Mago de Arena del Desierto Ardiente - Capítulo 397

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  4. Capítulo 397
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—¡Ja! ¿A Gwang-ryang se lo echaron tan fácil?

—Y en modo berserk, además. ¿Qué demonios es ese tipo?

Dos figuras escondidas entre la multitud no le quitaban los ojos de encima a Zeon y a Yoo Sehee.

Un hombre y una mujer, ambos envueltos en túnicas que les cubrían de la cabeza a los pies.

El hombre habló:

—Ese debe ser el mago de arena.

—De entre toda la gente, con el que teníamos que toparnos… Gwang-ryang, idiota. Se lo dije una y otra vez: evita el conflicto.

—Tampoco es que sea su culpa, ¿no? ¿Cómo iba a saber que alguien así de fuerte estaba escondido en los barrios bajos?

—Aun así. Si ya se iba a morir, debió hacerlo en silencio. ¿Para qué entrar en berserk y exponernos?

La mujer escupió veneno incluso después de ver la muerte de Ma Gwang-ryang.

Ante su tono helado, el hombre guardó silencio, limitándose a chasquear la lengua.

Eran miembros de la misma unidad que Ma Gwang-ryang: el Escuadrón Colmillo de Lobo.

El hombre se llamaba Sou Chen, y la mujer, Tang Xi’an.

Después de salir de la Ciudad Subterránea, el Escuadrón Colmillo de Lobo vagó por el desierto… hasta que se toparon con carroñeros.

Para los carroñeros, que vieron a un grupito de sobrevivientes deambulando sin rumbo, el escuadrón parecía una presa fácil.

Naturalmente, atacaron sin pensarlo.

Pero los que fueron aniquilados fueron los carroñeros.

Cientos de ellos fueron masacrados por menos de una docena de operativos de Colmillo de Lobo.

A los sobrevivientes los torturaron para sacarles información, y así obtuvieron una revelación impactante: la existencia de un lugar llamado Neo Seúl.

La primera vez que oyeron de una ciudad enorme en la superficie —no bajo tierra— no pudieron creerlo.

¿Una megaciudad con más de veinte millones de habitantes? ¿En la superficie?

Sonaba demasiado absurdo como para ser verdad.

Aun así, enviaron a Jang Woo-hang como explorador y se dispersaron para reunir inteligencia.

Durante esa fase, se encontraron con un grupo de cazadores del Mercado Goblin.

Los cazadores acababan de regresar de una exitosa cacería de Escarabajos Fantasma y estaban disfrutando un merecido descanso. Tomarlos por sorpresa fue fácil.

A ellos también los torturaron.

Eso, igualmente, era para arrancar información.

La moneda que se usaba en Neo Seúl, los barrios bajos, el Mercado Goblin… se los sacaron todo.

La conclusión de esos interrogatorios fue simple:

Para infiltrarse en Neo Seúl sin llamar la atención, necesitaban identificaciones legítimas y dinero.

Lo único que tenían que valiera algo para vender eran los caparazones de Escarabajo Fantasma que les robaron a los cazadores.

Ma Gwang-ryang había declarado con valentía que él mismo los vendería. Y este… fue el resultado.

Gwang-ryang perdió la vida, y los caparazones de Escarabajo Fantasma regresaron a manos del Mercado Goblin.

—¡Estúpido Ma Gwang-ryang! ¡Si se iba a morir, pudo hacerlo sin entrar en berserk!

—Maldecirlo no va a cambiar nada. Ya basta, Xi’an.

—¡Ja! ¿Nomás te vas a quedar ahí sentado? ¿Ni venganza? Por más estúpido que fuera, seguía siendo de los nuestros.

—Claro que lo vamos a vengar. Pero primero… necesitamos información. No sabemos nada de ese hombre.

—¡Sha zhe, idiota!

La maldición iba dirigida al difunto Ma Gwang-ryang.

Incluso muerto, seguía recibiendo regaños de sus compañeros.

Sou Chen se volvió hacia Tang Xi’an.

—Vámonos. Si nos quedamos más, podría notarnos.

Zeon estaba escaneando a la multitud con una mirada afilada.

Incluso desde lejos, su mirada se sentía como una cuchilla cortando el aire.

—…Está bien.

Tang Xi’an asintió, jalándose la capucha para cubrirse más.

Los dos se escurrieron en silencio entre la gente.

Yoo Sehee regresó al Mercado Goblin con su equipo.

El cadáver de Ma Gwang-ryang fue entregado a los carniceros del mercado.

Su trabajo principal era desmantelar monstruos.

No había una sola persona en Neo Seúl que hubiera manipulado más cadáveres de monstruos que ellos.

