Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 31

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La madre de Tang Yuan había muerto durante el parto debido a una distocia. En realidad, con el nivel de la medicina de aquella época, era muy difícil que volviera a ocurrir una tragedia semejante. Sin embargo, la madre de Tang Yuan no era una omega, que tenía mejores condiciones para dar a luz, y tampoco poseía la buena condición física de una madre joven.

Cuando los padres de Tang Yuan se conocieron, su madre ya estaba cerca de los cuarenta años. Ambos estaban en su segundo matrimonio y ninguno había tenido hijos con su pareja anterior.

Según contaba la familia, los dos eran personas muy románticas. Aunque se conocieron cuando ya estaban en la mediana edad, una etapa que, a ojos de muchos, parecía casi el preludio de la vejez, ellos seguían viviendo cada día con un amor profundo y apasionado.

El hermano mayor recordaba que su tío mayor compraba todos los días un ramo de flores frescas para su esposa al salir del trabajo. Los dos jamás habían discutido, ni siquiera se habían enfadado el uno con el otro.

Todos pensaban que estaban hechos el uno para el otro. Quizá se habían conocido un poco tarde, pero todavía tenían por delante tiempo suficiente para compensarlo.

El tercer hermano había dicho alguna vez que la esposa del tío mayor, es decir, la madre de Tang Yuan, era la mujer más elegante que había conocido. Sus pinturas al óleo parecían cobrar vida. Innumerables personas estaban dispuestas a pagar grandes sumas por sus obras, pero ella nunca las vendía. Solo se las regalaba a quienes le agradaban y, además, insistía en pintar un nuevo retrato de su esposo cada aniversario de bodas.

Casi todos los recuerdos que Tang Yuan tenía de sus padres provenían de lo que otros le habían contado. Nunca había llegado a conocer a su madre y, de su padre, apenas conservaba una vaga impresión.

En sus recuerdos, su padre era un hombre sombrío y taciturno. Siempre lo sostenía en brazos en silencio, con el cuerpo impregnado del olor a cigarrillo, y cuando lo cargaba podía pasar así prácticamente todo el día.

Tang Yuan era muy pequeño entonces. Cuando tenía hambre o sed, comenzaba a protestar y nunca quería quedarse demasiado tiempo junto a su padre.

En esos momentos, su abuela siempre se lo llevaba en brazos y, desde aquel cálido abrazo, Tang Yuan miraba a su padre, que parecía estar siempre con la cabeza gacha.

Su padre se encerraba constantemente en el estudio que su madre había utilizado cuando estaba viva y contemplaba las pinturas que ella había dejado cubriendo las paredes.

El único recuerdo que Tang Yuan conservaba con absoluta claridad era de cuando todavía iba al jardín de niños. Vestido con una pesada túnica negra hecha a medida, durante el funeral de su padre colocó entre sus brazos el último retrato que su madre había pintado de él antes de morir.

La mano de su padre que alcanzó a tocar estaba fría.

Terriblemente fría.

Todos decían que, después de la muerte de su madre, su padre había caído en una depresión tan profunda que terminó enfermando y muriendo. Al principio incluso había intentado cortarse las venas, aunque no lo consiguió. Así que siguió viviendo unos años más, como si quisiera contemplar en nombre de la persona que amaba cómo crecía el hijo de ambos. Después de hacerlo, decidió marcharse también.

Tang Yuan rara vez pensaba en aquel pasado. A diferencia de muchos niños que habían perdido a ambos padres, nunca había sentido que fuera particularmente desafortunado.

Tenía tantos familiares que lo querían que se sentía satisfecho.

Las palabras de su abuela hicieron que Tang Yuan también se entristeciera.

Sabía que ella volvía a culparse.

Nadie podía saber qué ocurriría en el futuro. Cuando su abuela había aconsejado a sus padres que tuvieran un hijo, tampoco había imaginado que la madre de Tang Yuan moriría por ello y que su propio hijo acabaría consumiéndose de tristeza hasta morir.

