Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 11
Jiang Huaizhi esperó afuera durante un rato, pero Tang Yuan no regresó.
Al principio pensó que quizá se había enfadado demasiado y se había marchado a escondidas por su cuenta, aunque enseguida consideró que aquello no parecía algo que Tang Yuan haría.
Un joven criado en una familia como la suya podía ser caprichoso y tener algo de temperamento, pero conocía los límites. No haría algo tan descortés como marcharse sin avisar.
Preocupado por que le hubiera ocurrido algo, Jiang Huaizhi pidió a un empleado que abriera la puerta para echar un vistazo.
En realidad, al principio no le había dado demasiada importancia. Un segundo antes incluso pensaba que, si entraba al baño y no encontraba a Tang Yuan, simplemente se marcharía. Tampoco tenía nada que preguntarle.
Sin embargo, en cuanto escuchó la voz apresurada del joven, descubrió que no estaba tan tranquilo como había imaginado.
La empleada que estaba a su lado también percibió que algo iba mal y buscó rápidamente la llave.
En el instante en que abrió la puerta, Jiang Huaizhi entró de inmediato.
Y vio a Tang Yuan arrinconado por dos hombres.
Uno de ellos todavía sujetaba al joven por el cabello, obligándolo a dejar expuesta aquella glándula ligeramente abultada y de un tenue color rosado.
En cuanto Tang Yuan lo vio, toda la sensación de agravio que llevaba reprimiendo estuvo a punto de desbordarse.
Pero ni hablar de permitir que Jiang Huaizhi lo menospreciara.
El joven contuvo las lágrimas y le gritó ferozmente:
—¡¿Qué haces ahí parado?!
Jiang Huaizhi no estaba parado.
Se movió tan rápido que Tang Yuan todavía no había terminado de hablar cuando escuchó el silbido del aire junto a su oído y, enseguida, el sonido sordo de dos cuerpos cayendo al suelo.
A los insultos de aquellos hombres les siguió una chaqueta todavía impregnada con el calor corporal de Jiang Huaizhi.
Después de derribar limpiamente a los dos, Jiang Huaizhi miró por un instante la glándula expuesta de Tang Yuan y se quitó inmediatamente la chaqueta del traje para cubrirlo.
Tang Yuan aspiró por la nariz y cerró un poco más la chaqueta alrededor de su cuerpo.
Por todas partes percibía las feromonas del Alfa, frías pero dominantes.
Había agotado demasiadas fuerzas y aquel aroma le estaba mareando la cabeza, así que solo pudo apoyarse contra la pared y respirar pesadamente.
—¡Te advierto que no te metas en asuntos ajenos!
El hombre que había sido derribado primero pareció querer ocultar su humillación fingiendo que simplemente lo habían tomado desprevenido.
Se levantó, ayudó a su compañero a ponerse de pie y lanzó la amenaza con una expresión feroz.
Dos contra uno.
A simple vista, Jiang Huaizhi parecía estar en desventaja.
Claro, siempre y cuando se ignoraran aquellos dos golpes brutales y precisos con los que había derribado a ambos desde el principio.
Jiang Huaizhi ni siquiera los miró.
Después de cubrir a Tang Yuan con la chaqueta, bajó la cabeza y le preguntó con extrema cortesía si estaba herido en alguna parte.
Tang Yuan se hizo un ovillo dentro de la chaqueta.
Pero tampoco respondió a Jiang Huaizhi.
En lugar de eso, mostró sus pequeños y afilados colmillos y amenazó ferozmente a los otros dos:
—¿No me creían antes? ¡Hmph! Ahora mi amigo ya llegó. ¡Están acabados! ¡¡Completamente acabados!!
—…
Jiang Huaizhi tampoco supo cómo pudo reírse en semejante situación.
Pero realmente lo hizo.
La voz del hombre era tan grave y magnética como la de un actor de doblaje; bastaba con que pronunciara unas pocas palabras para hacer estremecer a cualquiera.
Por desgracia, aquello no era una sala de cine oscura.
Utilizar un tono propio de palabras románticas para decir algo semejante arruinaba un poco la atmósfera.
Jiang Huaizhi preguntó:
—¿Quieres que mueran?
Tang Yuan se quedó atónito.
Levantó la cabeza para mirarlo, pero solo encontró un par de ojos profundos como el océano, completamente serenos.
—Tampoco hace falta llegar tan lejos… —murmuró.
Pero ni siquiera sabía si Jiang Huaizhi lo había escuchado.
Mientras hablaba, vio que el hombre ya caminaba hacia aquellos dos.
Quizá por la fuerza de su presencia, o porque las feromonas de un Alfa de rango S ejercían una presión absolutamente aplastante, ambos retrocedieron instintivamente.
Después apretaron los puños y adoptaron una postura para enfrentarlo juntos.
Entonces Tang Yuan contempló una escena de violencia completamente unilateral.
Solo que quienes sufrían la paliza no eran los agresores.
El agresor era Jiang Huaizhi.
Era la primera vez que Tang Yuan contemplaba una pelea tan violenta de cerca.
Y, además, había comenzado por él.
Uno de los involucrados era precisamente el Alfa al que intentaba conquistar.
Tan nervioso estaba que apretó con fuerza la chaqueta entre los dedos hasta que las puntas se le pusieron blancas.
La empleada que les había abierto la puerta también se quedó paralizada al presenciar toda aquella sucesión de acontecimientos.
Se quedó plantada junto a la entrada sin atreverse a acercarse para detenerlos.
Tang Yuan observó durante un rato.
Solo cuando vio aparecer sangre roja recuperó la razón.
De pronto reparó en la empleada de la puerta y se apresuró a gritarle:
—¡R-Rápido, llama a alguien para que lo detenga! ¿De verdad quieres que los mate a golpes?
