Mi esposo hizo fortuna vendiendo té con leche en bambú - Capítulo 106

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  4. Capítulo 106 - Extra – El Carruaje
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Después de comer, Tang Xiao y Tang Guo’er regresaron a casa.

Zhang Ning recogió los cuencos y los palillos, los lavó y los guardó nuevamente en el armario, de modo que Qiao Suiman ya no tuvo que ocuparse de esa tarea.

Últimamente, Qiao Suiman tenía cada vez más sueño.

Después de cada comida volvía a su habitación para dormir un rato.

Todas las tardes, Lu Dongqing iba a sustituirlo durante aproximadamente una hora para que pudiera descansar.

Qiao Suiman regresó a la habitación, se quitó la túnica exterior y se metió bajo la colcha.

Acarició suavemente su vientre, que ya comenzaba a sobresalir, y sonrió para sí.

—Como y luego me duermo enseguida. De verdad me estoy convirtiendo en un cerdito.

Después de decirlo, bostezó.

¿Y qué si era un cerdito?

El hermano Qin Yu había dicho que poder comer bien y dormir bien era algo bueno.

Apenas se acostó, cayó profundamente dormido.

Cuando llegaba la hora, Lu Dongqing iba a despertarlo para que no durmiera demasiado.

Dormir en exceso lo dejaba aturdido y además afectaba su descanso nocturno.

Con menos de media hora era suficiente.

Después de despertar, Qiao Suiman recuperaba toda su energía.

Con el ánimo renovado, volvía alegremente a la tienda para cobrar y contar la plata.

Mientras tanto, Lu Dongqing dejaba a Chen Xiasheng vigilando el taller y conducía el carro hasta la casa de un carpintero situada al sur del pueblo para recoger el carruaje.

Llevaban pensando en ello desde el invierno anterior.

Cuando viajaban en el carro, el viento era muy fuerte.

Por mucho que se abrigaran, siempre terminaba colándose por la ropa.

Con un carruaje ya no tendrían que preocuparse por el frío.

Más adelante, la compra de la nueva tienda había ocupado toda su atención y el asunto quedó pospuesto.

Además, cada vez que regresaban a la aldea en el carro, aunque Lu Dongqing conducía con mucho cuidado y Qiao Suiman se sentaba sobre gruesos cojines, era imposible evitar los constantes traqueteos.

Por eso Lu Dongqing buscó un buen carpintero en el pueblo y encargó un carruaje.

Qiao Suiman miraba de vez en cuando hacia la puerta.

Solo había visto a otras personas viajar en carruaje y levantar ligeramente las cortinas para mirar el exterior.

Jamás imaginó que algún día él también viajaría en uno.

Solo de pensarlo sonreía.

Los clientes iban y venían continuamente.

Quedaban pocas Bebidas Aromáticas y poco Té con Leche.

Qiao Suiman levantó la vista hacia el cielo y se preguntó por qué Lu Dongqing aún no regresaba.

Incluso después de cerrar la tienda, cuando el fulang He terminó de limpiar y se marchó, Lu Dongqing seguía sin aparecer.

Qiao Suiman comenzó a inquietarse.

Salió a la calle y miró a ambos lados.

Por suerte, una figura conocida apareció a lo lejos conduciendo un carro.

Era Lu Dongqing.

Qiao Suiman soltó un suspiro de alivio.

Cuando estuvo frente a él, no pudo evitar quejarse.

—¿Por qué tardaste tanto?

Lu Dongqing explicó:

—Mientras regresaba escuché que la pastelería había sacado nuevas variedades. Prepararon unos pastelitos de loto, dulces y muy crujientes. Recordé que ya se habían terminado los pastelitos de judía roja que compramos antes, así que di un rodeo hasta el Mercado del Este para comprar algunos. No esperaba encontrar tanto tráfico de carros y caballos al regresar, por eso me retrasé.

Luego añadió suavemente:

—Fue culpa mía por hacerte preocupar.

Ahora que había vuelto, el corazón de Qiao Suiman por fin se tranquilizó.

Sonrió.

—Lo importante es que ya regresaste.

Después entrecerró los ojos mirando el carruaje.

—Rápido. Quiero subir y sentarme dentro.

—Está bien.

Lu Dongqing sonrió.

Primero dejó los pastelitos sobre la mesa de la tienda y luego sacó un pequeño banco del carruaje.

Qiao Suiman apoyó un pie sobre él y subió fácilmente al interior.

