ayudar.

—Lo siento.

—Ya dije que no te culpo. El culpable es el estafador.

Heng Shi hizo una pausa.

—Y yo.

—……No, Heng Shi. Aunque yo tuviera buenas intenciones, tienes todo el derecho de enfadarte conmigo.

—……

Heng Shi soltó un suspiro casi imperceptible.

Tomó la bufanda de las manos de Zou Beiqi y la arrojó al bote de basura cercano.

—Será mejor tirarla. Te compraré otra.

—¿No tienes frío?

—No.

—Ya es tarde. Volvamos al hotel. Necesitas descansar temprano.

……

La habitación del hotel tenía calefacción.

Zou Beiqi se quitó una por una todas las prendas de invierno hasta quedarse únicamente con un suéter color crema.

Apenas se sentó junto a la cabecera, recibió un mensaje de Sheng Wanzhong.

Era la transferencia mensual con la que le devolvía parte del dinero.

Sheng Wanzhong: 【¿Te estás divirtiendo?】

Zou Beiqi: 【Mm, bastante.】

Sheng Wanzhong: 【Hoy fui a ver a Lin Huixi y a su hija. ¡Había tantas personas de buen corazón visitándolas que casi no pude entrar!】

【La niña tiene mucho mejor aspecto que cuando la conocí. Parece que Lin Huixi también regresó al trabajo, pero le preocupa tener menos tiempo para cuidar a su hija. También teme que ese desgraciado aparezca en la habitación del hospital mientras ella no está.】

【Beiqi, ¿no has tenido ningún problema últimamente?】

Zou Beiqi: 【No. No te preocupes.】

—Duerme temprano.

Heng Shi estaba sentado en su propia cama, mirando a Zou Beiqi en la cama de enfrente.

—Llevas mucho rato escribiendo.

—Sheng Wanzhong acaba de decirme que Lin Huixi volvió al trabajo. Le preocupa no tener tiempo para cuidar a su hija y que su exmarido pueda volver a causar problemas. Estoy pensando si podría ayudarla de alguna manera.

—Hablaremos de eso cuando volvamos a Liwan. Ahora estás de viaje conmigo. Se supone que debes relajarte.

—Mm.

Zou Beiqi no tuvo más remedio que dejar temporalmente el asunto.

Estaba a punto de terminar la conversación con Sheng Wanzhong para ducharse y dormir cuando el otro lanzó inesperadamente un nuevo tema.

Sheng Wanzhong: 【¿Y cómo terminó lo de tu esposo?】

Zou Beiqi: 【¿Qué cosa?】

Sheng Wanzhong: 【¿No fue al país X para hablar con el centro de investigación farmacéutica de allá? Después no sé por qué regresó antes de tiempo y las negociaciones de cooperación quedaron aplazadas.】

Zou Beiqi: 【……】

¿Qué le había dicho Heng Shi en aquel momento?

Que otras personas podían encargarse de los asuntos de allá.

Sheng Wanzhong: 【¿Qué significa esa reacción?】

【No me digas que tu esposo regresó al país y ni siquiera volvió a casa.】

Zou Beiqi: 【Voy a dormir. Buenas noches.】

—Heng Shi.

Zou Beiqi bloqueó la pantalla del teléfono y levantó el rostro para mirarlo.

—¿Qué pasa?

—¿Por qué aplazaste las negociaciones con el país X?

Heng Shi permaneció en silencio durante mucho tiempo.

Tanto que Zou Beiqi tuvo la impresión de que la habitación, a pesar de estar llena del calor de la calefacción, comenzaba a congelarse lentamente.

—Estaba preocupado por ti. El doctor Xie dijo que te dolía muchísimo. Temía que te ocurriera algo como la vez anterior… que perdieras al niño. Tenía miedo de que murieras.

Zou Beiqi estaba a punto de hablar cuando Heng Shi lo interrumpió.

—Admito que me importas. Al menos ahora mismo, ocupas el primer lugar.

—Eso…

Él era el primero para Heng Shi.

Zou Beiqi ni siquiera consiguió pronunciar una frase completa.

En un instante, innumerables posibilidades cruzaron por su cabeza.

Quizá el niño hacía que Heng Shi confundiera sus sentimientos.

O quizá precisamente por el niño Zou Beiqi ocupaba el primer lugar.

—¿Puedes entenderlo, esposo mío?

Heng Shi caminó lentamente hasta situarse frente a Zou Beiqi.

Pareció querer tomarle la mano, pero después de pensarlo cambió de idea y apoyó la punta de un dedo sobre el anillo de bodas en el dedo anular de Zou Beiqi.

—Quiero que tengas debilidad por mí.

