Manual de supervivencia de un joven Omega interestelar - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - Un dulce primer beso
Al no ver el llanto ni las súplicas que esperaba, la bestia mutante de sexto nivel frunció el ceño.
La reacción del joven frente a ella era completamente distinta a la de los humanos que había devorado antes.
Por su apariencia, todavía debía ser muy joven.
¿No se suponía que un niño, al encontrarse en una situación desesperada, debería asustarse y romper a llorar?
Lamentablemente, para su decepción, no vio ni un rastro de miedo en el rostro del joven humano.
Qué interesante.
La bestia mutante de sexto nivel esbozó una sonrisa juguetona.
Unos días atrás, había visto algo atravesar la atmósfera y estrellarse en el Bosque Ximo. Al comprobar que no era una nave espacial, perdió todo interés.
La caída de meteoritos era algo muy común en el planeta Hel.
Dos días atrás, descubrió a unos humanos cazando bestias mutantes en el bosque, así que se acercó sigilosamente para observarlos.
Entonces vio a un usuario de poder mental de alto nivel.
¡Su fuerza era comparable a la de una bestia mutante de séptimo nivel! Era tan poderosa que resultaba fascinante. Si conseguía devorar el cuerpo mental de aquel hombre, sin duda podría superar la cima del sexto nivel y ascender perfectamente al séptimo.
Por supuesto, no permitió que la emoción se le subiera a la cabeza. Un usuario de poder mental de alto nivel no era fácil de enfrentar. Debía planearlo con cuidado.
Así que, después de seguirlo durante un día, encontró la debilidad de aquel poderoso usuario de poder mental. Incluso mientras luchaba, no olvidaba proteger entre sus brazos al joven que lo acompañaba. Era evidente que le importaba muchísimo.
La bestia mutante de sexto nivel entrecerró los ojos.
Le gustaban los fuertes que tenían debilidades.
Las debilidades hacían que fueran fáciles de manipular.
Por eso, aprovechando que el hombre había consumido una gran cantidad de poder mental luchando contra la planta mutante de quinto nivel, lo tomó por sorpresa y secuestró al joven.
Mientras aquel hombre viniera tras ella, tendría una forma de obligarlo a someterse.
Era una estrategia que dominaba a la perfección. En el pasado había utilizado amenazas para dividir a más de cien personas y derrotarlas una por una.
La mayoría de los humanos valoraban profundamente sus vínculos emocionales. Cuanto mejor era la relación y más profundos los sentimientos, mayor era la satisfacción de manipularlos.
Estaba ansiosa por ver al hombre arrodillarse entre lágrimas por el joven que amaba, suplicarle humildemente, postrarse a sus pies y entregarle su cuerpo mental.
El gran espectáculo estaba a punto de comenzar. Sin embargo, el rehén, que era la pieza clave, se negaba a cooperar y ni siquiera había derramado una sola lágrima.
Qué humano tan desagradable.
La bestia mutante de sexto nivel agarró al joven por el cabello, lo levantó bruscamente y lo estrelló con fuerza contra el suelo. Al instante, la cabeza del joven se abrió y comenzó a sangrar.
—¡Llora! —rugió.
Lin Xin ya había perdido demasiada sangre y su conciencia empezaba a desvanecerse, pero después de aquel golpe, paradójicamente, recuperó algo de lucidez.
Cuando estudiaba en la academia, había visto videos de guerreros de mecha luchando contra bestias mutantes de sexto nivel.
La fuerza de una bestia mutante de sexto nivel superaba cualquier imaginación. Cinco guerreros de mecha habían tenido que colaborar y luchar durante siete u ocho horas seguidas para conseguir finalmente la victoria.
El instructor de aquella clase había advertido seriamente a los estudiantes que, ante una diferencia abismal de fuerza, jamás debían intentar hacerse los héroes y enfrentarse solos a una bestia mutante de sexto nivel. Si surgía alguna oportunidad, debían emplear todos los medios posibles para escapar; de lo contrario, el único resultado sería la muerte.
El dominio mental de una bestia mutante de sexto nivel era muy amplio. Si no se equivocaba, aquella criatura hacía tiempo que había descubierto tanto su presencia como la del instructor. Pero si una bestia de sexto nivel era tan poderosa, ¿por qué no los había atacado directamente en el bosque?
¿Por qué se había tomado la molestia de secuestrarlo, intimidarlo y obligarlo a llorar?
Solo podía haber una razón.
¡Temía al instructor!
Lin Xin levantó los párpados manchados de sangre y contempló tranquilamente a la bestia de expresión feroz.
