Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - Una hermosa glándula
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Tang Yuan apartó rápidamente la mirada, bajó la cabeza y se enjuagó la espuma de las manos. Ni siquiera tuvo tiempo de secárselas; fingió no haber oído nada y se apresuró hacia la salida.

Sin embargo, alguien le bloqueó el paso.

—Señor, por favor, déjeme pasar. Quiero salir.

El joven frunció ligeramente el ceño y retrocedió con cautela.

Solo entonces vio que, además del hombre que acababa de hablar, otra persona había salido de uno de los cubículos. Por sus expresiones, parecía que ambos se conocían.

—Vaya, ¿de verdad es un omega? No es muy común ver a un omega salir solo.

El hombre se plantó delante de Tang Yuan y bloqueó la puerta como si aquello fuera una simple broma. Lo examinó de arriba abajo y se burló:

—Pequeño, ¿viniste solo? Qué atrevido. Déjame tu contacto.

—Lo siento, mi familia no me permite hablar con desconocidos.

Tang Yuan ya comenzaba a ponerse nervioso.

Para conseguir una atmósfera más ambigua durante su cita, había elegido deliberadamente un horario en el que hubiera poca gente en el cine. Ahora, en todo el baño solo estaban él y aquellos dos hombres.

Era evidente lo peligrosa que se había vuelto la situación.

—Parece que eres un niño bueno y obediente —dijo con una sonrisa el hombre que había intentado abordarlo primero.

—No será menor de edad, ¿verdad?

El otro recorrió descaradamente el cuerpo de Tang Yuan con la mirada. Sus sucias intenciones estaban escritas en su rostro, aunque todavía mostraba cierta cautela.

—Si es menor, sería ilegal.

—Los omegas menores de edad llevan un collar especial alrededor del cuello. Él no lleva ninguno.

El hombre habló con total indiferencia y no pudo evitar extender la mano hacia el hombro de Tang Yuan. Su mirada era obscena.

—De verdad pareces muy jovencito. Vamos, pequeño, dame tu contacto. No vas a perder nada por hacerlo. Seguro que te persiguen mucho, ¿verdad? Tus feromonas huelen tan bien y además eres tan bonito… ¿No será que ya te marcaron?

—Hay alguien esperándome afuera. Si se atreven a tocarme, están acabados.

En cuanto la mano del hombre cayó sobre su hombro, Tang Yuan sintió una repugnancia indescriptible.

Retrocedió apresuradamente varios pasos.

Pero la puerta estaba bloqueada y no tuvo más remedio que seguir retrocediendo hasta quedar arrinconado contra la pared.

Aunque ya no tenía adónde escapar, continuó amenazándolos.

El otro hombre, al ver que intentaba huir, no se acercó inmediatamente. En cambio, se volvió y pateó hacia afuera el letrero de «Limpieza en curso. No entrar».

Después cerró la puerta de golpe.

Y echó el seguro.

—¡…!

Al ver que ambos se disponían a acercarse, Tang Yuan sacó apresuradamente su teléfono para realizar una llamada de emergencia.

Pero vaciló durante un segundo.

Le había dicho a su familia que ese día iría a pintar con Lin Miao y que después se quedaría a dormir en su casa.

Sin embargo, el número configurado para llamadas de emergencia era el de su hermano mayor.

Si lo llamaba y su hermano le preguntaba dónde estaba, ¿no quedaría al descubierto que había salido a escondidas con Jiang Huaizhi?

Solo dudó un segundo.

Tang Yuan se apresuró a buscar el número de Jiang Huaizhi, pero antes de que pudiera iniciar la llamada, alguien lo agarró de la muñeca.

—¡Suéltame! Ustedes…

Tang Yuan intentó patear entre las piernas al hombre que lo sujetaba, pero este consiguió esquivarlo.

El hombre le arrebató el teléfono con fuerza.

¡Clac!

El celular cayó contra el suelo con un sonido seco.

Al parecer, que aquel hermoso joven de aspecto completamente inofensivo hubiera intentado atacarlo despertó todavía más el interés del hombre, como si estuviera viendo a un gatito suave y esponjoso sacar ferozmente las garras.

Su compañero exclamó sorprendido y se burló de él:

—Reaccionaste bastante rápido. Si ese pequeño omega hubiera conseguido patearte, quizá habrías acabado varios días en el hospital.

—¿N-No tienen miedo de que los arresten?

Tang Yuan trataba de mostrarse feroz pese al miedo.

Se obligaba a mantener la calma, pero en realidad estaba aterrorizado.

Jamás se había encontrado en una situación como aquella.

Antes, cuando salía, siempre iba acompañado de sus hermanos. Alguno de ellos incluso solía esperarlo fuera del baño.

Tang Yuan había llegado a discutir con ellos por eso, diciéndoles que no necesitaban ponerse tan nerviosos.

Sus hermanos siempre le advertían que afuera había muchos Alfas con malas intenciones que buscaban precisamente a omegas que estuvieran solos.

