Renací como un gobernante inútil y decadente - Capítulo 355

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  4. Capítulo 355 - Ser emperador no era un trabajo fácil (I)
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Al descender de la Montaña Occidental, el emperador Zhou y los demás encontraron a una enorme multitud reunida allí.

Se calculaba que más de la mitad de los habitantes de la Ciudad Imperial habían acudido al lugar.

Aquello era realmente impresionante…

Todos los ministros se mostraron muy sorprendidos.

La expresión del emperador Zhou se volvió un poco fría.

Entre la multitud, alguien gritó:

—¡El Cuarto Príncipe es el elegido por el Cielo! ¡Larga vida al Cuarto Príncipe!

Muchísimas personas comenzaron a repetir aquellas palabras.

Al oírlas, el rostro del emperador Zhou se ensombreció aún más.

Fang se quedó atónito.

Inmediatamente dio un paso al frente y habló en voz alta a la multitud.

Les dijo, en esencia, que aquellas palabras suponían una falta de respeto tanto hacia el emperador como hacia su hermano mayor, el Príncipe Heredero, y que estaba profundamente indignado.

Agradecía sinceramente el cariño y el apoyo del pueblo, pero no deseaba volver a escuchar semejantes declaraciones.

El emperador actual era su padre.

Y el futuro emperador solo podía ser el Príncipe Heredero.

Eso fue lo que Fang explicó al pueblo.

Después de dejar claro que no tenía la menor ambición por el trono, los ciudadanos comenzaron a verlo como un hombre profundamente filial y recto, por lo que la impresión que tenían de él mejoró todavía más.

A partir de aquel día, el nombre del Cuarto Príncipe, Zhou Shuoyang, sin duda se extendería por todo el reino.

Al escuchar las sinceras palabras del Cuarto Príncipe, el semblante del emperador Zhou se relajó un poco.

El Príncipe Heredero también pareció sentirse aliviado.

Lo que ninguno de los dos sabía…

Era que todo aquello formaba parte de una estrategia.

Fang jamás había pensado en convertirse en un rebelde.

Incluso si algún día deseaba ocupar el trono, jamás lo conseguiría mediante una rebelión.

Por eso era indispensable construir la imagen de un hombre íntegro.

Debía ganarse el cariño del pueblo y conquistar sus corazones.

De lo contrario…

¿En qué se diferenciaría de iniciar una rebelión?

Después de conseguir finalmente «calmar» a la multitud, Fang regresó junto a la comitiva y tomó la iniciativa de gritar:

—¡Bendecidos por el Cielo, la ceremonia ha concluido con éxito! ¡Larga vida a Su Majestad! ¡Que reine por diez mil años!

Tan pronto como Fang habló, todos los presentes, incluidos los ciudadanos de la Ciudad Imperial, se arrodillaron y repitieron aquellas palabras a voz en cuello.

En ese momento, Long sintió una auténtica admiración por Fang.

Por suerte, aquel tipo reaccionaba con una rapidez extraordinaria.

De lo contrario, aunque hubiera ganado el apoyo del pueblo, habría sido eliminado por el emperador Zhou o por el Príncipe Heredero.

No era el momento adecuado para exponerse demasiado.

Después de actuar de aquella manera, el pueblo solo tuvo una mejor opinión de él.

Por eso, incluso si el emperador Zhou quisiera deshacerse de Fang, no lo haría a corto plazo.

En cambio, Long pensó que quien realmente corría peligro era el Príncipe Heredero.

Había desafiado repetidamente los límites de la paciencia del emperador Zhou.

Era muy probable que pronto llegara el momento de ajustar cuentas con él.

En cuanto a Fang…

Había atraído demasiada atención, por lo que el emperador Zhou no le haría nada, al menos por ahora.

En ese momento, el emperador Zhou ya había descendido de la Montaña Occidental y la ceremonia había llegado a su fin.

Así que, después de que el pueblo terminara de aclamarlo, levantó una mano y dijo:

—Mis súbditos, pueden levantarse.

A continuación, pronunció un breve discurso lleno de palabras alentadoras y agradeció al pueblo la preocupación y el interés que habían mostrado por la ceremonia de sacrificio.

Tras escucharlo, la gente también reforzó la buena impresión que tenía del emperador Zhou.

Realmente era un político consumado.

Long no tuvo más remedio que admitirlo.

Después, la comitiva continuó su regreso al palacio imperial.

Muchos ciudadanos comenzaron a seguirlos espontáneamente.

