La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 347

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  4. Capítulo 347 - Telepatía
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El Dragón Azul permaneció frente a la puerta de Jiang Mosheng sin moverse, por si alguien intentaba molestarlo. Aunque se sentía inquieto, siguió fielmente las órdenes de su jefe.

Jiang Mosheng estaba en meditación, sin percepción alguna del paso del tiempo. Por instinto, se concentró en refinar su energía espiritual una y otra vez, haciéndola más sólida y pura, y luego la hizo circular por sus venas para romper la barrera invisible.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero bajo su persistente esfuerzo, aquella barrera finalmente “se resquebrajó”.

Jiang Mosheng se emocionó. Dirigió toda su energía espiritual hacia la grieta y siguió empujando con todas sus fuerzas.

La grieta se fue ampliando poco a poco hasta que por fin se rompió por completo. La energía espiritual, antes contenida, fluyó hacia un espacio más amplio. De repente, aquella energía furiosa se calmó y se volvió dócil, mientras sus venas se fortalecían y expandían con el flujo constante.

Jiang Mosheng observó su interior y descubrió que, además de su núcleo original, había aparecido una perla dorada similar a este. Probablemente era el núcleo dorado del que había hablado su pequeño koi.

Había alcanzado la Etapa del Núcleo Dorado de un solo salto. No era de extrañar que este avance hubiese sido tan lento y arduo.

Además del nuevo núcleo dorado, esta vez su súper núcleo también se había reparado por completo, como si nunca hubiera estado roto.

Aún más sorprendente fue que los restos de la toxina zerg, que había mantenido confinados durante tanto tiempo, fueron completamente arrastrados y disueltos por la energía espiritual avanzada. Toda traza de veneno desapareció.

A partir de ahora, ya no necesitaba contener su fuerza. Podría presentarse ante el público una vez más.

En el momento en que Jiang Mosheng alcanzó la Etapa del Núcleo Dorado, Yu Jinli —que se encontraba fabricando tarjetas de energía— lo sintió y se estremeció. Le dio la sensación de estar nadando en un océano cálido y reconfortante. La tarjeta de energía que estaba haciendo se arruinó, pero no le importó. Sonrió con alegría.

—Ah Mo —murmuró suavemente.

Jiang Mosheng pareció oír la llamada de su amado y despertó de la meditación con un espíritu renovado. Todas sus heridas internas estaban curadas. Se sentía más saludable que nunca. Si volvía a enfrentarse a Elvis, le bastaría la mitad del tiempo para derrotarlo.

Al verlo salir lleno de energía, el Dragón Azul por fin se sintió aliviado; su corazón, que había estado en vilo, volvió a su sitio.

—Jefe, ¿debería llamar al…? —empezó a decir, queriendo preguntar si necesitaba un médico, ya que antes de encerrarse no se encontraba bien.

Pero al verlo ahora, no había necesidad alguna. Se veía más fuerte que nunca.

—¿Obtuvieron la ubicación de las otras bases de Noru? —preguntó Jiang Mosheng de inmediato. Ese era su mayor interés en ese momento, pues era el objetivo principal de la misión. Solo cumpliéndola podrían regresar pronto a la Estrella Capital.

—Elvis no confiesa —respondió el Dragón Azul con impotencia.

Aquel hombre era un lunático. No importaba cuánto lo torturaran, no mostraba reacción alguna, e incluso a veces parecía disfrutarlo. Era repugnante.

Jiang Mosheng fue directamente al lugar donde Elvis estaba encerrado, evidentemente decidido a interrogarlo él mismo.

La prisión donde lo retenían era especial para mutantes de nivel S. Los mutantes de ese nivel eran tan poderosos que, si escapaban por descuido, resultaría casi imposible capturarlos de nuevo.

Los encargados de interrogar a Elvis estaban casi al borde de la locura. Al ver aparecer a Jiang Mosheng, sintieron que la salvación había llegado.

—Jefe, por fin salió —exclamó el Tigre Blanco al notar que Jiang Mosheng estaba completamente recuperado, dejando escapar un suspiro de alivio.

Él había sido quien más había torturado a Elvis, tanto para obtener información como para desahogarse. Pero se sorprendió al descubrir que el prisionero era capaz de soportar todos esos tormentos sin confesar nada.

Aun así, capturar al líder de Noru ya era un gran logro. Aunque no podían destruir toda la organización de inmediato, el grupo se estaba desmoronando y tarde o temprano sería eliminado por otras bandas.

Sin embargo, el subordinado de Elvis, el que había recibido la misión de matar a un Jiang, no estaba en ese campamento. Capturarlo era otro de sus objetivos.

Jiang Mosheng asintió brevemente al Tigre Blanco en señal de saludo y, sin preguntar por el progreso del interrogatorio, entró directamente en la celda de Elvis.

Cuando Elvis lo vio entrar, impecable y con un aire imponente, sus ojos se llenaron de veneno asesino y soltó una risa salvaje:

—¡Al infierno! ¡No te diré nada! ¡Nunca encontrarás a ninguno de…! ¡Ahhh!

Antes de terminar, un grito desgarrador resonó. Jiang Mosheng había destruido su poder mutante sin pronunciar palabra.

Incluso alguien tan fuerte como Elvis no podía soportar el dolor inimaginable de que le arrancaran su poder mutante, el cual ya formaba parte de su carne y sangre. El sufrimiento que un mutante experimentaba al perderlo era comparable a que le arrancaran el corazón.

Ningún tormento físico podía compararse con eso. Los ojos de Elvis, inyectados en sangre, casi se salían de sus órbitas. Miró a Jiang Mosheng con odio mortal, deseando destrozarlo. Pero esa oportunidad jamás llegaría.

