Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 85

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El caso de Yun Ran se remontaba a tantos años atrás que Jiang Huaizhi nunca había esperado encontrar una prueba más concluyente que aquella comparación de ADN. Sin embargo, por una serie de coincidencias inesperadas, realmente consiguieron encontrarla.

Jiang Huaizhi los ayudó a presentar las pruebas.

Cuando terminó de encargarse de todo aquello, ya había transcurrido una semana.

No participó en los acontecimientos posteriores. Solo escuchó cómo Xiao Heng se los relataba.

Según Xiao Heng, la policía había seguido las pistas y descubierto que Jiang You también había agredido a otros Omegas.

Yun Ran no era la única víctima.

Además de él, había otros dos Omegas con los que Jiang You se había relacionado durante sus años universitarios. Uno de ellos incluso ya se había casado.

Por otra parte, Su Yu, la madre de Jiang You, había sido arrestada bajo sospecha de encubrimiento.

El asunto había adquirido una complejidad que ninguno de ellos había imaginado al principio.

Durante aquellos días, Jiang Jing había ido a buscarlo repetidas veces con la esperanza de que pudiera sacar a Su Yu de prisión.

Pero a esas alturas, ¿qué capacidad tenía Jiang Huaizhi para liberar a nadie?

Le explicó con absoluta calma que ya no se ocuparía más de aquel asunto. A partir de ese momento, todas las decisiones correspondían a los tribunales.

Yun Ran y las otras dos víctimas eran quienes debían decidir si querían perdonar o no.

La última vez que Jiang Jing fue a buscarlo, parecía completamente perdido.

Una familia que antes había estado entera ahora se encontraba destrozada.

Pero Jiang Huaizhi no se arrepentía.

Tanto Jiang You como Su Yu estaban recibiendo el castigo que merecían. No creía que debiera asumir responsabilidad alguna por ello.

Lo único que lamentaba era no haber acompañado bien a Tang Yuan durante aquellos días.

Ni siquiera sabía cómo se encontraba emocionalmente.

A lo largo de aquella semana había intentado sacar tiempo para ir a la residencia Tang, pero siempre regresaba sin conseguir nada.

La familia Tang ni siquiera le permitía entrar.

Y Tang Yuan tampoco respondía ya sus mensajes.

El asunto de Yun Ran estaba a punto de resolverse de manera satisfactoria.

Sin embargo, la sombra entre las cejas del Alfa se volvía cada vez más profunda.

Yun Ran lo veía todo.

Durante aquellos días, tanto Xiao Heng como Jiang Huaizhi habían estado corriendo de un lado a otro por su causa. Yun Ran se sentía profundamente culpable por haberles dado tantas molestias.

También se había dado cuenta de que Tang Yuan había dejado de visitarlo.

Cuando Jiang Huaizhi se despidió de él y le dijo que durante los próximos días ya no volvería, Yun Ran comprendió que había llegado el momento de que ellos también se dijeran adiós.

—De verdad te he causado muchas molestias estos días.

Yun Ran aceptó el regalo que le había llevado y le sirvió una taza de té.

—No ha sido ninguna molestia. Todo esto… en cierto modo comenzó por mi culpa.

Jiang Huaizhi todavía era incapaz de perdonarse.

Había odiado a Yun Ran durante tantos años.

Después de separarse, jamás volvió a preguntarle cómo estaba.

Y nunca supo que todo el sufrimiento que Yun Ran había soportado había comenzado por algo relacionado con él.

Si no hubiera llevado a Yun Ran a su casa y lo hubiera presentado a Jiang You…

Si en aquel entonces hubiera insistido en llevar a Yun Ran a vivir con él…

Si hubiera descubierto desde el principio que Yun Ran había sufrido una agresión…

O incluso si, cuando Yun Ran fingió haberle sido infiel, no hubiera permitido que la ira nublara por completo su razón…

Nada habría terminado de aquella manera.

Pero, lamentablemente, no existían los «si hubiera».

Yun Ran contempló en silencio las hojas verdes que giraban dentro de la taza.

Podía escuchar la culpa en las palabras de Jiang Huaizhi.

Sin embargo, no dijo nada al respecto.

Después de un momento, preguntó suavemente:

—Últimamente no he visto a Tang Yuan.

—Él… regresó a casa de los Tang.

Jiang Huaizhi guardó silencio unos instantes antes de responder.

—¿Fue por lo que pasó la última vez?

—No pienses demasiado.

Jiang Huaizhi frunció ligeramente el ceño.

—¿Xiao Sheng te dijo algo?

Yun Ran negó con la cabeza.

Nadie le había dicho nada.

Simplemente tenía la sensación de que Tang Yuan había dejado de ir por su culpa.

La última vez, durante el paseo junto al río, Yun Ran no había entendido por qué el Omega se había marchado repentinamente a mitad del camino.

Ahora que lo pensaba, probablemente podía comprenderlo.

—¿Sabes algo? Cuando me enteré por primera vez de que te habías casado, sentí muchísimos celos —dijo Yun Ran de repente.