Enseguida comenzó a observarlo todo con curiosidad.

Excepto por la entrada, los otros tres lados tenían bancos fijos.

Aunque el carruaje no era muy grande, podían viajar cómodamente seis o siete personas.

Era más que suficiente.

En la parte delantera también habían dejado un espacio abierto para colocar bambú o leña.

Si llevaban esas cosas dentro del carruaje, les dolería verlo rayado.

Por eso pidieron expresamente al carpintero que dejara ese compartimento.

En total les costó tres taeles de plata.

Qiao Suiman se sentó junto a una pequeña ventana.

Como había visto hacer a otras personas, levantó ligeramente una esquina de la cortina para mirar hacia afuera.

Desde allí las calles parecían mucho más pequeñas y solo alcanzaba a ver un pequeño tramo.

—Es fantástico, Dongqing. Con estos cojines ya no sentiremos tantos baches.

Sus ojos se curvaron en una sonrisa.

—Mm.

Lu Dongqing ya lo había visto antes, pero seguía sintiéndose feliz.

Cuantas más cosas tenían en casa, más satisfacción sentía.

—¡Hermano Xiao Man! ¡Maestro! ¡Yo también quiero verlo!

Chen Xiasheng llevaba un buen rato mirando con ilusión, pero como debía vigilar la tienda no se había atrevido a acercarse.

Qiao Suiman bajó del carruaje y le hizo señas.

—Ven.

Chen Xiasheng subió, echó un vistazo alrededor y enseguida volvió a bajar.

El carruaje no era suyo y además estaba completamente nuevo.

No se atrevía a tocar nada innecesariamente.

—Hermano Xiao Man, debe de ser muy cómodo regresar a casa en esto.

Qiao Suiman sonrió y asintió.

Mientras conversaban, Lu Dongqing cerró la puerta del taller de bambú.

Justo entonces Zhang Ning terminó de preparar la cena y todos se sentaron a comer.

El negocio marchaba muy bien y la vida del matrimonio era armoniosa y feliz.

Muchas personas de la calle los envidiaban.

Pero, además de quienes los admiraban, también existían quienes los miraban con malos ojos.

El vientre de Qiao Suiman era ya bastante evidente.

Aunque nadie lo dijera abiertamente, todos sabían que estaba embarazado.

Aquello despertó malas intenciones en algunas personas.

No hacía mucho, una mujer aprovechó que Qiao Suiman estaba ocupado en la tienda de Bebidas Aromáticas para acercarse al taller de bambú.

Con rodeos, preguntó a Lu Dongqing si no había pensado en tomar una joven concubina, ya que Qiao Suiman estaba en una etapa avanzada del embarazo y ya no podría atenderlo adecuadamente.

Cuando Lu Dongqing comprendió lo que insinuaba, la echó inmediatamente del local.

Montó en cólera.

La señaló directamente y la acusó a voz en cuello de albergar malas intenciones.

Además, le advirtió que, si volvía a aparecer por allí, le daría una buena lección.

El alboroto fue tan grande que incluso los transeúntes se sobresaltaron.

Qiao Suiman también salió alarmado.

Cuando supo lo sucedido, tomó una gran escoba con su prominente vientre y comenzó a perseguir a la mujer.

Detrás de él, Chen Xiasheng lanzaba pequeñas piedras.

La mujer huyó miserablemente mientras no dejaba de maldecir.

Un momento decía que Lu Dongqing era un hombre sin carácter, completamente dominado por su fulang.

Al siguiente, llamaba a Qiao Suiman un fulang celoso, incapaz de separarse de su marido incluso estando embarazado.

Qin Xiaoyao se enfureció tanto que tomó un barreño de agua y se lo arrojó encima mientras gritaba:

—¡Desvergonzada! ¡Quieres convertir a tu hijo en concubino sin mirar siquiera quién eres! Esta pareja vive perfectamente. Si tanto te gusta emparejar a la gente y empujar a otros a convertirse en concubinos, ¿por qué no te haces regente de un burdel¹?

Los demás comerciantes de la calle también salieron a reprenderla.

Todos sabían perfectamente cuáles eran sus intenciones.

Había visto que el taller de bambú de Lu Dongqing era muy rentable y que la tienda de Qiao Suiman también prosperaba.

Lo único que quería era meter a su hijo en aquella familia como una sanguijuela para vivir de ellos.

