La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 192

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  4. Capítulo 192 - No Somos la Clase de los Perdedores
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Las cartas de energía que Du Sheng había comprado en esa nueva tienda no solo eran mucho más poderosas, sino que además podían usarse más veces, casi el doble que las cartas del mismo nivel en otras tiendas. Y no solo valían las mil monedas que costaban, sino que incluso merecían un precio mayor.

—¡Dios mío, Du Sheng! ¿Estás usando un plug-in? —exclamó Liu Yueming, mirando incrédulo cómo su amigo ganaba cinco partidas seguidas.

—Jajaja, te lo juro que no uso plug-in, pero estas cartas sí que parecen tener uno. Son mucho más poderosas que todas las que he usado antes, y duran más. ¡Y eso que son solo cartas de nivel F! Si fueran de un nivel superior… —Du Sheng no terminó la frase, pero Liu Yueming entendió perfectamente a qué se refería.

—¿Son tan buenas? —preguntó Liu Yueming, que observaba los combates desde la tribuna, sin poder sentir en carne propia la diferencia como su amigo.

—Sí. Voy a comprar todas las que queden ahora mismo. Si tardo un poco, seguro ya estarán agotadas —dijo Du Sheng apresurado, saliendo corriendo de la Arena.

Al verlo, Liu Yueming también se levantó para seguirlo. Aunque no las había probado, confiaba en lo que su amigo decía. Fuera como fuera, quería comprar una y comprobarlo por sí mismo.

—¡Espera! Guárdame unas cuantas, yo también quiero —gritó Liu Yueming corriendo tras él.

Cuando Du Sheng llegó de nuevo a la tienda, el dependiente estaba a punto de cerrar la puerta.

—¡Espera, espera! —gritó Du Sheng con urgencia—. ¡Quiero comprar todas las cartas que queden!

—Lo siento, pero ya están todas vendidas —respondió el dependiente con una sonrisa.

Sabía que cualquiera que las probara querría más, porque él mismo había presenciado lo poderosas que eran cuando su cuñado las fabricaba. Todos los que las compraban obtenían mucho más de lo que pagaban.

—¿Vendidas? —Du Sheng se quedó pasmado. En menos de una hora, ya no quedaba ninguna.

Comenzó a arrepentirse de no haber comprado todas antes. Si hubiera sabido lo poderosas que eran, las habría adquirido todas aunque costaran veinte mil monedas cada una.

Pero en el mundo no existía ninguna píldora que curara el arrepentimiento.

—Ah… —suspiró Liu Yueming, también apenado. Él había querido probarlas personalmente.

Mientras hablaban, varias personas más llegaron corriendo, también buscando comprar cartas de energía.

—Ya están todas vendidas —repitió el dependiente.

—¿Habrá más mañana? —preguntó uno.

—No estoy seguro. Dependerá de cuándo el forjador tenga tiempo para hacer nuevas —explicó pacientemente el dependiente.

Esas cincuenta cartas de energía habían sido elaboradas por su cuñado durante los últimos días. La próxima tanda dependería de cuándo tuviera tiempo libre otra vez.

Aunque era rápido y eficiente forjando, no podían producir más tan pronto, ya que el jefe no le permitía agotarse trabajando.

—¿Entonces no habrá cartas nuevas todos los días?

—¿Cuándo volverán a tener? Quiero comprar más.

—¿Podría decirnos quién es el maestro forjador? Sus cartas son increíbles.

—Lo siento, no puedo decirles eso —respondió el dependiente, siempre sonriendo.

—Entonces, ¿cómo sabremos cuándo llegan nuevas cartas? —preguntó uno con más astucia, y dio justo en el clavo.

Por lo que se veía, esta pequeña tienda no era como las demás que reponían su inventario regularmente. Todo dependía de la suerte: cuándo y cuántas cartas habría disponibles.

Sin embargo, la calidad de las cartas justificaba perfectamente esa irregularidad.

—Bueno, pueden venir seguido a probar suerte. Ya es tarde, tengo que cerrar —dijo el dependiente, y acto seguido se desconectó, dejando a los mutantes confundidos frente a la tienda.

Desde ese día, siempre había gente esperando frente a la pequeña tienda llamada “Koi”. Muchos transeúntes, intrigados, se detenían también a mirar.

Durante el mes siguiente, la tienda Koi abrió cinco veces, y cada vez vendió una cantidad distinta de cartas, pero siempre sucedía lo mismo: en menos de una hora, todo se agotaba, dejando a los que llegaban tarde golpeándose el pecho con arrepentimiento. Con cada apertura, más gente se formaba frente a la tienda con anticipación.

Aunque la tienda abría pocas veces, en apenas un mes se convirtió en una sensación dentro del mundo virtual. Muchos ya sabían que había una tienda llamada “Koi” en la calle comercial que vendía cartas mucho más poderosas que las de otros lugares, incluso siendo del mismo nivel.

Cualquiera que usaba cartas de esa tienda tenía una tasa de victorias superior al 90 %.

Pronto, cada vez más personas comenzaron a prestar atención a la tienda Koi.

—¿No te resulta familiar esto? —preguntó un mutante que esperaba frente a la tienda a su amigo.

