Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 37
Uichan sintió que, si no preguntaba ahora, jamás lo haría. Necesitó reunir todo el valor que había acumulado durante aquella noche de insomnio para finalmente hablar.
—Si resultara que tienes un hijo sin siquiera saberlo, señor Noa, ¿qué crees que harías?
Al parecer, Noa no esperaba semejante pregunta. Permaneció en silencio durante largo rato, recostado contra el respaldo de la banca, con la mirada perdida en algún punto del aire. Solo cuando el viento atravesó los árboles abrió finalmente la boca.
—Bueno… Nunca he pensado mucho en eso. Probablemente no sucedería, pero… veamos. Supongo que, ahora mismo, diría que no. Los hijos de los héroes a veces pueden correr peligro. Los villanos podrían convertirlos en sus objetivos. Y, por ahora, creo que mi deber como héroe está por encima de tener hijos.
Sin darse cuenta, Uichan entrelazó las manos con fuerza y bajó la mirada.
—…Entonces, ¿quizá algún día te gustaría tener hijos?
—Eso es algo tan lejano que no sabría decirte. No es que me desagrade la idea, pero… quizá simplemente no estoy preparado. Además, soy, eh… de los que piensan que, mientras pueda compartir mis sentimientos con alguien, no necesito necesariamente tener un hijo. A veces, tener un hijo puede convertirse en una carga para esa persona.
En apariencia, Noa estaba tranquilo, pero el corazón de Uichan latía como una carreta desbocada cuesta abajo.
—En otras palabras, ahora mismo no quieres tener ninguno.
—Algo así. No me gusta ver sufrir a la persona que está a mi lado. Si llegara a suceder, preferiría dejarlo en manos del cielo. Bueno… aunque tampoco puedo decir que el mundo funcione alguna vez como yo quiero.
—……
En algún momento, Uichan había llegado a preguntarse si, tal vez… Tal vez, cuando les contara a los tres padres sobre el bebé, aunque no recibieran la noticia con agrado, al menos respetarían su decisión.
Después de todo, el embarazo había sido consecuencia de los errores de todos ellos.
Al mismo tiempo, había pasado noches sin poder dormir, aterrorizado ante la posibilidad de que intentaran quitarle al bebé.
Incluso había decidido que, si llegaba a ocurrir, lucharía hasta el final. Les diría que, puesto que él era quien llevaba al niño en su vientre y quien lo criaría, no tenían derecho a interferir.
Pero… aquel día comprendió que todo eso no había sido más que una fantasía ingenua.
Así que Noa no quiere tener hijos.
Sintiendo vergüenza sin motivo aparente, Uichan se rascó el extremo de una ceja.
Bueno, considerando la edad de Noa, todavía era demasiado pronto para él. Seguía siendo joven y radiante.
Y, como había dicho Noa, si alguna vez se hacía público que uno de los Tres Grandes Héroes tenía un hijo, los villanos lo convertirían en su objetivo sin descanso.
Era evidente.
Y, sin embargo, aun así, Uichan sintió que el pecho le ardía como si lo hubieran quemado.
Ah, entonces no puedo contarle lo del bebé.
La condensación de la bebida, que se iba calentando, había empapado el portavasos. Uichan siguió jugueteando con el cartón húmedo hasta que Song Ojun abrió bruscamente una ventana y gritó:
¡Chirrr! ¡Bang!
—¡Uichan! ¡Tenemos trabajo! ¿Conoces a Maengsoon, la gata de la abuela Sunja, la que vive al lado? ¡La abuela salió a una reunión y olvidó darle de comer! ¡Ve a alimentarla! ¡Esa traviesa te quiere más que a nadie, así que muévete!
Maengsoon era la gata doméstica que criaba la abuela Sunja. Cada vez que no podía alimentarla o encontrarla, solía solicitar ayuda a la oficina de Non-Hero.
Así que la misión de aquel día consistía en alimentarla, no en rescatarla.
—Debería irme. Gracias por la bebida.
—¿Vas a aceptar un trabajo en esas condiciones? Eh… No, espera, yo me encargaré. Por favor, vuelve a casa y descansa, hyung.
Noa recogió la basura y se levantó de inmediato.
Uichan intentó insistir en que estaba bien, pero, en cuanto se puso de pie, Noa se colocó justo detrás de él. Visiblemente alterado, lo sujetó por el hombro y lo obligó a sentarse de nuevo en la banca.
—Quédate sentado, ¿sí?
—No, es que… Maengsoon araña a las personas si no soy yo. Por eso tengo que ir.
—No te preocupes. También se me dan bien los animales. A todos les gusta cuando los hago flotar.
…¿Eso no significaba simplemente que los dejaba suspendidos en el aire?
Mientras hablaba, Noa apartó suavemente los mechones húmedos que se habían pegado a la frente de Uichan.
Cuando Uichan cerró brevemente los ojos, el contacto en su nuca no le resultó desconocido. Hizo que su pulso se acelerara.
Levantó la mirada y se encontró con los ojos de Noa.
Aquel simple contacto hizo resurgir un viejo recuerdo, como una película rebobinada.
Quizá había sido Noa quien lo besó primero aquella noche, en el foso.
La mano que le había sujetado la nuca lo había atraído sin vacilar. Los labios de Noa se habían posado sobre los suyos, suaves y temblorosos como un pájaro.
Cuando Uichan jadeó, Noa introdujo torpemente la lengua en su boca y comenzó a frotarla con insistencia, de manera inexperta.
También había sido la primera vez de Uichan. Ni siquiera sabía cuándo debía respirar y se había limitado a echar la cabeza hacia atrás, indefenso.
La mano que entonces le había sostenido la nuca…
Era la misma mano.
