Maestro del Debuff - Capítulo 1205

  1. Home
  2. All novels
  3. Maestro del Debuff
  4. Capítulo 1205
Prev
Next
Novel Info
                 

Me aseguraré de que mueras de la forma más dolorosa posible, maldito bastardo.

Siegfried tenía la intención de darle a Plague un trato muy especial.

Casi veinte mil ciudadanos del Imperio Proatine habían perecido por la plaga, así que pensaba hacerle pagar un precio muy alto por ello.

—Mocoso. Al menos habrías seguido con vida si simplemente me hubieras ignorado —dijo Plague con arrogancia.

Estaba completamente ajeno a la furia de Siegfried.

—¿Quién? ¿Yo? ¡Pfft! —se burló Siegfried, señalándose a sí mismo. Luego, soltó una sonrisa desdeñosa—. Si vas a hablar, al menos di algo que tenga sentido.

—Kuhuhu… Pronto me rogarás que te mate, mortal insensato —dijo Plague con una risa siniestra.

—Ya veremos quién termina rogando —respondió Siegfried con un encogimiento de hombros, con una calma total.

Y estaba calmado por una buena razón.

Siegfried no le tenía el menor miedo a Plague, ya que la mayoría de sus ataques obviamente estarían basados en virus.

Poseía un cuerpo inmune a todas las toxinas, lo que lo hacía invulnerable a cualquier cosa que Plague pudiera desatar contra él.

Eso significaba que Siegfried lucharía con todas sus habilidades intactas, mientras que las habilidades principales de Plague quedarían inutilizadas.

Aunque aún no habían empezado a pelear, la victoria unilateral de Siegfried ya estaba prácticamente garantizada.

—Te concederé la muerte más espantosa que le he dado jamás a nadie —dijo Plague con confianza, liberando una oleada de miasma negro.

Era una niebla nociva llena del temible virus de la Peste Negra, un tipo de virus que podía matar a su huésped en cuestión de minutos.

¡Shwaaa…!

El miasma negro se enroscó alrededor de Siegfried como una serpiente deslizándose.

—Ugh… Esta cosa apesta —gruñó Siegfried, frunciendo la nariz ante el hedor a pescado podrido que arrastraba el miasma.

De haberlo sabido, al menos se habría puesto una mascarilla para bloquear el olor, pero por desgracia ya era tarde para eso.

—¡Kuhuhu! ¡Pronto te retorcerás de dolor y te arrastrarás ante mí suplicando! —cacareó Plague, totalmente convencido de que Siegfried había sido infectado.

Después de todo, el virus que manejaba era la misma plaga que en el pasado había llegado a infectar incluso a los ángeles.

Uno tendría que estar al nivel de un arcángel para resistir la plaga que él desataba.

Sin embargo, no tardó ni cinco minutos en ver cómo sus expectativas se hacían añicos.

¿Eh?

Plague estaba visiblemente confundido al ver que Siegfried no mostraba ninguna señal de colapso, a pesar de que había pasado bastante tiempo desde que fue infectado por el virus de la Peste Negra.

Ya debería estar tosiendo sangre y todo su cuerpo tendría que haberse vuelto negro…, pensó Plague, observando atentamente a su oponente.

Sin embargo, Siegfried se estaba sacando un moco y parecía aburrido. Era como si no le estuviera pasando absolutamente nada.

¿Será simplemente más fuerte que los demás? ¿Por eso está tardando más?, se preguntó Plague, cada vez más inquieto.

Esperó y esperó, pero Siegfried seguía sin verse afectado.

De hecho, Siegfried incluso empezó a charlar tranquilamente con Hamchi.

—Oye, Hamchi, ¿a dónde vamos después de esto?

—¡Kyuuu! ¡Vamos a otra Antigua Mazmorra!

—¿Vamos?

Siegfried actuaba como si Plague ni siquiera existiera.

—…

Por un momento, Plague se quedó sin palabras, completamente estupefacto ante el espectáculo absurdo que tenía delante.

¿No me digas que… mi virus no le hace efecto…?

En cuanto llegó a esa conclusión…

—Oye, ¿eso es todo lo que tienes? ¿No tienes nada más? —le gritó Siegfried a Plague con total naturalidad.

—¿Q-Qué?

—Te estoy preguntando si eso es todo lo que tienes. En serio, ¿esto es todo? Es bastante patético, ¿sabes? —dijo Siegfried, agitando la mano como si estuviera espantando el miasma negro.

—¡C-Claro que no! ¡Esto no es todo! —replicó Plague.

Entonces, de inmediato desató uno tras otro sus virus más potentes contra Siegfried.

[¡Has recibido 0 de daño!]
[¡Has recibido 0 de daño!]
[¡Has recibido 0 de daño!]
[¡Has recibido 0 de daño!]

(…omitido…)

[¡Has recibido 0 de daño!]

Una cadena de notificaciones apareció ante los ojos de Siegfried, informándole de que no había recibido absolutamente ningún daño.

Esa era una de las mayores fortalezas de Siegfried.