Heng Shi lo miró directamente a los ojos.

Aquella mirada era diferente de todas las anteriores.

No era fría.

Tampoco burlona.

Era seria y estaba envuelta en una extraña ternura, como una nube blanca y esponjosa suspendida solemnemente en el cielo.

Era una expresión en la que resultaba demasiado fácil perderse.

Zou Beiqi apartó la mirada.

Heng Shi lo había llamado «esposo» muchas veces, pero ninguna de ellas había sonado como ahora.

—Parece que te preocupas por todo el mundo. Te preocupas incluso por un niño desconocido en la calle. Estás de viaje para descansar y aun así sigues pensando en los problemas de Lin Huixi.

La yema del dedo de Heng Shi acarició suavemente el anillo.

—Pero yo soy tu esposo. ¿No debería recibir un poco más?

Zou Beiqi jamás había imaginado que Heng Shi pudiera pedirle algo a alguien de aquella manera.

Tenía dinero.

Tenía una carrera.

Si necesitara un buen cónyuge, probablemente podría encontrarlo con facilidad.

Zou Beiqi había pedido dinero prestado a Heng Shi en el pasado y este se había burlado de él, diciendo que no había nada en Zou Beiqi que pudiera necesitar.

Sin embargo, ahora hablaba con el tono de alguien ignorado, casi abandonado, intentando pedirle que inclinara la balanza a su favor.

—No es que no me preocupe por ti.

—Entonces no pienses en otras personas mientras estás de viaje conmigo.

Zou Beiqi guardó silencio un momento.

—Sheng Wanzhong lo mencionó casualmente y por eso yo…

—Entonces no leas sus mensajes por ahora. Léelos cuando regresemos a Liwan.

—¿Y si ocurre algo urgente?

—Es un adulto de más de veinte años. ¿Qué clase de problema puede tener que requiera específicamente de ti? Si es una emergencia, que llame a la policía.

Toda la suavidad anterior de Heng Shi desapareció al instante.

—Entiendo.

Zou Beiqi lo pensó y sujetó la muñeca de Heng Shi.

—Aprenderé a darte prioridad.

La petición del otro era bastante razonable.

Después de todo, era su esposo.

En teoría, debería tener cierta prioridad sobre los demás.

Heng Shi quedó inesperadamente en silencio.

Zou Beiqi levantó la mirada y se encontró con sus ojos.

Sin motivo alguno, pensó en la superficie de un lago ondulando suavemente bajo los fragmentos de luz solar.

Como si estuviera a punto de envolverlo por completo.

—¿Puedo besarte?

—……¿Ah?

Zou Beiqi creyó haber escuchado mal.

Heng Shi sonrió ampliamente.

—Quiero besar al niño.

No era la primera vez que hacía algo así.

Después de todo, era simplemente el cariño de un padre hacia su hijo, con una intención completamente inocente.

Zou Beiqi no tenía ningún motivo para negarse.

—Mm.

Su embarazo todavía no se notaba.

Heng Shi apoyó lentamente una mano sobre su vientre, que seguía viéndose plano.

A través de la tela de la ropa, sus dedos lo acariciaron suavemente varias veces.

Después se arrodilló junto a la cama y, al levantar ligeramente el rostro, sus labios quedaron justo a la altura del bajo vientre de Zou Beiqi.

Lo besó una vez.

Y otra.

Y otra más.

Hasta que Zou Beiqi no pudo evitar hablar.

—Ya está. El niño ya lo sintió.

—¿Y tú lo sentiste?

—¿Qué se supone que tengo que sentir?

Zou Beiqi sabía que tenía las orejas rojas.

Heng Shi pellizcó suavemente uno de sus lóbulos, caliente por el rubor, como si respondiera silenciosamente a la pregunta que acababa de hacerle.

—Ya es tarde. Duerme.

……

Zou Beiqi no podía dormir en absoluto.

Se envolvió firmemente en la pequeña manta y giró discretamente el rostro para mirar a Heng Shi.

Era como si hubiera volcado una olla de sopa.

Había metido un dedo para probarla y al principio le había parecido dulce.

Pero cuanto más saboreaba aquella dulzura, más aparecían otros sabores imposibles de describir.

Al final, Zou Beiqi ya no sabía si aquello era una sopa dulce o alguna otra cosa completamente distinta.

¿Puedo besarte?

En realidad, Zou Beiqi lo había escuchado perfectamente.

—Yo… debo haberlo entendido mal. Se refería a besarme el vientre, ¿verdad?

El teléfono que había dejado a un lado se iluminó al recibir un mensaje publicitario.

Zou Beiqi aprovechó para mirar la hora.