Las manos de Noa eran mucho más grandes que las de cualquier otra persona. No había manera de confundirlas.
Mientras Uichan parpadeaba, desconcertado, Noa habló de repente.
—He estado pensando en esto desde la primera vez que te vi.
—¿Sí?
—Tienes una costumbre al caminar.
¿Una costumbre?
Cuando Uichan bajó inconscientemente la mirada hacia sus piernas, Noa se agachó frente a él con una sonrisa incómoda. Su mirada ascendió lentamente, recorriendo el rostro de Uichan.
—No lo tomes a mal. ¿Alguna vez te has lastimado este pie?
—No, nunca.
Era verdad. Nunca había sufrido una lesión grave, así que no podía imaginar a qué se refería Noa con aquella «costumbre».
Cuando movió ligeramente el pie, Noa negó con la cabeza y tocó suavemente el tobillo de la otra pierna.
—Cuando das el primer paso con este pie, tu cabeza se inclina hacia delante y tu hombro se ladea hacia afuera. La mayoría de las personas no lo notaría, pero a mí me llama la atención. ¿Sabes por qué?
—¿Cómo voy a saberlo…?
La mano de Noa estaba cálida mientras le rozaba el tobillo. Examinándolo cuidadosamente para comprobar si tenía alguna herida, continuó con voz serena.
—Conozco a alguien que hace exactamente lo mismo. Por eso pensé que sería el primero en encontrarlo. Nunca he visto a nadie más caminar de esa manera.
Uichan comprendió instintivamente que no debía responder.
Aquella «persona que conocía» era casi con toda seguridad quien estaba pensando.
Under Doom.
—……
Uichan se quedó mirando el suelo como si estuviera contando cada una de las baldosas, pero entonces Noa se inclinó hacia él, bajando la cabeza hasta quedar por debajo de la suya.
Sobresaltado, Uichan se echó hacia atrás, y Noa sonrió inocentemente.
El problema era que estaban demasiado cerca.
Si exhalaba, sus labios se tocarían.
Quería apartarse, pero no tenía adónde ir.
Se obligó a calmar los latidos de su corazón, temiendo que, si hablaba, comenzaría a decir incoherencias.
Entonces, un aliento cálido le rozó los labios.
—Pero tú también tienes esa costumbre, hyung.
—……
—Qué coincidencia.
Los ojos de Uichan se abrieron de par en par.
Se estremeció y giró la cabeza, pero, al hacerlo, los labios de Noa rozaron su mejilla. Fue un contacto suave y fugaz.
Desde el frente, la voz de Song Ojun resonó con fuerza, gritándole a Uichan que se apresurara.
Por suerte, los arbustos los ocultaban y Ojun no se percató de la posición comprometedora en la que se encontraban.
—Ah… Demasiadas interrupciones.
La mano de Noa seguía sosteniendo la nuca de Uichan.
El sudor se había acumulado allí, pero Noa no parecía molesto en lo más mínimo.
—La bebida que tomaste era un Frappuccino de chocolate con crema de vainilla.
Uichan todavía sostenía el portavasos húmedo entre las manos. A la bebida le quedaban apenas dos sorbos.
Quizá a Noa le agradaba verlo aferrarse a ella con tanta fuerza, porque volvió a sonreír suavemente por última vez.
—Parecía que te gustó mucho. Yo me encargaré de la gata, así que, por favor, vuelve a casa y descansa.
Antes de que Uichan pudiera responder, Noa retiró la mano.
Sus pasos se fueron alejando.
Tap, tap, tap.
Hasta desaparecer por completo.
Solo entonces Uichan se recostó contra el respaldo de la banca y dejó escapar un largo suspiro.
—Haa…
Tenía un caos en su interior.
¿Se había dado cuenta? ¿Lo había descubierto?
Debía de haber alguna razón para que dijera todo aquello. Quizá sospechaba que Uichan era Under Doom.
¿Qué tan aguda tenía que ser su capacidad de observación para notarlo?
¿Había dicho que reconoció aquella costumbre desde el principio?
—No… Imposible.
Quizá solo había sido un comentario casual.
Uichan se frotó con fuerza los labios ardientes con el dorso de la mano, pero aquella sensación suave y flexible no desaparecía.
Cerró los ojos con fuerza.
Un momento después, preocupado de que Noa pudiera regresar a buscarlo, Uichan abandonó apresuradamente el parque.
Después de salir del parque, Uichan pasó directamente frente a la oficina y se dirigió hacia la avenida principal.
Su plan original había sido decirle a Song Ojun que se tomaría un tiempo libre y luego pasar por el hospital para que le revisaran la herida del muslo.
Pero, después de encontrarse con Noa y no haber conseguido decirle nada, ya no sabía qué hacer.
—¿Debería ir primero al hospital y después pasar por la oficina?
Para entonces, Noa ya se habría ido a casa.
Uichan se detuvo frente a un edificio alto cubierto de letreros de consultorios médicos.
Encontró uno que ofrecía servicios de traumatología y dermatología.
Por desgracia, justo a su lado colgaba un llamativo letrero de obstetricia y ginecología.
—Bueno… Nunca he pensado mucho en eso. Probablemente no sucedería, pero… veamos. Supongo que, ahora mismo, diría que no. Los hijos de los héroes a veces pueden correr peligro. Los villanos podrían convertirlos en sus objetivos. Y, por ahora, creo que mi deber como héroe está por encima de tener hijos.
El primer plan de Uichan había sido robar los documentos de Verificación de Habilidades de los héroes y utilizarlos para registrar el nacimiento de los gemelos.
Pero había algo que no había considerado.
Una vez que presentara aquellos documentos, se revelaría públicamente que los padres de los bebés eran los Tres Grandes Héroes.