Su labor era diseccionar y procesar monstruos traídos por cazadores o comerciantes.

Había pocos monstruos que no hubieran visto.

Yoo Sehee no tenía dudas: ellos descubrirían la verdad detrás de la transformación de Ma Gwang-ryang.

—Averigüen por qué un humano completamente normal se convirtió en un monstruo. Cueste lo que cueste.

—No se preocupe.

—Vamos a revisar célula por célula. Puede contar con nosotros.

Yoo Sehee asintió ante la respuesta segura de los carniceros.

Cargaron el enorme cadáver de Ma Gwang-ryang en una carreta y desaparecieron rumbo a su taller.

Entonces se volvió hacia el León Negro.

—Ese bastardo no estaba en nuestra lista de acceso, ¿verdad?

—No. Revisamos a fondo: no hay rastro de que haya cruzado la barrera.

El Mercado Goblin estaba protegido por una barrera especial.

Para pasarla, se necesitaba una tarjeta oficial de entrada emitida por el Mercado. Y cuando se usaba, la tarjeta dejaba un rastro.

Registraba quién entraba o salía, y a qué hora.

Naturalmente, el Mercado podía acceder a esos datos.

Pero esta vez… había un problema.

No existía registro de la entrada o salida de Ma Gwang-ryang.

En las décadas de historia del Mercado, eso era la primera vez.

La expresión de Yoo Sehee se ensombreció.

—Alguien desde adentro debió ayudarlo… o hay una falla en la barrera.

—No llevan mucho tiempo en los barrios bajos. Dos, quizá tres días máximo. No es tiempo suficiente para reclutar a alguien de adentro.

—Entonces la barrera está comprometida. Llama de inmediato a un especialista en barreras.

—Entendido. Haré los arreglos.

—Estos no son intrusos comunes. Sus tácticas… su poder de combate… son más que peligrosos. Y no sabemos cuántos más ya están dentro. Refuercen el perímetro.

—Sí, señora.

El León Negro inclinó la cabeza en señal de obediencia.

El Mercado Goblin había construido su reputación sobre dos cosas: identidades verificadas y seguridad.

Por eso tantos comerciantes y clientes confiaban en él.

Si cualquiera de esas dos se veía comprometida, la confianza que habían construido se haría añicos… y la gente se iría.

Para Yoo Sehee, era la mayor crisis que el Mercado había enfrentado.

Dio otra orden.

—Contacta a los otros distritos. Averigua si ha entrado alguien sospechoso. Por muy bien que se escondan, apenas llegaron: algo se les tiene que notar.

—Entendido.

El León Negro salió de la habitación de inmediato.

Sola, Yoo Sehee cruzó los brazos y masculló:

—Malditos. Debieron quedarse pudriéndose en esa Ciudad Subterránea. ¿Qué demonios hacen viniéndose hasta acá? Solo saben saquear… Si los agarro, les voy a masticar los huesos hasta hacerlos polvo.

***

—Llegaste temprano, hyung.

Levin levantó la vista con sorpresa al ver a Zeon ya de regreso.

—El que llegó tarde fuiste tú.

—Ah… me atoré con algo. Se alargó más de lo que pensé.

—¿Con qué “algo”?

Zeon inclinó la cabeza con curiosidad.

—Vi a un anciano raro en la calle. Solo… no me dio buena espina.

—¿Qué fue lo que te pareció raro?

—Se vestía como los locales, pero la armadura debajo de la ropa… y el bastón de madera en la mano… Estaba tratando de actuar como si perteneciera aquí, pero no. Sentí que estaba observando y estudiándolo todo. Me cayó mal.

—¿Sí?

—¡Sí! Así que les dije a los niños que lo vigilaran.

—Hm.

Zeon se acarició la barbilla, pensativo.

Levin era inusualmente perceptivo.

Podía parecer relajado y siempre sonriente, pero nunca bajaba la guardia.

Si algo le parecía raro a Levin, probablemente había una buena razón.

El problema era que Zeon también había sentido algo extraño. Pero por una fuente completamente distinta.

—De hecho, yo tuve una experiencia parecida.

—¿Tú también?

—Sí.

Zeon le contó a Levin todo sobre su encuentro con Ma Gwang-ryang en el Mercado Goblin.

El rostro de Levin se ensombreció de preocupación mientras escuchaba.

—Entonces seguramente son del mismo grupo.

—Eso estoy pensando.

—¿Qué demonios planean estos cabrones? A fuerzas están conectados con ese tal Jang Woo-hang del Distrito Sur.

—Parece que sus compañeros se colaron en los barrios bajos.

