Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 92
—¡Kkiek! ¡Kkek!
—¡Uichan, allí! ¡Están allí! ¡Tus hermanos están por allá, bbaek!
Uichan giró el cuerpo hacia donde señalaba Kkomul. Entre los edificios derrumbados, vio a dos personas agazapadas bajo los escombros. A simple vista, parecían Mother Ship y Phantom Thief Kill.
Intentó correr hacia ellos de inmediato. Pero, en cuanto dio un solo paso, una fuerza desconocida abandonó su cuerpo de golpe.
Uichan bajó la mirada hacia sus manos e intentó activar su Habilidad de carterista. Cuando no había ningún objetivo, normalmente saltaba una chispa, como un pedernal golpeando contra el aire vacío. Esta vez, ni siquiera pudo intentar activarla.
Era como si allí no hubiera nada.
Como si hubiera regresado a la época anterior a despertar una Habilidad.
—¿Hyung…?
En ese momento, Uichan oyó una voz que jamás debería haber escuchado allí.
A través del humo acre, distinguió a un hombre cuyo cuerpo estaba quemado de pies a cabeza. Se había quedado inmóvil en mitad de sus movimientos, todavía cargando a dos personas sobre los hombros, como si hubiera estado dirigiéndose a algún lugar.
Bajo su suave cabello castaño, sus grandes ojos verdes comprobaron una y otra vez que se trataba de Uichan, como si quisiera asegurarse de que la persona frente a él era realmente quien creía.
—¿Por qué está hyung…?
La expresión de Noatis se derrumbó como un muro que cedía.
Uichan jamás había visto una expresión así en Noa.
Noa giró el cuerpo hacia él, como si fuera a echar a correr en su dirección en cualquier momento. La distancia entre ambos comenzó a reducirse rápidamente, haciendo que Uichan vacilara impotente, incapaz de avanzar o retroceder.
En el mismo instante en que Noa extendió una mano hacia él, una gigantesca liana del árbol se estrelló entre ambos.
¡BAAANG!
Una nube de polvo se elevó por los aires y el asfalto saltó en pedazos.
Uichan aprovechó la oportunidad y corrió sin mirar atrás hacia donde estaban Mother Ship y Phantom Thief Kill.
Si Noa lo atrapaba allí, sin duda lo sacaría del lugar a rastras.
—¡Mother!
—¿Maknae? ¡¿Uichan?! ¡¿Qué haces aquí, mocoso?!
Mother Ship, que apenas había conseguido refugiarse debajo de la estructura derrumbada mientras vigilaba a Kill, levantó bruscamente la cabeza y chilló.
Pálida de terror, agitó frenéticamente las manos y le gritó que no se acercara. Pero Uichan se deslizó en un instante por el estrecho espacio y comprobó su estado.
—¡Kkieee!
—¿Podo? ¡Mira nada más, los dos vinieron juntos! ¿Qué te dijo tu mamá, eh? ¡Te dije que mantuvieras los ojos bien abiertos y protegieras a Uichan! ¡¿Sabes lo peligroso que es este lugar?! ¡Se me van a pudrir las entrañas de la preocupación, en serio! ¡Uf!
—Mother, ¿estás bien? ¿Dónde están los demás? Y Kill…
Mother, que había estado golpeándose el pecho, se mordió el labio y dejó escapar un largo suspiro.
Siguiendo su mirada, Uichan volvió la cabeza.
En uno de los espacios formados por los edificios derrumbados unos sobre otros, Phantom Thief Kill estaba en el suelo, arrancándose el cabello.
Kill, siempre sereno y elegante, se retorcía como un demente. Sus pupilas se agitaban frenéticamente mientras golpeaba contra el suelo su cabello enredado.
—Hhaak… basta… Lo sé, lo sé… Hhaak.
Phantom Thief Kill seguía atrapado en alucinaciones y visiones.
Golpeaba la cabeza contra el suelo, luego se arrastraba hacia delante y arañaba el piso, para después lanzar puñetazos al vacío.