Si lo temía, significaba que no era tan fuerte como el instructor. Por lo tanto… ¡no lloraría y mucho menos suplicaría clemencia!
¡Jamás permitiría que una bestia mutante lo utilizara como moneda de cambio para amenazar al instructor!
Diez años de entrenamiento militar le habían enseñado que, una vez en el campo de batalla, debía dejar de lado la vida y la muerte, pagar el menor precio posible para obtener el mayor beneficio y alcanzar finalmente la victoria.
Comparada con la del instructor, su vida era insignificante.
Si moría… no sería una lástima.
La absoluta ausencia de miedo del joven enfureció a la bestia mutante de sexto nivel.
Había revisado los recuerdos de todos los humanos que había devorado y jamás había conocido a un mocoso humano tan obstinado como él.
El guion había dejado de desarrollarse como quería y su paciencia llegó al límite. Sus pupilas bestiales se contrajeron verticalmente y su cuerpo adoptó una forma semibestial. Abrió furiosamente sus enormes fauces ensangrentadas y se lanzó a morder el cuello del joven.
Lin Xin había estado esperando precisamente ese momento.
Concentró todo el poder mental que había acumulado en el puño y golpeó ferozmente el corazón de la bestia.
La bestia mutante se sobresaltó. No tuvo tiempo de esquivarlo y recibió el golpe de lleno.
Aunque el ataque a máxima potencia de un usuario de poder mental de quinto nivel no podía matarla, sí le causó un daño considerable.
Un enorme agujero se abrió en su pecho y la sangre salió disparada, empapando por completo a Lin Xin.
—¡ROAR!
La bestia lanzó un rugido de furia incontenible y le propinó una patada a Lin Xin.
Sin poder mental que sostuviera su cuerpo, el joven salió despedido como una muñeca de trapo y rodó decenas de veces por el suelo, dejando un reguero de sangre. Continuó rodando hasta las profundidades de la cueva y solo se detuvo al chocar contra una pared.
La bestia mutante de sexto nivel se cubrió el pecho herido. Los vasos sanguíneos bajo su piel comenzaron a retorcerse y, en apenas unos instantes, la herida se regeneró.
Sonrió cruelmente y avanzó paso a paso hacia el interior de la cueva, dispuesta a despedazar al joven humano. De pronto, una inmensa oleada de poder mental irrumpió desde el exterior y golpeó directamente su espalda.
Un escalofrío recorrió a la bestia. Instintivamente recuperó su forma animal y salió disparada hacia la entrada de la cueva.
—¡Fuuush! ¡Fuuush!
El viento producido por unas alas gigantescas casi hizo que la bestia mutante de sexto nivel perdiera el equilibrio y cayera por el precipicio. Rugió furiosamente y miró a la gigantesca bestia negra suspendida en el aire.
Sus pupilas se dilataron de terror.
Horrorizada, contempló al hombre de cabello plateado que estaba sobre la cabeza de la criatura.
¡Había sometido a dos bestias mutantes de alto nivel!
¿Era aquello algo que un usuario de poder mental de alto nivel común pudiera conseguir?
Si devoraba su cuerpo mental y sus bestias vinculadas, ¡no solo podría ascender al séptimo nivel, sino incluso al octavo!
La codicia terminó imponiéndose. La bestia mutante de sexto nivel desplegó las alas, salió volando de la cueva y transformó su cuerpo. En un instante, aumentó varias veces de tamaño hasta quedar a la par de la gigantesca bestia negra.
—¿Dónde está mi gente?
Al ver a la bestia mutante de sexto nivel aumentar de tamaño, Li Yao permaneció impasible. Su expresión seguía siendo indiferente y hasta su tono de voz era sereno. No mostraba ni una pizca de ira ni la ansiedad propia de alguien desesperado por rescatar a otra persona.
—¿Te refieres a ese mocoso humano? Je, je, je… —Al recordar el puñetazo que acababa de recibir del joven, la ira volvió a apoderarse de la bestia. Abrió sus enormes fauces, mostrando unos colmillos blancos y aterradores—. ¡Hace rato que me lo comí!
Quería enfurecer a su oponente. Cuando los humanos sucumbían al odio, solían perder la calma, y cuando perdían la calma, dejaban innumerables aberturas.
¡Se negaba a creer que, incluso sin un rehén con el cual amenazarlo, no pudiera apoderarse del cuerpo mental de aquel hombre!
Definitivamente, haber absorbido demasiados recuerdos humanos la había vuelto demasiado indecisa.