No solo era el depredador natural de las clases de tipo mago, sino también la pesadilla de cualquier clase que dependiera de venenos o ataques bioquímicos basados en virus. Los magos no podían usar sus habilidades correctamente contra él, mientras que los ataques bioquímicos apenas le causaban daño.

—¡E-Eso es imposibruuu! —gritó Plague, con la voz temblorosa por la conmoción. Solo entonces se dio cuenta de que ninguno de sus ataques había surtido efecto alguno sobre Siegfried.

Plague era el Señor de la Pestilencia, un ser que había propagado innumerables virus y provocado masacres generalizadas en tiempos antiguos, pero ante Siegfried no era más que una criatura corriente soltando desagradables gases.

Siegfried sacó su +10 Sky Piercer y dijo:

—Parece que ya se te acabaron los trucos.

—¡E-Espera…!

—Si ya terminaste, entonces ahora te toca recibir una paliza.

Con esas palabras, Siegfried caminó hacia Plague con la lanza en la mano.

Mientras tanto, Cheon Woo-Jin estaba vigilando el Continente Nurburg vía satélite cuando detectó otra anomalía.

—¿Pero qué demonios…?

Notó una concentración masiva en la Montaña Cabeza de Dragón, situada justo en el extremo del territorio del Imperio Marchioni.

Enfocó la vigilancia en ese lugar y…

—Estos malditos lunáticos…

Cheon Woo-Jin no pudo evitar negar con la cabeza al darse cuenta del objetivo del Imperio Marchioni.

Decenas de miles de magos se estaban reuniendo en la Montaña Cabeza de Dragón, y estaban creando un círculo mágico enorme.

Los ingenieros militares del Imperio Marchioni también estaban llevando a cabo obras de movimiento de tierra a gran escala. Era evidente de un vistazo que planeaban provocar artificialmente una erupción volcánica, enviando lava y ceniza volcánica hacia el Imperio Proatine.

—En serio me vas a deber una muy grande por esto, Han Tae-Sung —murmuró Cheon Woo-Jin.

Luego, se teletransportó de inmediato al lugar donde se encontraba Siegfried.

Necesitaba informarle enseguida para que el Imperio Proatine pudiera prepararse y contrarrestar el siniestro plan del Imperio Marchioni.

—…¿A quién demonios está golpeando ahora?

Para cuando Cheon Woo-Jin se teletransportó al lugar de Siegfried, no pudo evitar negar con la cabeza ante la inesperada escena que lo recibió.

Siegfried estaba apaleando a puño limpio a una criatura con aspecto demoníaco. A juzgar por el hecho de que incluso había dejado a un lado su arma, era evidente que no estaba intentando matar al pobre desgraciado.

Cheon Woo-Jin no tenía ni idea de qué había hecho esa criatura demoníaca, pero estaba seguro de que había hecho algo que enfureció muchísimo a Siegfried, viendo la paliza que estaba recibiendo.

—¡Kyuuuu! ¡Bienvenido, Cheon Woo-Jin!

Hamchi, que estaba mirando desde un lado, vio a Cheon Woo-Jin y corrió hacia él.

—¿Qué está pasando? ¿Qué demonios está haciendo ahora mismo?

—¡Kyuuu! ¡El dueño le está dando una lección a ese bastardo!

—¿Eh? ¿Qué hizo?

—¡Ese demonio causó problemas! ¡El dueño lo está castigando por eso! ¡Kyuuu!

Hamchi le explicó rápidamente lo que había pasado.

—Ah, ya veo. Sí, entiendo por qué está tan furioso —dijo Cheon Woo-Jin, asintiendo. Podía comprender lo que sucedía, ya que sabía mejor que nadie cuánto valoraba Siegfried a su gente. Por eso, no era extraño que estuviera moliendo a golpes a Plague, el responsable de la epidemia que se llevó las vidas de su pueblo.

—¿Cómo has estado estos días? —preguntó Cheon Woo-Jin.

—¡Kyuuu! ¡Hamchi ha estado ocupado siguiendo al dueño a todas partes todo el tiempo! —respondió Hamchi.

Cheon Woo-Jin mató el tiempo charlando sin más con Hamchi mientras esperaba a que Siegfried terminara de desahogar su rabia sobre la criatura demoníaca.

—¡Apenas estoy empezando! ¡Ni se te ocurra morirte tan fácilmente!

—¡Ack! ¡P-Por favor…! ¡M-Misericordia… ackkk!

A pesar de ser un demonio que una vez estuvo encarcelado en el Purgatorio, Plague estaba siendo brutalmente apaleado hasta quedar hecho una miseria. Siegfried no tenía intención de rematarlo, así que solo lo golpeaba en zonas no vitales. Por eso, Plague era incapaz de morir y se vio obligado a soportar tres horas de una paliza despiadada.

—¡Oye! ¡Ya es suficiente, Han Tae-Sung! —gritó Cheon Woo-Jin.

Su plan había sido esperar a que Siegfried se desahogara, pero terminó interrumpiéndolo porque ya se había cansado de esperar.

—¿Eh? ¿Cuándo llegaste? —murmuró Siegfried, ladeando la cabeza. Estaba tan absorto en golpear a Plague que ni siquiera había notado la presencia de Cheon Woo-Jin.

