La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 275
- Home
- All novels
- La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo
- Capítulo 275 - Disputa
—Capitán, en esos dos equipos hay más de diez forjadores de cartas y todos son de la Clase F, forjadores de verdad. Deben tener muchísimas cartas de energía. ¿Por qué no vas y pides unas cuantas? Esta vez consumimos un montón y casi no nos quedan —sugirió alguien.
Al oírlo, Shen Liyang frunció ligeramente el ceño; no le gustó la idea de su compañero. Pero antes de decir algo, otra voz se adelantó.
—Lin Zhoubin, ¿qué quieres decir? ¿Qué porque ellos tienen muchos forjadores deben darte sus cartas de energía? Y no hablemos de que apenas somos un equipo subordinado para ellos: incluso si fuéramos socios en igualdad, no están obligados a darte cartas —dijo Zhao Andong, molesto.
Le parecía absurdamente ridículo que algunos de sus compañeros dieran por sentado todo.
Ante la objeción, Lin Zhoubin también puso mala cara y curvó los labios en una sonrisa sarcástica:
—Consumimos muchas cartas porque tuvimos que protegerlos. Si es así, ¿hay algún problema en que nos den algunas?
—¿Proteger? —en los ojos de Zhao Andong cruzó una chispa de desdén—. Piénsalo bien. En los últimos dos días, ¿han sido ustedes quienes los protegieron, o más bien ellos a ustedes?
—¿Qué insinúas, Zhao Andong? ¿Nos menosprecias y quieres unirte al equipo de Yu Jinli para ser sus perros? Lástima que, aunque quisieras, no te aceptarían —dijo Lin Zhoubin con desprecio.
—¡Atrévete a repetirlo! —Zhao Andong lo miró con tal fiereza que parecía que, si lo decía otra vez, le soltaría una paliza.
Y Lin Zhoubin tuvo precisamente el valor para repetirlo, provocándolo adrede.
Cuando se formó el equipo de Shen Liyang, no todos se conocían. Podría decirse que se juntaron solo para este entrenamiento; antes se habían visto unas cuantas veces para presentarse, pero nunca entrenaron juntos, mucho menos coordinarse.
En general, formar equipo con amigos —independientemente de la fuerza de combate— garantiza una colaboración fluida y unidad, porque ya se llevan bien.
Por el contrario, si los miembros se detestan entre sí, por muy fuertes que sean individualmente, no podrán conformar un equipo poderoso.
—¡Estás pidiendo que te reviente! —Zhao Andong perdió también la paciencia. Tras la provocación, cumplió su amenaza y le lanzó un puñetazo a Lin Zhoubin tan rápido que Shen Liyang no alcanzó a detenerlo.
Por supuesto, Lin Zhoubin no se quedaría quieto para que lo golpearan. Pronto, ambos estaban trenzados a golpes. Sus compañeros se quedaron pasmados, sin entender cómo habían llegado a ese punto. ¿No eran compañeros de equipo?
—¿Qué hacen? ¡Rápido, sepárenlos! —ordenó Shen Liyang.
Recién entonces acudieron a detener la pelea y apartaron a Zhao Andong y a Lin Zhoubin. Aun así, ambos seguían furiosos, mirándose como si fueran enemigos y no compañeros.
El alboroto llamó la atención de los equipos de Yu Jinli y de Liu Yuansu, y todos voltearon a mirar.
Liu Xingye y los suyos veían por primera vez al equipo de Shen Liyang, así que no se acercaron ni preguntaron; pero el equipo de Yu Jinli llevaba dos días con ellos y ya había confianza, por lo que preguntaron:
—¿Qué pasa? ¿Por qué pelean?
—Je… nada, solo una pequeña disputa —se apresuró a responder Shen Liyang, temiendo que los dos contaran la verdad y dejaran a todos en vergüenza.
En realidad, Shen Liyang estaba de acuerdo con Zhao Andong. Ellos eran “prisioneros” del equipo de Yu Jinli. Era lógico que el equipo de Yu Jinli no les proporcionara cartas de energía; incluso sería normal que les quitaran las suyas, los dejaran atrás o los sacrificaran contra los enemigos.
Además, la realidad era que no habían hecho nada de eso: al contrario, los habían ayudado con varias tareas. ¿Cómo iban a poner los ojos codiciosos en las cartas de gente tan decente?
Sin embargo, después de que Zhao Andong y Lin Zhoubin se pelearan por ese motivo, le pareció inapropiado decir lo que pensaba de forma tajante, porque solo intensificaría el conflicto interno.
Shen Liyang decidió buscar un momento para hablar en privado con Lin Zhoubin e intentar resolver su disputa con Zhao Andong. Al fin y al cabo, eran compañeros, y no debían empeorar las cosas.
Pero ¿quién iba a pensar que a Lin Zhoubin no le importaría empeorarlo todo, o que ni siquiera consideraba equivocada su postura? Así que, cuando el equipo de Yu Jinli preguntó, expresó su idea sin rodeos y con suficiencia, tan irritante que casi resultaba risible.
—¿Quieren cartas de energía? —Cao Quyang curvó los labios en una sonrisa que no le llegó a los ojos.
—Sí. Llevamos dos días peleando con ustedes y gastamos muchas cartas. Ya que somos pares, es natural ayudarnos. Ustedes tienen muchos forjadores y deben fabricar muchísimas cartas. No pedimos tantas: con diez basta. Así, cuando surja un problema más tarde, podremos luchar juntos; si no tenemos con qué pelear, solo seremos un lastre —dijo Lin Zhoubin como si nada.
