Mago de Arena del Desierto Ardiente - Capítulo 380
Josephine miraba a Brielle con una cara a punto de romperse en llanto.
—¿De verdad te tienes que ir?
—Lo siento…
—¿Por qué dejarías atrás un bosque tan maravilloso? ¡Hasta tienes tu propio árbol aquí!
—Vas a cuidar bien de mi árbol por mí, ¿verdad? ¿Sí?
—Claro que lo voy a cuidar con todo… pero no es lo mismo que tenerte aquí.
—Voy a intentar volver tan pronto como pueda. Hasta entonces, cuídalo por mí. ¿Puedes hacer eso, verdad?
—¡Sí!
Josephine respondió mientras se secaba las lágrimas.
Brielle le dio unas palmaditas suaves en la espalda.
Hoy era el día en que Brielle dejaría el Bosque Primigenio. Por eso Josephine llevaba llorando desde la mañana.
Se habían vuelto muy cercanas en muy poco tiempo.
Había pasado una semana desde que se desplegó la Gran Barrera.
Durante ese tiempo, Zeon y sus compañeros se quedaron en el bosque, revisando que la barrera funcionara correctamente.
Por suerte, no hubo problemas. La barrera funcionó a la perfección.
Desde afuera, nadie habría imaginado que dentro se ocultaba un bosque enorme.
Gracias a eso, los aldeanos por fin pudieron disfrutar de paz después de tanto tiempo.
Brielle y Levin también pasaron días tranquilos conviviendo con la gente del lugar.
Por más que quisieran quedarse, ambos sabían que tarde o temprano tendrían que irse.
Por maravilloso que fuera ese lugar, no era su hogar.
Podrían regresar de vez en cuando para descansar, pero no podían quedarse para siempre.
Ya era hora de partir.
Josephine le entregó a Brielle una maceta.
—Toma, llévate esto. Estos pequeñitos salieron del bosque.
En la maceta crecían varios brotes desconocidos.
Josephine los había preparado especialmente para la despedida de Brielle.
—¡Gracias!
Brielle guardó la maceta en su almacenamiento de subespacio.
Como dentro del subespacio el tiempo no transcurría, sin importar cuánto se quedaran ahí, las plantas jamás se marchitarían.
En ese momento, Levin la llamó.
—Vámonos, Brielle.
—¡Sí!
Brielle le sonrió cálidamente a Josephine y caminó hacia donde Zeon y Levin la esperaban.
Ya se habían despedido de los aldeanos.
—¡Piii!
Gaia, flotando al lado de Zeon, recibió a Brielle.
—Perdón, ¿me tardé?
—¡Pii!
—¿Pero estás bien con esto?
—¿Pii?
Gaia parpadeó con sus grandes ojos hacia Brielle.
—Yurie sigue aquí. ¿De verdad estás bien con dejarla atrás?
—¡Pii! ¡Pii!
—Entonces… aunque la extrañes, ¿igual podrás verla? ¿Cómo?
—¡Pii! ¡Piii!
Gaia movió la cola emocionada mientras explicaba, y Brielle asintió siguiendo el hilo.
—¡Ya veo! Los espíritus están conectados por el corazón, no como los humanos. Así que no hace falta verse para hablar… pueden comunicarse directo a través del corazón.
Brielle asintió, comprendiendo.
En ese instante, Riria apareció en su hombro.
Voló hasta la cabeza de Gaia y soltó una risita juguetona.
Brielle sonrió al ver al espíritu inocente.
Entonces Zeon habló.
—Vámonos.
—Sí, hyung.
—¡Mm!
Habían llegado siendo cuatro, y ahora se iban siendo cinco.
—¡Cuídense!
—¡Vuelvan cuando quieran!
Los elfos oscuros gritaron detrás de ellos.
Brielle se dio la vuelta y les hizo adiós con la mano.
En cuanto cruzaron la barrera, el paisaje cambió.
El verde exuberante desapareció, reemplazado por el desierto árido.
Afuera, en el desierto, Riria sacó la lengua y se abanicó con sus manitas.
Brielle la tomó con cuidado y preguntó:
—¿Hace calor? Ah… ¿a los espíritus les cuesta quedarse fuera del bosque por mucho tiempo? Entonces ve a descansar. Te llamaré cuando quiera verte.