Tang Yuan rodeó a la anciana con su delgado cuerpo. Al ver la humedad acumulada en las comisuras de sus ojos, sintió que se le oprimía aún más el corazón.

—La abuela solo desea que nuestro Yuan Yuan pueda ser feliz todos los días y vivir la vida que quiera. Si lo haces, podré quedarme tranquila —dijo su abuela con dulzura junto a su oído.

Tang Yuan aflojó el abrazo y vio a la anciana mirándolo con los ojos curvados en una sonrisa. Las comisuras seguían húmedas y las arrugas se entrecruzaban sobre su rostro.

Sintió un nudo en la garganta.

—En realidad… en realidad creo que estar con él es algo bueno. Abuela, no tienes que preocuparte por mí. Lo entiendo.

Tang Yuan no sabía explicar qué se sentía al estar con Jiang Huaizhi.

Era una emoción que jamás había experimentado durante sus primeros diecinueve años de vida. Tanto era así que, cada vez que pensaba en Jiang Huaizhi, su corazón comenzaba a latir más rápido y sentía unas ganas irresistibles de saber qué estaría haciendo en ese momento, si también pensaría en él de la misma manera.

Quizá eso era estar enamorado.

Tang Yuan no lo sabía.

Su abuela, en cambio, era una mujer que había atravesado toda clase de experiencias. A su edad, había pocas cosas que no pudiera comprender.

—Mientras a Yuan Yuan le guste, eso es suficiente.

Las palabras de su abuela llenaron de calidez el corazón de Tang Yuan.

—Si te gusta, persíguelo sin miedo. No tengas miedo. Si algún día… si algún día tienen algún conflicto y te sientes triste, vuelve a la familia Tang. La abuela te defenderá.

—Está bien.

Los ojos de Tang Yuan también se enrojecieron.

Antes de hablar con su abuela, Tang Yuan todavía estaba inquieto. Ahora, sin embargo, se sentía inexplicablemente mucho más tranquilo, aunque al mismo tiempo tenía la sensación de estar caminando sobre las nubes.

Incluso cuando regresó a su habitación, todavía le parecía que todo aquello era un sueño.

El omega se puso el pijama e, instintivamente, estuvo a punto de acostarse boca abajo sobre la cama para revisar los mensajes de su teléfono. Apenas permaneció así unos segundos antes de apresurarse a darse la vuelta y quedar boca arriba.

Se reprendió mentalmente por haber vuelto a olvidar que estaba embarazado.

¿Qué haría si aplastaba al bebé?

Las reacciones de su embarazo no seguían ningún patrón. Algunos días no tenía fuerzas para hacer nada, mientras que otros estaba lleno de energía.

De verdad que era un pequeño que no le daba ni un momento de tranquilidad.

Mientras se quejaba mentalmente del pequeño que llevaba en el vientre, Tang Yuan recordó lo que Jiang Huaizhi había dicho antes de marcharse y de pronto se dio cuenta de que todavía no le había enviado ningún mensaje.

Cuando abrió el teléfono, descubrió que Jiang Huaizhi le había enviado varios mensajes unos diez minutos antes, recordándole que debía acostarse temprano.

—¿Ya estás en casa? ¿Cómo estás? No te lastimaste, ¿verdad?

Tang Yuan recordó el aspecto lamentable de su tío menor y comenzó a preocuparse por si Jiang Huaizhi habría terminado igual.

A decir verdad, le resultaba imposible imaginar al siempre sereno y tranquilo Jiang Huaizhi vestido con un traje hecho jirones.

Cuando Jiang Huaizhi recibió el mensaje del omega, estaba a punto de irse a dormir. Al ver aquel tono tan nervioso, las comisuras de sus labios se curvaron y respondió:

—No estoy herido.

El omega parecía subestimarlo demasiado.

¿Acaso ya había olvidado cómo había dado una lección a aquellos dos alfas frívolos la última vez?

