La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 181

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De hecho, esto también era un medio para cultivar en los competidores el concepto del tiempo y una cognición correcta de sí mismos, para que no se sobreestimaran.

Una organización irrazonable del tiempo podía traducirse en fracaso.

Por eso, la mayoría de los competidores acudían al lugar tan pronto como comenzaba la competencia.

Yu Jinli no pensaba presentarse tarde, pero consideraba que, si le sobraba tiempo tras terminar la tarea, podría volver a asistir a clases.

Jiang Mosheng no insistió en quedarse en el mundo virtual. Ya fuera en casa o en la escuela, podía ver a su pequeño siempre que quisiera, así que no importaba dónde estuvieran, mientras el pequeño fuera feliz.

Entonces, los dos no se demoraron en el mundo virtual y salieron rápidamente de línea para alistarse para la escuela.

Cuando salían de la sala virtual, Qiao Mulan subía las escaleras con una sonrisa, llevando una bandeja de refrigerios caseros.

Últimamente, Qiao Mulan estaba de muy buen humor, aunque tenía que quedarse en casa cuidando de Jiang Zhentao.

Después de que él tomara el elixir, la mayor parte de la toxina fue eliminada y se recuperó con rapidez. Además, con la nutrición de la energía espiritual de sus dos hijos, también sanaron sus lesiones ocultas. Ahora el hombre parecía diez años más joven: un apuesto tío.

¿Cómo no iba a estar de buen humor Qiao Mulan viendo a Jiang Zhentao mejorar día tras día?

Además, para aparentar ante los demás que Jiang Zhentao seguía enfermo, Qiao Mulan no había cruzado la puerta en este tiempo. Aparte de los sirvientes y el mayordomo, solo estaban ellos dos en toda la residencia Jiang. Era una especie de luna de miel.

Desde que se casaron, habían estado ocupados con el trabajo. Especialmente después de tener a Jiang Mosheng, rara vez habían tenido la oportunidad de pasar tiempo a solas.

Ambos agradecían esta oportunidad, sobre todo Jiang Zhentao, que con el deseo de compensar a su esposa, intentaba por todos los medios darle cuanto pedía y era todo indulgencia con ella. Solo deseaba ofrecerle lo mejor que el mundo podía dar.

—Castañita, ¿ya estás aquí? ¿Cómo te fue en la competencia? —preguntó Qiao Mulan con una sonrisa dulce.

Qiao Mulan era muy guapa y, con la nutrición del amor en estos días, también parecía diez años más joven y aún más hermosa.

Jiang Zhentao y Qiao Mulan formaban, sin duda, una pareja encantadora. Si salían con Jiang Mosheng, nadie creería que eran sus padres. Probablemente pensarían que eran su hermano mayor y su cuñada.

—Aprobé. Y mañana habrá una tercera ronda —respondió Yu Jinli con una sonrisa.

—Mamá acaba de hacer pasteles de osmanto como me enseñaste antes. Ven a probarlos —dijo Qiao Mulan, agitando la bandeja con una sonrisa.

Justo sentía un poco de hambre; a Yu Jinli se le movieron las aletitas de la nariz y, al oler el dulce aroma a osmanto en el aire, el estómago le gruñó en protesta.

Qiao Mulan llevó la bandeja, se dio vuelta y caminó hacia Yu Jinli, alzándola a una altura fácil para él, mientras reía y charlaba bajando las escaleras, olvidándose por completo de su marido, que esperaba en el estudio la merienda.

Jiang Zhentao terminó otro documento, alzó la vista hacia la puerta del estudio y no vio a nadie.

Normalmente tardaba unos minutos en concluir un documento, pero como miraba la puerta de vez en cuando, al final empleó media hora.

Dejó el papel, preocupado de que a su esposa le hubiera pasado algo; de lo contrario, ya habría aparecido con los refrigerios.

Últimamente, como no necesitaba ir a la oficina, tenían bastante tiempo libre. Además de pasar tiempo con su esposa, Jiang Zhentao también trabajaba en algunos documentos que Tang Qixu le enviaba en secreto, para tener una idea general de la situación en el Departamento Militar y no perder el hilo. Mientras tanto, Qiao Mulan preparaba nuevos bocadillos en la cocina y luego se los llevaba.

Jiang Zhentao sentía que estos días eran demasiado felices.

Sin embargo, hoy, a estas alturas, su esposa —que debería haber ido al estudio— no apareció. Jiang Zhentao dejó el documento y salió apresurado del estudio. Al bajar las escaleras, vio a su esposa conversando con su hijo y con Castañita, mientras la merienda que se suponía era suya ya estaba en la pancita de Castañita. Sonrió en silencio para sí.

Parecía que, para su esposa, él no era tan importante como Castañita. Jiang Zhentao tomó en secreto un sorbo de “vinagre”, pero no mostró la más mínima insatisfacción en su rostro.

Castañita era tan tierno y dulce, y el salvador de la familia Jiang. Qué decir de los bocadillos… ¡bien valía la pena darle hasta todas las propiedades de la familia Jiang!

—Papá —Yu Jinli fue el primero en notar a Jiang Zhentao y lo saludó con amabilidad.

—Hola. ¿Ya terminó la competencia? —preguntó Jiang Zhentao con una sonrisa.

—Sí. Mañana será la tercera ronda —sonrió Yu Jinli.

De no ser porque podían ser descubiertos, Qiao Mulan y Jiang Zhentao habrían ido al mundo virtual a ver a Yu Jinli en la competencia. Era su primera vez en un certamen, así que realmente les daba pena no poder estar presentes para animarlo.