Estaba ahogándose entre los hilos de su pasado, incapaz de ver la realidad.
Nadie comprendía mejor que Uichan lo cruel que había sido el pasado de Kill.
No era como si alguien de In the Hell hubiera tenido una historia fácil, pero, entre todos ellos, Phantom Thief Kill era la estrella caída que se había precipitado desde su punto más brillante directamente contra el suelo.
Su caída lo había destrozado.
¿Había sido porque perdió su honor?
¿Porque sus convicciones se derrumbaron?
No.
Fue porque había perdido lo más preciado para él.
Y eso tenía todo que ver con Kkomul.
—Kill… bbaek, despierta. ¡Kill, Kkomul vino! ¡Kkomul vino!
La pequeña marioneta salió gateando del bolsillo de Uichan, avanzó con sus pequeños pasos y se aferró a la ropa de Phantom Thief Kill.
Pero Kill la apartó de inmediato con una fuerza brutal.
Herido, Kkomul quedó colgando de la mano de Uichan mientras sollozaba entre hipidos.
—No pude huir por culpa de este mocoso. No sé qué hizo Hyde, pero durante un tiempo los goblins no podrán vernos. Pero con Kill en este estado… tampoco puedo sacarlo de aquí. ¡¿Y ahora por qué tenían que venir todos ustedes precisamente a este lugar?!
Mother resopló otra vez y le dio un ligero golpecito a Podo en la cabeza.
La pequeña criatura parecida a un zorro se encogió ante el regaño y gimoteó lastimeramente.
—Mother… ¿dónde están Hyde y Jack?
No había ni rastro de Hyde ni de Jekyll Jack por los alrededores.
Preocupado de que se hubieran separado, Uichan preguntó con ansiedad.
—Hyde fue a recuperar el objeto. Debe de estar volviéndose loco después de que se lo robaran delante de sus narices. Jack salió diciendo que impediría que los goblins se acercaran a esta zona. Bueno, Jack es el menos inútil de todos nosotros, ¿no?
Jekyll Jack no necesitaba una Habilidad. Con un solo puñetazo podía hacer estallar fácilmente la cabeza de un goblin.
Su fuerza física natural era así de extraordinaria.
Por suerte, parecía que todos sus hermanos estaban a salvo.
Uichan sujetó rápidamente a Mother y le preguntó por los goblins.
Ni siquiera todos los héroes de alto rango reunidos podían resolver aquella situación. Necesitaban encontrar una manera de romper la supresión de Habilidades.
—Mother, el goblin invocó al Demonio de Madera, ¿verdad? Pero dijiste que la Habilidad del goblin era de supresión.
—Eso pensamos nosotros también. Pero entonces ese bastardo agarró aquel dedo retorcido y empezó a soltar tonterías. Que era el último hijo de Aengak, que había heredado al Dongti, bla, bla, bla… hablando solo. Y entonces despertó al Dongti. Tsk… No hay forma de que esa Habilidad sea de supresión.
Mother Ship se mordisqueó las uñas mientras observaba inquieta el exterior.
Los goblins recorrían las calles, registrándolo todo como si estuvieran cazando presas, y cada vez que los ojos incrustados en el Demonio de Madera giraban con un sonido húmedo, drk, drk, las flores que brotaban de sus lianas devoraban entera a una persona.
¿Noa habrá conseguido escapar a salvo?
Uichan apartó aquel pensamiento a la fuerza.
Después se concentró.
¿Qué clase de Habilidad podía hacer desaparecer las Habilidades de los héroes y revivir a un Demonio de Madera?
Supresión y regeneración.
El punto en común.
No era exactamente igual a su Regresión, pero si se le parecía…
Después de darle innumerables vueltas, Uichan llegó a una única conclusión.
—…Restauración.
Restauración.
Una Habilidad capaz de devolver un objetivo a su estado original.
Si era así, todo encajaba.
