Si no cultivo la tierra, me comerán - Capítulo 93

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Wen Guixi añadió:

—A los hombres de la residencia Liu que todavía seguían vivos les dimos el golpe de gracia. Después llevamos los cadáveres al callejón trasero y los quemamos por completo.

El callejón trasero era donde había vivido aquella pandilla de maleantes. Su reputación era tan mala que todos los transeúntes daban un rodeo para evitarlo, por lo que resultaba un lugar muy conveniente para deshacerse de los cuerpos.

No se atrevían a dejarlos abandonados sin más. Aunque los zombis no comían cadáveres, las personas sí lo hacían.

A veces, los humanos eran incluso más aterradores que los zombis.

—Después de derribar a esos hombres, la joven escupió una bocanada de sangre y también cayó al suelo —explicó Zhen Niang, todavía algo asustada al recordarlo.

En aquel momento había creído que una de sus agujas se había desviado y que había herido accidentalmente a la muchacha.

La joven había caído cerca de la entrada de su casa. Puesto que ya habían intervenido, no podían limitarse a contemplar cómo moría allí.

Estaba gravemente herida. Sus ropas estaban casi completamente empapadas de sangre. Solo después de hacerle beber una poción de sangre de fruta su respiración, apenas perceptible, comenzó a estabilizarse poco a poco.

Zhen Niang le comentó a Xia Chen que creía que aquella joven también debía de ser una Despertada. De lo contrario, con heridas tan graves, no habría logrado resistir tanto tiempo y mucho menos huir de sus perseguidores a lo largo de media ciudad.

Después de escuchar su relato, Xia Chen miró a Wen Shu.

Puesto que conocía las identidades de Liu Shaoyan y Liu Wu, probablemente también supiera algo sobre la situación de la familia Liu.

Wen Shu contempló con una expresión indescifrable a la joven extremadamente débil que yacía sobre la cama.

No había esperado que Liu Jiao todavía siguiera viva.

Tras pensarlo brevemente, comprendió lo ocurrido.

En su vida anterior, ellos no habían pasado por aquella zona. Liu Wu había reunido a Sun Heihu y a sus hombres para que la escoltaran de vuelta a casa. Durante aquella noche, cuando apareció la horda de zombis, sin la intervención de Xia Chen y su grupo, los hombres de Sun Heihu debieron de sufrir numerosas bajas.

Más tarde, Liu Shaoyan había logrado reunirse con Liu Wu. Como tampoco había entrado en conflicto con ellos ni había resultado gravemente herido, regresó a salvo a la residencia Liu.

En la lucha interna de la familia, Liu Jiao había sido la derrotada.

Esta vez, sin embargo, Liu Shaoyan estaba gravemente herido, lo que le había dado a Liu Jiao la oportunidad de escapar.

Había rumores de que Liu Jiao había sido entregada a los zombis por su propia familia.

Al parecer, los responsables debían de ser precisamente aquellos dos hermanos.

Sin duda jamás imaginaron que, después de arrojarla a los zombis para humillarla y torturarla, aquel monstruo malvado que vivía sumido en la confusión y dominado únicamente por el instinto de chupar sangre llegaría algún día a recuperar sus recuerdos.

La habilidad de Liu Jiao era precisamente aquella que Wen Shu había envidiado en su momento: podía crear clones.

Además, sus clones heredaban una parte de sus capacidades.

En el futuro, durante la época de mayor prosperidad de Zhongning, cuando abundaban los expertos poderosos, Liu Jiao había sido capaz de enfrentarse por sí sola a una gran facción.

Sin una habilidad tan útil, habría muerto incontables veces.

No esperaba que ahora hubieran encontrado a Liu Jiao antes de que se convirtiera en zombi.

Una absurda sensación surgió en el corazón de Wen Shu.

De los cinco Huesos Imperecederos de su vida anterior, ya faltaban él y Liu Jiao.

En cuanto a los otros tres, todavía desconocía cuál era su situación actual.

Aunque muchos pensamientos cruzaron por su mente, su rostro permaneció sereno.

Explicó la identidad de Liu Jiao y luego describió brevemente la situación de la familia Liu.

No era más que una disputa entre hijos legítimos y nacidos de concubinas. Los hijos de las concubinas ambicionaban una posición que no les correspondía y, como solía ocurrir, contaban con el favoritismo del padre.