—…

—Acababa de lanzar un nuevo álbum. Los fans decían que era precioso y que mis canciones eran una luz en sus vidas. Pero justo entonces escuché la noticia de tu matrimonio y sentí que todo en mi mundo era gris. ¿Qué luz podía haber?

La expresión de Yun Ran era tranquila.

—Mis amigos me dijeron que tu esposa era el joven amo de la familia Tang, que su familia estaba a la altura de la tuya, que era atractivo y también tenía buen carácter. Entonces pensé que, cuando lo llevaras a casa, seguramente no ocurriría ninguna escena vergonzosa.

»En aquel momento sentí unos celos terribles de él. Ni siquiera lo había visto en persona y aun así estaba celoso hasta volverme loco.

—Yun Ran…

Jiang Huaizhi no soportaba seguir escuchándolo.

Pero Yun Ran no lo miró.

En el rostro pálido y enfermizo del joven apareció una ligera sonrisa.

Su mirada se perdió en la distancia, como si estuviera recordando.

—Pero la primera vez que lo vi, dejé de sentir celos.

»De verdad era así de deslumbrante. Igual que las margaritas que me llevó.

Yun Ran dejó escapar una pequeña risa.

—Dime, ¿quién puede ser tan ingenuo como para ir a ver a su rival amoroso y además tomarse la molestia de escogerle flores?

El pecho de Jiang Huaizhi se volvió todavía más pesado.

—Me contó que había ido a verte. Y yo tampoco le oculté nunca que me reunía contigo.

—¿Crees que con no ocultárselo era suficiente? —preguntó Yun Ran.

—…

Jiang Huaizhi se quedó inmóvil.

No esperaba aquella pregunta.

Después sonrió con amargura.

—Fue culpa mía.

Hizo una pausa antes de continuar:

—Supongo que también te diste cuenta. Xiao Yuan lleva un tiempo sin querer verme. He ido a casa de los Tang y tampoco he conseguido nada.

»Por eso, a partir de ahora quiero dedicarme a acompañarlo bien. Si surge algún cambio con tu caso, ponte en contacto con mi abogado. Ya hablé con él. Te ayudará en todo lo que pueda.

—Gracias.

Yun Ran bajó la mirada.

Pasó un buen rato antes de volver a levantarla hacia él.

Aquella mirada hizo que el corazón de Jiang Huaizhi se estremeciera.

Los ojos del Omega estaban llenos de tristeza y ternura.

Y también de una determinación difícil de describir.

—Después de esto, será mejor que no volvamos a vernos —dijo Yun Ran.

—¿Te preocupa que Xiao Yuan se sienta incómodo?

—No.

Yun Ran simplemente expuso un hecho.

—Nosotros ya no volveremos a tener la relación que tuvimos antes.

»Y tampoco nos convertiremos en amigos comunes.

—¿Por qué no podemos ser amigos?

—Porque no quiero ser amigo de alguien que cada vez que me mira se siente culpable.

—…

Aunque no quisiera admitirlo, ¿qué podía cambiar?

Yun Ran no quería que Jiang Huaizhi continuara sintiendo lástima por él.

Eso le recordaría constantemente todo lo que había ocurrido.

Y también obligaría a Jiang Huaizhi a seguir viviendo atrapado en la culpa.

No era lo que Yun Ran quería.

—Dejémoslo así.

Su voz fue muy suave.

—Te agradezco mucho toda la ayuda que me has dado durante este tiempo. Pero podré ocuparme de lo que venga después.

»En el futuro… será mejor que no volvamos a ponernos en contacto.

—Yun Ran, no tienes que llegar tan lejos.

Los ojos de Jiang Huaizhi estaban ligeramente enrojecidos.

Bajó la cabeza y miró el suelo.

Su voz sonó amarga.

—¿De verdad lo has pensado bien?

—Esa pregunta deberías hacértela tú.

Yun Ran suspiró.

—¿De verdad has entendido ya lo que siente tu propio corazón?

—…

Yun Ran se puso de pie para despedirse.

—Bien, señor Jiang. Adiós.

—Adiós.

La voz de Jiang Huaizhi era profunda.

Yun Ran había hablado con demasiada claridad.

Sabía que ya no tenía sentido intentar retenerlo.

Seguir insistiendo solo lo haría parecer ridículo.

El joven le dedicó una ligera sonrisa y se dio la vuelta.

Pero, poco a poco, aquella sonrisa fue desapareciendo.

La humedad le nubló la vista hasta casi impedirle ver el camino delante de él.

Aun así, Yun Ran siguió caminando.

Paso a paso.

Alejándose cada vez más del Alfa que quedaba detrás.

Al final, estaban destinados a convertirse en extraños.

Por mucho que le doliera dejarlo atrás, Yun Ran no quería aprovecharse de la culpa que ahora confundía el corazón del Alfa para robarle unos pocos momentos de ternura.

[Nota del autor]: Bien, ahora cierta persona se quedó sin ninguno de los dos lados.

(Viendo los comentarios, ustedes sí que son despiadados cuando se trata de hacer sufrir al viejo Jiang. Me rindo ante ustedes.)

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