—¿Es así? —La voz de Li Yao se volvió fría. Sus ojos dorados permanecían imperturbables y en su hermoso rostro no podía distinguirse emoción alguna.
—Mariscal, detecto que el pequeño Pojun todavía presenta signos vitales —informó en voz baja la esfera mecha que flotaba a su lado—. Dentro de un momento me colaré en la cueva.
—Bien —respondió Li Yao—. Diez minutos como máximo.
La esfera mecha giró la antena sobre su cabeza, apuntó hacia la bestia mutante de sexto nivel y la escaneó rápidamente.
—Las escamas de su cabeza, sus dos patas y garras, las protuberancias duras debajo de los ojos, además del esqueleto y el núcleo de cristal. Mariscal, asegúrese de dejármelos intactos.
El pequeño Pojun había sido secuestrado por una bestia mutante justo delante del mariscal. Era prácticamente una bofetada directa a su orgullo. Aunque el mariscal parecía completamente tranquilo, en realidad ya debía estar furioso hasta el extremo.
Incluso había invocado a Qiu. Aquella bestia mutante de sexto nivel estaba condenada.
Sin embargo, para conservar materiales con los que realizar reparaciones, debía recordárselo a tiempo. No fuera a ocurrir que aquella bestia terminara convertida en carne triturada por el mariscal, igual que el zorro de llamas y cuerno blanco de la última vez.
Li Yao no respondió. Simplemente hizo un gesto con la mano para indicar que lo había escuchado.
La esfera mecha agitó sus alas metálicas, se transformó en un destello de luz y salió disparada hacia la cueva.
Al mismo tiempo, Qiu rugió y se abalanzó contra la bestia mutante de sexto nivel.
En la oscura cueva, Lin Xin yacía en el suelo cubierto de sangre.
Después de recibir aquella patada de la bestia, sentía como si sus órganos internos se hubieran desplazado. El dolor recorría todo su cuerpo, estimulando cada uno de sus nervios.
Tal vez precisamente porque dolía demasiado, su conciencia estaba mucho más clara que antes. Incluso sus cinco sentidos parecían haberse agudizado varias veces.
Escuchó los rugidos furiosos de la bestia en el exterior.
¿Había llegado el instructor?
Qué bien…
Una sonrisa de alivio apareció en el rostro ensangrentado del joven.
No se había convertido en una moneda de cambio con la que la bestia pudiera amenazar al instructor. Ahora él podría luchar sin ninguna preocupación.
En cuanto se relajó, el agotamiento se apoderó de él. Cerró lentamente los ojos y las lágrimas que la bestia había intentado obligarlo a derramar comenzaron a rodar por sus mejillas.
Antes de cumplir los dieciocho años, había vivido para sus padres, esforzándose por ser un hijo obediente y filial. Por mucho que sufriera o se agotara, jamás había abandonado su entrenamiento. Solo esperaba que algún día pudiera convertirse oficialmente en guerrero de mecha, ser el orgullo de sus padres y obtener el reconocimiento de la familia principal para que los tres pudieran vivir una buena vida.
Pero después de diferenciarse como Omega, aquellos padres que antes lo habían querido se volvieron de pronto extraños y aterradores, destruyendo despiadadamente todas sus convicciones.
Resultaba que, cuando dejabas de ser necesario, eras abandonado.
Su existencia era prescindible.
No era más que una herramienta que sus padres utilizaban para obtener beneficios.
Cuando cayó en la desesperación, fue el instructor quien lo salvó.
Aquel hombre era como un brillante rayo de sol que había disipado la oscuridad y le había dado una nueva esperanza. Nunca había mostrado desprecio porque él fuera un Omega. Cuando más lo necesitaba, le tendió una mano cálida, acarició su cabeza para consolarlo, le enseñó todo cuanto sabía sin reservas, lo protegió y lo mimó.
Sin darse cuenta, Lin Xin se había sumergido en la ternura de aquel hombre y había desarrollado una dependencia que jamás había experimentado. Se despojó de aquella fachada de fortaleza, se acurrucó entre sus brazos para llorar y actuar mimado, hasta convertirse en alguien que apenas reconocía como él mismo.
El hombre era como una lámpara que señalaba el camino, iluminaba la senda frente a él y reconstruía sus convicciones.
Una vez que una persona tenía algo que anhelaba, inevitablemente se volvía codiciosa.
Él… quería vivir una vez para sí mismo, sin restricciones.
No como un apéndice de otra persona.
No como una herramienta destinada a ser utilizada.