Con una sonrisa brillante, Riria frotó su mejilla contra la de Brielle y desapareció.
Levin le preguntó a Brielle:
—Cuando cancelas la invocación de Riria, ¿a dónde se va? No me digas que al subespacio.
—No, se va al Reino Espiritual.
—¿El Reino Espiritual? ¿O sea que sí hay un mundo donde viven los espíritus?
—Según Riria, sí. Pero dice que ahorita está solitario porque no hay otros espíritus ahí.
—¡Órale! No tenía ni idea de que existiera un Reino Espiritual.
—Bueno, es más raro saberlo que no saberlo. Ni siquiera los elfos nacidos en la Tierra lo conocen. Yo tampoco lo sabía hasta que conocí a Riria.
—Entonces ahorita… ¿solo están Riria y Yurie?
—Por ahora, sí. Pero conforme nazcan más espíritus, el Reino Espiritual se volverá más animado. Yurie abrió la puerta, y Riria ensanchó el camino. Y si le sumas los deseos de los elfos… es cuestión de tiempo para que nazcan más espíritus.
—¡Ya entendí!
Levin sonrió por el conocimiento recién adquirido.
Su mirada se fue hacia Zeon, que caminaba adelante.
Gaia iba a su lado.
Se veía feliz, moviendo la cola mientras volaba, como un cachorrito que le empuja el brazo con la nariz.
Zeon le acarició la cabeza a Gaia y preguntó:
—Tengo una duda, Gaia.
—¿Pii?
—¿Por qué no plantaste la semilla del Árbol del Mundo? Este lugar parecía perfecto.
Gaia tenía la semilla del Árbol del Mundo guardada en el subespacio de Zeon.
El Bosque Primigenio tenía todas las condiciones necesarias para que echara raíces, y aun así Gaia se había contenido.
—¡Pii! ¡Pii! ¡Piii!
—Entonces, si el Árbol del Mundo echa raíces, ¿chuparía todos los nutrientes y mataría a los árboles jóvenes?
—¡Pii! ¡Pii!
—O sea que el Árbol del Mundo solo crece en lugares especiales, y el Bosque Primigenio no es uno de ellos.
—¡Pii!
Gaia asintió.
Zeon por fin entendió por qué no había plantado la semilla.
Le acarició la cabeza otra vez y dijo:
—Buen trabajo. Eres mejor que yo… pensaste hasta tan lejos.
—¡Piii!
Contenta por el elogio, Gaia se elevó hacia el cielo.
Zeon sonrió al verla planear como una ballena entre las nubes.
Había crecido mucho más, pero Gaia seguía siendo tan pura como una niña.
La mayoría de las bestias voladoras ni se atrevían a acercarse ya. Con solo verla, salían huyendo.
Ahora Gaia podía volar libremente por el cielo otra vez, sin miedo.
Nadaba por el aire con total naturalidad, siguiendo a Zeon y a los demás.
Un grupo de personas se había reunido en el desierto, a las afueras de los barrios bajos.
Ahí estaban el Viejo Klexi, Yoo Sehee y los miembros élite de su Mercado Goblin.
Frente a ellos estaba un hombre de mediana edad con aspecto demacrado.
Era Bryce, el alquimista.
Delante de él había un gran barril lleno de endurecedor de arena, hecho con fluidos corporales de hormigas acorazadas.
Después de que el equipo regresó a salvo tras recolectar los cadáveres de las hormigas en el desierto, Bryce se encerró para fabricar el endurecedor.
Hoy era el día de probar su efectividad.
El Viejo Klexi se ajustó los lentes con un dedo y preguntó:
—¿Así que en ese barril está tu endurecedor de arena?
—¡Sí, señor!
—Entonces veamos qué tal jala.
—¡Sí, señor!
Bryce se inclinó respetuosamente y llamó a los trabajadores que estaban listos.
Como Bryce los había entrenado a fondo, se movían con coordinación perfecta.
Primero nivelaron el terreno y juntaron arena en un solo montón.
Luego la tamizaron para quedarse solo con los granos finos, y la mezclaron con agua y el endurecedor.
El Viejo Klexi observaba con atención.
—¿Dices que con ese barril solo se pueden construir cientos de casas?
—Así es.
—Si de verdad podemos levantar casas bien hechas con esto, sería una revolución.
