Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 78

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Fuera de la habitación.

Xiao Sheng llevó una silla para Tang Yuan y lo hizo sentarse en la zona de espera, mientras él permanecía de pie a su lado en silencio.

De vez en cuando se alcanzaban a escuchar fragmentos de la conversación dentro de la habitación. Eran apenas unas cuantas frases sueltas.

Tang Yuan oyó a Yun Ran hablar de la canción que más les gustaba cuando estaban en la universidad, Bressanone. Después de un largo rato, Jiang Huaizhi respondió que todavía conservaba aquel álbum.

Tang Yuan se alejó un poco más y bajó la cabeza.

No quería seguir escuchándolos.

No sabía cuál era la canción favorita de Jiang Huaizhi.

No sabía que, cuando era joven, había formado parte de un club de guitarra.

No sabía en qué fiesta de bienvenida había cantado.

Tampoco sabía que, en realidad, tocaba muy bien el piano.

No sabía nada.

Las conversaciones dentro de aquella habitación, aquellos recuerdos, no tenían nada que ver con él.

En ese momento, Tang Yuan deseó poder taparse los oídos.

Xiao Sheng permaneció acompañándolo durante un buen rato antes de decir de repente:

—Tang Yuan, en realidad no tenías por qué hacer todo esto.

—…

Tang Yuan también lo sabía.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste? —preguntó Xiao Sheng, mirándolo con una sonrisa amarga.

—Por nada en particular. Solo quiero… poder estar en paz con mi conciencia.

Eso era lo que su abuela le había dicho.

Uno vive una sola vez, y lo único que puede pedir es no tener nada de qué avergonzarse ante su propia conciencia.

Tang Yuan se esforzó por mantener los ojos abiertos. La sonrisa en sus labios se hizo cada vez más profunda, pero sus ojos comenzaron a arderle.

El miedo a lo desconocido siempre hacía que la gente se sintiera perdida.

Tang Yuan no sabía qué lo esperaba después de aquello.

Solo podía hacer bien aquello que consideraba correcto.

Todo lo demás estaba fuera de su control.

Jiang Huaizhi salió media hora después.

El agotamiento era imposible de ocultar en el rostro del Alfa y las venas rojas de sus ojos se habían vuelto todavía más evidentes.

A Tang Yuan le dolió verlo así. Quiso decirle que descansara un poco, pero Jiang Huaizhi no respondió.

El Alfa apenas se despidió brevemente de Xiao Sheng antes de tomar a Tang Yuan de la mano y llevárselo.

—Ven a casa conmigo —dijo en voz baja.

Tang Yuan apretó los labios.

Sabía perfectamente a qué casa se refería.

Durante aquellos días habían estado viviendo en casa de la familia Tang.

Cuando el mayordomo de los Jiang vio que su auto se detenía frente a la residencia, salió sorprendido a recibirlos y preguntó por qué el joven amo mayor había regresado sin avisar.

Jiang Huaizhi lo ignoró.

Entró con el rostro inexpresivo.

Tang Yuan no tuvo más remedio que explicar que había surgido un asunto urgente.

Cuando Jiang Huaizhi entró en la sala, Jiang You estaba bromeando con una de las nuevas sirvientas de la casa mientras la ayudaba a sostener una bandeja de frutas.

Al ver regresar a Jiang Huaizhi, Jiang You se mostró sorprendido.

Como de costumbre, se acercó sonriendo despreocupadamente con la bandeja en las manos.

—Hermano, ¿por qué regresaste de repente? ¿Quieres un poco? Yo…

Todavía no había comprendido el motivo de la expresión sombría del Alfa cuando sus palabras se interrumpieron de golpe.

Jiang Huaizhi le asestó un puñetazo directo en la mandíbula.

El dolor hizo que Jiang You soltara la bandeja.

La porcelana se estrelló contra el suelo y se hizo añicos.

La sirvienta gritó horrorizada, llamando al joven amo, pero no se atrevió a acercarse.

Jiang Huaizhi parecía no escuchar sus gritos.

Agarró a Jiang You por el cuello de la ropa y comenzó a golpearlo una y otra vez.

No había la menor expresión en su rostro.

Pero la ferocidad en sus ojos bastaba para helarle la sangre a cualquiera.

En menos de medio minuto, Jiang You ya sangraba por la nariz y la boca. Intentó escapar tambaleándose hacia un lado, pero Jiang Huaizhi volvió a sujetarlo por el cuello y continuó golpeándolo.

Cuando Tang Yuan llegó, ya era demasiado tarde para detenerlo.

Vio a Jiang You con el rostro cubierto de sangre, insultando de manera incomprensible mientras trataba de escapar hacia él.