Solo quería vivir como Lin Xin, como un individuo independiente y libre.
Qué hermoso deseo.
Y, sin embargo, todo terminaría en aquel momento.
Los sonidos de la batalla fuera de la cueva parecían una apasionada sinfonía que subía y bajaba de intensidad junto a sus oídos.
Qué hermoso…
El joven levantó con dificultad una mano cubierta de sangre y trató de alcanzar la entrada de la cueva, como si quisiera atrapar algo. Pero no encontró nada y, finalmente, su brazo cayó sin fuerzas.
Qué feliz había sido cuando el instructor lo protegía entre sus brazos.
Lo siento…
Hasta aquí llegaba todo.
Lin Xin relajó la respiración y permitió que su conciencia se hundiera en la oscuridad.
—…¡Pequeño Pojun! ¡Pequeño Pojun! ¡Pequeño Pojun!
La esfera mecha se coló en la cueva y, después de recorrerla, encontró al joven cubierto de heridas tendido en el suelo de la zona más profunda.
Xuanming encendió su lámpara, flotó hasta el lado del joven y extendió dos brazos mecánicos desde su redondo abdomen. Lo examinó rápidamente y, al descubrir que estaba inconsciente, tomó una decisión inmediata y sacó un botiquín médico de emergencia.
La esfera mecha incorporaba un botón espacial. Además de armas de alta potencia, guardaba en su interior toda clase de instrumentos médicos y medicamentos.
Por suerte, después de consumir el núcleo de cristal de la planta mutante de quinto nivel, su energía se había recuperado hasta el cincuenta por ciento, por lo que podía activar nuevamente el botón espacial.
Xuanming cortó hábilmente la ropa de Lin Xin y procedió a limpiar, desinfectar, suturar, medicar y vendar la herida de su hombro. Realizó todo el procedimiento de una sola vez y consiguió detener la hemorragia. Después trató del mismo modo la herida de su frente.
Tras asegurarse de que el joven no tenía ninguna otra lesión mortal, la esfera mecha sacó del botiquín un tubo de medicamento de color rojo intenso. Se trataba de un fármaco especial desarrollado oficialmente para salvar la vida de los guerreros de mecha. Una sola dosis podía rescatar incluso a alguien al borde de la muerte.
El brazo mecánico abrió con cierta fuerza la boca del joven, introdujo el tubo y presionó suavemente para administrarle el medicamento.
Después de terminar, la esfera mecha guardó el botiquín, se quedó junto al joven y comenzó a llamarlo insistentemente al oído.
—¡Pequeño Pojun, despierta! ¡El mariscal ha venido a salvarte!
El alma de Lin Xin flotaba a la deriva en medio de la oscuridad cuando una voz urgente consiguió atravesarla y recuperar su conciencia. Siguiendo aquella voz, la persiguió instintivamente hasta que el llamado se volvió cada vez más claro.
—¡Pequeño Pojun, despierta! ¡Si quieres seguir viviendo, no te duermas!
¿Vivir?
El alma de Lin Xin se estremeció.
¿Él… todavía podía sobrevivir?
—Tu instructor ha venido. ¡Despierta! —Xuanming sabía perfectamente cómo llamarlo. Mencionó a la persona más cercana al joven para estimular su deseo de vivir.
Tal como esperaba, el joven inconsciente reaccionó.
Al escuchar «el instructor ha venido», el deseo de sobrevivir de Lin Xin se disparó y su conciencia regresó a su cuerpo.
—¡BOOOM!
Justo en ese momento, un estruendo estremecedor estalló fuera de la cueva. El miserable alarido de la bestia mutante atravesó el cielo, ensordecedor.
—¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!
Después de decenas de explosiones consecutivas, el exterior de la cueva volvió a quedar en silencio.
Lin Xin abrió bruscamente los ojos.
La esfera mecha se elevó hasta quedar sobre él y la marca en forma de V de su abdomen comenzó a parpadear.
—Bienvenido de vuelta, pequeño Pojun.
Los ojos desenfocados de Lin Xin recuperaron poco a poco su brillo habitual. Al reconocer a la familiar esfera mecha, abrió la boca y llamó con voz ronca:
—Xuan… ming…
—¡Sí, soy yo! ¡Por fin despertaste!
La esfera mecha descendió y frotó suavemente su redondo abdomen contra la mejilla del joven.
Al sentir la fría temperatura del metal, los ojos de Lin Xin se humedecieron.
Seguía vivo.
Qué bien.
—Tac, tac… tac, tac…
El sonido apresurado de unas botas de combate contra el suelo resonó repentinamente en la cueva.