La mayoría de los habitantes del pueblo pertenecían a familias comunes.

Allí no existía la costumbre de tener varias esposas o concubinas.

Las parejas permanecían juntas toda la vida.

Y, aun así, aquella mujer había venido a provocar semejante disgusto.

Ese día, Lu Dongqing estaba realmente enfadado.

Incluso comenzó a dudar de sí mismo.

¿Acaso no demostraba suficiente afecto hacia Qiao Suiman?

¿Cómo podían pensar esas personas que él podría querer a alguien distinto?

Frunció el ceño y pasó mucho tiempo reflexionando sobre ello.

Si los demás hubieran sabido en qué estaba pensando, seguramente habrían sentido tanta envidia que les habrían dolido los dientes.

Después de todo, Lu Dongqing prácticamente no se separaba de Qiao Suiman ni un solo momento.

En cambio, Qiao Suiman no estaba demasiado molesto.

Conocía perfectamente los sentimientos de Lu Dongqing.

Aquella mujer había terminado golpeada y sin conseguir nada, así que pronto dejó de pensar en el asunto.

Sin embargo, una noche, Lu Dongqing ya no pudo seguir guardándose la duda.

—Xiao Man… ¿no soy lo bastante bueno contigo? ¿Cómo pudo esa mujer pensar que me gustaría otra persona? Debe de ser porque no te trato con suficiente consideración.

Qiao Suiman quedó completamente atónito durante un largo instante.

Después rompió a reír.

—¿De dónde sacaste esa idea? Esa mujer solo quería nuestro dinero. Por muy buena que sea nuestra relación, igual intentaría entrometerse para quedarse con una parte de nuestros beneficios.

Los ojos de Lu Dongqing se abrieron de par en par.

—Así que era eso…

Qiao Suiman se estremecía de la risa entre sus brazos.

De vez en cuando, aquel hombre mostraba un lado tan ingenuo que hacía que Qiao Suiman lo quisiera todavía más.

Levantó la cabeza y frotó suavemente el rostro contra el cuello de Lu Dongqing.

—Olvídate de esa persona. Vivamos bien nuestra vida y esperemos tranquilamente la llegada del bebé.

Solo entonces Lu Dongqing sonrió.

—Mm. Me pregunto si será un ge’er, una niña o un niño.

—¿Qué te gustaría?

—Cualquiera está bien.

Respondió con una sonrisa llena de ternura.

Qiao Suiman cubrió la mano de Lu Dongqing con la suya.

—Yo también pienso lo mismo.

Sin darse cuenta, pasaron las temporadas de los caquis y de las manzanitas silvestres.

Había llegado nuevamente la época de preparar la Bebida Aromática de naranja dulce.

La boda de Lu Xuesong y Tang Guo’er estaba cada vez más cerca.

Qiao Suiman y Lu Dongqing simplemente cerraron la tienda dos días antes para regresar a la aldea y ayudar con los preparativos.

Chen Xiasheng había vuelto con Chen Ping hacía bastante tiempo.

También llevó varios bieldos y cestas de bambú que había tejido él mismo.

Chen Ping comprobó de un vistazo que estaban hechos con gran esmero.

Era evidente que había aprendido muy bien.

Aquello lo llenó de satisfacción.

Qiao Suiman extendió una colcha fina dentro del carruaje.

Apoyado junto a la ventanilla, contemplaba el paisaje exterior.

Aunque había visto aquellos caminos innumerables veces, viajar en carruaje hacía que todo pareciera completamente nuevo.

—¡Dongqing! ¡Detente más adelante! ¡Venden tanghulu²!

Su voz estaba llena de emoción.

Lu Dongqing detuvo obedientemente el carruaje junto al vendedor.

—Iré a comprarlos. ¿Cuántos quieres?

—Compra siete u ocho.

Qiao Suiman tragó saliva.

La risa de Lu Dongqing llegó desde fuera.

—Está bien. Pero tú solo puedes comer dos.

Qiao Suiman hizo un pequeño puchero.

—Lo sé. Los demás son para madre, Songzi y el resto.

El médico le había recomendado no comer demasiados frutos de espino y hacerlo solo de vez en cuando.

Sin embargo, últimamente tenía antojo de alimentos ácidos.

Lu Dongqing siempre le impedía comer demasiado.

Por suerte todavía podía disfrutar de ciruelas agrias, así que no se quejaba demasiado.

