La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 346
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- Capítulo 346 - Jiang Mosheng avanza
Con la constante liberación del poder mutante de Jiang Mosheng, sus superbestias y Pokémon atacaban con más fiereza y no dejaban a las superbestias de Elvis espacio para contraatacar. Solo Elvis liberaba de vez en cuando un poco de poder mutante para atacar, lo cual también dañaba a sus propias superbestias y aceleraba el consumo de su poder mutante.
El resultado de la batalla no ofrecía dudas. Dragón Azur y Tigre Blanco ayudaron a los soldados a detener a todos los gangsters restantes y les sacaron a la fuerza la ubicación de otros bastiones.
Qué pena que la mayoría de los gangsters arrestados no fueran nadie importante y no supieran cosas tan trascendentes como la ubicación de los bastiones. Para averiguarlo, había que sacarle la información a Elvis.
Al ver que no se podía obtener una pista, Dragón Azur y Tigre Blanco bajaron de la nave de combate con la intención de ayudar al jefe a someter a Elvis cuanto antes, para así poder destruir todos los bastiones de Noru y regresar antes a la estrella capital.
Sin embargo, Jiang Mosheng, al mandar a sus superbestias a golpear a Elvis, sintió de repente un alboroto en su dantian. El poder de la fe que lo rodeaba comenzó a girar velozmente, compitiendo por entrar en su cuerpo.
Iba a avanzar —no un avance pequeño, sino uno significativo.
En otro tiempo y lugar, Jiang Mosheng no habría comenzado de inmediato a meditar y dar inicio al avance. Sin embargo, en ese momento, si lo hacía, no solo sería peligroso para los demás que peleaban contra Elvis, sino incluso para él mismo.
Su avance estaba próximo, y tras haber usado una gran cantidad de energía espiritual, lo que había refinado su interior y empujado el avance.
Jiang Mosheng luchó por calmar la energía espiritual inquieta en su dantian y detuvo el poder de la fe para que no entrara en su cuerpo. Pasará lo que pasará, debía capturar a Elvis antes de permitirse avanzar.
Estar al borde del avance mientras se lo reprime fácilmente podría dañar el cuerpo del cultivador. En el peor de los casos, el cultivador podría quedarse estancado y no avanzar nunca más.
Pero en ese preciso lugar y momento, para Jiang Mosheng era demasiado peligroso avanzar, porque no era el único que corría peligro.
Elvis pareció percibir que algo andaba mal con Jiang Mosheng; sus ojos brillaron, sintiendo que era su oportunidad, y salió liberando poder mutante. Sus superbestias lucharon con más ferocidad, mientras él concentraba todo su poder mutante restante en la palma derecha formando una gigantesca bola eléctrica.
Siempre que la bola eléctrica alcanzara a Jiang Mosheng, lo consumiría hasta dejarlo hecho cenizas.
Era la última carta de Elvis: una oportunidad que, una vez perdida, no iba a repetirse. Así que, sin dudarlo, lanzó la bola eléctrica hacia Jiang Mosheng.
En ese momento, Jiang Mosheng había puesto casi toda su fuerza en suprimir el avance espiritual. Al sentir el peligro que se aproximaba, su reacción sería mucho más lenta de lo habitual. No le resultaba fácil movilizar energía espiritual para resistir la bola eléctrica.
La energía espiritual hervía en su dantian. Si continuaba luchando con energía espiritual, solo avivaría aún más el proceso y podría causarle heridas internas graves. Entonces, aun sin el ataque de Elvis, podría acabar dañado por sí mismo.
—¡Jefe! —al ver la bola eléctrica arremeter contra Jiang Mosheng, Dragón Azur y los demás se llenaron de consternación y corrieron hacia él rompiendo sus límites de fuerza, intentando resistir la bola eléctrica en su lugar.
Aunque no entendían qué le ocurría a su jefe ni por qué no había percibido la llegada de la bola eléctrica, no era momento de razonar: debían asegurarse de que el jefe estuviera a salvo, aunque fuera a costa de sus vidas.
Sin embargo, Dragón Azur y Tigre Blanco estaban más lejos que la bola eléctrica y eran más lentos que ésta. Era imposible que llegaran a tiempo para sufrir el ataque por él. Lo único que podían hacer era ver cómo se acercaba cada vez más.
Las venas se les hincharon en la frente y los ojos casi se les salieron. Se sentían angustiados y enfurecidos a la vez. Sabían que no podían derrotar a Elvis, pero aun así atacaron con desesperación.
Si no podían proteger al jefe de la bola eléctrica, ¡que Elvis se fuera al infierno!
La rabia despierta el potencial humano. Eso fue lo que sucedió con Dragón Azur y Tigre Blanco. En una situación normal no podrían vencer a Elvis, pero enfurecidos, su capacidad de ataque mejoró; y como Elvis había volcado todo su poder mutante en la bola eléctrica, ya no podía resistir los ataques de Dragón Azur y Tigre Blanco y salió más seriamente herido.
Sin embargo, cuanto más dolor sentía, más loco se volvía Elvis, porque había matado al dios de guerra de la Federación.
—Jaja. El dios de la guerra. Dios de la guerra mi trasero. Me lo cargué yo. Jaja… —Elvis se rió como un demente y, al ver aquello, estaba tan engreído que ignoró por completo los ataques de Dragón Azur y Tigre Blanco.
Los dos estaban furiosos y, oyendo lo que Elvis decía, solo deseaban despedazarlo.
—¡Pika! —sonó una voz crujiente y adorable. La bola eléctrica que venía hacia Jiang Mosheng, capaz de devorar a una persona, debería empequeñecerse hasta desaparecer por completo, mostrando a Jiang Mosheng detrás de ella.