La mujer pareció despertar de un sueño.
Asintió aturdida y salió corriendo mientras pedía ayuda.
—J-Jiang Huaizhi, detente. Ya no los golpees.
La voz de Tang Yuan estaba claramente llena de pánico.
Él solo quería desahogar un poco su rabia.
Pero de repente tuvo una sensación muy clara:
Si nadie lo detenía, Jiang Huaizhi quizá realmente sería capaz de matar a aquellos dos.
Tang Yuan pensó que no le haría caso, como los personajes de las películas que pierden por completo el control.
Sin embargo, en cuanto habló, Jiang Huaizhi se detuvo.
Sobre la limpia camisa blanca del hombre habían quedado algunas manchas de sangre.
Sus manos también estaban manchadas con sangre que no era suya.
Al incorporarse, las vio y frunció ligeramente el ceño.
Con una expresión de evidente disgusto, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón, se limpió las manos y después lo arrojó a la basura.
Jiang Huaizhi caminó hacia Tang Yuan mientras se remangaba con toda calma los puños de la camisa manchados de sangre.
Cuando vio el rostro ligeramente pálido del joven, sonrió.
—¿De qué tienes miedo?
Tang Yuan no podía decirle que temía que se convirtiera en un asesino.
Negó con la cabeza.
—Esperemos a que llegue la policía.
Una cita que había comenzado perfectamente terminó perdiendo toda su atmósfera por culpa de aquel incidente.
Mientras iba en el automóvil de Jiang Huaizhi rumbo a la comisaría, Tang Yuan continuaba lamentándose.
Probablemente era la única persona capaz de arruinar una cita hasta ese punto.
Los otros dos habían resultado demasiado heridos y fueron trasladados al hospital, así que únicamente Tang Yuan y Jiang Huaizhi acudieron a prestar declaración.
Tang Yuan ni siquiera sabía cómo había conseguido Jiang Huaizhi convencerlos de que, como acababa de sufrir un fuerte susto y además era omega, no era conveniente someterlo a un interrogatorio.
Ahora estaba sentado, sosteniendo entre las manos una taza de té con miel tibio mientras esperaba a que Jiang Huaizhi terminara de declarar.
Y, sorprendentemente, tardó muy poco.
No pasó demasiado tiempo antes de que Tang Yuan lo viera salir.
Un joven vestido impecablemente de traje inclinó respetuosamente la cabeza hacia Jiang Huaizhi y entró en su lugar.
—Es mi abogado. Vino a enterarse de los detalles de lo ocurrido —le explicó Jiang Huaizhi.
Su mirada cayó sobre la taza de té con miel que Tang Yuan sostenía.
—¿Todavía vas a beberlo? Si ya no quieres, te llevo a casa.
—¡Ahora mismo!
Tang Yuan se sintió demasiado avergonzado para dejar allí el té que alguien había servido especialmente para él.
Levantó rápidamente la cabeza y se lo bebió de varios tragos.
Las comisuras de los labios de Jiang Huaizhi se elevaron ligeramente.
Asintió para indicarle que ya podían marcharse y salió por la puerta con sus largas piernas.
Solo cuando Tang Yuan volvió a estar sentado en el asiento del copiloto del automóvil de Jiang Huaizhi terminó de reaccionar.
Preguntó con curiosidad:
—¿Eso es todo?
—¿Qué más esperabas?
—¿Yo ya no tengo que hacer nada? Por ejemplo… ¿demandarlos?
Tang Yuan seguía resentido por lo que aquellos dos habían dicho acerca de que los omegas acosados casi nunca se atrevían a denunciar.
—Yo me encargaré por ti —respondió Jiang Huaizhi.
—Entonces te lo dejo a ti.
Al escuchar aquella respuesta, Tang Yuan sintió de repente una calidez agradable en el pecho.
Aunque Jiang Huaizhi podía ser un poco frío y distante, a veces realmente tenía mucho encanto.
Como ahora.
La forma en que se había encargado de resolverlo todo era incluso un poco más atractiva que cuando estaba golpeando a aquellos hombres.
Tang Yuan recordó el lamentable estado en que los había dejado y volvió a preocuparse.
—¿Ellos estarán bien? ¿No podrían denunciarte porque los golpeaste demasiado fuerte?
Todavía tenía otra pregunta que no había formulado.
¿Por qué un hombre de más de treinta años tenía semejante habilidad de combate y tanta resistencia física como para enfrentarse sin esfuerzo a dos hombres jóvenes y altos?
Pero temía que Jiang Huaizhi pensara que hacía demasiadas preguntas, así que se contuvo.
Jiang Huaizhi no pareció darle importancia.
Mientras conducía, dijo:
—Ellos deberían preocuparse por sí mismos.
—¿E-Entonces podrían detenerlos durante un tiempo?
Tang Yuan no tenía heridas visibles ni había sufrido una agresión sexual consumada. Solo lo habían obligado a mostrar su glándula.
Dudaba que aquello bastara siquiera como prueba.
Sin embargo, Jiang Huaizhi no respondió directamente.
De repente preguntó:
—¿Cuántos años tienes?
—Yo… diecinueve —respondió Tang Yuan.
—Quizá podrían ser dieciséis.
—¿?
Tang Yuan se quedó perplejo durante unos segundos.
Después comprendió lo que quería decir.
Jiang Huaizhi giró la cabeza para mirarlo mientras el automóvil se encontraba detenido ante un semáforo en rojo.
—Acoso sexual a un menor, cometido entre varios, utilizando además la presión de las feromonas de Alfas contra un omega. Dime, ¿crees que así la condena sería un poco más severa?