Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - Esto no es un asunto familiar vergonzoso
Sería mentira decir que Tang Yuan no se sintió profundamente decepcionado. Jamás imaginó que el tío Jiang pudiera ser tan parcial, hasta el punto de preocuparse únicamente por el futuro de su hijo menor sin tomar en consideración los sentimientos de su primogénito.
Jiang Huaizhi soltó lentamente la mano de Tang Yuan.
—¿Eso es todo lo que quería decirme? —preguntó el Alfa en voz baja.
No pudo evitar reír con amargura para sus adentros y, al mismo tiempo, sentir una profunda tristeza.
Así que, a ojos de su propio padre, ¿lo único que le importaba a él eran esos beneficios?
Desde que Jiang Huaizhi había asumido la dirección de la empresa, había trabajado con absoluta diligencia, sin descuidar jamás sus responsabilidades. Podía decirse que la prosperidad actual de aquella familia dependía en gran medida de él.
Si hubiera querido quedarse con la empresa, lo habría hecho hacía mucho tiempo. Dentro de ella estaban todos sus hombres de confianza y el poder real llevaba años en sus manos. Si quisiera tomarla por completo, bastaría con que pronunciara una sola palabra.
Pero nunca había pensado en arrebatarle el puesto a su padre.
Había seguido dispuesto a dejarle la autoridad nominal a aquel hombre ya envejecido.
¿No había trabajado con tanto empeño todos esos años únicamente porque deseaba escuchar de él una palabra de reconocimiento?
Sin embargo, lo que recibía ahora le parecía simplemente ridículo.
Jiang Huaizhi, completamente desalentado, cerró los ojos.
—Olvídelo. Olvídelo todo. Déle lo que quiera a quien quiera. Pero este asunto llegará a los tribunales, pase lo que pase.
—¡Qué bien calculado lo tienes! Mandas a tu hermano a prisión y entonces todo lo de esta familia naturalmente será tuyo. ¡Qué corazón tan despiadado tienes!
Su Yu comprendió que Jiang Huaizhi no pensaba ceder, así que dejó de fingir cualquier cordialidad y comenzó a acusarlo entre lágrimas mientras lo señalaba con el dedo.
—¡Lo que quieres es destrozar esta familia y no dejarnos vivir en paz!
—…
—¡Tía Su!
Tang Yuan ya no pudo soportarlo más.
—¿Podría cuidar un poco sus palabras? ¿Desde cuándo esto es culpa de Jiang Huaizhi? ¿Acaso él obligó a Jiang You a hacer algo tan repugnante?
—Ustedes dos son marido y mujer, por supuesto que siempre estarán del mismo lado. Solo saben aprovecharse de una viuda y su hijo.
—¡Yo todavía no estoy muerto! —rugió Jiang Jing.
Las sienes le palpitaban y sentía el pecho oprimido por la irritación que le provocaba Su Yu, pero aun así no soportaba decirle nada demasiado severo.
Su Yu siguió sollozando mientras tiraba de Jiang You. Cuando vio en su rostro la marca de la bofetada que ella misma acababa de darle, sintió lástima y acarició la zona.
—Levántate. Quiero ver quién se atreve hoy a llevarte a la policía.
Después se volvió hacia Jiang Jing.
—¡Sería mejor que estuvieras muerto! Mírate. ¿Para qué sirves? Ni siquiera te atreves a decir una sola palabra.
—Esto… esto…
Jiang Jing se quedó sin palabras y solo pudo suspirar una y otra vez.
Aun así, volvió a mirar a Jiang Huaizhi con una tenue súplica en los ojos, como si esperara que aquel hijo suyo, siempre tan distante, cediera un poco y con eso pudiera resolverse aquel desastre.
Pero Jiang Huaizhi continuó con los labios apretados, observando en silencio cómo Jiang You y su madre lloraban y armaban escándalo.
Mientras Tang Yuan contemplaba aquella farsa, su corazón se enfriaba cada vez más.
En principio no quería intervenir más.
Pero al ver la absoluta decepción en el rostro del Alfa a su lado, las palabras que llevaba dentro terminaron por escapar.
—Papá, hay algunas cosas que quizá no me corresponda decirle, pero siento que, si no las digo, tal vez nunca llegue a darse cuenta.
Tang Yuan habló suavemente.
Su voz no era fuerte, pero bastó para que la habitación quedara mucho más silenciosa.
Jiang Huaizhi tiró ligeramente de él y frunció el ceño, como si no quisiera que se involucrara.
Tang Yuan negó con suavidad y apartó su mano.
El Omega dio un paso al frente y suspiró.
—Usted dice que Jiang You es su hijo. Entonces, ¿Jiang Huaizhi no lo es también? Si Jiang You puede escapar del castigo porque era joven, ¿qué pasa con Jiang Huaizhi? ¿Qué pasa con Yun Ran? ¿Alguna vez se ha preocupado por cuánto daño les provocó todo esto? ¿Por qué ahora que la verdad salió a la luz intenta justificar a quien cometió el delito? Papá, a veces usted es demasiado indulgente, y eso hace que las personas que tiene cerca puedan engañarlo y aprovecharse de usted.
Jiang Jing se quedó sin saber qué responder.
Tang Yuan levantó la mirada y vio que Jiang Huaizhi lo observaba con una expresión complicada.
Algo se agitó dentro de su corazón.
—¿De quién dices que se está aprovechando de quién? —preguntó Su Yu, incapaz de contener la rabia.
La expresión sonriente que siempre mostraba se había derrumbado por completo ahora que sus verdaderos intereses estaban en juego.
La mujer se puso de pie, exigiendo una explicación.
Pero Tang Yuan únicamente sonrió con amargura y no le respondió.