La Regresión de Uichan hacía retroceder «todo», mientras que el goblin solo podía restaurar una característica a la vez.
No todos se habían vuelto más jóvenes ni más pequeños.
Solo habían desaparecido sus Habilidades.
Esa era la prueba.
—Mother, cuando el goblin utilizó su Habilidad, ¿ocurrió algo extraño? Lo que fuera. ¿Tocó a alguien? ¿Hizo contacto visual?
—Bueno… algo extraño. No agarró a nadie ni tocó nada, pero… ¡ah! No dejaba de mover una mano, como si estuviera haciendo un hechizo.
Los ojos de Uichan centellearon.
Quizá, a diferencia de su propia Regresión, la Habilidad del goblin no fuera permanente, sino momentánea.
De ser así, probablemente el efecto solo continuaría mientras mantuviera los movimientos del hechizo.
Si atacaban al goblin e interrumpían el hechizo, tal vez las Habilidades suprimidas regresarían.
¿Hyde no se habría dado cuenta de aquello?
No.
Seguro que él también lo había comprendido.
Decir que iría a recuperar el objeto quizá solo había sido una excusa para enfrentarse al goblin a solas y evitar poner a los demás en peligro.
—Mother, Hyde fue a recuperar el objeto, ¿verdad? ¿Fue a…?
Justo cuando Uichan estaba a punto de decir que debía ir a ayudar a Hyde, se detuvo.
Un terror gélido, capaz de calarle hasta los huesos, ascendió por su espalda.
Aquella presencia maliciosa se sentía como unas manos cerrándose alrededor de su garganta.
Todo el vello de su cuerpo se erizó.
Instintivamente, volvió la cabeza.
Entre los goblins que deambulaban por allí, uno sobresalía por encima de los demás, con los ojos brillando de un rojo sanguíneo.
No se parecía a los goblins que se tambaleaban a su alrededor como zombis.
Una de sus manos se movía incesantemente en el aire, como si estuviera jugando con un juguete.
Parecía medir más de dos metros y tenía el cabello blanco, lacio y sereno, tan largo que llegaba hasta el suelo.
Pero lo que más destacaba era…
—¿Estabas aquí? Te escondiste mucho mejor de lo que esperaba. Con razón mis hijos no pudieron encontrarte…
Aquella sonrisa astuta.
La suave curva que adoptaron los ojos del goblin al sonreír hizo que el corazón de Uichan se desplomara.
Los miles… las decenas de miles de ojos incrustados en el Demonio de Madera se cerraron al mismo tiempo.
Entonces, como si se hubiera abierto un agujero en el centro de su cuerpo, una gigantesca flor roja se desplegó, lo bastante grande como para cubrir el cielo.
Los instintos de Uichan le gritaban que estaba en peligro.
Un pavor indescriptible comenzó a roerlo por dentro.
Vio el brazo del goblin barrer el aire.
A lo lejos, Phantom Thief Kill divisó a Uichan y corrió hacia él.
Pero Uichan negó con la cabeza.
—¡¡Aléjense todos!!
Pero ya era demasiado tarde.
La gigantesca flor roja escupió una bola de fuego con poder suficiente para borrar del mapa la mitad de la ciudad.
¡BAAAAAAAAAANG!
Todo fue arrasado.
Despedazado.
Quemado.
Derretido hasta desaparecer.
El estruendo ensordecedor resonó una y otra vez, como si estuviera desgarrando el mundo.
Uichan sintió que alguien se abalanzaba sobre él y lo aplastaba contra el suelo.
No era una sola persona.
Una capa de peso tras otra cayó sobre él.
No podía abrir los ojos ni forcejear.
Lo único que pudo hacer fue cubrirse el rostro con un brazo y hundir la cabeza contra el cuerpo que lo protegía.
El calor abrasador le quemó la piel y le arrancó un grito.
Pero poco después, una frescura helada lo envolvió.
El retumbar del suelo al quebrarse se repitió varias veces.
Y entonces, de repente…
Todo quedó en silencio.