El Omega se apartó instintivamente.

Aquello no hizo más que avivar todavía más la furia de Jiang Huaizhi.

El hombre levantó la pierna y le propinó una patada brutal.

Jiang You perdió el equilibrio y cayó de rodillas con un golpe seco.

Varias gotas de sangre comenzaron a salpicar el suelo de madera.

Su Yu bajó apresuradamente las escaleras al escuchar los gritos de la sirvienta.

Al ver aquella escena, se quedó paralizada.

Se aferró a la barandilla y casi perdió el equilibrio.

—¡Hua… Huaizhi! ¿Qué estás haciendo? ¡Detente! ¡Es tu hermano! ¿Qué puede haber que no puedan hablar tranquilamente? ¿Me escuchas? ¡Detente!…

Ver a su querido hijo golpeado hasta ese estado le partía el corazón.

Sin embargo, la ferocidad en la mirada del Alfa la intimidaba tanto que no se atrevía a acercarse para separarlos. Solo podía agarrar desesperadamente a las sirvientas cercanas para exigirles que intervinieran.

Tang Yuan permanecía a un lado.

—¡Yuanyuan, convence a tu marido! —gritó Su Yu, angustiada.

Pero Tang Yuan se limitó a observar con frialdad.

—Se lo merece.

Ya habían acudido varios sirvientes, pero ni siquiera entre ellos conseguían contener a Jiang Huaizhi.

Jiang You había intentado escapar por casi toda la sala y tenía el rostro hinchado y amoratado. Sus ojos comenzaban a ponerse en blanco.

Su Yu, desesperada, perdió el equilibrio y acabó sentada en el suelo. Sacó el teléfono apresuradamente y marcó un número mientras lloraba.

—¡Jiang, vas a volver o no! ¡Si no regresas ahora mismo, van a matar a golpes a tu hijo!…

Luego se volvió hacia los demás.

—¡¿Para qué sirven ustedes?! ¡Deténganlo! ¡Llamen a la policía, rápido! ¡Deténganlo! ¡Mayordomo! ¡El joven amo mayor se volvió loco! ¡Está loco! ¡Llamen a la policía!…

Aun así, nadie se atrevió a hacerlo.

Cuando Jiang Jing llegó a casa, el mayordomo y varios sirvientes varones estaban sujetando con todas sus fuerzas a Jiang Huaizhi.

Jiang You se encontraba desplomado en el suelo, con el rostro cubierto de sangre y respirando apenas.

Su Yu tenía todo el maquillaje corrido por las lágrimas y sostenía la cabeza de su hijo mientras lloraba desconsoladamente.

—Por fin regresaste… Si hubieras tardado un poco más, habrían matado a golpes a tu hijo…

En cuanto vio llegar a Jiang Jing, Su Yu sintió que por fin tenía a alguien de su lado.

Levantó un dedo con la uña pintada de rojo y señaló al Alfa que aún no había descargado toda su furia.

—¡Mira lo que ha hecho este hijo tuyo!

—¿Qué… qué está pasando?

Jiang Jing se quedó atónito.

Un instante después, estalló de furia.

—¡Huaizhi, esto es demasiado!

Tang Yuan sonrió amargamente para sus adentros.

Se acercó en silencio y tomó la mano del Alfa. Luego hizo un gesto a los sirvientes para que lo soltaran.

Solo entonces advirtió que la mano de Jiang Huaizhi estaba sangrando.

Mientras Jiang You intentaba escapar, él se había golpeado accidentalmente contra una esquina de la mesa.

Sin embargo, el hombre parecía ni siquiera haberse dado cuenta.

La ira de sus ojos era suficiente para consumir cualquier dolor.

—Papá, tía Su, no lo culpen todavía. Primero escuchen todo lo que ocurrió.

Tang Yuan avanzó y se colocó delante de Jiang Huaizhi.

—¿Qué más hay que explicar? ¡Mira cómo dejó a Ah You! ¡Es un asesino! ¡Quiere convertirse en un asesino! —gritó Su Yu con voz estridente antes de echarse nuevamente a llorar—. Mi pobre hijo…

—Ya basta.

Jiang Jing sentía que le iba a estallar la cabeza.

Al mirar el vientre ligeramente abultado de Tang Yuan, intentó suavizar el tono.

—Xiao Yuan, habla.

Tang Yuan miró a Jiang Huaizhi y luego volvió la cabeza.

—Papá, primero haz que se retiren los demás.

Tal vez fuera por lo grave de su expresión o por la frialdad aterradora en los ojos de Jiang Huaizhi, pero Jiang Jing comprendió que probablemente se trataba de un asunto que no debía hacerse público.