—Mamá y papá estarán sin falta en tu próxima competencia —dijo Qiao Mulan con disculpa.

—¡Genial! Yo también me esforzaré —Yu Jinli apretó sus pequeños puños en un gesto de “¡ánimo!” tan adorable que no pudieron evitar pellizcarle la mejilla suave.

Jiang Zhentao tomó a escondidas un trocito de pastel de osmanto; el sabor le trajo una languidez feliz.

En realidad, como la mayoría de los hombres, a Jiang Zhentao no le entusiasmaban los dulces, pero, fuera lo que fuera, le gustaba y se terminaba todo lo que cocinaba su esposa.

Por supuesto, Qiao Mulan notó su movimiento furtivo y rió por lo bajo, con el corazón tan dulce como si estuviera lleno de miel.

Qué bien. ¡La vida iba a mejor y mejor!

—Está muy rico. Prueba tú también —Jiang Zhentao acercó a su esposa el medio pastel que ya había mordido y rió.

El dulzor del pastel mezclado con la ligera fragancia del osmanto hacía sentir a uno como en las nubes, aunque la sensación desaparecía pronto.

En cuanto Qiao Mulan se llevó el pastel a la boca, un repentino malestar le revolvió el estómago. Corrió al baño y vomitó.

Jiang Zhentao se asustó y la siguió, mirando con preocupación cómo su esposa devolvía con violencia y arrepintiéndose de haberle ofrecido el pastel.

Tras aquella arcada furiosa, Qiao Mulan por fin se sintió mejor. Al volverse y ver la cara de culpabilidad de su marido, sonrió para tranquilizarlo:

—Estoy bien. Tal vez fue lo que almorcé.

—Voy a llamar a Ah Qian para que te revise —Jiang Zhentao seguía inquieto. De no ser por la situación actual que le impedía salir, sin duda la habría llevado a hacerse un chequeo completo en el mejor hospital. Pero ahora solo podía mandar llamar al médico.

Al pensarlo, Jiang Zhentao se sintió aún más culpable.

Qiao Mulan se enjuagó la boca, se acercó y abrazó a Jiang Zhentao, apoyando la cabeza en su pecho.

—De verdad estoy bien. Ya me siento mucho mejor. No hace falta llamar a Ah Qian.

—Pero me preocupo por ti —insistió Jiang Zhentao, incapaz de soportar verla aunque fuera un poco incómoda.

Sin embargo, Qiao Mulan también se preocupaba por él. Aunque Shen Qian era de confianza, mejor que cuanto menos gente supiera, mejor. Hasta el último momento, no quería que más personas estuvieran al tanto de la situación.

—Yo también me preocupo por ti. Cuanta más gente sepa de tu condición, mayor será el peligro en que te pongas. ¿Quieres que viva asustada todos los días? —Qiao Mulan sacó su carta de triunfo.

Como era de esperar, Jiang Zhentao guardó silencio, aunque seguía sintiéndose apenado.

Parecía que tenía que acelerar la limpieza de los “clavos” y “tumores” de la Primera y la Segunda Legiones lo antes posible, para poder volver a aparecer abiertamente ante el público y que su esposa no tuviera que vivir temiendo a diario.

Jiang Zhentao ya no insistió en llamar a Shen Qian; en su lugar, siguió a Qiao Mulan de cerca. Hiciera lo que hiciera, él la acompañaba, manteniéndose a menos de un metro de distancia.

Esto dejó a Qiao Mulan entre la impotencia y la dulzura.

Debido a la “colita” de Jiang Zhentao —que había quedado asustado por el vómito repentino de Qiao Mulan—, él le prohibió preparar la cena personalmente.

Por lo tanto, la pesada tarea de la cena recayó en el chef Zheng y en otros dos cocineros.

El chef Zheng y sus dos ayudantes estaban muy emocionados, porque desde que había un joven señor experto en cocina en la familia, habían tenido pocas oportunidades de lucirse. Con esta rara ocasión de dirigir la cocina, los tres decidieron presentar sus mejores platos, no fuera que se enfrentaran a una crisis de desempleo.

Con esa idea en mente, prepararon una gran variedad de platillos para la cena, con ingredientes de animales de todo tipo: los que corrían, los que nadaban y los que volaban en el cielo. Gente de gustos distintos podría encontrar algo a su agrado. Aquello era casi la versión interestelar del Banquete Manchú-Han.

Por lo general, los Jiang cenaban de forma sencilla, porque no querían ser extravagantes con la comida. Pero hoy, con Castañita y Jiang Mosheng en casa, y con Castañita habiendo pasado la segunda ronda, decidieron celebrarlo por adelantado.

A la mesa, la familia disfrutó de un momento feliz.

—Este pescado hervido y picante no está nada mal. Lan-er, pruébalo —Jiang Zhentao le sirvió un trozo de pescado a Qiao Mulan, retirando con cuidado las espinas y colocándolo en su plato.

Qiao Mulan se lo llevó a la boca; apenas el sabor característico del pescado llegó a su paladar —antes incluso de masticar—, el estómago volvió a revolvérsele. Se levantó de prisa y corrió al baño.

El semblante de Jiang Zhentao cambió de inmediato. Sin pensar en el peligro, en ese momento solo le importaba Qiao Mulan, y giró para gritarle a Jiang Mosheng:

—Llama a Ah Qian ahora mismo.

Luego él mismo corrió a atender a Qiao Mulan.

Si hubiera sido una sola vez, lo habría dejado pasar; pero que Qiao Mulan vomitara dos veces seguidas… No podía soportar verla sufrir.

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