Jing Sheng también conocía a las señoritas de la familia Liu y sabía incluso más detalles.

Lo que no esperaba era que el siempre silencioso joven maestro Wen también estuviera al tanto de los asuntos de la residencia Liu.

Lo observó discretamente un par de veces y confirmó que nunca antes lo había visto.

Con un rostro tan sobresaliente, de haberlo conocido, no podría haberlo olvidado.

—Ya la hemos salvado, así que no hay nada más que discutir —dijo Xia Chen—. Puesto que nos atrevimos a entrar en Zhongning, no le tememos a la familia Liu. Ya que nos hemos convertido en enemigos, simplemente resolveremos el problema de una vez.

Tampoco él había imaginado que Liu Shaoyan hubiera sobrevivido.

Sin embargo, al pensarlo mejor, el arco que Wen Shu había utilizado era de muy mala calidad. Ya había sido difícil disparar a tanta distancia. Además, en invierno las ropas eran gruesas y debieron de amortiguar parte del impacto. Sumado al hecho de que Liu Shaoyan era un Despertado de constitución excepcional, no resultaba extraño que conservara la vida.

Solo entonces Jing Sheng descubrió que Xia Chen y los demás tenían una enemistad con la residencia Liu.

Se apresuró a advertirles en voz baja:

—El joven maestro mayor Liu es mezquino y muy rencoroso. Una vez, un estudiante lo reprendió por galopar a caballo en plena calle y casi atropellar a un niño. Por culpa de aquello, el señor Liu lo regañó. Dos años después, poco antes de que aquel estudiante partiera para presentar los exámenes imperiales, Liu Shaoyan mandó que le rompieran la mano.

Al escuchar aquello, Xia Chen llegó inmediatamente a una conclusión.

Una persona tan vengativa se convertiría tarde o temprano en un enemigo.

Y no sería un enemigo cualquiera: pertenecía a una familia rica y poderosa, y su propia habilidad tenía un enorme potencial de crecimiento.

¡Debían eliminarlo antes de que se volviera más fuerte!

Miró a Wen Shu.

Sus miradas se encontraron y ambos sonrieron de repente.

—¡Entonces lo mataremos otra vez! —dijeron al mismo tiempo.

—Esperemos. Con ella aquí, esos hermanos vendrán por su propia voluntad —dijo Wen Shu, señalando a Liu Jiao.

La residencia Liu era su base de operaciones y ellos no sabían nada sobre su situación interna. Naturalmente, no iban a lanzarse directamente a la boca del lobo.

Xia Chen asintió.

Aquel día habían causado bastante alboroto en la ciudad. La familia Liu probablemente ya había recibido noticias.

Ahora que todos sus enemigos estaban reunidos en el mismo lugar, era imposible que Liu Shaoyan no apareciera.

Xia Chen dejó a Zhen Niang al cuidado de Liu Jiao y ordenó al resto que continuara con sus tareas.

Cuando Wen Guixi vio que había terminado de ocuparse de los asuntos importantes, lo invitó con entusiasmo a probar los panecillos de azúcar morena recién cocidos.

Wen Guixi tenía un extraordinario talento para la cocina.

Wen Shu le había dicho a Xia Chen que era muy probable que despertara una habilidad relacionada con el olfato o el gusto.

Xia Chen solo le había explicado el procedimiento general, pero los panecillos que Wen Guixi preparó resultaron fragantes, dulces y esponjosos. Cada mordisco llenaba la boca de un aroma delicioso.

La nueva tanda desapareció en un instante, repartida entre todos.

Xia Chen pensó un momento y decidió enseñarle también a preparar triángulos de azúcar.

Como no tenían azúcar blanca, utilizarían azúcar morena mezclada con cacahuates, sésamo, nueces y otros frutos secos triturados para preparar el relleno.

Al cocinarse al vapor, el azúcar se derretiría y se convertiría en un jarabe espeso. Su dulzor envolvería los trozos aromáticos de frutos secos, mientras que el sabor de la masa equilibraría parte de la dulzura para evitar que resultara empalagoso.

Wen Guixi escuchó la explicación mientras asentía repetidamente y decidió probarlo al día siguiente.

