Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 86

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Jiang Huaizhi regresó una vez más a la casa de ambos.

Pero Tang Yuan seguía sin volver.

Al mirar todos los mensajes que le había enviado durante aquella semana, ninguno con respuesta, sintió una amarga ironía.

No hacía mucho, aquel Omega que parloteaba sin parar junto a su oído había desaparecido de repente de su vida.

O quizá Tang Yuan simplemente ya no quería que él supiera nada de su vida.

Aquella guerra fría había llegado mucho más lejos de lo que Jiang Huaizhi jamás había imaginado.

Jiang Huaizhi condujo otra vez hasta la residencia de los Tang.

Esta vez no pensaba marcharse como en ocasiones anteriores, sin haber conseguido nada.

Esperó fuera durante mucho tiempo y le dejó muy claro al mayordomo de los Tang que no se iría si no conseguía ver a Tang Yuan.

El mayordomo mostró una expresión incómoda y dijo que entraría a avisar.

Jiang Huaizhi esperó desde la tarde hasta el anochecer.

Finalmente, alguien salió.

—Entra primero.

Era Tang Jiu, el quinto hermano de Tang Yuan.

Tang Jiu tenía un carácter amable y, a diferencia de los demás, no lo miró con abierta hostilidad.

—No tiene sentido que sigas esperando aquí todo el tiempo.

—Gracias.

Jiang Huaizhi le preguntó:

—¿Dónde está Xiao Yuan? ¿Está en casa?

El quinto hermano lo miró, pero no respondió.

Solo le indicó que entrara.

Jiang Huaizhi tuvo la sensación de que nada bueno lo esperaba al otro lado de aquella puerta.

Cuando entró, descubrió que casi todos los miembros de la familia Tang estaban ausentes.

Solo la abuela estaba sentada tranquilamente en la sala, hojeando un álbum de fotografías.

El álbum estaba abierto justo en una página donde aparecía un niño pequeño, rosado y adorable como una bolita de arroz glutinoso, sonriendo a la cámara con sus dientes todavía incompletos.

Detrás de él estaban sus siete hermanos, todos aún con aspecto juvenil.

—Abuela —la llamó Jiang Huaizhi en voz baja.

Comprendió que la anciana señora Tang estaba viendo fotografías de la infancia de Tang Yuan.

—Has venido.

La abuela no levantó la cabeza.

Parecía haber sabido desde el principio que aquel día aparecería.

Su actitud era completamente tranquila.

Acarició con ternura la fotografía con la punta de los dedos.

—Esta foto se la tomamos a Yuanyuan el día de su cumpleaños, cuando todavía iba al jardín de niños. Su hermano mayor apenas acababa de entrar a la preparatoria y tenía muchísimo que estudiar, pero pidió un día libre solo para volver y celebrar su cumpleaños.

»Probablemente nadie lo creería si se lo contara. Estos siete diablillos de nuestra familia siempre han hecho lo que han querido fuera de casa, pero apenas regresaban y veían a Yuanyuan hacer un pequeño puchero, todos se ponían nerviosos.

Jiang Huaizhi sonrió con amargura.

—Xiao Yuan realmente creció muy protegido.

—Desde pequeño ha sido un niño que despierta cariño. Además, perdió a sus padres demasiado pronto. Naturalmente, todos lo quisimos un poco más.

La abuela cerró el álbum y levantó la vista hacia él.

—Cuando se casó contigo, yo estaba muy feliz. Pensé que Yuanyuan de verdad había encontrado a alguien que lo cuidaría de corazón.

»Pero no supiste amarlo bien, Xiao Jiang.

»Me has decepcionado mucho.

—…

La mirada de la anciana era cálida y transparente.

No era especialmente severa.

Sin embargo, parecía capaz de atravesar directamente el corazón de una persona.

Jiang Huaizhi no pudo ocultarse frente a ella.

—Lo siento mucho —dijo—. Me disculparé debidamente con Xiao Yuan. Le prometo que algo así no volverá a suceder.

La abuela negó con la cabeza.