Hablando de aquellos dos alfas, probablemente todavía seguían en prisión arrepintiéndose de haber tocado a alguien a quien jamás debieron tocar.

—Qué bueno.

Tang Yuan finalmente pudo tranquilizarse, pero enseguida no pudo evitar escribir un largo mensaje:

—Debí haber preparado antes al tío menor. Ahora seguro que está muerto de rabia. ¿Qué van a hacer ustedes dos de ahora en adelante? ¿Dejarán de ser amigos por mi culpa? Incluso la forma de llamarse… No irás a llamar de verdad «tío» a mi tío menor, ¿verdad?

—¿En qué cosas estás pensando?

Jiang Huaizhi no pudo contener la risa. No entendía cómo podían caber tantas ideas extrañas en la cabeza del muchacho. Sonriendo, le envió un mensaje de voz.

—¿De verdad crees que voy a llamarlo así?

La voz del hombre estaba impregnada de una evidente sonrisa. Había perdido parte de su habitual frialdad y resultaba todavía más seductora.

El rostro de Tang Yuan se sonrojó.

—Entonces, ¿qué pasó entre ustedes?

Jiang Huaizhi le explicó brevemente lo sucedido después de que Tang Yuan se marchara.

Había visto que Tang Chi permaneció inusualmente callado durante toda la comida y supo de inmediato que su amigo estaba conteniendo su ira. Por eso, cuando Tang Chi fue a buscarlo, hizo que Tang Yuan se marchara primero para poder hablar con él a solas.

Evidentemente, Tang Chi todavía no quería aceptar la relación entre Jiang Huaizhi y Tang Yuan y le exigió que terminaran cuanto antes.

Jiang Huaizhi, por su parte, le respondió directamente que ya tenía pensado casarse con Tang Yuan.

Naturalmente, aquella frase enfureció a Tang Chi.

Tang Chi había ido a buscarlo para pelear, pero, por supuesto, tampoco pudo vencerlo. Jiang Huaizhi, teniendo en cuenta que se trataba de su amigo, se había limitado a defenderse. Cuando la ropa de Tang Chi se rasgó accidentalmente con unos arbustos al borde del camino, la batalla entre ambos llegó a su fin.

—Mi único aliado ya ni siquiera está de mi lado, y tus otros hermanos tampoco quieren que te cases conmigo. Parece que la situación no es muy favorable.

A Jiang Huaizhi de pronto le entraron ganas de molestarlo. Suspiró deliberadamente, fingiendo impotencia, y le preguntó a Tang Yuan:

—Toda tu familia se opone. ¿Aun así quieres casarte conmigo?

Tang Yuan no tenía forma de saber que aquel alfa que hablaba con un tono tan preocupado estaba, en realidad, sonriendo al otro lado del teléfono.

Como era incapaz de guardarse lo que pensaba, terminó revelando todas sus cartas de una sola vez.

La voz del omega sonó indecisa, como si estuviera atrapado entre dos opciones difíciles. Vaciló durante varios minutos antes de finalmente apretar los dientes y declarar:

—¡No importa! ¡Aunque ninguno de ellos esté de acuerdo, me casaré contigo!

—…Oh.

Jiang Huaizhi se quedó atónito.

No había esperado que Tang Yuan respondiera de esa manera.

Aquella declaración de amor, pura y sin reservas, era como la deslumbrante luz del sol, tan ardiente que resultaba difícil mirarla directamente.

Los jóvenes siempre expresaban su amor de una manera tan apasionada.

Exactamente igual que Tang Yuan.

Jiang Huaizhi ni siquiera tuvo tiempo de asimilarlo antes de que la siguiente frase de Tang Yuan terminara de revelar por completo todas sus intenciones.

—¡La abuela ya aceptó que estemos juntos, de verdad! ¡Mientras la abuela esté de acuerdo, podremos casarnos!

Tang Yuan se apresuró a compartir con él aquella buena noticia.

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