La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 158
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- Capítulo 158 - El cuerpo verdadero del hermano de secta
Yu Jinli no esperaba que esa fuera la primera pregunta de Jiang Mosheng, y una oleada de dulzura le recorrió el corazón.
—Supongo que no. Mi cuerpo de aquella era ya está muerto —dijo, ladeando su pequeña cabeza.
Cuando ocurrió su viaje a través del tiempo, escuchó un estruendo, y al despertar ya estaba en este mundo, ocupando el cuerpo de otra persona.
Sin el soporte del alma, su cuerpo original, incluso siendo una bestia espiritual, no podría sostenerse por mucho tiempo. ¿Cómo podría volver a él?
Aquellas palabras finalmente hicieron que el corazón en vilo de Jiang Mosheng regresara a su sitio. Mientras su pequeño no dejara este mundo ni lo dejara a él, lo demás no importaba.
Aun así, oír que el cuerpo anterior de su pequeño había muerto le dio una punzada desagradable. De pronto lo estrechó entre sus brazos, y con su grande y torpe mano le dio suaves palmadas en la espalda para consolarlo.
En realidad, Yu Jinli no estaba muy triste por ello. Al fin y al cabo, seguía vivo en otro mundo y tenía una familia maravillosa: sus padres y Ah Sheng.
Su única pena era no poder ver más a su shifu y a su hermano de secta. Si la Tierra de aquí era la continuación de la Tierra en la que había vivido, tal vez su shifu y su hermano de secta seguían viviendo bien en algún lugar de ese planeta.
Si los humanos habían podido escapar de la Tierra, ¿cómo no iban a lograrlo su shifu y su hermano de secta, siendo bestias espirituales?
Ese pensamiento disipó la última preocupación y el último remordimiento de Yu Jinli.
Su shifu y su hermano de secta debían de estar en este mundo. Los encontraría.
—Castañita, dijiste que eras una koi. ¿Puedes transformarte para que te vea? Nunca he visto una koi —sonrió Jiang Mosheng, realmente deseoso de conocer el cuerpo verdadero de su pequeño. Debía de ser tan adorable como en su forma humana.
Sin embargo, Yu Jinli se sintió un poco cohibido y volvió a inclinar la cabecita.
—Ahora no estoy usando mi propio cuerpo, así que no puedo transformarme.
Aquello también le apenaba. No sabía si ya no podría volver a transformarse en koi jamás. Extrañaba mucho la felicidad de nadar libremente en el lago.
—No importa. Nuestra Castañita sigue siendo increíble —lo reconfortó Jiang Mosheng con una sonrisa.
—Jeje… —Al ser elogiado, Yu Jinli enderezó la espalda y sonrió con orgullo.
Por supuesto que era el mejor. Aparte de su shifu y su hermano de secta… y por supuesto Ah Sheng, ¡él era el mejor!
Ah Sheng también era muy fuerte, ¡tan asombroso como su hermano de secta!
—Descansa bien. Mañana partimos —acarició con indulgencia la cabecita de Yu Jinli y le habló con suavidad.
—¡Bien! Buenas noches, Ah Sheng —asintió con fuerza.
¡Iba a volver a la Tierra! Aunque esta Tierra fuera distinta de la que conocía, seguía siendo su patria. No podía evitar la emoción.
Se preguntaba cómo sería ahora la Tierra.
¿Seguirían existiendo las cosas que le eran familiares?
¿Aún habría plantas espirituales como la flor dorada o la hierba bambú amargo?
Con la cabeza llena de pensamientos sobre la Tierra, Yu Jinli se durmió pronto.
Pero Jiang Mosheng, en otra habitación, no lograba conciliar el sueño. Su mente estaba repleta del origen que su pequeño le había contado; la inquietud no lo dejaba descansar.
Aunque Yu Jinli había dicho que quizá no podría regresar, él seguía intranquilo. En este viaje a la Tierra tendría que vigilarlo muy de cerca y no perderlo de vista ni un segundo. ¡Y aunque su pequeño regresara, él lo seguiría!
Así, en dos habitaciones contiguas, uno durmió profundamente y el otro amaneció con los ojos abiertos.
Jiang Mosheng actuaba con gran eficacia. Apenas el día anterior había decidido viajar a la Tierra y ya había comenzado a dar instrucciones a su gente; ahora todo estaba listo.
No fue sino hasta que Yu Jinli estuvo a bordo de la nave y dejaron la estrella capital que se dio cuenta de que había olvidado algo. Incapaz de recordar qué era exactamente, lo dejó pasar y dirigió la mirada al universo más allá del ventanal.
En ese mismo momento, los estudiantes de la Clase F esperaban la llegada de Yu Jinli a la escuela. Era su amuleto; con solo verlo recuperaban la motivación.
Sin embargo, su adorable amuleto no apareció aquel día.
—Ah Ye, ¿Castañita aún no llega? —preguntó Gao Ziqi a Liu Xingye, compañero de cuarto de Yu Jinli.
—Se fue a casa y no ha vuelto al dormitorio —respondió Liu Xingye, igual de desconcertado.
Normalmente, Yu Jinli pasaba el fin de semana en casa, pero cada lunes, antes de clase, primero iba al dormitorio y de ahí al aula. Ese día, Liu Xingye lo esperó hasta que ya casi llegaba tarde y nunca apareció; solo entonces fue al salón con Ah Su, pero tampoco lo encontraron allí.
