Mago de Arena del Desierto Ardiente - Capítulo 409

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—¿A qué te refieres con eso?

—Jang Wu-hang… se infiltró en la torre defensiva, robó datos de la Planta de Energía de Piedra de Maná y plantó bombas.

—…¿Qué…?

Ante el reporte de Chu Wei, los músculos de la mandíbula de Xiao Lun se movieron con un tic.

Hasta ese momento le cayó el golpe: él había sido quien le había emitido a Jang Wu-hang el permiso de entrada a la torre defensiva.

‘¿Y aun así se atreve a hacer algo así tan pronto?’

Sabía que, como Wu-hang codiciaba la magia-tecnología de Neo Seúl, tarde o temprano causaría problemas.

Pero jamás imaginó que Wu-hang actuaría con tanta rapidez.

Xiao Lun preguntó de inmediato:

—¿Y el daño? No me digas que la Planta de Energía de Piedra de Maná explotó.

—Por fortuna, Zeon movió las bombas fuera de Neo Seúl, así que el daño fue mínimo.

—Al menos eso es un alivio.

La expresión de Xiao Lun por fin se relajó un poco.

Si la Planta de Energía de Piedra de Maná hubiera sido destruida, habría significado el final tanto del Distrito Sur como del propio Xiao Lun.

La Alcaldía y los otros distritos jamás los habrían dejado en paz.

Si la planta caía, Neo Seúl retrocedería al instante a la Edad Media. Sería posible reconstruir, sí, pero el sufrimiento duraría muchísimo tiempo.

Y nadie podía decir cuántos más morirían mientras tanto.

Chu Wei añadió con cautela:

—Usaron nuestras tarjetas de acceso. Dudo que la Alcaldía lo deje pasar.

—Claro que no. ¡Jang Wu-hang! Yo le dejé pasar cosas porque venía de la misma tierra, ¿y se atreve a aventarme mierda de vuelta?

Xiao Lun rechinaba los dientes cuando—

—¡Lord Xiao Lun! ¡Malas noticias!

Uno de sus hombres entró corriendo de pronto desde afuera.

Su voz y su expresión gritaban urgencia.

Xiao Lun supo al instante que había pasado algo grande.

—¿Qué pasó?

—El Al—

—¿El Al qué?

—El Alcalde ha entrado a nuestro distrito.

—…¿Qué?

Xiao Lun parpadeó.

Por un momento, el cerebro se le quedó en blanco, incapaz de procesar lo que acababa de oír.

Así de impactante era la noticia.

Cuando por fin reaccionó, preguntó con esfuerzo:

—¿Es cierto? ¿Jin Geum-ho viene hacia acá?

—Sí.

—¿Por qué?

—Parece que vino a pedirnos cuentas por este incidente.

—¿Y por solo eso viene por mí?

Xiao Lun estampó el puño contra el escritorio y se levantó de golpe.

Chu Wei se estremeció ante ese estallido de furia.

—Yo mismo voy a recibirlo.

—El problema es…

—¿Qué?

—Lord Tan Ryung y Lord Yeom Cheong ya salieron con sus fuerzas.

—¿Qué? ¿Sin mi permiso?

—La situación era tan urgente que actuaron primero.

—¡Maldita sea!

Maldiciendo, Xiao Lun se movió de inmediato.

Tan Ryung y Yeom Cheong tenían temperamentos como fuego.

En su presencia se contenían, pero en su ausencia tendían a descontrolarse.

Si esto se manejaba mal, la situación podía salirse por completo.

Tenía que llegar y contenerlo antes de que ocurriera.

Xiao Lun corrió con Chu Wei y otros hacia la dirección desde la que venía Jin Geum-ho. Ya en las calles, el ambiente estaba lejos de ser normal.

—¡Ughhh!

—¡Khkkk!

Quejidos llenaban el aire por toda la calle.

Incontables cuerpos estaban tirados en el suelo.

Todos, sin excepción, gravemente heridos y sangrando.

Y todos eran Despertados del Distrito Sur.

Xiao Lun apretó los dientes y siguió avanzando.

Pronto vio a sus hombres encarando a los Despertados de la Alcaldía.

El Distrito Sur había reunido a cientos para bloquear el camino. Pero frente a ellos solo había cuatro.

Jin Geum-ho, con las manos cruzadas detrás de la espalda como si diera un paseo, observaba las calles del Distrito Sur. A su lado estaba Seo Tae-ran, su asistente.

En realidad, de los cuatro, solo dos se veían listos para pelear.

Esos dos estaban delante de Jin Geum-ho y Seo Tae-ran, platicando con calma entre ellos.

