Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84
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—Ah, espera, hhh… ¡ah!

Sin vacilar, Noa engulló su miembro y lo llevó hasta el fondo de la garganta, apretándolo en su interior.

Aquella sensación abrumadora —caliente y extendiéndose desde lo más profundo de su vientre— era algo que Uichan jamás había experimentado en su vida.

Retorció los hombros mientras jadeaba y golpeaba repetidamente el sofá con las piernas temblorosas, mientras sus caderas se alzaban por sí solas.

El placer imposible se arremolinó violentamente dentro de su cabeza.

La lengua de Noa, gruesa y húmeda, envolvía su miembro y se concentraba en el glande y la abertura.

Uichan cerró los ojos con fuerza cuando el placer descendió por su pecho como la sensación de que el corazón se le desplomaba.

—No, yo… hh, voy a… ahh.

¿Cómo es posible esto?

Extendió una mano e intentó apartar la cabeza de Noa.

No se movió.

Entonces lo sujetó por el hombro, pero casi de inmediato Noa atrapó su muñeca y tiró de ella hacia abajo.

La muñeca aprisionada entre los dedos de Noa no se movía por mucho que Uichan intentara liberarse.

La succión se hizo más intensa y la cabeza de Noa comenzó a moverse rápidamente hacia delante y hacia atrás.

Uichan negó con la cabeza, intentando decirle que no.

Las sensaciones vertiginosas y flotantes siguieron acumulándose, una tras otra, hasta llevarlo al límite.

Intentó retirar las caderas, pero tampoco sirvió de nada.

Noa mantenía sus piernas abiertas con el otro brazo, inmovilizándolo por completo.

Los dedos de sus pies se encogieron con fuerza.

Una lágrima resbaló por su mejilla.

Y cuando Noa presionó la punta plana de la lengua justo debajo del glande, Uichan cayó de espaldas contra el sofá, echando la cabeza hacia atrás mientras llegaba al orgasmo.

Todo el placer que había estado acumulándose dolorosamente en su bajo vientre se liberó de golpe.

Mientras sus párpados se cerraban temblorosos, se dio cuenta de que los dedos de Noa estaban entrelazados con los suyos.

Después de succionar hasta dejarlo todo húmedo y desordenado, Noa levantó la cabeza.

Saboreó el semen que se extendía sobre su lengua y luego recogió un poco con la mano.

Sus gruesos dedos recorrieron el perineo hasta alcanzar la entrada.

Cuando presionó el dedo medio contra aquel punto firmemente cerrado, los ojos de Uichan, todavía nublados por el orgasmo, se desplazaron lentamente hacia él.

—…No te gusta este lugar, ¿verdad, hyung?

—¿Por qué… por qué ahí?

—No te gusta que te chupen aquí, ¿verdad?

Preguntó Noa mientras se limpiaba los labios con el dorso de la mano.

Como lo hizo sin cuidado, el semen se extendió sobre sus labios como un labial corrido.

Le daba un aspecto perverso e indecente.

Uichan entreabrió los labios para responder, pero no consiguió pronunciar palabra, así que negó con la cabeza.

Su mirada se encontró con la de Noa, cuyos ojos ardían de deseo.

Después de contemplarlo durante varios segundos, Noa se inclinó y enredó su lengua con la de Uichan en un beso brusco y devorador.

Por la forma en que Noa sostenía su mejilla, Uichan podía sentir cuánto lo deseaba.

—Ha… de todas formas, hoy no era el día… La próxima vez déjame hacerlo. Por hoy me contendré.

Su mano pasó por las nalgas de Uichan hasta tocar la entrada.

Recogió el semen y lo extendió sobre la abertura.

Su grueso dedo presionó con firmeza contra el estrecho borde y se introdujo en su interior.

Cuando aquel dedo sólido atravesó las angostas paredes internas, Uichan se estremeció involuntariamente.

—Hhh… ah, ngh…

—Ha… solo un poco.

El suave cabello de Noa rozó el hombro de Uichan.

Más abajo, la dura erección de Noa presionaba pesadamente contra una de sus nalgas.

