La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 38

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La razón por la que había seguido al presidente Jang era porque pensó que, por fin, podría obtener una respuesta clara a la pregunta que más lo había confundido durante todo este tiempo.

—No es eso. Solo escuché que usted lo presionó para que se casara y que, cuando él se negó, le dijo que si no quería casarse, al menos tuviera un hijo con un omega.

Eunsol habló con honestidad mientras observaba atentamente cualquier cambio en su expresión o en su mirada.

El presidente Jang se acarició la mejilla perfectamente afeitada y dejó escapar un largo:

—Mmm…

—Bueno, eso quedó expresado de una forma un poco ambigua. Parece que hubo espacio para un malentendido.

—¿Un malentendido?

—Sí. Lo que yo quería no era simplemente que Jaebeom tuviera un hijo. Si ese hubiera sido el caso, podría haberle puesto un omega al lado cuando entrara en celo. ¿No habría sido la forma más rápida?

Pensándolo bien, tenía razón.

Eunsol asintió inmediatamente, y el presidente Jang golpeó el suelo con el bastón para enfatizar sus palabras.

—Yo hice mi parte con sinceridad. Busqué omegas disponibles y organicé varias reuniones, pero ese bastardo siempre encontraba alguna excusa para rechazarlas.

—¿Le organizó citas?

Pero Pyo Jaebeom no era alguien que obedeciera fácilmente.

Tal como decía el presidente Jang, podía imaginarlo inventando toda clase de excusas para evitar aquellos encuentros.

—¿Citas? ¡Qué citas! Solo hice que alfas y omegas se conocieran de forma natural. Bueno, usando términos modernos, algo parecido a una cita a ciegas. Eso es todo. No me confundas con un anciano anticuado.

La verdad, solo había que mirar su forma de vestir.

Mostraba discretamente algunas marcas de lujo, pero a primera vista parecía una persona sencilla.

En cambio, el secretario que permanecía detrás del presidente Jang, como si fuera su guardián, transmitía una imagen mucho más intelectual y refinada.

‘Se parece a un banquero estricto o a alguien del sector financiero.’

Llevarse mal con una persona así sería agotador.

Si uno sentía que había hecho algo mal, era mejor disculparse de inmediato.

Si dejabas pasar el momento, probablemente sufrirías durante medio año.

Aquella conclusión nacía completamente de la experiencia de Eunsol con una persona de aspecto similar que había conocido durante un rodaje y que le había hecho la vida imposible.

Ahora que lo pensaba, realmente se parecía a aquella persona.

—Pero ¿qué se le va a hacer? Siempre se me escapa como una anguila. Supongo que tendré que decirle que él mismo me traiga a la persona.

—¿Sabía que el presidente publicó un anuncio de empleo?

—¿Oh? ¿Lo hizo?

El presidente Jang miró al secretario principal que permanecía detrás de él.

La mirada interrogante hizo que el hombre inclinara la cabeza.

—Vaya… Ese chico. Sí que sabe cómo pensar.

Eunsol no comprendía por qué otra vez tenía esa expresión de admiración.

‘Ahora entiendo lo que significa que la sangre pesa más que el agua.’

A estas alturas, resultaba imposible negar que toda la cadena de acontecimientos que terminó con su embarazo había sido orquestada por Pyo Jaebeom.

¡El problema era que quien terminó pagando las consecuencias fue él!

—Entonces, ¿fuiste a buscar a Jaebeom después de ver el anuncio?

—No.

El presidente Jang mostró una expresión confundida ante la respuesta de Eunsol.

Él lo dejó aún más claro.

—Fui secuestrado y retenido contra mi voluntad.

—¿Qué?

El presidente Jang se quedó atónito.

Se volvió hacia el secretario principal, exigiéndole una explicación adecuada.

—Parece que hubo algún malentendido que condujo a esta situación.

¿Un malentendido?

Eso será desde su punto de vista.

¿Saben lo que se siente al despertar y encontrarse arrodillado frente a un grupo de gánsteres?

¿Saben lo que se siente cuando un desconocido que dice ser tu padre se lleva todo tu dinero y desaparece?

‘¡Olvídense de eso! ¿Quién podría entender esta situación? ¡Viví toda mi vida como beta, de repente me convertí en omega y ahora estoy embarazado!’

Eunsol golpeó el suelo con el pie de pura indignación.

El presidente Jang, que estaba pidiendo más explicaciones al secretario, volvió la cabeza al escuchar aquella reacción.

—Oh. Debes tener cuidado. No puedes actuar tan impulsivamente durante las primeras etapas. Además, el bebé será un alfa dominante y apenas está comenzando a desarrollarse.

Incluso en medio de todo aquello, las palabras del presidente Jang, que priorizaban al feto antes que a él, lo hicieron sentir agraviado.

—¡Exactamente! ¡Yo no elegí esto! ¡Mi opinión no fue tomada en cuenta en absoluto en este contrato! ¿Qué piensa de esta situación, padre del presidente?

Eunsol se dirigió deliberadamente a él no como presidente Jang, sino como el padre de Pyo Jaebeom.

Sin embargo, lo único que recibió a cambio fue una mirada extraña.

No solo el presidente Jang.

El secretario también lo miraba de una forma similar.

‘¿Qué demonios? ¿Por qué me miran así?’

