La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 157
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Yu Jinli estaba preocupado por la salud de Jiang Zhentao y hacía videollamadas con Jiang Mosheng todos los días para ponerse al tanto de la situación en casa.
De no ser por la prohibición de la escuela, se habría quedado todas las noches en el hogar.
Sin embargo, también entendía que papá y mamá querían que estudiara con ahínco y no se distrajera, así que, tal como ellos deseaban, Yu Jinli se aplicó con más empeño en la forja de cartas.
Yu Jinli siempre había querido reunir la mayor cantidad posible de poder de fe para poder elevar su cultivo lo antes posible. Ahora, con el asunto de Jiang Zhentao, estaba más ansioso que nunca.
Aunque las transmisiones en vivo podían atraer a muchos seguidores, había demasiadas incertidumbres y no podía fijar un horario regular.
Por lo tanto, Yu Jinli planeó atraer a más personas aprovechando su identidad de forjador de cartas; se esforzaría por destacar en la competencia de forjadores de cartas que se celebraría dentro de un mes, para que más gente lo conociera.
Pero antes de eso, necesitaba hacerse más fuerte.
El acceso al mundo virtual le ofrecía un camino más rápido. Le pidió a Ah Sheng que instalara una cabina virtual incluso en su dormitorio. De ese modo, aunque estuviera en la escuela, podía entrar al mundo virtual y seguir practicando la forja de cartas.
Jiang Mosheng conocía sus ideas y su plan, y estuvo de acuerdo sin reservas.
Por supuesto, al aceptar también tenía su propio beneficio.
Cuando él iba a la escuela podía ver a su pequeño todos los días, pero desde que dejó de ir, la frecuencia de los encuentros cayó en picada. Lo extrañaba mucho.
Incluso si Yu Jinli no se lo hubiera pedido, él mismo le habría instalado una cabina virtual, porque así podrían reunirse en el mundo virtual sin importar las barreras del espacio. Con verle aunque fuera un momento, calmaba su añoranza.
Así pues, Yu Jinli asistía a clases durante el día y, por la tarde, después de la escuela, pasaba la mayor parte del tiempo en el mundo virtual.
El equipo que Jiang Mosheng envió a buscar los materiales para el elixir purificador del veneno no progresaba bien. A fin de cuentas, esos materiales eran bastante raros y, además, había muchos planetas habitables en el universo. Registrarlos uno por uno era un proyecto enorme.
Y, por desgracia, no podían hacerlo público ni enviar a más gente, o alertarían al enemigo y Yu Jinli correría el riesgo de quedar expuesto, lo cual sería peligroso para él.
La Bestia Divina informaba a Jiang Mosheng del avance cada día, y el resultado era siempre el mismo: aún no se encontraban. Qiao Mulan también estaba muy ansiosa, aunque sabía que la ansiedad no servía de nada.
Por más inquietos que estuvieran, ambos compartían un consenso tácito: no se lo dirían a Yu Jinli.
Hasta que, el fin de semana, cuando Yu Jinli regresó de la escuela y vio el rostro aún más demacrado de Qiao Mulan, su sensibilidad habitual le hizo notar que le ocultaban algo, aunque ella y Jiang Mosheng se esforzaran en disimular.
Yu Jinli era terco en ciertos aspectos, especialmente cuando se trataba de las personas que le importaban.
Las primeras personas que conoció en este mundo fueron papá, mamá y Ah Sheng; para él, la familia era muy importante, eran las personas que más quería en este mundo, así que los salvaría aunque tuviera que exponer sus secretos.
Ante la insistencia de Yu Jinli, Qiao Mulan finalmente no pudo seguir ocultándolo y le contó la búsqueda infructuosa de los materiales.
—No te preocupes, Castañita, aún quedan muchos planetas por visitar. El universo es muy grande. Creo que algún día los encontrarán —fue Qiao Mulan quien terminó consolándolo a él.
Al oír sus palabras de consuelo y ver su rostro afilado por el cansancio, iluminado por una sonrisa suave, a Yu Jinli se le llenó el corazón de sentimientos encontrados.
Mamá jamás dudó de si los materiales que él mencionaba existían realmente en este mundo, aun cuando sonaban extraños y ajenos a su conocimiento. Esa confianza conmovió profundamente a Yu Jinli y le dejó un regusto agridulce.
Fuera como fuera, debía conseguir esos materiales para curar el veneno de papá.
—Quiero ir a la Tierra —dijo Yu Jinli con firmeza, mirando a Jiang Mosheng y a Qiao Mulan.
Ya que no podían hallarse en otros planetas, debía probar suerte en la Tierra. Al fin y al cabo, esos materiales provenían de la Tierra en primer lugar.
Durante su viaje anterior al Complejo Turístico de la Antigua Tierra, había confirmado que la antigua Tierra de este mundo era la misma Tierra en la que él vivió. Esta vez podría corroborarlo aún más.
Si esta Tierra era realmente la continuación de aquella, entonces sería más probable conseguir los materiales en la Tierra que en otros planetas.
Pero los demás no entendían el razonamiento de Yu Jinli.
—¿Ir a la Tierra? —Qiao Mulan se quedó un poco atónita, sorprendida por la propuesta.