Pasaba de la medianoche.

Para alguien embarazado como él, ya era demasiado tarde.

Daba igual.

Que Heng Shi quisiera besarle el vientre o cualquier otra cosa absurda.

Por el bien del niño, aunque tuviera que besar al mismísimo Emperador de Jade, Zou Beiqi tenía que dormir.

Por desgracia, dormir profundamente no era algo que pudiera conseguir solo porque quisiera.

A la mañana siguiente se levantó con dos enormes ojeras.

Heng Shi las descubrió enseguida, lo interrogó preocupado durante un buen rato y finalmente lo obligó a regresar a la cama para dormir un poco más.

Los dos pasaron cinco días recorriendo Liujiang antes de emprender el regreso a Liwan.

Antes de marcharse, Heng Shi condujo el lujoso auto que habían alquilado y llevó a Zou Beiqi hasta la última parada de aquel viaje:

la calle peatonal.

Liwan también tenía calles peatonales, pero cada ciudad poseía su propio estilo.

Las de Liwan parecían impregnadas por el calor del verano.

La de Liujiang estaba cubierta de hielo y nieve.

Incluso llevando guantes, Zou Beiqi no pudo evitar frotarse ambas manos.

—Si tienes frío, dame las manos.

Zou Beiqi se quedó quieto.

—……No hace falta.

Heng Shi no insistió.

Continuó caminando junto a él por la larga calle.

Las huellas que dejaban sobre la nieve eran pisoteadas y deshechas poco después por los transeúntes que venían detrás.

La mirada de Zou Beiqi recorrió las tiendas.

Por alguna razón, todo lo que veía terminaba recordándole los besos de Heng Shi.

Solo cuando vio las bufandas expuestas en una tienda de ropa consiguió volver en sí.

Le había prometido a Heng Shi que aprendería a darle prioridad.

—Espérame.

Zou Beiqi levantó una mano para hacerle un gesto y luego entró directamente en la tienda.

Después de comparar varias opciones, eligió un establecimiento que parecía bastante exclusivo.

Temiendo que aquel joven señorito fuera demasiado exigente, pidió el modelo más caro.

Era una bufanda color borgoña.

Compró dos exactamente iguales.

Además, pidió a la dependienta que envolviera cuidadosamente una de ellas porque sería un regalo.

Ni siquiera Zou Beiqi sabía explicar por qué había comprado dos del mismo modelo.

Quizá últimamente estaba empezando a meterse demasiado bien en el papel de esposo.

Cuando salió con la bolsa de regalo entre los brazos, se encontró con Heng Shi de pie frente a la tienda, observándolo con una sonrisa.

—Te dije que me esperaras.

—No me quedaba tranquilo dejándote solo. Hay mucha gente.

—Mm. Estoy bien.

Zou Beiqi le entregó la bufanda envuelta.

—Es para ti. No sé si te gustará. También compré una para mí.

—¿Puedo abrirla?

—Mm.

De todos modos, probablemente ya la había visto.

Heng Shi abrió cuidadosamente el paquete.

A diferencia de otras personas que simplemente habrían arrancado la cinta o roto el papel, él lo desenvolvió con mucha paciencia y orden.

Finalmente apareció la bufanda color borgoña.

Heng Shi ni siquiera lo pensó antes de colocársela alrededor del cuello, aunque probablemente no costara ni una fracción de la anterior.

—Me gusta mucho.

—No parece combinar demasiado con lo que llevas puesto. ¿Quieres quitártela por ahora?

—No hace falta. Tengo frío.

Hasta hacía poco Heng Shi podía permanecer sobre la nieve con solo un suéter y un abrigo.

Además, aquel día la temperatura incluso había subido ligeramente.

Su afirmación de que tenía frío carecía por completo de credibilidad.

—¿Tú también te pondrás la tuya?

—¿Mm? Yo llevo la que me diste.

Zou Beiqi señaló la bufanda negra alrededor de su cuello.

—Ya que compraste una nueva, úsala.

Aquel argumento convenció a Zou Beiqi.

Cambiar de bufanda tampoco era complicado.

Se quitó la negra y Heng Shi le colocó personalmente la nueva bufanda borgoña.

—Te ves muy bien.

El corazón de Zou Beiqi dio un vuelco sin motivo.

—¿Por qué… lo dices de repente?

—La bufanda te queda muy bien.

—Gracias.

Una evaluación objetiva.

Perfectamente normal.

La calle peatonal era muy larga.

Recorrerla hasta el final les tomó casi toda la mañana.

El vuelo de regreso a Liwan salía por la tarde.