—Ya eres un inútil —dijo Jiang Mosheng con voz helada—. Cualquiera podría torturarte ahora. ¿Vale la pena sufrir por gente que no te importa? Creo que eres lo bastante inteligente para saber qué elegir.

Los mutantes de nivel S no solo poseían un gran poder mutante, sino también una constitución física formidable. Por eso los castigos anteriores no le habían resultado insoportables.

Pero una vez que perdió su poder mutante, su cuerpo se debilitó al instante. Aquellos tormentos se volvieron insoportables.

Las palabras de Jiang Mosheng no eran una amenaza, sino un hecho.

Si no quería sufrir más, lo mejor era decir la verdad sobre las bases del grupo. Quizás así recibiría una muerte rápida y sin dolor.

Los ojos de Elvis se agrandaron de rabia, no solo porque le habían destruido su poder, sino porque Jiang Mosheng lo había hecho con tanta facilidad.

Hasta hace unos días estaban al mismo nivel, pero ahora, frente a él, Elvis sentía una presión abrumadora. Esa sensación solo podía provenir de un… ¡mutante de nivel SS!

¿Había avanzado Jiang Mosheng en apenas unos días? Elvis no quería creerlo, pero los hechos hablaban por sí solos.

No solo él estaba sorprendido. Todos los presentes quedaron pasmados. Destruir el poder de un mutante de nivel S con tanta facilidad era… aterrador.

Por suerte, todos eran subordinados de la familia Jiang. El ascenso del general Jiang significaba también el ascenso de ellos. Por eso estaban más emocionados que asustados.

—Jefe, ¿usted… ha avanzado? —preguntó el Tigre Blanco, todavía atónito.

—Supongo que sí —respondió Jiang Mosheng con calma.

En realidad, el avance se debía a su cultivo, pero como su súper núcleo se había reparado, la toxina había sido eliminada y su poder mutante se había fortalecido más que antes, aún debía probar si realmente había alcanzado el nivel SS.

—¡Por los cielos! Jefe, si avanzó, entonces su súper núcleo… —balbuceó el Tigre Blanco, tan emocionado que no podía ni expresarse.

—Está reparado —dijo Jiang Mosheng, mostrando por fin una leve sonrisa.

Las bestias divinas casi saltaron de alegría. Nadie volvió a prestar atención a Elvis.

Ya se habían sentido afortunados de que el núcleo del jefe estuviera recuperándose, ¡pero ahora no solo estaba reparado, sino que además había avanzado!

Un avance así no era algo común. Su poder mutante, que ya era de nivel S, había ascendido al nivel SS.

¡Era el segundo mutante de nivel SS en toda la Federación, y el único activo actualmente! Si Yu Hongrui y el presidente se enteraban, seguramente se pondrían furiosos.

—El cuñado debe de ser un dios de la suerte. Sin él, el jefe no habría tenido tanta fortuna. Jefe, debería recompensarlo bien cuando volvamos —dijo el Tigre Blanco tan exaltado que soltaba cualquier cosa sin pensar.

Pero Elvis ya no representaba ninguna amenaza. Incluso un mutante de nivel bajo podría acabar con él fácilmente.

—Te lo dejo a ti —dijo Jiang Mosheng, y sin hacer caso de los gritos de furia de Elvis, se marchó.

Iba a contarle la buena noticia a su pequeño koi. De no haber estado recuperándose justo después del avance, lo habría llamado antes.

Ahora que estaba completamente restablecido y Elvis estaba acabado, por fin podía hacerlo.

Después de sentir aquella extraña conexión, Yu Jinli había dejado de fabricar tarjetas de energía y piezas de mecha. Se sentó tranquilamente en el sofá de la sala, como si esperara algo.

Cuando el terminal personal sonó, Yu Jinli respondió al instante, como si hubiera estado esperando exactamente esa videollamada.

El rostro de Jiang Mosheng, más atractivo que nunca, apareció en la pantalla. Aunque ya lo había visto innumerables veces, Yu Jinli volvió a sonrojarse.

—Ah Mo… —dijo con timidez.

—Pequeño Jin-er, ¿has estado comiendo bien? —preguntó Jiang Mosheng con una sonrisa. Esa era la cuestión que más le preocupaba.

Yu Jinli asintió con su cabecita frente a la pantalla. —Voy a comer al comedor con Ah Ye todos los días.

En realidad, Liu Xingye le enviaba informes diarios a Jiang Mosheng sobre las comidas de Yu Jinli, así que él lo sabía todo al detalle. Pero aun así quería oírlo directamente de su pequeño.

—Buen chico. Volveré pronto —dijo Jiang Mosheng con voz suave, sus ojos llenos de ternura.

Yu Jinli se puso muy feliz al oírlo y preguntó: —¿De verdad? ¿Cuándo?

Aunque solo llevaban unos días separados, para él se sentían como años. Deseaba verlo de inmediato.

Pensando en la sensación extraña que había tenido antes en el laboratorio, Yu Jinli preguntó:

—Ah Mo, ¿avanzaste?

Jiang Mosheng se sorprendió un poco.

La razón por la que lo había llamado era para preguntarle si había comido bien y compartir con él la alegría de su avance. Pero antes de decirlo, su pequeño ya lo sabía.

—Pequeño Jin-er, ¿acaso tienes telepatía conmigo? ¿Por eso supiste en el instante que avancé? —preguntó Jiang Mosheng con una sonrisa traviesa.

Solo pretendía bromear con su pequeño koi, pero para su sorpresa, el otro se sonrojó aún más… y asintió.

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