—Los materiales que mencioné existieron en la Tierra, y es probable que todavía haya. Quiero intentar allí —explicó Yu Jinli tras vacilar, sin saber muy bien cómo argumentarlo, así que lo expresó de la forma más simple.
Jiang Mosheng lo miró profundamente. Sabía que las cosas no eran tan sencillas como él decía. Tal vez tenían que ver con su cultivo y su origen, pero en ese momento no tenía prisa por saberlo.
Sabía que cuando su pequeño quisiera confesarse, le contaría todo; lo único que él debía hacer era esperar.
—De acuerdo, te llevaré —respondió con calma.
En realidad, Qiao Mulan no estaba de acuerdo. La Tierra era una existencia especial para este mundo. En esta era, nadie había ido jamás a la Tierra y nadie sabía en qué se había convertido ni si había peligro. Además, la Federación no la habría protegido ni prohibido su acercamiento sin motivo.
Sin embargo, Yu Jinli había dicho que los materiales estaban en la Tierra. La tentación era difícil de resistir, así que, al final, no dijo nada y consintió en silencio.
En lo que siguió, Qiao Mulan no participó; subió a cuidar de Jiang Zhentao.
Jiang Mosheng se ocupó de todos los preparativos para ir a la Tierra y decidió partir cuanto antes, ya que estaba muy lejos.
Yu Jinli observaba cómo Jiang Mosheng lo arreglaba todo con orden y eficiencia, y por dentro luchaba consigo mismo sobre si debía decirle que él era de la Tierra.
En realidad, nunca tuvo intención de ocultárselo a Jiang Mosheng. Al fin y al cabo, Ah Sheng era muy bueno con él y le tenía mucha confianza. Por supuesto, él también confiaba en él. Incluso si le contaba su origen, creía que Ah Sheng jamás lo lastimaría.
Solo que su plan original era contárselo todo después de restaurar su cultivo al nivel anterior; pero ahora, siendo que iban a la Tierra, si no se lo decía, cuando Ah Sheng notara lo extrañamente bien que conocía ese planeta, surgirían más malentendidos.
Su shifu le había enseñado que siempre debía comunicarse con la persona a la que quería y expresar aquello que no pudiera resolver por sí mismo, porque quizá esa persona le daría la respuesta. Muchas parejas terminaban separándose por falta de comunicación.
Aunque él y Ah Sheng no eran una pareja, recordaba las palabras del shifu, y le dolería mucho que su relación acabara por no hablar a tiempo.
Pensando en ello, Yu Jinli por fin se decidió a confesar ahora.
—Ah Sheng, tengo algo que decirte —el pequeño frunció el ceño, con una expresión seria y resuelta.
Jiang Mosheng acababa de terminar una llamada y, al girarse, se encontró con esa cara y no pudo evitar despeinarlo con cariño.
—¿Qué pasa?
—Ah Sheng, en realidad yo no soy de este mundo —Yu Jinli buscó cuidadosamente las palabras—. Yo… en realidad no pertenezco a esta era. Viví en la Tierra, en la de la que hablan ustedes, antes de que se extinguiera, en la época previa a la migración humana. Y yo… yo no soy humano. Soy solo una carpa koi…
Yu Jinli le contó a Jiang Mosheng todo sobre sí mismo, de forma atropellada, diciendo lo que le venía a la mente.
Jiang Mosheng no lo interrumpió; escuchó en silencio, con paciencia, atento, con los ojos llenos de indulgencia inmutable.
Claro que, si se miraba con atención, esa indulgencia tenía también un leve rastro de emoción.
Siempre había querido conocer los secretos que su pequeño ocultaba, y le sorprendió que se los confiara en ese preciso momento.
Resultó que su Castañita no era de este mundo y ni siquiera era humano. Con razón poseía un método de cultivación tan asombroso. Con razón él se había enamorado de alguien como él. ¡Maravilloso!
Jiang Mosheng sintió un estremecimiento de orgullo.
Cuando Yu Jinli terminó su confesión, lo miró sin parpadear, deseando ver su reacción, y descubrió que él solo le sonreía con suavidad, sin mostrar el menor miedo por su origen.
—¿Ah Sheng? —llamó, con cautela.
—Sí —respondió Jiang Mosheng con una sonrisa.
—¿No quieres decir nada? —preguntó Yu Jinli en voz baja.
Su shifu nunca le permitió revelar su identidad a un humano, temiendo que los humanos no pudieran aceptarlo y le hicieran daño. Pero Ah Sheng era diferente; él creía que Ah Sheng no le haría daño.
Tal como esperaba, después de escucharlo, Ah Sheng no mostró rechazo ni intención de lastimarlo. Ni siquiera pareció sorprendido, como si ya lo supiera.
—Castañita, ¿vas a volver a esa era? —preguntó de pronto Jiang Mosheng.
Era imposible que no sintiera nada. Lo único que le preocupaba era si su pequeño se iría de repente, del mismo modo que apareció en este mundo. No sabía qué haría entonces.
Jiang Mosheng incluso consideró cancelar el viaje a la Tierra. ¿Y si su pequeño activaba algo y regresaba a su época en la Tierra?
La sonrisa de Jiang Mosheng se desvaneció por fin. Frunció el ceño y se quedó reflexionando.
¡Eso era lo único que no podía aceptar!