La clase estaba por empezar y Castañita seguía sin llegar. Nunca había ocurrido algo así.
Por un momento, todos se preocuparon por su seguridad.
Le pidieron a Liu Xingye que le enviara un mensaje a Yu Jinli, preguntándole dónde estaba y si había tenido algún problema.
Yu Jinli contemplaba el maravilloso paisaje cósmico cuando escuchó el tono de aviso. Abrió el mensaje y, de pronto, recordó qué cosa importante había olvidado.
—Ah Sheng, ¿pediste el permiso por mí? —preguntó.
—Ya hablé con tu profesor. No te preocupes —sonrió Jiang Mosheng.
—Perfecto. Entonces no estoy faltando. Soy un buen estudiante que nunca se salta las clases —murmuró Yu Jinli en voz baja mientras respondía a Liu Xingye. No le contó el motivo, porque era mejor que lo supieran menos personas.
Los estudiantes de la Clase F aguardaban la respuesta cuando sonó el aviso. Apremiaron a Liu Xingye para que la leyera, y vieron cómo su ceño se fruncía aún más.
—Ah Ye, ¿qué pasa? ¡Di algo! —insistió Gao Ziqi, impaciente y preocupado.
Los demás estaban igual, con el corazón en un puño.
—Castañita dice que pedirá un mes de permiso… pero no me explicó la razón —dijo Liu Xingye, aún con el ceño fruncido.
—¿Un mes? ¿Está bien? Ah Ye, tú eres su mejor amigo. ¿Sabes dónde vive? Vamos a verlo después de clase —propuso Du Jingxuan.
Pero esas palabras solo hicieron que el rostro de Liu Xingye se pusiera más tenso.
La razón era simple: ¡él no sabía dónde vivía Yu Jinli!
…
Entretanto, Yu Jinli iba de camino a la Tierra, sin imaginar que su amigo estaba guardándole rencor y planeando “ajustarle cuentas” cuando volviera.
La estrella capital y la Tierra no estaban en la misma galaxia, de modo que el viaje exigía varios días y múltiples saltos espaciales.
Durante el tiempo a bordo, Yu Jinli compartió con Jiang Mosheng anécdotas interesantes de su vida en la Tierra.
Jiang Mosheng siempre había sentido curiosidad por la antigua Tierra y, siendo historias sobre Yu Jinli, escuchaba con más interés aún.
Yu Jinli había permanecido en la Tierra miles de años, un lapso que Jiang Mosheng no había vivido junto a él; por eso, al escucharlo, su mente dibujaba escena tras escena, deseando haber estado a su lado todo ese tiempo.
—Ah Sheng, en realidad tengo más de mil años; soy mucho mayor que tú. Soy tu ancestro, jaja… —dijo Yu Jinli con orgullo.
De hecho, si se contaba también el tiempo del viaje, no eran solo mil años más: eran miles.
Jiang Mosheng, sin embargo, ignoró automáticamente el tema de la edad y desvió la conversación a otra cuestión:
—Dijiste que tu shifu y tu hermano de secta también son bestias espirituales, ¿cierto?
—Sí. Mi shifu es un dragón. ¿Sabes lo que es un dragón? —preguntó Yu Jinli, dibujando en el aire con los dedos.
Jiang Mosheng negó con la cabeza, cooperativo.
—En la antigua China se consideraba al dragón un animal de gran nobleza, aunque la gente no sabía si existían o no; solo aparecían en las leyendas. Mi shifu es el cuarto hijo del Rey Dragón. Tiene un temperamento apacible y un rostro hermoso. Muchas bestias espirituales lo apreciaban. Si no fuera por mi hermano de secta, mi shifu habría sido objeto de abusos —dijo Yu Jinli, con la mirada llena de añoranza.
Su shifu era realmente, muy, muy gentil, con todo el mundo. Pese a su elevada cultivación, jamás la usaba para oprimir a otros: era demasiado pacífico y de carácter blando para ello.
Por fortuna, su hermano de secta también era poderoso, así que las demás bestias espirituales no se atrevían a intimidar a su shifu.
—Entonces, ¿cuál es el cuerpo verdadero de tu hermano? —preguntó Jiang Mosheng con curiosidad.
Al oírlo, Yu Jinli, que había estado parloteando sin parar, de pronto se atascó, como si una mano firme le hubiera sellado la boca.
Su rostro se arrugó como un panecillo humeante. A ojos vistas, estaba luchando consigo mismo para decidir si revelarle o no el cuerpo verdadero de su hermano.
Su hermano siempre había considerado que su cuerpo verdadero no era lo bastante imponente y le resultaba vergonzoso, por eso prohibía a cualquiera hablar de ello. Se enfadaría mucho si se enteraba de que Yu Jinli se lo contaba a otros.
Pero ahora su hermano no estaba, y quien preguntaba era Ah Sheng… y él no quería defraudarlo.
¿Qué debía hacer? ¡Era tan difícil!
Jiang Mosheng pareció comprender su dilema y no insistió. Al fin y al cabo, se trataba del cuerpo verdadero del hermano, no del de su pequeño. Solo había sido una pregunta casual.
Así, Jiang Mosheng desvió con sutileza el tema. Al verlo, Yu Jinli soltó un suspiro de alivio y reanudó la charla con aún más entusiasmo, contándole otras cosas.