Al escucharlo, Lin Xin giró la cabeza y miró al alto hombre que caminaba hacia él.
La esfera mecha se elevó todavía más e iluminó toda la cueva. Cuando la silueta del hombre se hizo claramente visible, las lágrimas del joven se desbordaron como si se hubiera roto un dique.
Li Yao recorrió rápidamente la distancia que los separaba.
Se arrodilló sobre una rodilla junto a Lin Xin y extendió los dedos para secar las lágrimas de su rostro.
—Buen chico, no llores —lo consoló el hombre con voz suave.
Las lágrimas de Lin Xin cayeron todavía con más fuerza.
Li Yao se inclinó y levantó cuidadosamente al joven, dejándolo apoyarse contra su pecho. Con delicadeza, limpió las lágrimas y la sangre de su rostro hasta dejar al descubierto sus pálidas facciones.
—Instructor… Ugh…
Acurrucado en aquel abrazo familiar y cálido, Lin Xin aferró instintivamente la ropa del hombre mientras su cuerpo temblaba sin control.
—Estoy aquí. No tengas miedo.
Temiendo lastimarlo, Li Yao controló la fuerza de sus brazos. Sus labios descendieron sobre la frente del joven, dejando una sucesión de suaves besos.
Aunque había matado a la bestia mutante de sexto nivel y permitido que todas sus bestias vinculadas devoraran su cuerpo mental, aquello seguía sin ser suficiente para disipar la ira y el remordimiento de su corazón.
Había permitido que el joven al que quería proteger pasara por algo tan aterrador y sufriera heridas tan graves.
Si hubiera llegado un instante más tarde, ¿lo habría perdido para siempre?
Ante aquella posibilidad, los brazos con los que Li Yao abrazaba al joven temblaron ligeramente.
El muchacho ya se había convertido en una parte indispensable de su vida. Si lo perdía, él tampoco volvería a estar completo.
Por fortuna, lo había recuperado.
Incapaz de contenerse, Li Yao besó los ojos del joven y recogió todas sus lágrimas con los labios. Sus cálidos labios descendieron por su pequeña nariz hasta posarse finalmente sobre sus suaves labios.
Pegado al pecho del hombre, Lin Xin se despojó de toda la fortaleza que había fingido tener, y el miedo que había enterrado profundamente en su corazón salió de golpe.
No era cierto que no hubiera tenido miedo de aquella bestia mutante de sexto nivel.
Tampoco era cierto que no temiera a la muerte.
Simplemente… estaba acostumbrado a reprimirlo todo.
Acariciado, abrazado y consolado con ternura por el hombre en quien confiaba, todas sus emociones negativas parecieron encontrar de pronto una salida y estallaron al mismo tiempo. Una incontenible sensación de agravio inundó su corazón.
Hasta que los labios del hombre se posaron sobre los suyos.
Las lágrimas del joven se detuvieron de golpe.
Aquel beso lleno de cariño y protección consiguió tranquilizarlo.
Al principio fue únicamente un contacto sencillo, un suave roce. Cuando el joven entreabrió los labios por el cosquilleo, el hombre pareció recibir una invitación y profundizó repentinamente el beso.
Lin Xin abrió mucho los ojos. Los dedos con los que sujetaba la ropa del hombre se tensaron hasta quedar blancos.
No supo cuánto tiempo pasó.
Finalmente cerró despacio los ojos y, reuniendo valor, correspondió al beso.
Li Yao bajó la mirada. Sus largos dedos se deslizaron entre el cabello suave del joven y su amplia palma sostuvo su nuca.
La respiración de ambos se volvió poco a poco más acelerada.
En la silenciosa cueva comenzó a escucharse el tenue sonido húmedo de sus besos.
Flotando en el aire, la esfera mecha contaba los segundos:
Uno, dos, tres… diez… quince…
Cuando llegó a los ciento veinte segundos, finalmente no pudo contenerse.
—Ejem, mariscal… Aunque no quiero interrumpirlos, debería considerar el estado físico del pequeño Pojun. Hace un momento solo le proporcioné tratamiento de emergencia… ¿No cree que deberíamos hacerle un examen más completo? Tal vez meterlo en una solución reparadora o algo parecido.
Sus labios se separaron.
Como un avestruz, el joven enterró inmediatamente el rostro en el pecho del hombre. Solo quedaron visibles sus orejas, completamente rojas.
Li Yao levantó la cabeza y le dirigió a la esfera mecha una mirada capaz de matar.