—¡Lin Zhoubin! —al oírlo, a Shen Liyang le ardió la cara de vergüenza y lo llamó en voz baja, esperando que parara y no mencionara más el tema.
Pero Lin Zhoubin hizo oídos sordos y siguió mirando a Yu Jinli, esperando su respuesta. Estaba convencido de que diría que sí: a fin de cuentas, su equipo tenía cuatro mutantes y cuatro pilotos de mecha, mientras que los otros dos equipos apenas sumaban dos mutantes y dos pilotos de mecha. En términos de poder de combate, no eran débiles. Si Yu Jinli quería esa fuerza, cedería con gusto y les daría cartas.
Por alguna razón, Lin Zhoubin estaba inexplicablemente seguro.
Pero a Liu Xingye y a los demás les sonó muy mal.
—Cartas tenemos. ¿Pero por qué tendríamos que dártelas? ¿Acaso no tienen forjador de cartas? —Liu Xingye respondió sin adornos.
—Porque ahora somos pares, claro. Saltamontes atados a la misma cuerda —replicó Lin Zhoubin, dándolo por hecho.
—Creo que te confundes. Oí que ustedes no eran más que prisioneros de Castañita. ¿Desde cuándo se volvieron pares? —soltó Liu Xingye con descaro, sin darle ningún crédito.
Como era de esperar, sería mejor deshacerse de ese equipo cuanto antes. Puede que no todos pensaran igual, pero con que hubiera uno así, no debían seguir llevándolos.
Las palabras de Liu Xingye tiñeron de vergüenza el rostro de Lin Zhoubin. Perder contra el equipo de Yu Jinli fue una humillación que siempre quiso olvidar; deseaba llevar a su equipo hasta la paridad con el de Yu Jinli. Pero ahí estaba la realidad, señalada sin piedad.
—Lo siento, en realidad no teníamos esa intención. Lin Zhoubin se dejó llevar. Espero que no lo tomen a mal —intervino Shen Liyang con prisa, viendo la tensión entre Lin Zhoubin y Liu Xingye.
Si Liu Xingye y Lin Zhoubin se peleaban, estaba claro a qué equipo escogería Yu Jinli. Además, era obvio que seguir a Yu Jinli era más ventajoso que separarse. Y, dicho sea de paso, que los hubieran dejado ir ya había sido benevolencia suya; de lo contrario, ahora estarían eliminados.
—Ojalá recuerdes que cuando intentaron robarnos, fracasaron y los vencimos. Si Castañita no hubiera sido demasiado bondadoso para eliminarlos, ahora estarían en la nave, no aquí entrenando —añadió Cao Quyang con franqueza.
Originalmente pensaban soltarlos tras ayudarles en unas cuantas tareas, pero ahora estaba claro que debían separarse.
—¿Qué? En mi vida había visto algo así. ¿Gastaron muchas cartas solo por ayudarnos? Sin nosotros, no solo habrían gastado muchas, sino que se habrían quedado sin ninguna. ¿Con qué cara nos piden cartas? —Gao Ziqi, de mecha corta, ya estaba haciendo un esfuerzo por no abalanzarse y reventar a Lin Zhoubin.
Al oírlo, a Shen Liyang le entró un mal presentimiento. Y, como era de esperar, se confirmó al instante.
—Si lo ven así, entonces no los seguiremos reteniendo. Tomen la información que les dimos como un obsequio. Desde ahora, cada quien por su lado. No necesitamos que “gasten cartas por nosotros” —remató Zhou Kang, con el gesto sombrío.
No sabía que en el equipo de Shen Liyang hubiera alguien que pensara de ese modo. ¡Qué demonios! Sin ellos, podían resolver los problemas igual de bien, y quizá mejor, sin cargas.
Al escuchar eso, el rostro de Shen Liyang palideció. Había planeado seguir al equipo de Yu Jinli todo lo posible, pero después de lo que dijo Lin Zhoubin se sentía demasiado avergonzado como para continuar.
Sin embargo, Lin Zhoubin seguía convencido de que no estaba equivocado, e incluso acusó al equipo de Yu Jinli de ser crueles e implacables.
—¿Eh? ¿Como ya tienen a otro equipo, nos quieren patear? Nos pidieron ayudar a pelear y ahora, sin pagar nada, nos echan. ¿Creen que es tan fácil? —una ironía profunda curvó los labios de Lin Zhoubin. Aun así, sus propios compañeros ya estaban demasiado avergonzados para quedarse y lo arrastraron en otra dirección.
—¿Qué hacen? ¡Suéltenme! Voy a dejar las cosas claras con ellos. Nos usan y nos tiran, ¡qué desalmados! ¿Por qué habría de permitirse? —la voz de Lin Zhoubin se fue apagando, pero quienes tenían buen oído lo escucharon todo con claridad. A Gao Ziqi le ardió el hígado de coraje.
—¿Qué tal? Creí que ese equipo estaba compuesto por buena gente, y en menos de dos días se les cayó la máscara. Qué asco —resopló Gao Ziqi, tratando de calmarse; de lo contrario, quizá habría salido corriendo a soltarle unos cuantos puñetazos.
—No te enojes. Es él nada más. Los demás en realidad son bastante decentes —dijo Ge Yitian, y se calló de inmediato cuando Gao Ziqi le clavó la mirada.