—Haa… Malditos. Por fin llegan hasta acá y, en lugar de quedarse tranquilos, ya están maquinando.

—¿Dijiste que tienes a alguien vigilando al viejo?

—Sí. Puse a dos chamacos para que se turnaran y lo siguieran.

—Entonces sabemos dónde está ahora.

—Por supuesto.

—Vamos.

—¿Quieres moverte ya?

—No tiene caso perder tiempo.

—Cierto. Mientras más esperemos, más se van a incrustar. Y vamos a perder la oportunidad.

A juzgar por lo rápido que estaban entendiendo los sistemas y el ambiente de Neo Seúl, no tardarían en mezclarse por completo.

Cuando eso pasara, encontrarlos sería casi imposible.

Esta era su mejor oportunidad.

—Vámonos.

—Sí, hyung.

Levin se levantó y siguió a Zeon afuera.

De inmediato buscaron a Aaron y a Dominic.

—¡Hyung!

—¿Qué los trae por aquí a estas horas?

Los dos saludaron a Zeon, pero se veían inquietos.

Era tarde: ningún mandado normal los sacaría a esa hora.

Levin respondió:

—Es por lo del anciano.

—¿El de hace rato?

—¿Sigue vigilado, verdad?

—Claro. Kevin y Tom deberían estar encima de él justo ahora. ¿Van a salir?

—Sí.

—Va. Nosotros los llevamos. A nosotros también se nos hizo raro.

—¿Qué cosa?

—Ya verás.

Aaron y Dominic se pusieron al frente con gusto.

Guiaron a Zeon y a Levin hasta un edificio enorme metido en una esquina de los barrios bajos de Shinchon.

Con solo verlo, se te cortaba la respiración.

Era como si diez bloques de departamentos se hubieran fusionado en uno. Una estructura colosal con tres mil unidades.

Suponiendo cuatro personas por hogar, eso significaba que doce mil personas estaban apiñadas en un solo edificio.

De todos los edificios de Shinchon, este tenía la mayor densidad.

El lugar de Zeon era conocido como el Nido de Hormigas por lo miserable… pero este estaba tan mal que le decían la Guarida del Demonio.

Criminales y carroñeros lo habían usado como base desde hacía mucho.

Durante más de cien años, el edificio había sido ampliado una y otra vez. Su distribución interna era más compleja que un laberinto, y las paredes eran gruesas: perfecto para defenderse.

Y con doce mil personas apretadas en un espacio reducido, se formaba naturalmente un fuerte sentido de camaradería.

Podían pelear entre ellos… pero cuando aparecían forasteros, se unían como un solo cuerpo.

Desde que Zeon se instaló en Shinchon, el crimen había bajado un poco… pero muchos criminales seguían escondidos ahí, fingiendo ser ciudadanos comunes.

La Guarida del Demonio se llamaba así por algo.

Incluso desde la entrada, el hedor era abrumador.

Una mezcla asquerosa de orina y excremento se pegaba a las paredes, tan espesa que desorientaba los sentidos.

Pero los cuatro hombres que entraron ni se inmutaron.

Habían nacido y crecido en los barrios bajos. Ese tipo de peste no significaba nada para ellos.

Creaaak.

Cuando el grupo de Zeon entró, una puerta crujió cerca de la entrada y alguien asomó la cabeza.

Aparece un extraño y los locales reaccionan al instante.

Aaron dio un paso al frente.

—Soy yo… Aaron. Mantén la boca cerrada.

La persona asintió en silencio y cerró la puerta.

Aaron se había criado ahí.

Después de Despertar y conocer a Levin, se fue… pero muchos de sus contactos seguían viviendo en la Guarida del Demonio.

Ni siquiera preguntaron por qué Aaron había regresado. Solo ayudaron.

Gracias a eso, el equipo de Zeon llegó sin problemas a los niveles superiores.

—¡Hyung!

En cuanto llegaron, dos niños salieron corriendo de donde estaban ocultos en el pasillo.

Eran Kevin y Tom, los que vigilaban al anciano.

Aaron les dio unas palmadas en la cabeza y preguntó:

—¿Ustedes dos están bien?

—¡Claro!

—Jeje. Este es nuestro territorio.

Kevin y Tom también habían nacido en la Guarida del Demonio.

Eso hacía que seguir al anciano fuera fácil.

En ese momento, los ojos de Zeon se afilaron.

Vio bichos pegados a la ropa de los niños.

En ese instante, una sensación profunda de peligro le subió como un golpe.

—¡Al suelo!

—¿Eh?

En vez de responder, Zeon arrancó los bichos de su ropa y los arrojó por la ventana.

¡BOOOOM!

Explotaron en el aire.

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