Justo cuando Eunsol se quedó desconcertado…

—¡Puaj! ¡Puajajaja! ¡Puajajajaja!

La risa del presidente Jang resonó en el lugar.

Era una carcajada tan ligera que costaba creer que proviniera del presidente de una organización criminal.

Y, como si eso no fuera suficiente, golpeaba repetidamente el suelo con el bastón, como si acabara de presenciar la mejor comedia del mundo.

Al ver aquello, Eunsol se sintió confundido y, al mismo tiempo, extrañamente incómodo.

—Realmente me gustas. ¡Eres perfecto para Jaebeom! ¡Son una pareja perfecta! ¡Perfecta, perfecta!

Verlo reír tan alegremente después de hacerlo sentir incómodo solo incrementó el resentimiento de Eunsol.

Su descontento debió reflejarse claramente en su rostro.

Incluso mientras Eunsol hacía un puchero, el presidente Jang seguía riendo a carcajadas, haciendo que todos a su alrededor se sintieran incómodos.

Si el secretario no hubiera aclarado la garganta para indicarle que se calmara, ni siquiera quería imaginar cuánto tiempo más habría continuado.

‘Con razón Jaebeom no lo soporta.’

Dicen que las personas más detestan a quienes más se parecen a ellas.

Para Eunsol, Pyo Jaebeom era prácticamente la viva imagen del presidente Jang.

Aunque fuera su padre adoptivo y no compartieran sangre, sus expresiones, su mirada, sus gestos e incluso su forma de hablar eran sorprendentemente parecidos.

—Ay, ay… Me duele el estómago.

La expresión del presidente Jang cambió mientras golpeaba el suelo con el bastón, todavía divertido.

La agudeza de su mirada hizo que Eunsol se tensara involuntariamente.

Había pensado que tenía un rostro amable, pero ahora entendía por qué era el presidente de una organización.

—Oye, ¿Jaebeom te rastrea o algo así?

—¿Eh?

¿De qué estaba hablando?

Eunsol inclinó la cabeza, confundido, antes de darse cuenta de que el presidente Jang estaba mirando por encima de su hombro.

El secretario principal observaba exactamente la misma dirección.

Siguiendo sus miradas, Eunsol se dio la vuelta.

—¿Están teniendo una reunión secreta?

No muy lejos, Pyo Jaebeom estaba apoyado despreocupadamente contra una columna, con los brazos cruzados.

—¿Una reunión secreta? No es para tanto.

El presidente Jang respondió a la observación de Pyo Jaebeom.

La expresión severa que había mostrado hacía unos momentos se había desvanecido por completo, devolviéndole aquella apariencia amistosa que le recordaba a la mascota de una hamburguesería.

Pero esta vez Eunsol no se dejó engañar.

Acababa de comprobar que aquella expresión era completamente fingida.

—Claro que sí. Reunirse en un lugar tan apartado normalmente significa que están hablando de algo secreto, ¿no?

Sin mostrar el menor respeto hacia los mayores, Pyo Jaebeom se sentó tranquilamente al lado de Eunsol.

Eunsol lo observó sentarse y luego volvió la mirada hacia el presidente Jang.

—Dígame usted. ¿Qué estaban haciendo aquí?

Como si le molestara encontrar a Eunsol junto al presidente Jang, Pyo Jaebeom se dirigió a él.

No parecía una pregunta.

Más bien, una provocación.

—Como puedes ver, estábamos tomando té.

—¿Mmm?

Solo entonces Eunsol se dio cuenta.

Su tono de voz se parecía al del presidente Jang.

Comprender de dónde provenían algunas actitudes de Pyo Jaebeom le produjo una sensación extraña.

—No tuve elección. Estaba dando un paseo cuando apareció de repente y me exigió que viniera de inmediato. ¿Qué podía hacer?

—Ese comportamiento me recuerda a cierta persona.

Eunsol lanzó la observación mientras miraba a Pyo Jaebeom.

Pero aquel alfa descarado no mostró el menor interés en entender el significado de sus palabras.

—Qué persona tan poco considerada. Si fue así, deberías haberme llamado enseguida.

En lugar de responder a aquel comentario descarado, Eunsol levantó ambas manos.

Las agitó alegremente, indicando que no tenía forma de ponerse en contacto con él.

Pyo Jaebeom soltó una sonrisa burlona ante aquel gesto.

—Está bien, lo que sea. Sigue así. Ya seré yo quien te busque. Y ahora, presidente. Dígame. ¿Para qué llamó a este niño?

Cruzando la pierna derecha con una postura arrogante, hablaba con cortesía, pero sus modales no mostraban el menor respeto hacia los mayores.

Curiosamente, aquella actitud le quedaba perfectamente a Pyo Jaebeom.

—¿Qué otra cosa iba a ser? Solo quería conocer al omega que vive contigo. ¿Verdad?

Eunsol no tenía ninguna intención de darle fácilmente la razón al presidente Jang.

—Cuando me preguntó cómo conocí al presidente, le dije que fui secuestrado y retenido contra mi voluntad.

—¿Qué?

Esa fue la reacción del presidente Jang.

Pyo Jaebeom miró a Eunsol como si dijera: «¿Ves?»

Parecía estar desafiándolo a continuar.

Así que Eunsol no se contuvo.

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