—Termina ya. Tengo algo importante que decirte.

—¿Qué es? Dilo ahora. ¡Te escucho perfectamente!

Siegfried siguió lanzándole puñetazos al plexo solar de Plague mientras hablaba.

Mientras tanto, Plague lloraba mientras soportaba los golpes. ¡E-Este tipo es el diablo! ¡Es el mismísimo diablo!

—¡Ahora no es momento para eso! ¡El Imperio Marchioni está tramando algo gordo para joderte!

—¿Eh? ¿Y ahora qué están planeando?

—Están intentando… —Cheon Woo-Jin procedió a explicarle lo que estaba ocurriendo en la Montaña Cabeza de Dragón.

—¡Esos hijos de puta! ¡Malditos bastardos!

—¡Gaaagh!

La furia de Siegfried se encendió todavía más, y Plague pagó las consecuencias.

—Así que deja de perder el tiempo con una basura así y acaba de una vez con él —gruñó Cheon Woo-Jin.

—Está bien, entendido —respondió Siegfried, asintiendo. Luego se dio la vuelta y murmuró—: Maldita sea… Esos bastardos no dejan de intentar apuñalarme por la espalda con sus sucios trucos. ¡Voy a matarlos a todos!

Estaba furioso no solo por las descaradas y rastreras tácticas del Imperio Marchioni, sino también por el hecho de que no tenía una forma clara de devolverles el golpe.

Se sentía frustrado sin fin. La guerra no era una opción, y presentar una protesta formal no serviría de nada.

Tengo que idear algo. Ni de broma voy a dejar esto así, pensó Siegfried, con la mente acelerada mientras intentaba pensar en una represalia.

Justo entonces…

Espera… ¿Y si suelto a este tipo en el Imperio Marchioni?

Una idea brillante se le ocurrió.

Para Siegfried, Plague no era más que un saco de boxeo, un maniquí de entrenamiento andante que olía mal. Sin embargo, Plague no era diferente de un arma biológica ambulante cuando se lo colocaba en una gran ciudad con una enorme población.

Si Plague viajaba por el Imperio Marchioni propagando su virus por todas partes, las bajas serían catastróficas.

—Oye —llamó Siegfried, deteniendo la paliza.

—¿…? —Plague asomó la vista entre los dedos.

—¿Quieres hacerme un pequeño trabajo? —preguntó Siegfried con una sonrisa.

—¿Q-Qué quiere decir con eso, s-señor? —preguntó Plague a su vez, quedándose helado ante aquella propuesta inesperada. Luego pensó: ¿Q-Qué está tramando ahora este diablo?

No podía entender por qué de repente le estaban ofreciendo un trato después de haber sido torturado sin piedad durante horas.

—No es nada difícil. Solo digo que deberíamos trabajar juntos. Mira cómo estás ahora mismo. Tsk, tsk… ¡Qué desastre! ¿No te parece que todo esto es inútil? ¿No estamos simplemente perdiendo el tiempo? —dijo Siegfried, ayudando al demonio a ponerse en pie y sacudiéndole el polvo.

¿Q-Qué truco es este? ¿Qué está tramando este diablo?, tembló Plague, convencido de que se acercaba una tortura muchísimo más cruel.

—Oye, tú quieres vivir, ¿verdad? —preguntó Siegfried, rodeándole los hombros con un brazo.

—S-Sí, quiero vivir, señor. Pero…

—Puedo matarte con los ojos cerrados. Pero, siendo sincero, siento que sería un desperdicio matar a alguien tan talentoso como tú.

—¿Eh…?

—Así que estaba pensando en perdonarte la vida si me juras obediencia absoluta. ¿Qué te parece?

—E-Eso…

—Es mejor que desaparecer para siempre, ¿no? Ah, por cierto, sabes lo que le pasó a tu hermano, ¿verdad? Yo fui quien lo mató, por si acaso.

—¡¿Q-Qué?! —Plague se estremeció ante aquella revelación. Su hermano, Romulus, era uno de los temidos Cuatro Apocalipsis, la encarnación misma de toda enfermedad.

Sin embargo, ¿el hombre que tenía delante realmente había asesinado a Romulus?

El terror se apoderó del corazón de Plague.

Creo que… esta vez sí la jodí de verdad…, pensó Plague.

Por desgracia, para cuando comprendió lo que estaba ocurriendo ya era demasiado tarde.

Siegfried no era de los que soltaba una presa una vez había clavado las garras en ella.

Así que Plague solo tenía dos opciones: ser golpeado hasta desaparecer y morir, o arrodillarse y someterse para sobrevivir.

—Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres morir o…?

—¡M-Me someto! ¡Le juro absoluta lealtad, señor!

—¿Oh?

Plague se puso de pie de un salto y saludó como un soldado frente a su comandante.

—¡Lealtad! ¡Lealtad! ¡Lealtad!

Los métodos de rehabilitación de Siegfried eran tan eficaces que incluso el Señor de la Pestilencia quedó rehabilitado tras una sola sesión.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

Apoya a este sitio web

Si te gusta lo que hacemos, por favor, apóyame en Ko-fi

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first