Ordenó al mayordomo que sacara a todos los sirvientes.

Su Yu seguía insistiendo entre lágrimas en que llamara a la policía, pero Jiang Jing logró calmarse y la detuvo.

En su lugar, pidió que llamaran primero a un médico.

Incluso con los sollozos de Su Yu como ruido de fondo, Tang Yuan explicó lentamente todo lo sucedido.

El rostro de la mujer perdió todo color.

—¡Imposible! ¡Ah You jamás haría algo así! ¡Lo están acusando falsamente!

Pero cuando Tang Yuan sacó en silencio los resultados de la comparación de feromonas, Su Yu abrió la boca y ya no consiguió pronunciar una sola palabra.

Jiang You, que había estado aturdido por los golpes, recuperó poco a poco la conciencia.

Entonces comprendió finalmente la magnitud del desastre que había provocado.

Su Yu ni siquiera tuvo tiempo de seguir defendiéndolo.

Al ver los resultados de la comparación de feromonas y comprender que ya no había manera de negarlo, Jiang You se arrastró torpemente hasta Jiang Jing y se aferró desesperadamente a la pernera de sus pantalones.

—Papá, me equivoqué. Era muy joven entonces, no sabía nada. Ayúdame, por favor. Ayúdame. No quiero ir a prisión. De verdad me arrepiento…

—…

Tang Yuan apartó el rostro con repugnancia.

No quería seguir viendo aquella escena nauseabunda.

Jiang Huaizhi soltó una risa fría.

Su furia ya había llegado al límite.

—¿No quieres ir a prisión? Entonces guarda esas palabras para decírselas a la policía. A ver si ellos están dispuestos a ayudarte.

El rostro de Jiang Jing estaba ceniciento.

Miró a su hijo menor, que se aferraba a sus piernas llorando desconsoladamente, y sus labios comenzaron a temblar.

—Qué desgracia… qué desgracia… ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿Cómo se supone que va a seguir viviendo esa persona después de esto?…

Su Yu permaneció sentada en el suelo, completamente ida durante unos instantes.

De repente, se levantó tambaleándose.

—¡Jiang You! ¡Ven aquí!

Jiang You se quedó perplejo.

Nunca había visto a su madre de aquella manera.

Se limpió con el dorso de la mano la sangre que seguía saliéndole de la nariz y se acercó.

—Mamá…

Su Yu levantó bruscamente la mano y le dio una bofetada con todas sus fuerzas.

El golpe hizo que el Alfa perdiera el equilibrio y cayera sobre el sofá.

—¡No me llames mamá! ¡Mira la monstruosidad que has hecho!

Su Yu cerró los ojos, incapaz de soportar verlo así, y apretó los dientes.

—¡Pídele perdón a tu hermano! ¡Suplícale! ¡Vamos! ¡Arrodíllate ante tu hermano, rápido!

Todos quedaron atónitos.

Tang Yuan sintió que Jiang Huaizhi apretaba con mayor fuerza la mano que sostenía.

Le dolía.

Pero no dijo nada.

Solo permaneció en silencio junto a Jiang Huaizhi.

Jiang You tardó un momento en reaccionar antes de dejarse caer de rodillas.

—Hermano…

—Deja de actuar.

Las venas de la frente del Alfa sobresalieron.

Cada palabra pareció salir apretada entre sus dientes.

—Nos veremos en el tribunal.

Durante un momento, los llantos de la mujer y las súplicas desesperadas de Jiang You se mezclaron en un ruido insoportable que hacía doler la cabeza.

—Ya basta. No digan nada más.

La voz de Jiang Jing sonó baja y profundamente cansada.

El hombre de mediana edad parecía haber envejecido varias décadas de repente.

Sin energía alguna, contempló aquel desastre y cerró los ojos.

—Huaizhi…

Llamó a su hijo mayor.

—Perdónalo esta vez.

El hombre que siempre había sido autoritario y severo mostraba ahora una mirada vacilante.

Parecía simplemente un anciano cualquiera.

Y casi con tono de súplica, le pidió a su hijo mayor:

—¿No querías la empresa familiar? Te la daré. Este mismo mes. Solo perdona a tu hermano esta vez. Ah You apenas tiene veintitrés años. No puede cargar con un proceso penal.

El corazón de Tang Yuan se enfrió de golpe.

La fuerza con la que el Alfa sostenía su mano disminuyó.

Tang Yuan levantó la cabeza para mirarlo.

Vio que aquellos profundos ojos color ámbar habían perdido el último destello de luz que les quedaba.

Y sintió un dolor sordo en el pecho.

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