Pero ahora, al ver aquellas brillantes brochetas rojas de tanghulu, el antojo despertó inmediatamente.

Como ahora tenían dinero, podía permitirse muchos alimentos que antes jamás habría podido comprar.

Incluso su rostro se había redondeado un poco.

Aquello hacía muy feliz a Lu Dongqing.

El carruaje entró tranquilamente en la aldea.

Cada vez que regresaban, los vecinos los observaban durante todo el camino, y aquella ocasión no fue diferente.

Qiao Suiman asomó la cabeza por la ventanilla y saludó a los aldeanos que conocía mientras avanzaban lentamente hacia el extremo oeste.

La casa ya estaba completamente preparada.

Durante la visita anterior la habían decorado un poco.

Habían pegado recortes festivos de papel y colgado faroles.

Los regalos de compromiso se habían enviado a la aldea Hedong durante el invierno anterior.

Lu Dongqing y Miao Lianhua prepararon exactamente la misma cantidad que la familia Qiao había recibido en su momento.

Ni más ni menos.

La familia Tang había quedado muy satisfecha.

Al verlos llegar, Miao Lianhua sonrió de oreja a oreja.

Cuando descubrió que ahora viajaban en carruaje, su sonrisa se hizo todavía más amplia.

—Bien, bien, bien.

Qiao Suiman le entregó alegremente varias brochetas de tanghulu.

Él mismo abrió una enseguida y comenzó a comer mientras preguntaba con impaciencia:

—¿Songzi y Da-ge fueron otra vez a vender huevos?

—Sí. Reunieron más de trescientos. Por suerte la Posada Laifu necesitaba una gran cantidad, y las familias Fang y Liu también querían algunos, así que los llevaron enseguida.

Las dos familias criaban muchísimas gallinas y patos.

Durante el invierno, cuando el precio de los huevos era elevado, obtuvieron buenas ganancias.

Pero después de la llegada de la primavera aumentó la producción y ya no resultaba tan fácil venderlos.

Por fortuna, gracias a los tratos anteriores con aquellas familias, todos sabían que ellos podían suministrar huevos de forma constante.

Mientras mantuvieran esas relaciones comerciales, bastaba con entregar los pedidos cuando surgía la demanda, sin necesidad de ir pregonándolos por todas partes.

—Madre, ¿queda algo más por hacer en casa? —preguntó Qiao Suiman.

—Muy poco. Tú solo descansa ahora que has vuelto. Cuando llegue el día, contrataremos cocineros. Limítate a recibir a los invitados de la familia política y espera a que sirvan la comida.

Mientras hablaba, sonreía de felicidad.

Uno de sus fulang estaba a punto de dar a luz y el otro estaba a punto de casarse con la familia.

Solo pensarlo bastaba para hacerla sonreír incluso en sueños.

De pronto recordó algo.

—El pequeño Tuanzi ya empezó a hablar.

—¿De verdad?

Qiao Suiman abrió mucho los ojos, sorprendido.

Tuanzi estaba a punto de cumplir un año y cada día era más adorable.

Siempre que regresaba a la aldea lo abrazaba durante largo rato, incapaz de separarse de él.

—La última vez que vine todavía no hablaba.

—Ahora ya sabe decir «padre» y «A-mu»³. Todavía no pronuncia otras palabras, pero ya es hablar muy temprano. Cuando Dongqing era pequeño no empezó a hablar hasta el año y medio. En aquella época estábamos muy preocupados.

Qiao Suiman soltó una risita.

—Así que ha sido igual desde pequeño.

—Solo empecé a hablar un poco más tarde —explicó Lu Dongqing muy seriamente.

Qiao Suiman asintió distraídamente.

De repente pensó que, si el bebé heredaba aquello de Lu Dongqing y no empezaba a llamar «A-die»⁴ y «A-mu» hasta cumplir un año y medio…

¿No tendría entonces que esperar medio año más para escuchar esas palabras?

¹ Regente de un burdel (老鸨): mujer encargada de administrar un burdel y dirigir a las prostitutas.

² Tanghulu (糖葫芦): tradicional dulce chino elaborado ensartando frutas —habitualmente frutos de espino— en una brocheta de bambú y cubriéndolas con una capa de caramelo duro y crujiente.

³ A-mu (阿姆): forma tradicional de dirigirse a la madre o, en este contexto, al fulang que ejerce el papel materno.

⁴ A-die (阿爹): forma tradicional de llamar al padre.

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