El dedo que había estado jugueteando con la entrada, extendiendo la humedad a su alrededor, comenzó a hundirse lentamente más profundo.

La respiración de Uichan se volvió irregular.

—Ah… aaah, hhh…

—Aquí… se siente bien, ¿verdad? Te pones duro cuando presiono.

Solo en términos de tamaño, Noa era el más grande de los tres hombres.

Sus manos eran tan grandes que cualquier parte de Uichan que tocaba parecía quedar completamente envuelta entre ellas.

Quizá por eso, cada vez que aquel grueso dedo se movía en su interior, una sensación densa y ardiente florecía desde el bajo vientre de Uichan.

Cuando Noa presionó la yema roma del dedo contra cierto punto, la visión de Uichan se volvió borrosa.

Cuando curvó el dedo y penetró más profundamente, un dolor agudo mezclado con placer se extendió por su cuerpo.

El persistente movimiento de los dedos de Noa continuó, estirándolo cada vez más hasta que la entrada comenzó a palpitar por la dilatación.

Incapaz de soportarlo, Uichan sujetó la mano de Noa.

—No… Noa, detente… hh.

Los dedos dentro de él se detuvieron.

El aliento de Noa rozó su nariz.

Dentro de su boca, Noa apretó los dientes con tanta fuerza que se oyó un tenue rechinar.

Entonces retiró los dedos de una sola vez y levantó repentinamente una de las piernas de Uichan.

—Probablemente sea suficiente… pero si te duele, dímelo.

La larga pierna quedó apoyada sobre el hombro de Noa.

Sin dejar de sostenerlo así, Noa se desabrochó los pantalones y bajó la cremallera.

El bulto bajo su ropa interior se tensaba hacia fuera y, cuando bajó la cintura de la prenda, su erección quedó libre.

Sujetando entre los dedos su miembro enrojecido, Noa lo guio hacia la entrada.

El calor hizo que los ojos de Uichan se estremecieran.

Aquella dureza ardiente presionó con firmeza contra su perineo y el estrecho borde.

Sosteniendo la pierna sobre su hombro, Noa besó la rodilla de Uichan y acercó las caderas.

—Hhh, ¡ah…!

El glande húmedo forzó la estrecha entrada hasta abrirla.

El enorme grosor arrastró el borde mientras penetraba, haciendo temblar a Uichan.

El grueso miembro continuó avanzando, quedándose atrapado una y otra vez entre las angostas paredes internas.

Cada vez que se atascaba, Noa cambiaba el ángulo, retrocedía ligeramente y volvía a empujar.

Cuando el anillo interno se contrajo de pronto con fuerza alrededor de él y rozó cierto punto, Noa dejó escapar un aliento bajo y rio.

—La última vez también hiciste eso… aquí.

—Ah… hha… ngh, ¡ah!

—…De verdad te gusta.

Murmurando suavemente, Noa inclinó el torso hacia delante.

Para Noa, la sensación de aquellas paredes internas aferrándose a él era perfecta.

Uno de los lados del amplio sofá se hundió bajo su rodilla.

El glande raspó y se abrió paso por el estrecho conducto, golpeando las paredes internas con un impacto sordo.

Uichan sujetó los hombros de Noa con manos temblorosas.

Sus dedos, fuertemente encogidos, temblaban como si sufrieran un espasmo.

—Ahh, mm… hh, solo… más rápido.

—Te haré daño si lo hago.

Las penetraciones lentas y deliberadas eran casi insoportables.

La manera en que el miembro de Noa lo llenaba, tan despacio que podía sentir cada contorno incluso con los ojos cerrados, hacía que Uichan se retorciera.

Ya se lo había suplicado varias veces, pero Noa solo lo calmaba con besos y lamidas en la oreja.

Y entonces, finalmente…

—Hh, ah… ngh.

—…Haa.

La punta del miembro de Noa alcanzó el punto más profundo de su interior.

Noa apretó los dientes y entrecerró los ojos.

Sentir aquellas paredes estrechas y calientes tragándoselo por completo parecía irreal.

Era suficiente para dejar su mente en blanco.

Atrajo hacia sí una de las manos con las que Uichan se aferraba a él y cubrió de besos sus dedos y su brazo.