—Qué recibimiento tan ruidoso. No esperaba una recepción tan extravagante.

—Bueno, el propio Alcalde está visitando. Sería grosero no hacer un show.

—¿Ah, sí?

Quien enfrentaba a los Despertados del Distrito Sur era un hombre de mediana edad apoyado en un bastón incrustado con una gema azul.

Cabello dorado peinado hacia atrás sin un solo cabello fuera de lugar, ojos azules afilados y una barba bien cuidada le daban un aire imponente.

Pero el hombre con el que conversaba parecía un bárbaro: sin camisa, con músculos duros como piedra.

Del cuello le colgaba un collar de cuentas redondas, cada una brillando como si fuera una gema.

Al verlos, a Xiao Lun le temblaron los párpados.

Al instante supo quiénes eran.

‘Ese viejo vino preparado hoy.’

La mayoría de la gente no conocía sus identidades.

Porque siempre habían operado en las sombras.

Se habían mantenido fuera del ojo público durante décadas, así que casi nadie conocía sus rostros.

Pero Xiao Lun sí.

En los primeros tiempos, él había trabajado de cerca con la Alcaldía y los había visto personalmente.

El hombre del bastón con gema era nada menos que Grain.

El segundo al mando de la Unidad de Ejecución, los Números, y el maestro supremo de la gravedad.

Cualquiera que hubiera visto su poder para manipular la gravedad a voluntad no podía evitar temerle.

Los heridos que gemían por toda la calle eran obra suya. Había dado un paso al frente y los sometió en un instante.

Y el supuesto bárbaro a su lado no era menos aterrador.

Omujin, el Soberano del Acero.

Tal como su título sugería, podía doblar el acero a voluntad.

¿El collar de cuentas en su cuello? Cada una estaba forjada de acero. En cuanto se movía, el horror que podía provocar con ellas grababa miedo en los huesos de cualquiera que lo viera.

Omujin era el tercer miembro de los Números.

Un solo miembro ya era una amenaza enorme… pero habían traído a dos.

Prueba de que Jin Geum-ho venía con decisión total.

Rechinando los dientes, Xiao Lun avanzó y pasó a sus subordinados.

—Háganse a un lado, todos.

—¡Oh! Lord Xiao Lun.

—Lord Xiao Lun está aquí.

Los Despertados del Distrito Sur abrieron el paso de inmediato.

Cuando Xiao Lun apareció, Grain y Omujin sonrieron levemente.

Con una sonrisa amable, Grain lo saludó.

—Ha pasado mucho tiempo, Lord Xiao Lun.

—Vaya recibimiento tan duro para un viejo conocido.

—¿Duro? Creí que estaba siendo moderado. Pero si lo ofendí, mis disculpas.

Aunque se disculpó, su rostro no mostraba arrepentimiento alguno.

Xiao Lun apretó la mandíbula de forma casi imperceptible, y Omujin soltó una risa burlona.

—¡Ay, ay! ¿Ya rechinando los dientes? Deberías saber cuánto se esforzó mi hermano para tratarte con suavidad. Anda, relájate, Lord Xiao Lun.

—¡Omujin!

—Ah, perdón, olvidé mis modales. De verdad, ha pasado mucho tiempo. Te ves todavía más sano que antes. ¿Nos compartes tu secreto? Me encantaría vivir mucho y fuerte, igual que tú.

Omujin, pese a su apariencia, tenía una personalidad animada y parlanchina.

Una vez que abría la boca, las palabras no paraban.

Y cada palabra le picaba los nervios a Xiao Lun.

—No has cambiado ni tantito.

—Cambiar demasiado rápido solo significa que la muerte está cerca, ¿no? Como dije: quiero vivir, vivir mucho. Fuerte y vigoroso, igual que tú, Lord Xiao Lun.

—Cómo te atreves…

—Uuuy, qué miedo.

Omujin se encogió exageradamente y se escondió detrás de Jin Geum-ho.

Aun así, Seo Tae-ran, a su lado, ni siquiera se inmutó.

Porque sabía perfectamente qué tragedias podía desatar ese hombre aparentemente frívolo en cuanto actuara.

La mirada de Xiao Lun se clavó en Jin Geum-ho.

—¿Qué trae al Alcalde en persona? ¿Vino a iniciar una guerra con el Distrito Sur?

—¿De verdad tienes que preguntar?

—Sí.

—¿De verdad no lo sabes? En solo unos días te volviste mucho más atrevido.

Las palabras de Jin Geum-ho hicieron que la cara de Xiao Lun se pusiera roja.