Al verla, Elvis, que se reía a lo loco, mostró una expresión de incredulidad inusual en él, y se enfureció aún más al ver a Jiang Mosheng, sano y salvo, caminando hacia él.
—No puede ser. ¿Cómo es posible? —Elvis no daba crédito a sus ojos. ¿Cómo esa bola eléctrica que contenía todo su poder mutante no alcanzaba siquiera la ropa de Jiang Mosheng? ¿Cómo podía ser?
Jiang Mosheng era un monstruo. ¡Monstruo! ¿Cómo pudo evitar la bola eléctrica?
Al ver a su jefe a salvo, Dragón Azur y Tigre Blanco experimentaron un cambio dramático en sus emociones que los dejó temblando e indefensos. Sentían, a la vez, alivio y frustración.
Entonces miraron al Pikachu que se había adelantado junto a Jiang Mosheng. Parecía satisfecho. Obviamente la enorme bola eléctrica había sido absorbida por él, y ahora se frotaba la pancita de forma adorable.
Las Bestias Divinas realmente no sabían qué decir. Habían sido testigos del poder de los Pokémon, pero nunca esperaron algo así. Su cuñado… era verdaderamente el mejor, incluso por encima de su propio jefe.
A partir de ese momento, la posición de Yu Jinli en el corazón de Dragón Azur y Tigre Blanco sobrepasó a la de su propio jefe y se situó en lo más alto.
Si antes habían mostrado cortesía hacia Yu Jinli por ser el compañero de su jefe, en ese instante lo admiraron y lo respetaron de verdad.
Temían que, en el futuro, quienes fueran capaces de producir Pokémon tan sorprendentes llegarían a ser adorados por todos.
Solo su jefe merecía estar a su lado. Al parecer, el destino ya lo había decidido: estaban hechos el uno para el otro.
Como Elvis había volcado todo su poder mutante en la bola eléctrica, ahora estaba impotente para luchar y ni siquiera pudo resistir los ataques de Dragón Azur y Tigre Blanco. Además, que su bola hubiera sido devorada por Pikachu le supuso otro golpe demoledor.
—¿Jefe, estás bien? —Dragón Azur fue el primero en notar la anomalía de Jiang Mosheng y preguntó con urgencia.
—Enciérralo y consigue los demás bastiones. Vayan y capturen a todos los gangsters. A partir de este momento, nadie entra en mi habitación sin mi permiso —ordenó Jiang Mosheng con las últimas fuerzas que le quedaban. Ya no podía aguantar más y debía comenzar el avance de inmediato.
Aunque no era el lugar perfecto, no tenía otra opción.
Dragón Azur no entendía lo que le pasaba a Jiang Mosheng, pero la orden del jefe era una orden militar que debía cumplirse.
Por cualquier motivo, una orden militar debía obedecerse.
Con Elvis detenido, Jiang Mosheng por fin quedó tranquilo. Volvió a su habitación, levantó un escudo y de inmediato comenzó a meditar para entrar en la fase final antes del avance.
En la lucha contra Elvis había consumido mucha energía espiritual, y precisamente por eso el avance llegó tan pronto, con un impulso que no podía reprimirse.
Ahora que la crisis se había disipado, Jiang Mosheng pudo concentrarse en avanzar. Primero, hizo circular la energía espiritual restante en su dantian e intentó apaciguarla. Luego abrió su cuerpo para absorber el poder de la fe que lo rodeaba y rellenar su dantian.
Cuando el dantian quedó lleno de energía espiritual otra vez, la absorción del poder de la fe de los alrededores no disminuyó en lo más mínimo. Un flujo constante se refinaba en energía espiritual al pasar por sus venas y reposaba en el dantian. A medida que la energía espiritual en el dantian se volvía más exuberante, Jiang Mosheng sintió una sensación de explosión. Sus venas también fueron recorridas por la energía espiritual, ensanchándose para aceptar más de ella.
Ese proceso fue doloroso, pues sus partes del cuerpo se remodelaban. Las venas se rompían y se curaban por la alimentación de la energía espiritual, volviéndose más anchas.
La energía espiritual que se acumulaba en el dantian también golpeaba constantemente las paredes, una barrera invisible que impedía la liberación de la energía espiritual. Solo cuando esa barrera se rompiera el dantian podría llevar más energía espiritual; solo al absorber más energía espiritual su avance tendría éxito.
Debido a la orden de Jiang Mosheng, nadie se atrevió a perturbalo. Tras encerrarse en la habitación durante un día y una noche, Dragón Azur y Tigre Blanco comenzaron a preocuparse, pero continuaron sin atreverse a tocar la puerta.
—¿Cómo estará el jefe ahí dentro? Ya ha pasado un día y una noche. Casi lo alcanzó la bola eléctrica de ese lunático. ¿Estará herido? —sugirió Tigre Blanco, ansioso por entrar a ver si el jefe estaba bien, pero debido a la orden no podía irrumpir y terminó dando vueltas afuera, inquieto.
—El jefe sabe lo que hace. Tiene sus razones para no dejarnos entrar. Solo debemos esperar con paciencia —dijo Dragón Azur con calma, aunque sus ojos también mostraban preocupación.
—Yo ya no aguanto. Voy a ver a ese demente. Si aún se niega a confesar, lo mato —estaba demasiado inquieto Tigre Blanco y necesitaba desahogarse; Elvis era el objetivo.
—Tortuga Oscura, ve a vigilar a Tigre Blanco. No dejes que haga algo estúpido —ordenó Dragón Azur a Tortuga Oscura.
Aunque todos querían matar a Elvis para zanjar el problema de una vez por todas, el jefe no salía ni daba instrucciones. Todo debía decidirse por él después.