Cuando apoyó los labios en la palma de Uichan y cerró los ojos…

algo atravesó su mente como un destello.

Una imagen borrosa, fluyendo como acuarela antes de volverse nítida.

En la azotea de un edificio alto, un hombre sostenía con fuerza entre sus brazos a un pequeño muchacho herido de cabello castaño.

—Phantom Thief… basta. Detente. Todavía es solo un niño.

Con el rostro enterrado contra el pecho del hombre, el muchacho luchaba por mantenerse consciente.

La mano del hombre temblaba como si estuviera asustado mientras lo sostenía.

—Es solo un niño que no sabe nada. No creo que tengas que matarlo. Hablaré con él como es debido y haré que se vaya… solo por esta vez, por favor, déjalo ir.

El hombre le estaba suplicando a alguien.

El muchacho levantó débilmente la cabeza para mirarlo.

Su visión estaba cubierta de estática y no conseguía distinguir con claridad el rostro del hombre.

Y, aun así, de alguna manera pensó que aquel hombre parecía delicado y hermoso.

Sí…

probablemente había sido el viento quien se lo había dicho.

Podía percibir los susurros y las formas que este transportaba sobre la piel del hombre.

En aquel entonces, el muchacho de cabello castaño era tan pequeño que cabía por completo entre sus brazos.

El hombre suplicó por su vida y, tras una larga insistencia, su petición fue aceptada.

Le limpió la sangre del rostro, atendió su herida y llenó las palmas del muchacho de caramelos.

—Vamos, date prisa y vete. Aquí es peligroso. Regresa cuando seas mayor, no ahora.

—…Ya soy demasiado grande para los caramelos. Solo soy bajito, no soy un niño.

—Sí, lo sé. Pero… en realidad, esto no tiene que ver con la edad. Los llevo conmigo porque me gusta darles a los demás algo que amo. Quiero darles más a las buenas personas.

—¿Yo soy… bueno?

—Intentaste salvar a la gente. Todos los demás héroes dudaron, pero tú te lanzaste sin pensarlo. Algún día serás un gran héroe.

Un villano elogiando el potencial de un héroe.

Apoyando la decisión del muchacho.

Los caramelos descansaban sobre sus manos, envueltos en crujientes envoltorios transparentes.

Junto al edificio había una enorme pantalla publicitaria que reproducía una canción vacía y, sin embargo, hermosa, capaz de atravesar directamente el corazón.

Incluso ahora, Noa todavía se sentaba algunas veces en lo alto de los edificios para escuchar aquella música.

Aquel día…

la figura bañada por la luz de la pantalla se había grabado en los ojos del muchacho como la luz de las estrellas.

El momento que había trastocado su visión del mundo.

Sus convicciones.

Cuando Noa abrió los ojos, el hombre cuyo aroma llenaba la habitación en penumbra estaba justo frente a él.

A diferencia de Noa, ya adulto y de rasgos marcados, aquel hombre todavía parecía delicado y joven, irradiando una peligrosa fragilidad.

Habían pasado tres años.

Tanto el muchacho como el hombre habían cambiado.

Pero la devoción del muchacho no había disminuido en absoluto.

Aquel niño pequeño y débil había crecido hasta volverse lo bastante fuerte para protegerlo.

Desde el día en que había alzado la mirada hacia aquel hombre bajo la pantalla publicitaria, había imaginado en su mente un futuro muy, muy lejano.

Volver a encontrarse con «Under Doom».

Hacerlo suyo.

Noa rio, con las venas del cuello marcándose.

¿Lo ves?

Eras así de hermoso.

Así de adorable.

—Hyung… me mentiste, ¿sabes? Lo de los caramelos… mmh… eso de que te gustaban era mentira.

Uichan parpadeó nervioso.

El glande, encajado con firmeza en la parte más estrecha de su interior, retrocedió ligeramente.

Noa echó las caderas hacia atrás, llevó el dedo anular de Uichan a su boca y lo mordió con firmeza.

Una marca apareció sobre la piel.

Como la huella que dejaría un anillo llevado durante muchísimo tiempo.

—Solo necesitabas… una excusa para hacer que me fuera.

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