—Ya no hace falta hablar del futuro.

Jiang Huaizhi se quedó inmóvil.

—Yuanyuan no volverá a la familia Jiang —dijo la anciana—. Dentro de unos días estará listo el acuerdo de divorcio. Cuando llegue el momento, fírmalo.

—Espere…

Jiang Huaizhi sabía que no le resultaría fácil recuperar a Tang Yuan.

Pero jamás había imaginado escuchar algo así.

—Al menos… permítame verlo primero. No he conseguido verlo en todos estos días. Tampoco responde mis mensajes. Él no tomaría una decisión así.

La abuela lo interrumpió, algo poco habitual en ella.

Lo miró tranquilamente.

—Fue Xiao Yuan quien lo decidió.

—¿Cómo puede ser…?

La mente de Jiang Huaizhi quedó en blanco.

¿Cómo podía Tang Yuan haber tomado una decisión tan precipitada?

Ni siquiera había hablado con él.

La abuela no volvió a explicarse.

Expresó con mucha delicadeza su deseo de dar por terminada la conversación.

—Xiao Jiu, acompaña luego a Huaizhi a la salida.

Tang Jiu asintió ligeramente.

—Abuela… no. Yo no voy a firmar ahora ese acuerdo de divorcio.

Jiang Huaizhi intentó obligarse a mantener la calma y organizó sus palabras para suplicarle.

—Dígame dónde está. Tengo que hablar con él. Xiao Yuan quizá… quizá actuó impulsivamente. Además, todavía está embarazado.

—No hace falta.

Lo perdido ya se había perdido.

Aquello nunca ocurría de repente.

Era el resultado de cosas que se acumulaban lentamente hasta llegar al punto final.

Y una vez sucedido, ya no siempre podía recuperarse.

El quinto hermano se puso de pie e hizo un gesto invitándolo a marcharse.

Los ojos de Jiang Huaizhi estaban llenos de venas rojas.

—No firmaré ese acuerdo. Esperaré a que Xiao Yuan regrese.

—Como quieras.

Tang Jiu lo acompañó hasta la salida para no seguir molestando el descanso de la anciana.

Jiang Huaizhi parecía completamente ausente.

Tang Jiu no podía permitir que condujera así, por lo que insistió en llevarlo personalmente de regreso.

Para Jiang Huaizhi, aquel hombre parecía haberse convertido en su última esperanza.

No podía quedarse mirando cómo todo continuaba empeorando.

Tang Yuan estaba cerca de cumplir seis meses de embarazo.

Además, ya había recibido su marcado completo.

Era legalmente su esposa y su Omega.

Y, sin embargo, había desaparecido de su vida de la noche a la mañana.

Nadie le permitía verlo.

Cuando el quinto hermano estaba a punto de marcharse, Jiang Huaizhi lo sujetó.

—Solo dime una cosa. Una sola.

El Alfa lo miró con súplica.

Su voz era ronca.

—¿Xiao Yuan está bien ahora? Él… ¿dónde está?

»Te prometo que no iré a molestarlo hasta que esté preparado para verme.

El quinto hermano sonrió con amargura y apartó suavemente su mano.

Pensó que, incluso si Jiang Huaizhi quisiera ir a molestarlo, ya no tendría oportunidad de hacerlo.

—Xiao Yuan ahora mismo debería estar en un avión.

Tang Jiu lo miró.

—Si nada sale mal, mañana estará en otro país.

En cuanto al acuerdo de divorcio, ¿qué importaba realmente si lo firmaba o no?

Según las leyes federales, un matrimonio quedaba disuelto automáticamente después de dos años de separación.

Llegado ese momento, aquel certificado de matrimonio tampoco tendría ya ningún efecto.

—…

Jiang Huaizhi permaneció inmóvil.

Cuando volvió en sí, la figura del Alfa ya había desaparecido.

Los sirvientes lo vieron permanecer largo rato frente a la puerta y ninguno se atrevió a decirle nada.