—Yo también tengo esperanza. Estamos hablando de hogares para decenas de miles.
Los trabajadores moldearon la mezcla de arena en ladrillos.
En poco tiempo, habían producido cientos de ladrillos.
El Viejo Klexi preguntó:
—¿Cuánto tardan en secarse?
—Unos treinta minutos.
—¿Tan rápido?
—Gracias a los fluidos de las hormigas acorazadas. Provocan un secado y endurecimiento acelerados. Una vez que se fijan, ni siquiera la lluvia fuerte se filtra.
—Suena prometedor.
Una sonrisa se asomó en el rostro arrugado del anciano.
La expresión de Yoo Sehee también se suavizó.
Klexi había construido el Mercado Goblin y el Ojo de Argos para proteger a la gente de los barrios bajos. Pero pese a sus esfuerzos, la vida de ellos no había mejorado.
La razón principal era la falta de vivienda adecuada.
Los barrios bajos ya estaban saturados.
Los edificios estaban amontonados como nido de hormigas: no había espacio para nuevas estructuras.
Y además era imposible conseguir materiales de construcción.
Todo lo útil ya se lo había quedado Neo Seoul.
Por eso la gente había sido obligada a vivir bajo tierra, en las alcantarillas apestosas.
Sin espacio en la superficie, no les quedaba de otra.
Por eso este proyecto era crucial.
Si de verdad podían construir casas utilizables solo con arena y endurecedor, la gente ya no tendría que vivir en las alcantarillas.
La única preocupación eran los ataques de monstruos, pero el campo antimágico de Neo Seoul mantenía a la mayoría a raya.
Klexi y Yoo Sehee observaron en silencio el trabajo.
Tras unos treinta minutos, los ladrillos estuvieron listos.
Tok tok.
Bryce golpeó uno, sonriendo.
—Perfecto. Empecemos a construir. Como dije, rocién endurecedor diluido en la superficie de los ladrillos mientras los van apilando.
—¡Sí, señor!
Los trabajadores, con rociadores de endurecedor diluido, comenzaron a apilar los ladrillos.
Chhh… Chhh…
Tras unas tres horas, la casa tomó forma.
Solo faltaba el techo.
Hicieron tejas con más arena y endurecedor, colocándolas una por una hasta completar la cubierta.
La multitud reunida al frente soltó exclamaciones asombradas.
—¡Ooooh!
—¡Guau! Una casa entera, así nomás.
Klexi y Yoo Sehee fueron los primeros en entrar.
El aire estaba fresco.
Los ladrillos de arena habían bloqueado perfectamente el calor de afuera.
Tocaron las paredes mientras hablaban.
—Esto está muy bien.
—Sí. Con algo de mobiliario, la gente podría vivir aquí de inmediato.
—Valió la pena el esfuerzo. Dijiste que también es impermeable, ¿verdad?
—¡Sí! Ni una gota se filtró durante el último aguacero del desierto.
—¡Excelente! ¡Excelente!
Klexi soltó una exclamación tras otra.
Tenía mucho que no mostraba tanta emoción.
Los demás también estaban impresionados, recorriendo la casa terminada.
—Esto está mejor que donde vivo ahorita.
—No puedo creer que esto se hizo con pura arena.
—Esto sí es una revolución.
La idea de que una casa pudiera construirse tan rápido y con casi nada de materiales era impactante.
Klexi le dijo a Yoo Sehee:
—Construyamos mil como prueba.
—¿Mil? Eso va a llamar la atención del Ayuntamiento. Si no nos cuidamos, podrían simplemente confiscar el endurecedor.
—Yo me encargo. Hay demasiada gente que lo necesita desesperadamente. Tú nada más sígueme la corriente.
—Está bien.
Yoo Sehee asintió.
Aunque Klexi ya se había retirado, si decidía moverse, ni el Ayuntamiento podía actuar a la ligera.
En ese momento, uno de los Despiertos del Mercado Goblin llegó corriendo.
—¡Presidenta, Anciano!
—¿Qué pasa?
—¡Zeon y su grupo han regresado!
—¿Es cierto?
—¡Sí! La gente los vio entrando a la fortaleza.
Los ojos de Yoo Sehee se iluminaron.
—Necesito verlo. Ahora mismo.