Al verlo inclinar la cabeza, completamente concentrado en pensar en la receta, Xia Chen se marchó a lavarse y prepararse para dormir.

Antes llamó a Jing Sheng.

El muchacho se encontraba mordisqueando alegremente un panecillo de azúcar morena. En cuanto escuchó que Xia Chen lo llamaba, corrió hacia él.

Detrás lo siguieron otros dos niños: Xue Guangzong y Xuan Niang.

Xia Chen sacó una bolsa de bocadillos para que comieran y luego le dijo a Jing Sheng:

—Pon las manos debajo de esta olla e intenta calentarla con tu habilidad.

Había llenado la olla con abundante agua fría.

Quería comprobar si Jing Sheng podía hervirla. Si lo conseguía, en el futuro sería mucho más sencillo calentar agua cuando acamparan al aire libre.

Jing Sheng hizo inmediatamente lo que Xia Chen le pidió.

Cuando utilizaba su habilidad, su cuerpo podía soportar altas temperaturas y no temía quemarse.

Sin embargo, sus llamas todavía eran muy pequeñas y cubrían una superficie limitada, por lo que el agua se calentaba con extrema lentitud.

Jing Sheng miró inquieto a Xia Chen, temiendo que se sintiera decepcionado con él.

Xia Chen se acarició la barbilla durante un momento y luego dio una palmada.

—Hazlo de esta manera. Intenta ampliar poco a poco el área de las llamas que puedes controlar, hasta cubrir todo el fondo de la olla con una capa de fuego.

Si su idea funcionaba, en el futuro Jing Sheng podría cubrir todo su cuerpo con una armadura de llamas.

¡Se convertiría en la pesadilla de cualquier combatiente cuerpo a cuerpo!

Jing Sheng cerró los ojos y lo intentó.

Xue Guangzong apretó sus pequeños puños y lo observó con los ojos llenos de nerviosismo.

Jing Sheng era muy inteligente. Las llamas se extendieron inmediatamente más allá de sus palmas, pero el área seguía siendo muy reducida, aproximadamente del tamaño de la mano de un adulto.

Al ver la decepción en su rostro, Xia Chen lo consoló:

—No pasa nada. Cuanto más utilices tu habilidad, más poderosa se volverá. Tómate tu tiempo. Todavía eres muy joven.

Al comprobar que Xia Chen no se enfadaba e incluso lo animaba, Jing Sheng sintió una cálida corriente en el pecho.

El joven maestro Xia era verdaderamente una buena persona.

Él y su joven señor habían elegido seguir al hombre correcto.

Aprovechando el tiempo mientras preparaban la cena, todos se turnaron para darse un baño caliente.

Habían calentado una gran cantidad de agua para cocinar los panecillos al vapor, suficiente para que todos pudieran asearse.

Ese día, Xia Chen también había almacenado una enorme cantidad de prendas confeccionadas de diferentes tallas y rollos de tela.

Sun Heihu y sus hombres por fin pudieron quitarse las viejas ropas rotas y sucias que llevaban.

Como eran demasiadas personas, todavía no habían terminado de bañarse cuando la cena estuvo lista.

Todos querían comer los panecillos de azúcar morena recién hechos, así que los sirvieron como alimento principal y no prepararon arroz.

Wen Guixi cocinó una olla de carne como acompañamiento, mientras que Xia Chen preparó una sopa de tomate con huevo.

En la Gran Dinastía An no existían los tomates, pero Xia Chen tenía algunos dentro de su espacio.

Aunque todos sintieron curiosidad, cada vez que lo veían sacar una fruta o una planta desconocida, automáticamente suponían que provenía del viejo inmortal.

Ya ni siquiera hacía falta que Xia Chen desperdiciara saliva ofreciendo explicaciones.

Después de comer hasta saciarse, Xia Chen estaba a punto de sacar el pastel para compartirlo con todos cuando Zhen Niang apareció y les informó que Liu Jiao había despertado.

Aunque Liu Jiao y Liu Wu eran hermanas, no se parecían en absoluto.

Liu Wu tenía cejas delicadas y ojos hermosos. Mientras no revelara su verdadera naturaleza, siempre llevaba una sonrisa digna y elegante.

Si Wen Shu no le hubiera contado la verdad, Xia Chen habría creído que ella era la hija legítima.