Solo una de las sirvientas que antes atendía especialmente a Tang Yuan se acercó con los ojos enrojecidos y preguntó si la señora ya no volvería durante aquellos días.

Jiang Huaizhi pareció no escucharla.

Regresó al dormitorio.

En un rincón estaba el cuadro que había retirado de la pared.

Era el regalo de bodas que Tang Yuan le había hecho.

Tang Yuan le había dicho que, a partir de entonces, cada año pintaría un cuadro para él como regalo.

Aunque la tela seguía cubriendo la pintura, Jiang Huaizhi casi podía visualizarla.

De repente, sintió una punzada en el corazón.

Como si algo se lo hubiera apretado con fuerza.

Incluso respirar se volvió difícil.

Las palabras de Yun Ran volvieron a resonar en sus oídos.

Le había dicho que debía comprender lo que sentía su propio corazón.

Jiang Huaizhi siempre había creído que no experimentaría emociones tan intensas.

Pero al contemplar aquella habitación completamente vacía, sintió una tristeza como nunca antes.

Tang Yuan ocupaba demasiado espacio en su vida.

Sin hacer ruido, había terminado llenándolo todo.

Incluso aquel tenue aroma a leche que siempre flotaba en la habitación había sido sustituido por un frío vacío.

Todo estaba inmóvil.

Sin vida.

El Alfa se apoyó contra una esquina de la pared, abrazando aquel cuadro frío contra su pecho.

Cerró los ojos en silencio.

Entonces comprendió.

Cuando aquel joven, lleno de convicción pero avergonzado, le había dicho que se casaría con él aunque toda su familia se opusiera…

Cuando retiraba cuidadosamente las espinas del pescado y colocaba la carne en su plato mientras le preguntaba qué cosas le gustaban…

Cuando, enfadado pero firme, lo había defendido frente a Jiang Jing…

Aquel pequeño Omega cuyos ojos siempre brillaban ya había dejado, sin que Jiang Huaizhi lo notara, una huella imposible de borrar a su lado.

Hacía mucho que se había acostumbrado a que el Omega girara alrededor de él.

A aquella energía y entusiasmo que parecían inagotables.

Se había acostumbrado a sus mimos dulces cuando lo abrazaba para dormir.

A su forma de ser comprensivo y casi nunca hacer berrinches.

Y todo aquello…

lo había destruido él mismo.

Había cosechado exactamente lo que sembró.

El avión comenzó a despegar lentamente.

Tang Yuan estaba sentado junto a la ventanilla, contemplando las nubes teñidas por el resplandor del atardecer.

Acababa de despedirse de su familia.

Su abuelo, sus tíos y sus hermanos habían ido a despedirlo.

Había necesitado toda su fuerza para no llorar delante de ellos.

Pero justo en el momento de abandonar su tierra natal, sus ojos volvieron a humedecerse.

Su hermano mayor estaba sentado a su lado, calentándole las manos entre las suyas.

—¿Te arrepientes?

Tang Yuan negó con la cabeza.

—Solo… extraño un poco a la abuela —dijo el Omega en voz baja.

La abuela no había ido a despedirlo.

Había dicho que temía que al final ambos terminaran llorando y que entonces Tang Yuan no pudiera subir al avión.

Su hermano mayor no señaló la verdadera razón detrás de aquellas palabras.

Simplemente permaneció a su lado en silencio.

Ya había tomado la decisión.

Tang Yuan sabía que no tenía nada de qué arrepentirse.

Quería retirarse.

Darles una respuesta tanto a sí mismo como a Jiang Huaizhi y Yun Ran.

Tang Yuan había escrito un mensaje muy largo.

Lo había programado para que se enviara a Jiang Huaizhi cuando llegara al país B.

Después de eso, ya no volverían a cruzarse.

Eliminaría todos los medios de contacto de Jiang Huaizhi.

Y junto con ellos, borraría también aquel pasado en el que había estado tan obsesionado con él.

Estaba cansado.

Ya no quería seguir atando a Jiang Huaizhi a su lado.

Le devolvería su libertad.

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