Se volvió, tomó la mano del Alfa y le dijo con suavidad:
—Vámonos.
Jiang Huaizhi asintió ligeramente.
—Xiao Yuan, Huaizhi…
Jiang Jing no pudo evitar llamarlos.
—¿Adónde van?
—A mi casa —respondió Tang Yuan.
A partir de ahora, donde estuviera él, allí estaría también el hogar de Jiang Huaizhi.
Después de regresar a la residencia de los Tang, todo resultó mucho más tranquilo que en casa de los Jiang, aunque ninguno de los dos tenía ánimos para nada.
Tang Yuan veía que Jiang Huaizhi llevaba mucho tiempo sin descansar apropiadamente y le dolía verlo así.
Nada más llegar, insistió en que fuera a dormir.
Él, en cambio, fue llamado por sus abuelos para explicarles lo sucedido.
—Eso fue todo. Durante un tiempo probablemente ya no volveremos a casa de los Jiang.
Tang Yuan terminó de contarles lo ocurrido y se sentó junto a su abuela.
El Omega tenía la cabeza gacha.
—Nunca pensé que el tío Jiang pudiera ser tan parcial. Incluso ahora sigue protegiéndolo. ¿Cómo puede hacer eso? Jiang Huaizhi debe estar destrozado.
La anciana señora Tang suspiró y cubrió suavemente la mano de Tang Yuan con la suya, cálida.
—Yuanyuan, no estés triste. Ya regresamos a casa. Aquí nadie podrá hacerte daño.
Tang Yuan mantuvo la mirada baja.
Su estado de ánimo seguía siendo sombrío.
El anciano señor Tang escuchó todo con las cejas blancas profundamente fruncidas y suspiró.
—Jiang Jing, en realidad, no es una mala persona. Simplemente tiene el oído demasiado blando y escucha demasiado a esa esposa suya.
—¡Ser complaciente tampoco significa perder la noción de lo que está bien y lo que está mal! ¿No escuchaste las cosas que dijo?
La anciana no estaba de acuerdo.
—¿Cómo crees que se sintió el pobre Xiao Jiang al oír eso? Dicho claramente, se aprovechan de que perdió a su madre tan joven. Su padre biológico casi parece ya un padrastro.
—Al final, los trapos sucios se lavan en casa. Aunque Jiang Jing no actuó del todo bien, también debe tener sus razones.
—¿Qué razones?
La anciana se enfureció de repente.
Con el rostro severo, golpeó repetidamente el suelo con el bastón.
Cada palabra resonó con firmeza.
—¡Esto no es un asunto familiar vergonzoso! ¡Esto es un delito!
—…
El anciano señor Tang no se atrevió a decir nada más, temiendo enfadarla todavía más.
Tang Yuan empujó suavemente el brazo de su abuela.
—Abuela, no te enojes. Nosotros resolveremos todo esto.
—Realmente estás pasando por demasiado, nuestro Yuanyuan.
La anciana suspiró profundamente.
Después levantó la mirada hacia su esposo y lo fulminó con evidente disgusto.
—Viejo, siempre estás defendiendo al lado equivocado. ¡Solo con verte me enfado! Esta noche ni se te ocurra venir a dormir aquí. Voy a dormir con Yuanyuan.
—Siempre que está Yuanyuan me echas de la habitación. Hoy todavía necesitas inventarte una excusa…
El anciano murmuró por lo bajo, pero de inmediato recogió su pipa y se levantó para marcharse.
Antes de salir, todavía se volvió hacia Tang Yuan.
—Yuanyuan, escucha a tu abuelo. No rompas completamente con la familia Jiang. En el futuro todavía tendrás que tratar con ellos.
—¡Ya vete! —lo reprendió la anciana.
El anciano señor Tang suspiró y cerró la puerta al salir.
—Abuela…
Tang Yuan había aguantado hasta ese momento.
En cuanto su abuelo se marchó, sus ojos comenzaron a enrojecerse.
—¿Tú crees que lo que hice estuvo bien? Sé que sacar todo esto a la luz no le hace bien a nadie, pero no podía quedarme callado.
—Niño tonto.
La anciana abrió los brazos y lo abrazó suavemente.
—Haz aquello que tú creas que debes hacer. Todo terminará mejorando.
—¿De verdad?
Había lágrimas en las comisuras de los ojos del joven.
—De verdad.
La anciana lo observó con una mirada amable durante un buen rato antes de preguntarle en voz baja:
—¿Quieres escuchar lo que tu abuela piensa de verdad?
Tang Yuan asintió.
—En realidad, tu abuela no quería que hicieras esto.
—…
—Tu abuela también es egoísta.
La anciana lo miró con una sonrisa tenue. Sus ojos, todavía brillantes y lúcidos pese a la edad, estaban llenos de cariño.
—No quiero ver a nuestro Yuanyuan sufrir tanto. No quiero verte siendo tan comprensivo con todos que acabes siendo tú quien se sacrifica y se hace daño.
—Abuela…
—Pero…
La anciana suspiró suavemente.
—Si no hubieras hecho esto, entonces ya no serías nuestro Yuanyuan.
Tang Yuan se inclinó sobre sus rodillas, con una tristeza indescriptible oprimiéndole el pecho.
La anciana acarició suavemente su cabello mientras sus palabras descendían poco a poco hasta sus oídos.
—Si quieres llorar, llora. Cuando termines, ve y acompaña bien a Xiao Jiang. Recuerda esto: tú eres su esposa.
Tang Yuan grabó cada una de aquellas palabras en su corazón.
Asintió con fuerza.
Sentía los ojos secos y doloridos.
Pero esta vez ya no derramó más lágrimas.