Aunque solo se quedara sin compañía durante unos minutos, era tiempo suficiente para que ocurriera algo.

Tang Yuan nunca se lo había tomado demasiado en serio.

Ahora se arrepentía profundamente.

Si lo hubiera sabido, no se habría enfadado con Jiang Huaizhi y habría dejado que lo acompañara.

Jiang Huaizhi…

¿Por qué todavía no viene?

Tang Yuan ya estaba arrinconado contra la pared y no tenía espacio para seguir retrocediendo.

Solo podía obligarse a conservar la calma e intentar negociar con ellos.

—De verdad tengo un amigo esperándome afuera. No obtendrán nada bueno si me hacen algo. Además, podrían acabar en prisión.

—¿A quién intentas asustar?

El hombre soltó una risa desdeñosa.

—Ustedes los omegas siempre dicen lo mismo. ¿Prisión? Para eso primero tendrías que denunciarnos, ¿no?

—Y casi ningún omega denuncia el acoso sexual —añadió el otro con la misma indiferencia.

Ya había perdido la paciencia y comenzó a tirar de la ropa de Tang Yuan.

—Vamos, compórtate. Deja que tu hermano mayor vea tu glándula. Tsk, tus feromonas son realmente dulces. Nunca había olido algo así…

El corazón de Tang Yuan se hundió.

Por la forma en que hablaban, probablemente no era la primera vez que aquellos dos hacían algo semejante.

Aprovechaban los momentos en que había poca gente para acosar a omegas que se encontraban solos y, después, confiaban en que estos valorarían demasiado su reputación como para atreverse a denunciarlos.

Solo pensarlo le revolvía el estómago.

El joven parecía una pequeña bestia con todo el pelaje erizado, alerta y feroz, resistiéndose desesperadamente a que invadieran su espacio.

Había aprendido defensa personal durante varios años y siempre había creído que se le daba bastante bien.

Pero ahora descubría que aquellas técnicas resultaban prácticamente inútiles ante la absoluta superioridad física y la presión de las feromonas de un Alfa sobre un omega.

Por mucho que se resistiera con todas sus fuerzas, no tardaron en reducirlo.

Uno de los hombres le agarró bruscamente el suave cabello y Tang Yuan, dolorido, no tuvo más remedio que echar la cabeza hacia atrás.

Su cuello blanco quedó completamente expuesto.

En la nuca podía verse una pequeña glándula ligeramente abultada, de un tenue color rosado.

—¡Mierda, hasta el color de su glándula es precioso!

—Hoy sí que encontramos un tesoro.

Los ojos de ambos hombres se iluminaron en cuanto vieron su glándula.

Uno de ellos incluso intentó tranquilizar a Tang Yuan, que no dejaba de forcejear.

—Pequeño, deja de desperdiciar tus fuerzas. Solo diviértete un rato con nosotros. Ni siquiera vamos a marcarte por completo, ¿qué te da tanto miedo?

—De verdad sería una pena hacerle daño a un omega tan apetecible.

Mientras hablaba, extendió sus ásperos dedos hacia la glándula.

Tang Yuan ignoró el dolor y se cubrió rápidamente la nuca con una mano.

—¡Lárgate! ¡No me toques!

—No hagas las cosas por las malas.

—Exactamente. De verdad no queremos hacerte daño, así que no nos obligues.

El hombre comenzó a apartar por la fuerza la mano con la que Tang Yuan protegía su glándula.

Uno tras otro, fue separando los dedos blancos y delgados del joven.

La desesperación comenzó a apoderarse lentamente de Tang Yuan y sus ojos ardieron, humedeciéndose contra su voluntad.

—No llores —se burló el hombre.

Con todo el cuerpo inmovilizado, Tang Yuan los fulminó con la mirada.

Finalmente, cerró los ojos con resignación.

Justo cuando los dedos del hombre estaban a punto de tocar su glándula, se escucharon voces al otro lado de la puerta.

La voz masculina, magnética y distante, hablaba cortésmente con alguien mientras se acercaba.

—Disculpe, ¿podría ayudarme a abrir la puerta? Creo que un amigo mío está aquí dentro.

—Por supuesto, señor. Espere un momento.

Se escuchó la voz de una mujer, seguida por el sonido de alguien buscando algo.

—Qué extraño… La encargada de limpieza no está aquí ahora mismo. ¿Por qué está cerrada la puerta?

Era la voz de Jiang Huaizhi.

En el instante en que Tang Yuan la escuchó, ya no pudo contenerse.

El joven hizo un puchero. Tenía los ojos húmedos y enrojecidos, al igual que la punta de la nariz.

Con la voz quebrada por el llanto, gritó hacia la puerta:

—¡Jiang Huaizhi! ¡Ven a salvarme!

Nota del autor: En este universo, la glándula se considera un órgano sexual; es una zona todavía más sensible e íntima que el pecho o la parte interna de los muslos.

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