Zou Beiqi abordó acompañado por Heng Shi y, apenas llegó a su asiento, el cansancio lo venció y se quedó dormido.

Cuando abrió los ojos, Heng Shi lo llevaba en brazos, preparándose para desembarcar.

—Puedo caminar solo.

—¿Despertaste?

Heng Shi bajó la mirada hacia la persona entre sus brazos.

—El personal se encargará del equipaje. Puedes dormir un poco más.

—No hace falta. Bájame.

No quería convertirse en el espectáculo de todo el aeropuerto.

Heng Shi lo dejó cuidadosamente en el suelo.

Después, ambos subieron al auto de Xiao Li, que ya los esperaba en el estacionamiento.

Al regresar a la familiar villa, la primera reacción de Zou Beiqi fue dejarse caer sobre el sofá para descansar.

Viajar podía resultar agotador.

Mucho más para alguien embarazado y con un estado físico como el suyo.

Mientras revisaba distraídamente el teléfono, vio por casualidad la conversación con Sheng Wanzhong.

Solo entonces recordó el asunto de Lin Huixi.

Habló brevemente con Heng Shi y finalmente decidieron que, cuando tuvieran tiempo, irían personalmente al Hospital Central para visitarlas y conocer la situación.

—¿Ya no estás enojado?

—Nunca estuve enojado. Cuando estábamos en Liujiang te dije eso porque… simplemente estaba un poco descontento.

—Entonces ahora…

—Sé que no puedes dejar de preocuparte. Iré contigo.

……

Cuando el matrimonio llegó a la habitación del hospital, Lin Huixi era la única persona junto a la cama.

No había otros visitantes en ese momento.

La niña dormía profundamente.

—Beiqi, señor Heng.

Lin Huixi se apresuró a saludarlos.

—Escuché que regresaste al trabajo.

—Sí. Después de todo, tampoco puedo descuidarlo. Por suerte, después de un tiempo con la medicación, su estado ha mejorado mucho. Ya no tengo que preocuparme constantemente y aquí están los médicos y enfermeros para vigilarla.

Lin Huixi soltó un ligero suspiro.

—Lo único que me preocupa es que los enfermeros están muy ocupados. A veces quizá no puedan prestarle tanta atención.

—¿Tu exmarido volvió después de aquella vez?

—No, pero me preocupa que en el futuro pueda…

—No volverá.

Heng Shi habló repentinamente.

Zou Beiqi estuvo a punto de preguntarle cómo podía saberlo.

Sin embargo, recordó que Heng Shi había resultado herido anteriormente por culpa de aquel hombre.

Probablemente había utilizado algún método para solucionar definitivamente el problema.

—Señor Heng, ¿cómo…?

—Si él dice que no vendrá, no vendrá. No te preocupes.

Al escucharlos, Lin Huixi finalmente sintió que se quitaba un enorme peso de encima.

Tomó una caja de tartaletas de huevo que había junto a la cama para invitarlos.

Al abrirla, casualmente solo quedaban dos.

—Queda una para cada uno. ¿Por qué no se las comen?

Zou Beiqi tomó ambas tartaletas.

Después de pensarlo un momento, le entregó a Heng Shi la que estaba intacta y se quedó con la que tenía un poco quebrada la masa.

Heng Shi extendió la mano para recibirla.

Sus dedos se tocaron durante un instante.

Zou Beiqi incluso tuvo la impresión de que Heng Shi había deslizado suavemente la yema de los dedos sobre los suyos.

Le hizo cosquillas.

Y estaba cálido.

Qué extraño.

Zou Beiqi hizo todo lo posible por ignorar aquella sensación y se comió rápidamente su tartaleta.

Heng Shi le recordó desde un lado:

—Hoy ya no puedes comer más dulces.

—Oh.

Parecía un niño de jardín de infancia vigilado por su madre.

—Se preocupan mucho el uno por el otro —comentó Lin Huixi con una sonrisa desde el otro lado de la cama.

—¿Ah, sí?

Heng Shi arrojó el molde de aluminio de la tartaleta al bote de basura.

—Entonces quisiera pedirle consejo, señorita Lin. ¿Cómo puedo conseguir que mi pareja se preocupe más por mí?

—Si Beiqi te quiere, naturalmente se preocupará por ti. Lo que quieres preguntar es cómo fortalecer la relación, ¿verdad? Mantener el romance después del matrimonio también es muy importante. Pueden darse regalos, salir juntos en citas y cosas así.

Heng Shi le dio las gracias a Lin Huixi.

Inmediatamente después, tomó una de las manos de Zou Beiqi y la apoyó contra su propio pecho.

—Qiqi, ¿adónde quieres que vayamos en una cita?

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