—¿Familiar con qué? —replicó su amigo, sin entender.

El primero pensó un momento y dijo:
—Hace unos meses, alguien derrotó con cartas de nivel F a un oponente que usaba cartas de nivel D. Aquello causó un gran revuelo. Muchos trataron de descubrir quién era el forjador de esas cartas.

—Ahora que lo dices, lo recuerdo. ¿Quieres decir que…?

—¿Podría ser que el forjador detrás de esta tienda sea el mismo que aquel? —preguntó el mutante, con los ojos brillando.

Había visto aquella partida, y se había quedado asombrado. Que cartas de nivel F vencieran a cartas de nivel D era algo que antes se consideraba imposible.

Lamentablemente, el mutante que había usado esas cartas desapareció poco después, y tampoco se logró identificar al forjador. Como nunca volvió a aparecer en la Arena, todos terminaron por olvidar el asunto.

Pero ahora, unos meses después, surgía una tienda con cartas igual de poderosas… eso no podía ser simple coincidencia.

—Es muy probable. Sea o no el mismo, lo cierto es que esta tienda vende cartas extraordinarias. Tal vez la próxima vez podamos probar las de nivel D —dijo el amigo, entusiasmado.

No muy lejos de ellos, un mutante que escuchaba la conversación bajó la cabeza para ocultar su rostro, aunque sus ojos relucían intensamente.

En aquella partida, nadie conocía mejor que él la fuerza de esas cartas, porque él había sido el derrotado: Jin Gang.

Se sorprendió al descubrir que existían cartas tan poderosas como las que lo habían vencido. Cuando se volviera a encontrar con aquel tipo, se juró a sí mismo que lo derrotaría.

Sin embargo, Yu Jinli no sabía nada de todo esto. Su único trabajo era fabricar un lote de cartas para vender en la tienda, la cual estaba completamente a cargo de Jiang Mosheng, y luego esperar a que llegara el poder de la fe.

Durante ese mes, Yu Jinli sintió claramente cómo el poder de la fe a su alrededor aumentaba, y su cultivo progresaba aún más rápido.

Así pasaron los días tranquilamente, hasta que la Primera Academia Militar dio inicio a su tercer y último examen parcial del año. El siguiente sería el examen final.

En el examen parcial anterior, tres forjadores de cartas habían surgido de la Clase F, lo que fue un golpe tremendo para las demás clases.

Desde entonces, todos comenzaron a trabajar y practicar con mayor esfuerzo. Los profesores se volvieron más estrictos y los estudiantes más aplicados, con el único objetivo de superar a la Clase F en este tercer examen y evitar que volvieran a destacar.

Por eso, durante ese tiempo, la Clase F se mantuvo inusualmente tranquila: nadie de otras clases vino a provocarlos.

En este tercer examen, las otras clases mostraron cierto progreso, pero lo sorprendente fue que la Clase F tuvo un salto aún mayor.

En el segundo examen parcial solo tres estudiantes habían logrado convertirse en forjadores de cartas, pero en esta prueba práctica, el número aumentó a diez.

¿Y qué significaba eso?

Que la mitad de la Clase F ya eran auténticos forjadores de cartas.

Y eso solo contaba los resultados del examen; además había otros que ya lo habían conseguido antes y solo cometieron un error durante la prueba.

En otras palabras, más de la mitad de la Clase F ya se había convertido en verdaderos forjadores antes de terminar su primer año. Era un hecho impresionante, pues ni siquiera la Clase A —la élite— había logrado algo semejante.

La Clase F había pasado de tener un solo forjador —Yu Jinli— en el primer examen, a tres en el segundo, y ahora diez en el tercero. Cada paso fue un salto gigantesco, acortando rápidamente la distancia con la Clase A.

Mirando los resultados en la gran pantalla, los estudiantes de la Clase A tenían expresiones sombrías. Incluso los que habían aprobado se veían insatisfechos.

Era humillante que la Clase F los alcanzara, y ahora estaban prácticamente a la par. ¡Una bofetada en toda regla!

Cada año, la Clase A había sido el centro de atención, la más admirada y respetada.

Pero este año, estaban siendo superados por la Clase F, el grupo que durante tanto tiempo había sido considerado un montón de perdedores. Para ellos, aquello era una vergüenza intolerable.

La Clase F siempre había sido vista como lo opuesto a la Clase A, pero ahora estaban en el mismo nivel… e incluso existía el riesgo de que los sobrepasaran.

Si eso llegaba a ocurrir, la Clase A se convertiría en el hazmerreír de toda la Academia. ¡No podían permitirlo!

Los estudiantes de la Clase A miraban a los de la Clase F con ojos encendidos de ira y determinación. ¡Jamás permitirían ser superados!

Mientras tanto, la Clase F no notó en absoluto esa hostilidad. Seguían celebrando alegremente.

Ahora tenían siete nuevos forjadores de cartas. A ese ritmo, para el examen final, tal vez toda la clase lo sería.

Y entonces llegaría el verdadero momento de gloria de la Clase F: el día en que demostrarían ante toda la Academia… ¡que nunca habían sido la clase de los perdedores!

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