Durante todo el trayecto, la gente no dejaba de comentar lo que había presenciado hacía poco.

La opinión más repetida era una sola…

Que el emperador Zhou había sido verdaderamente bendecido por el Cielo al tener un hijo como el Cuarto Príncipe.

En cuanto al Príncipe Heredero…

Casi nadie lo mencionaba.

Como era de esperar, aquello volvió a irritarlo.

Cuando Long regresó a la residencia del Cuarto Príncipe, ya al anochecer, por fin pudo reunirse con su «amado al que tanto había echado de menos».

Aunque solo habían estado separados unos pocos días…

Para Long, cada jornada había parecido un año entero.

Durante todo el camino logró contenerse.

Pero apenas entró en la alcoba junto a Shi, no quiso decir una sola palabra.

Simplemente lo atrajo hacia sí y comenzó a besarlo.

Shi se sorprendió ligeramente al ver lo emocionado que estaba Long.

Después correspondió al beso con la misma pasión.

La respuesta de Shi hizo que Long lo besara con aún más intensidad.

El ambiente se volvió cada vez más íntimo.

Long dejó de contenerse y, con un movimiento de la mano, le quitó toda la ropa a Shi.

Fue tan brusco que incluso rasgó las prendas.

Pero, en aquel momento, a ninguno de los dos le importó.

Long siguió besándolo apasionadamente y luego lo levantó en brazos…

Sobre la gran cama, sus cuerpos se entrelazaron hasta fundirse en uno solo.

Era una escena llena de ternura e intimidad.

Mucho tiempo después, cuando ambos quedaron satisfechos, Long besó la frente húmeda de Shi.

—¿Estás cansado? —preguntó Long, descubriendo que su voz había quedado completamente ronca.

—Estoy bien. —Shi lo empujó suavemente—. Quiero bañarme.

—De acuerdo.

Long sonrió con una inmensa ternura reflejada en los ojos, besó la comisura de los labios de Shi, tomó una prenda para cubrirle la espalda y se levantó.

Shi lo observó un instante antes de cerrar lentamente los ojos.

Durante aquellos días, mientras permanecía infiltrado en el palacio imperial de Dongfang, había vivido con los nervios en constante tensión.

Aunque contaba con dos personas muy poderosas protegiéndolo, seguía teniendo que actuar con extrema cautela.

Si su identidad quedaba al descubierto…

Moriría sin duda alguna.

Estaba realmente agotado.

Los Guardianes de las Sombras de la residencia de Fang llevaron agua caliente a la habitación.

Cuando Long volvió junto a la cama, descubrió que Shi ya se había quedado dormido.

—¿Qingzhou? —lo llamó en voz baja.

Shi abrió los ojos con dificultad y bostezó.

—¿Ya está listo?

—Sí. Te llevaré a bañarte.

Ya se habían visto completamente desnudos innumerables veces, así que Shi no se negó.

Simplemente respondió con un suave:

—Mm.

Entonces Long lo tomó cuidadosamente en brazos.

Cuando Shi entró en el agua tibia, el sueño se apoderó aún más de él.

Al verlo así, Long sonrió con dulzura, aunque al mismo tiempo sintió un profundo dolor por su amado.

Entró también en la bañera y comenzó a lavar cuidadosamente el cuerpo de Shi.

Después lo sacó del agua.

Lo envolvió con una sábana y secó con delicadeza cada gota de agua de su piel.

Para entonces, Shi ya se había quedado completamente dormido.

Aquello demostraba lo agotado que había estado durante esos días.

Ocultarse dentro del palacio imperial de Dongfang debía de haber mantenido sus nervios constantemente al límite.

De lo contrario…

No estaría tan exhausto.

Finalmente, Long abrazó a Shi y se quedó dormido junto a él, sin siquiera cenar.

A la mañana siguiente, ambos despertaron porque tenían demasiada hambre.

Cuando Long volvió la cabeza para mirar a Shi, Shi acababa de abrir los ojos.

En ese mismo instante…

Los estómagos de ambos comenzaron a rugir.

Se miraron el uno al otro.

Parpadearon al mismo tiempo.

Y luego estallaron en una carcajada.

—Tienes hambre, ¿verdad? —preguntó Long antes de besar suavemente los labios de Shi.

Shi asintió.

—Sí, tengo hambre.

Long lo ayudó a incorporarse.

—Entonces levantémonos.

Shi no se negó y se levantó de la cama.

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