Liu Jiao, en cambio, tenía un par de cejas rectas como espadas que le otorgaban una expresión naturalmente severa. Sus ojos de fénix, su nariz recta y sus facciones abiertas le daban una belleza imponente.

Por desgracia, a los hombres de aquella época no les atraía ese estilo.

Preferían a jóvenes como Liu Wu: suaves, delicadas y aparentemente frágiles.

Incluso en ese momento, sentada débilmente junto a la cama y obligada a alzar la mirada ante un grupo de desconocidos, Liu Jiao mantenía la espalda perfectamente recta.

En sus ojos no había ni rastro de pánico.

—¿Ustedes me salvaron?

Xia Chen no se atribuyó el mérito y señaló a Zhen Niang.

—Fue ella.

Liu Jiao se apoyó inmediatamente en la cama para levantarse y se inclinó profundamente.

—Yo, Liu Jiao, agradezco a esta hermana mayor por salvarme la vida. En el futuro, si alguna vez necesita algo de mí, acudiré sin importar el peligro.

Xia Chen encontró bastante interesante a aquella joven.

Alzó una ceja y preguntó con una sonrisa:

—¿No quieres vengarte?

Al escucharlo, Liu Jiao comprendió que ya conocían su identidad.

Tampoco era extraño. Los escándalos de la familia Liu se habían extendido hacía tiempo por toda Zhongning.

Solo su padre fingía no saber nada y todavía creía que su familia era honorable y gozaba de una reputación impecable.

—Ahora mismo no puedo derrotarlos —respondió Liu Jiao con absoluta calma—. Ir a buscar venganza en estas condiciones solo sería entregarles mi vida inútilmente.

Sabía adaptarse a las circunstancias.

La impresión que Xia Chen tenía de ella mejoró de inmediato.

Cuando veía series en su vida anterior, nunca lograba entender a aquellos protagonistas a quienes alguien salvaba con enormes dificultades y que, todavía cubiertos de heridas, comenzaban a gritar que debían vengarse de inmediato.

Los demás tenían que contenerlos una y otra vez, y al final solo conseguían empeorar sus lesiones.

Si iban a comportarse de ese modo, ¿para qué permitían que los salvaran?

Solo hacían perder el tiempo a sus benefactores.

—Tú…

Xia Chen estaba a punto de preguntarle cómo planeaba vengarse en el futuro cuando Wen Shu habló de repente:

—Un gran grupo de personas viene hacia aquí. Es muy posible que sean hombres de la familia Liu.

En ese mismo instante, Xuan Niang entró corriendo y gritó:

—¡Hermano Azúcar, vienen muchísimas personas!

Xia Chen tomó una decisión de inmediato.

Hizo entrar en la habitación a Wangchen, Feng Yanshan y los tres niños, y les ordenó que no salieran.

Feng Yanshan y los niños apenas tenían capacidad de combate.

Wangchen luchaba a corta distancia, por lo que enfrentarse a un gran número de enemigos lo pondría en desventaja.

Además, dejarlo allí también servía como precaución frente a Liu Jiao.

Después llamó al resto y les ordenó prepararse para el combate.

Lo único que le preocupaba era que Liu Shaoyan hubiera traído un gran número de arqueros.

Su grupo carecía seriamente de capacidad ofensiva a distancia y sus defensas tampoco eran suficientes.

Pero mientras Liu Shaoyan se atreviera a acercarse, Xia Chen garantizaba que ninguno de ellos saldría con vida.

Para enfrentarse a una fuerza tan numerosa, contaba con un arma secreta: las Flores del Sueño.

Xia Chen ya había realizado varias pruebas.

El alcance hipnótico de una sola Flor del Sueño era limitado, y las personas de voluntad firme podían ofrecer cierta resistencia.

Pero eso no era un problema.

Si una flor no bastaba, utilizaría dos.

Aquel día no permitiría que ninguno de aquellos hombres escapara.

Primero hizo que todos sus compañeros comieran pétalos de Flor del Sueño como antídoto.

El estruendo de los cascos se escuchaba cada vez más cerca.

Wen Shu saltó al tejado para observar la situación.

Desde allí vio a lo lejos que los hermanos Liu habían acudido juntos.

Detrás de ellos avanzaba una imponente fuerza compuesta por más de cien hombres.

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