Ser humillado frente a sus hombres era una vergüenza.

Con un esfuerzo sobrehumano, contuvo su ira.

Si él atacaba primero, salvar la situación sería todavía más difícil.

Así que se hizo el tonto.

—De verdad no sé de qué está hablando.

—La Planta de Energía de Piedra de Maná. ¿Aún no sabes?

—No.

—¿Y también vas a decir que no conoces a Jang Wu-hang, el de Sichuán?

—Eso…

—Ese chamaco que me quitaste armó un buen desastre. Casi la mitad de Neo Seúl se va en llamas.

—……

Xiao Lun guardó silencio, sin saber qué responder.

En ese momento, uno de sus hombres gritó:

—¡Eso no es culpa nuestra! ¿Cómo vamos a ser responsables de lo que haga un invitado…?

—Los niños no deben interrumpir cuando los adultos están hablando.

¡WHAM!

El cuerpo del subordinado que gritó quedó aplastado en un instante.

Grain lo había triturado con gravedad aplastante.

Un Despertado de rango A, hecho papilla como una mosca, sin siquiera alcanzar a gritar.

Todo el Distrito Sur se congeló de horror.

Al ver el despliegue de poder de Grain, la cara de Xiao Lun se endureció.

No porque tuviera miedo.

Él también era un Despertado de rango S, con un poder enorme propio.

El problema era que, si chocaba con Grain ahí, significaría una guerra total contra la Alcaldía.

Por ahora solo habían enviado a dos Números, pero si peleaban, el resto de los Números y todos los Despertados de la Alcaldía vendrían.

Y en cuanto se moviera la Alcaldía, los otros distritos inevitablemente seguirían.

Podrían resistir un tiempo, pero al final el Distrito Sur sería aniquilado.

Ese peor escenario tenía que evitarse.

Controlando su respiración agitada, Xiao Lun preguntó:

—¿Qué quieres?

—¿Y por qué asumes que quiero algo?

—Si de verdad quisieras guerra, habrías traído más que a esos dos. Así que di tu precio.

—Como era de esperarse, eres agudo. La mayoría necesitaría que se lo explicaran con manzanitas.

—Ahórrate la charla. Solo di qué quieres.

—Los Ojos del Pavo Real Solar. Entrégalos.

—Eso…

Xiao Lun rechinó los dientes.

El Pavo Real Solar era una bestia de rango S que su distrito había cazado con todo lo que tenían.

Las plumas de su cola tenían marcas con forma de ojos. Cuando las abría, parecía como si docenas de ojos estuvieran mirando fijamente.

De esas plumas “en forma de ojo” lanzaba rayos devastadores que masacraron a incontables Despertados.

Sin embargo, más aterradores que las plumas eran los propios ojos del Pavo Real Solar.

Funcionaban como un radar: detectaban a todo Despertado dentro de varios cientos de metros y lo abatían con rayos de precisión.

Para los especialistas de combate cuerpo a cuerpo, esa criatura había sido una pesadilla viviente.

Solo después de incontables sacrificios lograron matarla.

Sus plumas habían ido a las instalaciones de investigación del Distrito Sur, pero los ojos —capaces de detección— Xiao Lun los había guardado aparte en su subespacio.

Antes de sacarlos, Xiao Lun le preguntó a Jin Geum-ho:

—¿Me entregaste a Jang Wu-hang ya sabiendo que esto pasaría?

—Sabía que no se podía confiar en él.

—Ja… me jugaron.

Xiao Lun negó con la cabeza.

Conocía lo suficiente del Ojo Celestial de Jin Geum-ho para entenderlo.

En el momento en que le había “pasado” a Wu-hang a Xiao Lun, el camino hacia este resultado ya estaba trazado.

Era el futuro que Jin Geum-ho había previsto.

Cuando Xiao Lun sacó del subespacio los Ojos del Pavo Real Solar, Omujin dio un paso al frente para recibirlos.

—Muy agradecido por el regalito.

—No voy a olvidar la humillación de hoy.

—Deberías estar agradecido, Lord Xiao Lun. Si el Mago de Arena no hubiera manejado esas bombas, no habría quedado nada vivo en este distrito.

—¡Khhh!

—Entonces le vamos a dar buen uso a esto.

Omujin guardó los Ojos del Pavo Real Solar en el pecho y guiñó el ojo con descaro.

Por último, Jin Geum-ho habló.

—Un consejo: no deposites demasiada confianza en los de tu tierra. La traición casi siempre viene de lazos superficiales de paisanaje y parentesco.

—……

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